“A Yoni lo mató la policía”

“A Yoni lo mató la policía”

Yonathan Domínguez, de 35 años, murió mientras era detenido por federales cerca de la estación González Catán, mientras sufría un episodio de paranoia. La familia reclama que la causa sea investigada como “homicidio” y acusa a la Bonaerense de encubrimiento.

El viernes 5 de abril estuvo despejado, pero hacia la noche, todo se nubló para la familia de Yonathan Domínguez. “Hablamos por teléfono y me mandó esta foto una hora antes viajando en el tren”, cuenta Sandra, su mamá, mientras acerca el teléfono: un joven de 35 años sonríe con una remera del club Boca Juniors. Antes de bloquear el teléfono, acaricia con el pulgar la cara digitalizada.

Cerca de la plaza de González Catán, localidad de La Matanza, esa misma sonrisa recibe a las personas que pasan por la calle. En una casa con el escudo del club River Plate, un mural celeste atrapa la mirada: Yonathan con la remera de Argentina, inmortalizado en la felicidad del día que el país ganó la tercer copa mundial. “Guardamos como recuerdo tu sonrisa en la mente y tu amor en nuestras almas/ Yoni por siempre”, implora la pared. Adentro, la hermana mayor de Yonathan prepara el mate.

“Sabemos que los exámenes toxicológicos van a dar positivo, pero mi hermano no muere por una sobredosis”, sostiene la hermana mayor, Angela, con los ojos en llamas. Aquel viernes, Yonathan estaba volviendo del trabajo con su compañero Pablo después haber consumido un poco de cocaína. En el camino empezaron a compartir una lata de cerveza y se bajaron en Querandí, una de las estaciones del tren Belgrano Sur, para ir al baño. Mientras estaban esperando el próximo tren, Yonathan sufrió un episodio de paranoia.

– Toda la vida tuvimos miedo de esto. Una cosa era que le agarrara acá, que nosotras sabíamos que era manejable, y otra que le pasara esto afuera… Y le pasó. Por eso, no lo pudimos proteger – dice Sandra mirando el cuadro con una foto de su hijo.

– Mi hermano empezó a tener esas alucinaciones o esos ataques de pánico porque las drogas ya empiezan a afectar… Y cada vez son peores, encima. Sentíamos eso – Angela suspira y vuelve a tomar aire para poder seguir-, pero después todo el mundo puede dar testimonio de lo que era mi hermano. Tenemos un vecino que una de las últimas veces que mi hermano tuvo ese ataque, que fue en la calle y él lo vio y ustedes salieron – mirando a la mamá y a Aldana, la hermana menor- lo calmaron. Listo, entró a su casa y se quedó. Jamás él se metió con ningún vecino, simplemente corría y pensaba que lo iban a matar.

– Nosotras no creemos que haya estado agresivo en la estación porque era nuestro único varón de la casa -traga su amargura Aldana- y nosotras, siendo mujeres y con menos fuerza, siempre lo supimos manejar. Si él hubiera sido agresivo, alguna vez tendría que haber sido violento.

El tren se acercaba a la estación y Pablo llamó a Yonathan, que se apuró a cruzar las vías. Con otra persona que estaba en el andén intentaron subirlo, pero no podían. El tren se paró y salieron tres policías federales. Pablo pensó que los iban a ayudar.

Los federales lo levantaron, pero lo tiraron al piso, en seco. El delirio se vuelve premonitorio: “Me van a matar”, desgarraba Yonathan a los gritos. En sus ojos, desesperación. En los ojos de Pablo, terror. Afónico, también gritaba: “¡Eh! ¡No lo toquen! ¡Tiene un ataque de pánico! ¡No lo toquen!”. Los federales lo llevan forcejeando a la otra punta de la estación, imperturbables.

– Si colaborás, no te va a pasar nada – amenazó con tono grave uno de los oficiales.

Yonathan seguía gritando. Con cada vocal que exhalaba, imploraba. Uno de los federales le puso la rodilla en el cuello mientras otro le ataba las manos. Otra vez, una reducción violenta.

De repente, se hizo silencio. Los últimos segundos de vida de Yonathan quedan conservados en el fondo de un audio de Pablo. El compañero le estaba avisando a la pareja de Yonathan lo que estaba pasando. Ella con su beba de cuatro meses en brazos y su suegra se habían puesto en camino.

– Ahí, ahí está todo. Gracias, Dios – alcanzó a decir Yonathan.

Cuando Pablo volvió a mirar, se espantó. Los federales acababan de ponerle las esposas.

– ¡Eh! ¿Qué le pasa a mi amigo? Tiene espuma en la boca y los ojos abiertos.

Los policías se miraron. “Uh, cagamos”, espetó uno de ellos.

De un folio, Sandra saca el informe de la autopsia.  Subraya con una lapicera roja donde dice que hay hemorragias en la cabeza, el cuello y el tórax. “El mecanismo de producción de estas lesiones es compatible al golpe o choque con o contra elemento duro y contundente. La muerte de Yonathan Fabián Domínguez fue producida por mecanismo violento y a consecuencia final de un paro cardio-respiratorio traumático”, explica la pericia en mayúsculas, remarcando la brutalidad de su muerte. La causa está caratulada como “Averiguación de causales de muerte”, pero la familia reclama que se cambie a “Homicidio culposo, agravado por la función policial”.

– Es imposible que ellos no pudieran calmarlo o manejar esa situación porque nosotras lo hacíamos y somos mujeres. Es más, nunca tuvimos la necesidad de que estemos todas, Él se calmaba después de unos minutos, pedía que no lo toques. Sabemos claramente que él no era agresivo en esos estados. Se quiso zafar de las esposas, sí, porque él toda la vida trabajó, nunca quiso quedar preso- agrega Aldana, masticando bronca resignada.

– Mirá lo que es: toda la familia es policía, la hermana policía… Y él le tenía pavor a la policía. Porque él dice que a todos los pibes que veía con problemas de adicciones, la policía los maltrataba -a Sandra se le escapa un presente y con los ojos vidriosos pareciera ver a su hijo hablándole-. Y terminó muriendo en manos de la policía.

Angela, policía de la Bonaerense, a cada mate le echa una cucharadita de azúcar. En este momento, sobran amarguras.

– Como mi hermano quiso zafarse, le pusieron una traba y él cayó seco al piso. Supongo que esa hemorragia interna que tiene él acá es porque cae: no tenía mano para atajarse.  La técnica si querés reducir a alguien es siempre amortiguar el golpe.

La hermana policía busca en su teléfono las imágenes del velatorio. Desde que llegó a la escena del crimen, tuvo que anteponer su función a cualquier emoción. Se detiene en las fotos que hizo de las manos de su hermano.

– Mi hermano muere cuando lo están esposando. La derecha es la primera mano que esposan, acá está el moretón. Pero, en la izquierda -dice mientras desliza a la siguiente foto-, ya no hay nada. Los moretones se hacen cuando estás vivo.

En el lado derecho, la autopsia marca las hemorragias y es donde el video que hace Pablo muestra que los policías hicieron presión. Angela recuerda igual la reducción de George Floyd: con la rodilla en el cuello, la asfixia cierra el paso. Pero, sin ir más lejos, en agosto del año pasado, mataron de esta forma a Facundo Molares en el Obelisco.

– Quisieron tapar todo. No pensaron que iba a llegar una hermana policía y que no le iba a importar que dijeran ‘vos tenés que entender que estaban trabajando’. Trataron de encubrir. Pregunto quién está a cargo y le digo que quiero que se abra investigación.Ya estaban haciendo todo mal – subraya Angela con el abismo de estar dispuesta a dejar el último suspiro de aire en la mirada.

Cuando llegó al lugar, Sandra vio cómo le estaban haciendo RCP al cuerpo de su hijo, pero ya sabía que estaba muerto: “se notaba en la cara de horror. Tenía la boca abierta con espuma, los ojos abiertos, estaba golpeado… Yo pregunté ‘¿qué le pasó? Porque él me había mandado una foto y estaba bien’. No me contestaron -Sandra se ahoga en sollozos-. Me dijeron que estaba descompensado y después nos trataron como delincuentes porque se llenó de policía como si nosotros íbamos a romper la estación y nada que ver somos trabajadores, no estamos acostumbrados a hacer esas cosas”.

También vio que los policías de la Bonaerense y los de la Federal entraban y salían de la carpa donde habían puesto el cuerpo. Cuando entraron, las heridas de Yonathan estaban limpias: no había rastros de sangre, pero sí lastimaduras. Una vez que el médico decretó la muerte, dejaron que Sandra entre a despedirse y lo toque. Al recordarlo, el labio y las manos de la madre temblaban. A la Policía Científica le notificaron que “un pibe se murió de sobredosis”.

– Yo supongo que empezó la mentira desde que llamaron al 911 y después la tuvieron que seguir. Cuando termina de trabajar la Policía Científica, pido permiso para despedirme de mi hermano porque ya habían levantado todo lo que tenía como prueba- exclama sin poder contener las lágrimas Angela.

En enero, en otra localidad de La Matanza, la policía mataba a otro joven, Lucas Acosta, de 21 años. Angela recuerda enardecida haber charlado el caso con colegas y estudiantes. Cada día que pasa está más decepcionada con la institución. Antes del asesinato de su hermano, tenía esperanzas de formar con una perspectiva de derechos humanos a los nuevos policías. Según el conteo provisional de CORREPI, desde diciembre ya son 76 casos de asesinatos vinculados a la violencia represiva.

“Teníamos miles de proyectos, terminar la casa, criar a las nenas, ir de vacaciones, comprar un auto y que digan que se quiso suicidar es mentira. A mí me arruinaron la familia- solloza Micaela, la pareja de Yonathan desde hacía quince años, con la bebé en brazos-. Hacía tratamiento por las drogas, hacía terapia. Yo sé cómo era mi marido porque vivía conmigo. Era una persona muy trabajadora. Siempre luchó por estar bien”.

Tenían tres hijas juntos: una de diez, otra de ocho y la beba que ahora tiene seis meses. “Me encuentro sola con mis tres nenas y no sé qué hacer. Estoy a la deriva y digo ¿qué sigue ahora, qué sigue? ¿qué le voy a decir a mi hija que no conoció a su papá? – cuenta desesperada Micaela, haciendo pausas para respirar por su boca-. Me arruinaron la familia, con todo lo que nosotros luchábamos. A él lo mataron con todos los golpes que dice la autopsia porque a las 20 le mandó una foto a la madre y no tenía nada eso.”

Sandra se apresura y toma la palabra: “Aparte él siempre volvía. Cuando estaba en consumo no venía hasta que se le pasaba, pero llegaba. A él no lo dejaron volver”. Frunciendo la boca y con los ojos vidriosos, Micaela afirma: “Si yo no le mandaba ese mensaje a Pablo nosotros no íbamos a ver, nos íbamos a enterar cuando ellos quisieran”. Con la suegra, coinciden: “No íbamos a tener ninguna herramienta para la investigación. Ellos pensaron que era un adicto más que murió, que no tenía familia. Se manejaron mal de entrada. Tenga lo que tenga era una persona, era una persona querida”. Hasta abril, había una sola mujer en esa casa que había visto un cuerpo abierto por una investigación. Ahora, todas manejan la jerga de la criminalística y hacen rifas y empanadas para poder costear un abogado.

Los días del hambre

Los días del hambre

Referentes de comedores y merenderos de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano cuentan cómo se las rebuscan para ayudar a las miles de personas que carecen de recursos para alimentarse, mientras el Gobierno de Javier Milei se niega a entregar mercadería.

Ante la emergencia alimentaria profundizada por la crisis económica recesiva, el comedor popular Vientos de Libertad ubicado en el barrio de Parque Patricios, el merendero solidario Pancitas Contentas de la ciudad Mariano Acosta de Zona Oeste del Gran Buenos Aires y la Red de Apoyo Escolar que incluye a 17 Organizaciones Educativas y Comunitarias distribuida por los barrios populares del Conurbano Bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, intentan contener a quienes quedaron excluidos por las medidas económicas implementadas por el gobierno de Javier Milei. ANCCOM conversó con las referentes de los tres espacios que cada vez deben asistir a una mayor cantidad de personas que necesitan alimentos frente al alza de los precios y a la ausencia de políticas públicas para paliar el hambre.

Lo más urgente: conseguir alimentos

“A veces se enojan porque la comida no alcanza y nos tenemos que bancar las puteadas. Nosotros nos ponemos en el lugar de ellos: es el único plato de comida que comen al mediodía y después no comen hasta el otro día al mediodía», manifiesta Graciela “Chula” Lazarte, cocinera desde hace 6 años y hoy coordinadora del espacio de cocina del comedor Vientos de Libertad que alimenta entre 180 y 200 personas por día. Frente a la escasez de alimentos tuvieron que empezar a implementar un sistema de números para evitar las confrontaciones y problemas. 

A las doce del mediodía, en la puerta del lugar se van sumando hombres, mujeres y niños a una fila que se alarga por toda la cuadra. Esperan, mientras una de las repartidoras que entrega las viandas, reparte los papelitos con un número dibujado a cada uno de los que se acerca. La cantidad de papelitos depende de la cantidad de viandas que hayan alcanzado a hacer ese mismo día. El comedor de Atuel, dejó de percibir la entrega de alimentos por parte del Estado desde diciembre de 2023. En respuesta a esta situación, las cocineras se organizaron para realizar un fondo común en el que cada una de ellas hace un aporte para tratar de cubrir los gastos de los alimentos y mantener el volumen de comida que venían cocinando sin que baje la calidad de las viandas.

Por otro lado, el Merendero de Pancitas Contentas llevado adelante por Estela Escobar en su casa desde hace 6 años, con ayuda de toda su familia, se vio en la necesidad de reducir la frecuencia con que brindaban la merienda a los niños y vecinos humildes del barrio: “En principio teníamos tres veces a la semana. Hace un tiempo atrás teníamos 2 veces a la semana, y ahora ya solamente podemos una vez a la semana, los sábados al mediodía”. Además, agrega que la recesión impactó en los comercios del barrio que realizaban donaciones para ayudarla a conseguir los alimentos. Pese a la solidaridad que percibe de los vecinos de Mariano Acosta, menos personas están en condiciones de donar, lo que se traduce directamente en lo que ella puede recaudar para las meriendas.  

Margarita Zubizarreta es referente de la Red de Apoyo Escolar (RAE) con centros que asisten a 3000 destinatarios. La red cuenta con prestaciones de alimentos desde 1989 y auditorías todos los meses. Por primera vez en 20 años dejaron de percibir los fondos para poder comprar la comida y poner en funcionamiento las cocinas. Esto terminó con 13 de los 17 centros, cerrados. El cese de las prestaciones se realizó sin ningún tipo de explicación. La referente cuenta que al principio mandaron una carta al programa avisando sobre la baja de la calidad de la comida, trataron de estirar con el stock de alimentos secos (fideos y arroz) y terminaron endeudados con los proveedores de los alimentos para poder garantizar a los niños y niñas que asisten, al menos una comida caliente al día, durante las últimas dos semanas. Finalmente advirtieron que sin recursos, el 30 de mayo iban a tener que cerrar y así sucedió en 13 de los 17 centros de la Red.  

Las tres trabajadoras coinciden en que aumentó la cantidad de personas que asiste a los comedores y centros comunitarios. En este sentido, Zubizarreta confirma que aumentó la demanda e incluso hay listas de espera y suma que cada vez hay más personas mayores pidiendo alimento en los espacios: “¿Cómo les decís que no a todos ellos que están viviendo con 100 mil pesos por mes?”. 

En el caso del Merendero Pancitas Contentas, Escobar cuenta que cada vez le llegan más solicitudes a través de conocidos que piden llevar a sus familiares: “Lamentablemente no podemos anotar a más gente porque a veces no logramos cumplir con ellos”. Graciela Lazarte, nota que se acercan muchos vecinos jubilados del barrio de Parque Patricios. “Eso es nuevo”, comenta.

Además la cocinera de Atuel recuerda que durante la gestión del gobierno actual fueron una sola vez a inspeccionar el comedor y les exigieron “pintar el lugar o podía correr el riesgo de cerrar”. En contraste con el gobierno anterior en el que todos los meses les alcanzaban la mercadería, “Ahora no nos entregan nada”.

“Están jugando con la necesidad de la gente”

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), en este último trimestre de 2024 la pobreza alcanzó el 55% de la población del país y se duplicó el nivel de indigencia llegando hasta el 18%. Además, la  economía argentina cayó en marzo un 8,4% según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec. Se le suma una caída del empleo durante los últimos cuatro meses del 1,4% según el Ministerio de Trabajo. Esto es acompañado por una inflación alta en productos de primera necesidad. Frente a la crisis social, económica y alimentaria, el gobierno respondió los últimos cinco meses negando la existencia de los más de 5 millones de kilos de alimentos guardados en galpones, algunos a un mes de vencerse y otros ya vencidos en febrero. Cuando finalmente se supo la existencia de los alimentos a través de una investigación periodística presentada por el medio de comunicación El Destape y frente a la presión por la visibilización que obtuvo el caso, el juez Casanello tuvo como resolución que el ministerio de capital humano debía entregar un plan de distribución de los alimentos en el plazo de 72 horas. Aunque desde el gobierno anunciaron que los alimentos serán repartidos por el Ejército, vencido el plazo todavía no presentaron el plan correspondiente por lo que podría empezar un proceso judicial por rebeldía. La cartera de Sandra Petovello decidió apelar a la decisión del juez Casanello y, aunque fue admitida, prevalece la orden para presentar el plan para repartir los alimentos. Hasta el día de la fecha el comedor de Parque Patricios no recibió los alimentos ni obtuvo novedades sobre la mercadería en los galpones de Capital Humano.

A la par, se dio a conocer el convenio con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). El organismo lanzó un comunicado en el que manifiesta el objetivo original del acuerdo: “Desde el inicio de la gestión actual, el Ministerio de Capital Humano y la OEI firmaron un convenio para la prestación de servicios de personal transitorio y la adquisición de alimentos destinados a mejorar la calidad nutricional de familias en situación de vulnerabilidad”. El organismo se desliga de la decisión del ministerio encabezado por Sandra Pettovello de tercerizar la contratación de funcionarios por fuera de la órbita del control estatal, lo que conlleva a una baja transparencia sobre el paradero de esos fondos y qué se hizo con los mismos. El escándalo terminó con el despido de Pablo de La Torre de la secretaría de Niñez y Familia del Ministerio de Capital Humano, y el secretario denunciado por el gobierno en la Oficina de Anticorrupción.

Margarita Zubizarreta, en diálogo con ANCCOM cuenta que supone, debido al escándalo que terminó con la salida del funcionario, finalmente obtuvieron en el día de ayer los fondos para volver a poner en funcionamiento las cocinas de los centros. Sin embargo, el tiempo que duró el faltante de alimentos obligó a cerrar el jueves y viernes la asistencia, lo que constituyó “un desastre total, porque muchos no tienen comida en la escuela y en el único lugar que comían algo calentito y de calidad era en el centro. Era la única comida que tenían los pibes por día”. 

También, en respuesta a la gestión de los alimentos del gobierno libertario en medio de la emergencia alimentaria, Estela Escobar dice: “Es una política sucia. Están jugando con la necesidad de la gente. No los están utilizando, están jugando con ellos”.

El ajuste a cualquier costo

«¿Ustedes se creen que la gente es tan idiota que no va a poder decidir? Va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir algo para no morirse. No necesito que alguien intervenga para resolverme la externalidad del consumo, porque alguien lo va a resolver». El presidente Javier Milei pronunció estas palabras en la universidad de Stanford en Estados Unidos el 28 de mayo de 2024. “¿Qué le diría? Que vayan un solo día a vivir en una casita de chapa en José León Suárez, en Pacheco o en Moreno Cuartel Quinto. Un solo día. Que ellos vayan a vivir un solo día en una casita de tierra con techo de chapa en este invierno y después que me vengan a contar si ‘el pobre es pobre porque quiere’ y ‘no tiene voluntad para salir adelante.’ Que un día solo vayan a vivir ahí”, responde Margarita Zubizarreta. Las políticas que se desprenden de la ideología libertaria impactan directamente en la calidad de vida de las familias. En este sentido, cuenta: “se desmayan los pibes en la escuela” y argumenta “Si aumenta la pobreza y la indigencia, el reflejo es inmediato en la situación de salud y de nutrición”.

Además, expresa que aunque recibieron las prestaciones, toda la comunidad, el barrio, la organización y las familias se mantienen en alerta y preocupadas tras haber llegado a la situación límite, nunca antes alcanzada, de tener que cerrar los 13 espacios de la Red por falta de recursos. En este sentido, concluye diciendo que el ajuste no puede ser a cualquier costo.

Un club para consumir de manera responsable y sustentable

Un club para consumir de manera responsable y sustentable

En el barrio porteño de Almagro funciona el Club del Desapego, un espacio que invita a los vecinos de la ciudad a desprenderse de los objetos que ya no utilicen y practicar la economía circular. Una manera de ahorrar en medio de la crisis y de ayudar a bajar los niveles de contaminación.

El Club del Desapego existe desde hace cinco años y surgió gracias a la necesidad de su fundadora de seguir ejercitando la actividad que realizó gran parte de su vida: desapegarse. Macarena Russo vivió unos años en las sierras de Córdoba, en Villa General Belgrano, y allí con sus amigas se juntaban una vez por temporada, en cada cambio de estación, a intercambiar ropa y objetos que ya no utilizaban ni necesitaban. En un mano a mano con ANCCOM, cuenta los inicios del club y remarca la importancia y urgencia del establecimiento de nuevas economías y prácticas de consumo.

 “Cuando volví a Buenos Aires en el 2019 extrañaba mucho esa oportunidad de intercambiar y me sentía muy sola porque es una ciudad muy grande que puede ser muy hostil. Así fue como se me ocurrió abrir el club, elegí una fecha, un lugar y una hora para ver qué pasaba y ocurrió algo increíble. Lo hicimos el 29 de septiembre de 2019 en la Casa del Árbol, un centro cultural, y una hora antes de que se abrieran las puertas había más de 30 personas haciendo cola con sus desapegos. Nunca supe cómo fue la difusión y cómo se enteró la gente, pero evidentemente la necesidad era grande y de ahí en más esto nunca paró”.

Russo sostiene que el espíritu del Club del Desapego –que hoy funciona en el Parque de la Estación, entre las calles Perón y Agüero– sigue siendo intercambiar y recircular lo que ya no usamos y tomar lo que realmente necesitamos. El objetivo es adquirir y propagar hábitos de consumo más responsables. Insiste en que es importante disponer de un espacio para traer mensualmente esas cosas que se acumulan en los roperos, repisas y baúles. “Es esencial que una vez que las dejamos, sólo tomemos aquello que necesitamos, no agarrar porque sí o porque es gratis”.

La cantidad de vecinos que se acercan crece mes a mes gracias a la difusión a través de redes sociales y el famoso “boca a boca”. Macarena relata que, con el paso del tiempo y a medida que se amplía la convocatoria, se genera una constancia en los participantes, ya que el hábito empieza a incorporarse en sus prácticas diarias. “Es muy satisfactorio cuando uno tiene menos cosas y tiene lo que necesita. Ayuda primero a ser más ordenado, no es lo mismo abrir un placard que está abarrotado de cosas que no se usan, que tener solamente las cosas que uno utiliza, y segundo a ser consciente. Lo que más se intercambia es ropa. Más allá de construir un hábito sustentable y que la gente empieza a ser consciente de las cosas que consume y lo que trae, también es necesario entender de dónde vienen las cosas, ¿por qué es tan barata cierta ropa y por qué otra tan cara? Es vital construir y participar de este tipo de espacios para que la gente tenga donde recircular y no esté consumiendo y comprando todo el tiempo cosas nuevas”.

¿De dónde viene la ropa nueva? ¿Qué hay detrás de la industria de la moda? La industria textil es de las más contaminantes del mundo, con su recurso moderno denominado fast-fashion, el impacto socio ambiental se agrava año a año. Esta lógica acompaña e impulsa el fenómeno de consumo compulsivo y desmedido. Según un informe de la ONG británica Programa de Acción sobre Residuos y Recursos y la empresa francesa Fashion Network, el incesante aumento del número de prendas producidas representa un desastre medioambiental ya que los esfuerzos por reducir el impacto de la ropa están siendo anulados por el aumento de los volúmenes de producción. Se estima que se producen alrededor de 100 mil millones de prendas por año, y todavía queda por saldar la problemática de la explotación laboral e infantil en la industria.

¿Qué sucede con lo que sobra en cada encuentro? El club dona todo lo que nadie se lleva a distintas instituciones y organizaciones, como parroquias, hogares y comedores. Cuando el desapego termina, un grupo de chicos scouts del barrio que colaboran con el proyecto se encargan de embolsar todo y hacerle llegar la donación a la gente que lo necesita.

Russo cree que el Club del Desapego debe llegar a las escuelas, insertarse en la vida diaria de las personas a través de la educación. “Hay un montón de formas de que el Club y su espíritu crezcan, para mí la forma ideal es que esta práctica llegue a la escuela, que es la base de todo. Mi mamá de chica me inculcó a recibir lo que a mi prima le quedaba chico, y para mí era un tesoro. Considero que la base para asentar hábitos es la escuela, mi deseo es que se establezcan los principios del club en todos los niveles. Por ejemplo, en las universidades y facultades de arte el intercambio se podría centrar en material de trabajo artístico. Así, en estos espacios se podría saciar una necesidad que está activa en todas las comunidades”, concluye.

Cinco siglos igual

Cinco siglos igual

Tras 14 años de funcionamiento del jardín intercultural Wawa Huasi, el Gobierno de Jujuy afirma que la educación bilingüe adoctrina y ordenó cerrarlo.

El Instituto Infantil Intercultural Bilingüe Wawa Huasi se encuentra ubicado en La Quiaca, en la frontera con Bolivia. Abrió sus puertas el 7 de junio de 2010 por la iniciativa de docentes indígenas, quienes han recibido muchos premios en distintas ferias de ciencias en representación de la Puna y la Quebrada.
Hoy el cielo se volvió gris para esta comunidad porque la Secretaría de Educación de Jujuy rechazó su admisión al sistema educativo formal y notificó que debía cerrar sus puertas.
El Wawa Huasi es el único jardín comunitario y bilingüe en todo el país, donde se dictan clases en idioma español y en quechua. Es administrado por la Comunidad Originaria Natividad Quispe. Actualmente cuenta con una matrícula de 150 niños y niñas, con edades entre los dos y los cinco años, y trabajan 15 maestras.
La determinación, emitida a través de la resolución 763 por parte del Ministerio de Educación de Jujuy, fue oficialmente anunciada el 25 de abril. En ese contexto, Julio Alarcón, secretario de Políticas Socioeducativas de esa cartera, dijo que “la educación bilingüe adoctrina”.

 

Desde la perspectiva de la Comunidad Natividad Quispe, esta medida es un acto de represalia por su participación en la resistencia activa contra la reforma constitucional promovida por el exgobernador Gerardo Morales durante el año pasado.
En tanto, el Ministerio de Educación afirma que el jardín funciona en el antiguo terreno de la estación ferroviaria del Ferrocarril General Belgrano y asegura que los responsables de Wawa Huasi «persisten en no cumplir con los requisitos necesarios para su aprobación». Este argumento fue rechazado por la directora del jardín, Vilma Llampa, en diálogo con ANCCOM: “El jardín lo cierran supuestamente por condiciones edilicias que no serían favorables para los pequeños, pero contamos con todos los papeles y requerimientos que se necesita para tener una institución.”
Con tristeza e impotencia en su voz, Llampa agregó: “Estamos muy sorprendidos y afectados con esta situación, ya que se destaca por ser un jardín intercultural bilingüe que trabaja específicamente con valores y nuestra cultura ancestral y nuestras comunidades originarias de San Salvador de Jujuy”.

Al conocer la novedad, padres y madres de los 150 alumnos del Wawa Huasi se reunieron y consensuaron que la institución no podía cerrarse. También solicitaron la presencia de la ministra de Educación, Miram Serrano, para que brinde explicaciones sobre la decisión tomada.
Vilma Llampa contó que cada gobierno que visita el jardín sabe la forma de trabajar y cómo funciona. Además, recordó que el exgobernador Morales se había comprometido a construir un edificio nuevo para la institución y con ese fin la comunidad ya donó el terreno. Mientras se edificaba este edificio, el Wawa Huasi iba a seguir trabajando con normalidad. “Ese era el acuerdo”, sostuvo.
En relación a la justificación del cierre, Llampa respondió que tienen “las pruebas dentro del jardín de que presentamos reiteradas veces, todos los años todo lo que corresponde en cuanto a documentación específica”.

Desde el Consejo de Pueblos Originarios Llankaj Maki, el coordinador de la provincia, Jorge Angulo, vinculó el pedido de cierre de la institución a una acción de persecución del gobierno jujeño contra las comunidades indígenas que aportaron su cuerpo a las protestas en 2023.
Por su parte, la diputada provincial del FIT U Natalia Morales expresó que “sucedió lo mismo con la Escuela de Idiomas y escuelas rurales, la variable de ataque es la educación pública y lo hace la UCR”. La legisladora destacó que “el Ministerio de Educación usó al jardín como ejemplo de la única experiencia nacional intercultural, pero ahora lo ataca”. La semana pasada Morales acompañó a la directora y a la comunidad cuando fueron a la Legislatura para ser escuchadas.

Un oscuro panorama para los usuarios de Edesur

Un oscuro panorama para los usuarios de Edesur

Otra vez llovió sobre Buenos Aires y otra vez se cortó la luz. A las periódicas interrupciones de suministro y a la desidia de la empresa, hoy se agrega la ausencia total del ente regulador y, en breve, una suba de tarifas que hundirá a más familias en la pobreza.

Otro temporal con fuertes lluvias y viento y otras vez miles de hogares sin luz. Familias, comercios y fábricas de la zona sur del AMBA padecen desde hace años el pésimo servicio de Edesur. A los reiterados apagones masivos y focalizados producto de la falta de inversión, se suma el descontrolado crecimiento inmobiliario, sin el debido desarrollo de la infraestructura eléctrica, que empeora la situación.

En la ciudad de Buenos Aires, en barrios como Caballito, Boedo y Almagro, a la par que se multiplican las torres, también lo hacen los cortes de luz, que afectan negativamente a la calidad de vida de sus residentes. “Casa que se tira abajo y que vivían cuatro o cinco personas, casa que se construye un edificio de diez pisos. De cuatro personas que vivían antes, hoy son cuarenta –afirma Martín Hernán Gorreta, comunero del Frente de Todos en Comuna 5, que abarca Almagro y Boedo–. Y todo esto sin ampliación de la red cloacal, ni de Edesur, ni de gas”.

“El crecimiento desmedido y la falta de planificación urbana pone en peligro la vida de los ciudadanos”, agrega Gorreta, y pone de ejemplo el reciente derrumbe en Caballito, donde dos personas perdieron la vida. El jefe de Gobierno Jorge Macri “debe hacerse cargo de la situación”, enfatiza.

Respecto al tema de la luz, Gorreta subraya la falta de diálogo con el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), así como la ausencia de mesas de trabajo para abordar los constantes cortes de suministro que afectan a las comunas. «Antes teníamos líneas directas de comunicación con el ENRE y con AySA”, señala.

En la parte sur de Boedo, los vecinos se enfrentan, además, a otra problemática en auge: el aumento de los robos de fusibles, que dejan zonas enteras sin luz durante días. «El mes pasado hubo cinco robos de fusibles. Edesur tarda entre tres días y una semana en reponerlos», cuenta Yamila Iphais Fuxman, integrante de la Junta Comunal 5 por Unión por la Patria.

Aparte de ser privada frecuentemente de un servicio básico, la gente sufre complicaciones adicionales. “Sin electricidad, no pueden preservar sus alimentos, y no sólo eso, no pueden contar con servicios esenciales, como poder cargar un respirador”, remarca Fuxman, quien hace hincapié en que los cortes afectan más a las familias que cuidan de personas mayores o niños con necesidades especiales que dependen de equipos eléctricos.

«No puede ser que empresas que llevan más de treinta años en la ciudad no hayan podido resolver estos problemas, pero siempre tengan prioridad a la hora de recibir aumentos», se queja Fuxman. Y empresas como Edesur, aclara, no operan con pérdidas, al contrario, tienen ganancias, y son entidades cuyas acciones cotizan en bolsa y pueden ser vendidas.

Mientras tanto, Edesur, que tiene su concesión hasta el año 2087, sigue reportando dividendos. Propiedad del holding italiano Enel –del que también es accionista BlackRock, uno de los fondos acreedores de la deuda argentina–, la empresa informó en su último balance que durante 2023 obtuvo una ganancia de 79.732 millones de pesos

Para Fuxman, la ganancia obtenida tendría que estar relacionada con una prestación adecuada: «Las empresas deberían empezar por brindar un buen servicio y luego reevaluar el tema de las tarifas. Pero está invertido el orden, el criterio que tienen para poner los precios».

En función de este criterio invertido, el Gobierno anunció hace unas semanas un nuevo esquema tarifario, por el cual los usuarios de electricidad deberán pagar hasta un 300% más. La exponencial suba está compuesta en buena medida por la eliminación del subsidio estatal a la tarifa para casi todos los sectores. Por ejemplo, para quienes hayan comprado dólares en los últimos meses, o hayan viajado al exterior a un país no limítrofe, o para quienes tienen una prepaga.

“Hay un gran problema cuando se realizan segmentaciones muy abstractas –plantea Jonatan Emanuel Baldiviezo, abogado y fundador del Observatorio del Derecho a la Ciudad–. Un ejemplo de ello es la consideración de que quienes poseen servicios de prepaga no merecen subsidios”. La realidad siempre es más compleja.

“Miles de personas mayores –prosigue–, que han pagado sus servicios de prepaga durante décadas, no son necesariamente pudientes. De hecho, muchas mantienen estos servicios con el respaldo de sus hijos, valorando la salud como un recurso fundamental y realizando sacrificios financieros para asegurar su continuidad”.

Según Baldiviezo, “el incremento de los servicios para aquellos usuarios considerados con capacidad económica, va a suponer un esfuerzo financiero adicional”. Teniendo en cuenta la presión inflacionaria que ya existe sobre las familias –aumentos en alimentos, transporte, alquileres, colegios, prepagas– el tarifazo a luz vendrá a dificultar todavía más la vida la población.

“Este contexto económico está contribuyendo al incremento de la pobreza. La eliminación de subsidios de manera indiscriminada sólo agrava esta situación, dejando a un mayor número de familias por debajo de la línea de pobreza”, sostiene Baldiviezo.

Mientras tanto, Edesur, que tiene su concesión hasta el año 2087, sigue reportando dividendos. Propiedad del holding italiano Enel –del que también es accionista BlackRock, uno de los fondos acreedores de la deuda argentina–, la empresa informó en su último balance que durante 2023 obtuvo una ganancia de 79.732 millones de pesos

Un documental sobre las desaparecidas trans

Un documental sobre las desaparecidas trans

La película «Donde habite la memoria”, de Clara Olmos y Carolina Musso cuenta la historia de Julieta González y Fabiana Gutiérrez, sobrevivientes del Pozo de Banfield.

Donde habite la memoria es un documental, producido y dirigido por Clara Olmos y Carolina Musso, que añade una pieza faltante a la historia en la reconstrucción de los recuerdos del horror durante la última dictadura militar en Argentina. En esta oportunidad, se alumbra a protagonistas que antes no habían sido visibilizadas, víctimas que no habían sido registradas como tales. La película se proyectará el viernes 15 de marzo a las 18 en el excentro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) «Pozo de Banfield», hoy convertido en Espacio para la Memoria, en la localidad bonaerense de Lomas de Zamora. Es en este CCDTyE fueron detenidas ilegalmente entre 1976 y 1977Julieta González y Fabiana Gutiérrez, miembros del colectivo trans y protagonistas de este documental.

“Queríamos recuperar las historias de un colectivo que también fue perseguido durante la última dictadura cívico-militar, pero que durante todos estos años permanecieron en los márgenes del relato oficial de nuestra memoria”, comentó Olmos, quien se formó como cronista de ANCCOM y actualmente trabaja en la Agencia de Noticias Télam, amenazada de cierre por el gobierno de Javier Milei.

Olmos reconoce el compromiso de Argentina en el trabajo de reconstruir el pasado reciente del terrorismo de Estado, no obstante, destaca que tuvieron que pasar 40 años para que se visibilice la represión específica y sistemática que la dictadura ejerció sobre la comunidad trans.

Las protagonistas de este documental estuvieron detenidas ilegalmente en el Pozo de Banfield cuando tenían 15 años, en el caso de Fabiana, y entre los 19 y 20 años, en el caso de Julieta. Ambas sufrieron abusos y violencia por parte de sus opresores. “Al menos seis mujeres trans estuvieron detenidas en este centro clandestino de detención en esos años”, contó Olmos. Entre noviembre de 2022 y abril de 2023, declararon por primera vez en la causa Brigadas, un juicio de lesa humanidad que juzga los crímenes cometidos en el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y el Infierno, en Avellaneda. “Sus declaraciones fueron un hecho histórico en sí mismo, que esperamos pronto resulten en la primera sentencia mundial sobre el tema”, expresó Olmos con esperanza.

Julieta Gonzalez.

Por su parte, Musso está convencida de que la dictadura tuvo una dimensión profundamente patriarcal que se evidenció en el encarnizamiento y la violacion de los derechos humanos de tantísimas mujeres trans, aprovechando su vulnerabilidad, especialmente en aquel momento. La mayoría de las sobrevivientes hoy ronda en los 60 años, fueron violentadas física y psicológicamente y, al igual que otras personas pertenecientes a este colectivo, actualmente atraviesan una situación compleja: hay quienes tienen una jubilación o pensión mínima para subsistir, otras se encuentran en situación de pobreza o indigencia, sin acceso a salud o sin una vivienda digna, explicó. “Nuestro objetivo es acompañar el reclamo de la comunidad trans de una reparación histórica por la persecución y los delitos ejercidos contra sus identidades no solamente en dictadura, sino también a las que sufrieron durante las primeras décadas de la democracia”. Esta es una de las mayores deudas actuales de la democracia en Argentina, afirmó Musso.

Uno de los desafíos que se les presentó en el proyecto, fue el hecho de tener pocas mujeres trans sobrevivientes de la dictadura. Durante el proceso de investigación conversaron con muchas víctimas, y si bien todas daban cuenta de las persecuciones policiales sufridas desde la década del ochenta en adelante, la mayoría eran aún niñas durante los primeros años de la dictadura, comentó Musso. Las directoras decidieron desarrollar el documental a dos voces porque consideraron que en sus relatos subyace, junto a la dimensión profundamente subjetiva del horror, una trama colectiva. “Los testimonios de las protagonistas hacen de este documental un relato crudo, desgarrador y de una profunda ternura a la vez”, alegó Olmos.

Durante la etapa de investigación, las directoras dieron con el caso de Fabiana Gutiérrez, pero se encontraba viviendo en Italia. Sin embargo, lograron un vínculo que permitió que tomara la decisión de viajar desde el viejo continente para visitar el Pozo de Banfield y formar parte del documental, abriendo recuerdos dolorosos. En una charla con ANCCOM, Gutiérrez agradeció a todas aquellas personas que trabajan decididamente para iluminar una parte anulada de la historia en los años oscuros de la dictadura. “En esos momentos éramos violentadas, abusadas y nos mandaban desnudas a las celdas, cumpliendo días o meses dentro de la misma, sólo por ser lo que éramos”, contó. Era menor en ese entonces, hoy tiene 62 años y siente el deber de ayudar a la construcción de la memoria por eso decidió ser partícipe del proyecto y colaborar con sus compañeras. Recuerda la primera vez que intentó escaparse y como resultado recibió un golpe en la cabeza. No obstante, cuando logró quedar en libertad buscó refugio en el exterior. Sin embargo dijo: “A pesar de vivir afuera, mi corazón siempre está en Argentina, amo mi país”.

 

Fabiana Gutierrez.

Clara Olmos y Carolina Musso, ambas comunicadoras, fueron las realizadoras del proyecto, en el marco de su tesina de grado de la Licenciatura de Comunicación Social en la UBA. Contaron con el acompañamiento de sus tutores, el recientemente fallecido Eduardo Morales, Silvina Manguía y María Rosa Gómez. Sobre la elección del formato de tesina, Musso explicó que “no fue una elección al azar. Fue una decisión política: queríamos generar un material que no quedara circunscrito al ámbito académico sino, por el contrario, pudiese circular en el espacio público. Desde un comienzo, las comunicadoras se plantearon el deseo de orientar su trabajo hacia la creación de una herramienta al servicio de la comunidad travesti-trans. Luego llevaron a cabo varias jornadas de filmación y finalmente la edición fue de realización propia.

“Sentimos mucho orgullo por Julieta y Fabiana que, 40 años después, se atrevieron a contar su historia y a reclamar lo que como sociedad aún les debemos”, expresó Olmos. “Nos alegra profundamente poder hacer nuestro aporte como generación que no vivió la dictadura, pero que tiene el deber de continuar y fortalecer la memoria de nuestro país y la historia de los 30.000 desaparecidos y detenidos”, afirmó reflexiva.

Para las realizadoras, el documental es una invitación a seguir reflexionando sobre nuestro pasado reciente y el irrenunciable compromiso con la defensa de los derechos humanos. Es también, una oportunidad para conocer una parte de la historia de la cual poco se ha hablado. Para Musso: “Contra todo impulso epocal hacia la deshistorización, el ex CCDTyE Pozo de Banfield es un espacio en el cual la historia se hace carne, volviéndose ineludible”.