Contra la policía política secreta que el Gobierno quiere en la SIDE

Contra la policía política secreta que el Gobierno quiere en la SIDE

El CELS pidió ante la justicia la nulidad del DNU de Javier Milei que modifica peligrosamente el sistema de inteligencia, ya que habilita persecuciones sociopolíticas y hasta detenciones sin orden judicial. La ex ministra de Seguridad Sabina Frederic y la socióloga Malena Silveyra (APDH) consideran al decreto una amenaza contra libertades esenciales de la democracia.

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó una acción de amparo colectivo ante el fuero Contencioso Administrativo Federal para que se declare la nulidad absoluta, ilegalidad e inconstitucionalidad del DNU 941/25, mediante el cual el gobierno de Javier Milei reformó de manera integral la Ley de Inteligencia Nacional y amplió las facultades de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). La presentación judicial incluye el pedido de una medida cautelar urgente para suspender la aplicación de los artículos 4, 17, 18 y 19 del decreto, al advertir que la implementación de los mismos implica una consecuencia directa sobre los derechos humanos.

El decreto establece un rediseño integral del sistema de inteligencia, que determina que todas las actividades de inteligencia serán encubiertas y amplía de forma imprecisa los supuestos bajo los cuales el Estado puede utilizar y supervisar información sobre los ciudadanos y ciudadanas de Argentina. Según el CELS, el decreto carece de toda justificación y urgencia, ya que legisla en materia penal (algo prohibido para el Poder Ejecutivo) y establece un esquema que habilita intromisiones sobre la vida privada, la libertad personal, la participación política y social: “Desde el CELS nos vimos en la necesidad de presentar una acción judicial, que de algún modo suplante la falta de debate, claramente, con las limitaciones que tiene una acción judicial para reemplazar el debate que no se dio en un ámbito parlamentario o en el ámbito público”, explicó Diego Morales, director del Área de Litigio y Defensa Legal del organismo.

Morales detalló que la acción judicial se apoya en cuatro preocupaciones centrales, donde la primera es “el amplio paraguas que el DNU habilita para llevar adelante tareas de inteligencia” a partir de definiciones vagas e imprecisas como las de “investigaciones de inteligencia”. El segundo problema apunta al desmantelamiento de prohibiciones históricas que impedían a los organismos de inteligencia intervenir en la vida social y política del país, ahora exceptuadas bajo la figura de la contrainteligencia. El tercer punto señalado por el CELS tiene que ver con el acceso, uso y circulación de la información de las personas en Argentina, porque el decreto habilita a la SIDE a requerir datos a cualquier organismo del Estado (como Migraciones, ANSES o Aduana) y a integrarlos en un sistema de inteligencia sin control judicial ni civil: “Esto es muy preocupante porque las personas no vamos a saber cuál es el uso que se le da a nuestros datos personales”, destacó Morales. Y por último, el cuarto eje, y quizás el más preocupante, es la facultad que se le otorga a la SIDE para detener personas sin orden judicial, en caso de delito de flagrancia o en caso de que sus acciones lo ameriten.

Desde el CELS recuerdan que la Ley de Inteligencia vigente hasta la publicación de este DNU había sido diseñada para evitar que los servicios actuaran como fuerzas represivas internas: “Lamentablemente, tenemos muchos episodios donde las tareas de inteligencia se desarrollaron sobre grupos sociales, o tareas de espionaje que se hicieron sobre las familias de las víctimas del ARA San Juan, para decir casos muy recientes, aunque toda nuestra historia está repleta de estos casos, y sabemos los riesgos que implican”, señaló Morales. 

Un cheque en blanco para los servicios

El decreto es caracterizado por los especialistas como un retroceso democrático. Sabina Frederic, ex ministra de Seguridad de la Nación, sostuvo en diálogo con ANCCOM que el DNU 941/25 “rompe con la adecuación de la inteligencia de Estado a un régimen democrático” y consolida un esquema “hipercentralizado, con amplias facultades discrecionales y mecanismos de control débiles e insuficientes”. Frederic advirtió especialmente sobre la institucionalización de la opacidad: “El decreto establece que todas las actividades de inteligencia van a ser encubiertas, sin aclarar a qué se refiere con ese carácter. Esto elimina la seguridad jurídica, la transparencia y el control ciudadano”. En ese sentido, remarcó que la combinación entre actividades encubiertas y la facultad de detener personas coloca a las agencias de inteligencia “en un lugar de mayor poder que las fuerzas de seguridad”, y conformando lo que para ella sería una “policía política secreta”.

Una lectura similar aportó Malena Silveyra, socióloga y militante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, quien consideró que el DNU consolida una tendencia previa de retroceso en materia de derechos humanos: “Al centralizarlo y correr las potestades que tenían los otros dos poderes del Estado, vinculados a la inteligencia, de alguna manera es como darle un cheque en blanco para que hagan lo que quieran”, sostuvo.

Silveyra expresó que una de las conquistas del período democrático fue la construcción de fuerzas armadas y de inteligencia sometidas al control civil y al equilibrio entre poderes. “Este decreto rompe con ese esquema y este gobierno hace tiempo marca una mirada sobre la democracia y sobre nuestras instituciones, es decir, juegan con las instituciones en la medida en que les conviene y cuando no, no tienen ningún problema en hacerlo de espalda a ellas, porque su definición es avanzar por donde se pueda, no hay un respeto a las instituciones de la democracia”, sostuvo. A su entender, y algo que también señaló Frederic, es que, el impacto del DNU no se limitará a militantes o dirigentes opositores, sino que puede extenderse a amplios sectores sociales, incluso actores aliados al oficialismo.

Desde el CELS, junto a voces como las de Silveyra y Frederic, se advierte que la ampliación de las facultades de contrainteligencia y la introducción de categorías como la de “injerencia externa” pueden ser utilizadas para justificar la vigilancia sobre periodistas, organizaciones sociales, y políticos. En ese marco, consideran que la judicialización del decreto sería la clave para frenar su implementación.

Mientras el Congreso aún no trata el DNU y el Gobierno avanza en su aplicación, el debate sobre los límites del poder estatal vuelve al centro de la escena política. La reforma del sistema de inteligencia por decreto no solo expone una concepción del Estado basada en la concentración de poder, sino que reactualiza situaciones que la democracia argentina se propuso desterrar. Para los organismos de derechos humanos lo que está en juego no es una discusión técnica ni administrativa, sino la vigencia misma de los controles democráticos frente a un Ejecutivo que avanza sobre derechos, garantías y libertades en nombre de una supuesta seguridad nacional.

 

 

“América para los estadounidenses”

“América para los estadounidenses”

Luego del ataque de Estados Unidos a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro, Trump apuesta a la intimidación para controlar la región. Anccom dialogó con Gabriel Puricelli quien asegura que el presidente norteamericano pretende manejar el comercio del petróleo.

Durante la madrugada del 3 de enero, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, realizó un operativo— que incluyó bombardeos en Caracas y otras regiones de Venezuela— para secuestrar al presidente de ese país, Nicolás Maduro, junto a la Primera Dama, Cilia Flores, y apresarlos en Nueva York. “Vamos a gobernar Venezuela hasta el momento que podamos tener una transición segura”, amenazó el mandatario. En diálogo con ANCCOM, Gabriel Puricelli, sociólogo y profesor de la Especialización de Estudios Contemporáneos de América y Europa (UBA), analiza el nuevo escenario político.

Los hechos

Hace ya varias semanas Estados Unidos realizaba un despliegue naval con barcos de guerra en el Caribe Sur generando una tensión sobre el futuro del gobierno venezolano. Bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, designando a Maduro como jefe de una organización terrorista llamada “Cartel de los Soles”, Trump pudo eludir la autorización de guerra que tendría que haber dictado su Congreso y llevar a cabo el operativo.

En este sentido, Puricelli opina que lo sucedido “establece un precedente histórico al intervenir de forma directa en América del Sur”. El mismo Trump no esperó a lanzar amenazas contra otros gobiernos latinoamericanos como el mexicano o el cubano. En este punto, el especialista explica que “la única manera de asegurarse de no atraer la intervención de los Estados Unidos es tener gobiernos políticamente alineados, no ya con los Estados Unidos, ni siquiera con el Partido Republicano, sino que con Trump”.

Con un saldo aproximado de 40 muertos, la “Operación Resolución Absoluta” desató una preocupación en la región respecto a la revitalización de la Doctrina Monroe, mediante la cual durante el siglo XX Estados Unidos utilizó su hegemonía política para saquear las regiones tercermundistas, bajo un lema simple: “América para los estadounidenses”. Incluso Trump nombró irónicamente al operativo bajo el paraguas de la “Doctrina Donroe”.

El petróleo

En este punto, es clave entender el rol que juega el petróleo venezolano en el conflicto, no solo por su valor, sino por cómo posiciona a Estados Unidos frente a México y Canadá. Así lo explica Puricelli: “Esto se hace para garantizar el flujo del petróleo ultrapesado que tiene Venezuela, que es un petróleo que hoy Estados Unidos lo tiene en parte de Venezuela, porque hay una parte del comercio bilateral que funciona normalmente, y otra de Canadá”.

Por su parte, México también entra en la negociación con Canadá porque las refinerías del Golfo de México—rebautizado Golfo de América por Trump el año pasado—también escasean de ese petróleo ultrapesado. Sigue Puricelli: “Canadá y México se están asociando para impedir que Trump obtenga todo lo que quiere en esa negociación. Evidentemente, Trump se siente más seguro consiguiendo petróleo de un protectorado venezolano que seguir dependiendo de un aliado tradicional con el que ahora está en problemas como Canadá”.

Esta estrategia que prepara el magnate estadounidense será clave en el panorama político porque como advierte Puricelli: “No tiene la vista nada más en Canadá, sino que también forma parte de condiciones que le quiere imponer a otros aliados o ex aliados de los Estados Unidos”.

Las incógnitas

Por otro lado, queda por ver qué sucederá con las sucesivas violaciones institucionales que realizó el mandatario estadounidense, primero con los organismos internacionales, como la ONU y la OEA; y luego dentro de su país, en el Congreso. Sobre este punto, Puricelli vaticina que hasta las elecciones legislativas de este año no habrá novedades: “En este momento, con las dos cámaras del Congreso en manos de los republicanos, con la Corte Suprema en manos de los republicanos, es muy poco probable que se le pueda poner límites a Trump desde dentro de Estados Unidos”.

Una pregunta sobrevuela todo el operativo. ¿Por qué fue tan simple la operación? ¿Por qué no hubo disparos de las fuerzas armadas venezolanas hacia los helicópteros estadounidenses? En palabras del analista: “Lo que parecería haber sucedido es que se rompió el chavismo, una fracción traicionó a la otra y a caballo de eso Estados Unidos cometió esta violación del derecho internacional”.

En cuanto al gobierno, interinamente asumió la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aunque durante la conferencia de prensa del día de ayer, Trump aseguró que gobernará Venezuela hasta que “pueda haber una transición”. Simultáneamente, descartó que la fuerza opositora liderada por la Nobel de la Paz, María Corina Machado, asuma el poder: “No cuenta con apoyo ni respeto en el país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”.

Los venezolanos que se fueron

En muchas ciudades del mundo, a raíz de la diáspora de 7 millones de venezolanos, esta población festejó “la caída de Maduro”. El Obelisco porteño se iluminó con los colores de la bandera venezolana e incluso se izó una bandera de ese país. Sobre este punto, Puricelli opina: “La alegría de los venezolanos, basadas en la esperanza de que los presos políticos y desaparecidos—cuya existencia ha sido denunciada por Amnistía Internacional en el período postelectoral de 2024—que hay en Venezuela van a ser liberados o van a aparecer, es totalmente comprensible”.

Sin embargo eso juega en un plano distinto que esta crítica que tenemos que hacer a la acción de los Estados Unidos. Estamos tratando de leer las acciones de los Estados Unidos bajo el prisma del derecho internacional e incluso desde el prisma del derecho argentino. Porque este tipo de intervencionismo puede tener consecuencias para cualquier país que no se pueda defender”, aclaró el analista.

En este sentido, a la par de los festejos, también hubo multitudinarias manifestaciones en todo el mundo condenando la invasión norteamericana y llamando al accionar de los distintos líderes. En la capital porteña, una gran cantidad de organizaciones de derechos humanos, centros de estudiantes y partidos de izquierda se reunieron fuera de la embajada de los Estados Unidos a manifestar su repudio contra la superpotencia; recordando el violento pasado de ese país en la región. Además, convocaron a una nueva movilización el lunes 5 de enero a las 17 horas en Plaza Italia, con dirección a la embajada estadounidense.

“Nos miramos y yo tuve la certeza de que se la llevaban para siempre”

“Nos miramos y yo tuve la certeza de que se la llevaban para siempre”

sEn una nueva audiencia que investiga la actuación del marino Chispa Sánchez en la ESMA, declararon dos sobrevivientes y Patricia, la hija de Rodolfo Walsh, uno de los deaparecidos por el grupo de tareas que integraba el acusado.

La cuarta audiencia del juicio contra Gonzalo “Chispa” Sánchez se extendió durante casi cuatro horas y volvió a poner en el centro de la escena el funcionamiento cotidiano del Grupo de Tareas de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA). Declararon Mercedes Carazo, Graciela Beatriz Daleo y Patricia Walsh, tres testimonios que, desde trayectorias distintas, reconstruyeron el engranaje represivo, las identificaciones de los genocidas y las marcas que persisten a casi medio siglo de los hechos.

 

Reconocer el terror

Mercedes Carazo fue la primera en declarar. Con una sonrisa dulce, casi permanente, hizo pausas a lo largo de su testimonio para advertir sobre las dificultades de reconstruir con precisión hechos ocurridos hace casi cincuenta años. No era la primera vez que hablaba en tribunales: ya había prestado declaración en instancias judiciales anteriores, hace 15 y 21 años.

Fue secuestrada el 21 de octubre de 1976 y relató que logró identificar que la estaban trasladando a la ESMA por el lenguaje que utilizaban sus secuestradores durante el trayecto. Palabras como “proa” y “popa” (propias del mundo naval), sumadas a la interrupción momentánea de la luz (el túnel de la Avenida del Libertador) durante el recorrido, le permitieron inferir el destino. Ese camino, además, no le era ajeno: su compañero trabajaba en la Comision Nacional Energia Atomica (CNEA), ubicada enfrente de la ESMA. 

Durante su cautiverio, explicó, los represores eran nombrados por apodos. Con el tiempo, gracias a la circulación de información entre los detenidos, esos apodos comenzaron a asociarse a nombres y rangos. Mencionó a figuras centrales del aparato represivo de la ESMA, como Jorge “El Tigre” Acosta y Antonio Pernías, y luego también señaló a “Chispa”.

Carazo sostuvo que “Chispa” era jefe de los llamados “verdes” (un grupo de militares jóvenes que se estaba formando dentro de la ESMA) y que más tarde pudo asociar ese apodo con el nombre Gonzalo Sánchez. Lo recordó de tez dorada, de una altura similar a la suya y moviéndose con soltura por los sótanos del centro clandestino.

También explicó que fue trasladada a Francia porque su tarea, mientras estuvo sometida a trabajo esclavo, consistía en leer diarios extranjeros y elaborar informes sobre lo que se publicaba en el mundo acerca de la ESMA. Esa información, señaló, era clave para los militares, que buscaban monitorear el impacto internacional de sus crímenes. 

Además, recordó la presencia de oficiales del Ejército peruano y señaló a uno de ellos, apodado “Maco”, quien disparó contra su esposo, Marcelo Daniel Kurlat, el 10 de diciembre.

Tras un cuarto intermedio solicitado para resolver la pertinencia de una pregunta por parte de la defensa del imputado, Carazo reafirmó la identificación: recordó haber visto a Sánchez en los sótanos y explicó que la asociación entre apodos y nombres se construía colectivamente entre los detenidos. Cerró su testimonio agradeciendo al tribunal “por perseverar en la búsqueda de justicia”.

El último abrazo

Luego declaró Graciela Beatriz Daleo. En este caso, la conexión se interrumpió varias veces. Daleo señaló que estas dificultades no ocurrirían si las audiencias fueran presenciales y cuestionó la fragmentación de los testimonios. El tribunal sugirió que continuara con la cámara apagada para evitar cortes, una situación que evocó al Juicio a las Juntas, cuando los testigos declaraban de espaldas a las cámaras. 

Contó que fue secuestrada el 18 de octubre de 1977 en la estación de subte Acoyte, cuando se dirigía a su trabajo. Recordó que gritó que la estaban secuestrando, dijo su nombre y el teléfono de su padre, y que varias personas intentaron ayudarla sin éxito. Fue subida a un Ford Falcon beige y, tras que revisaran su cartera, escuchó por la radio del auto: “Afirmativo, es ella”. De allí fue llevada a la ESMA.

Permaneció detenida durante 15 meses, hasta el 20 de enero de 1979, cuando fue enviada a Bolivia bajo el nombre falso de “Mary Alicia Bravo”. Entre enero y abril de 1979 estuvo en libertad vigilada en La Paz, Bolivia. El 20 de abril de ese año pudo viajar a Caracas, Venezuela. Al regresar a la Argentina, volvió a ser perseguida: fue detenida y, más tarde, debió exiliarse en España hasta su retorno definitivo luego de la vuelta de la democracia.

Durante su cautiverio identificó a Sánchez como integrante del área de operaciones del Grupo de Tareas de la ESMA. Explicó que no siempre es posible recordar el momento exacto en que se logra vincular un apodo con un nombre real: “A veces nos enteramos de manera azarosa, otras de forma más explícita”. Señaló que ya en 1979, en “El Testimonio de París”, en cuya elaboración participó, se mencionaba la asociación entre el apodo “Chispa” y Gonzalo Sánchez.

Además, relató su vínculo con Ana María “Loli” Ponce, con quien compartía tareas y a quien acompañó hasta el momento de la despedida en el sótano. También recordó a Edgardo Moyano, a quien conocía de la militancia y volvió a ver en la ESMA, detenido en “Capuchita”. En enero de 1978 logró abrazarlo cuando lo bajaron a “Capucha”.

Un lunes o martes de carnaval de 1978, mientras estaba en “La Pecera», recibió un mensaje para bajar al sótano porque “Loli” quería consultarle algo. Allí, Ponce le contó que Roberto Oscar González, integrante del Grupo de Tareas hoy prófugo en Brasil, le había dicho que la iban a llevar a La Plata. “Nos miramos y tuve la certeza de que se la llevarían para siempre”, relató. Poco después se llevaron a “Loli” y a Moyano. Nunca volvieron a verlos. Antes de despedirse, “Loli” le entregó un sobre donde había numerosos poemas escritos durante su cautiverio. 

El testimonio de Patricia, la hija de Rodolfo Walsh

La última declaración fue la de Patricia Walsh, hija del escritor y militante Rodolfo Walsh. Su testimonio no se centró en el cautiverio, sino en la reconstrucción del operativo represivo y del desamparo posterior. Relató que el 26 de marzo de 1977 viajó a San Vicente para conocer la casa a la que hacía poco se había mudado su padre. Fue junto con su marido y sus dos hijos, uno con menos de un mes de vida. Además, en el camino, pasaron a buscar a Lilia Ferreyra, compañera de Rodolfo. Ese día se iba a producir el primer encuentro entre Rodolfo y su nieto más pequeño. Al llegar al lugar, hallaron la vivienda destruida: había sido allanada, saqueada y atacada a tiros por el Grupo de Tareas de la ESMA. Una vecina les contó que los militares habían disparado durante horas y se habían llevado pertenencias, entre ellas el auto de Lilia Ferreyra.

Walsh sostuvo que la demora en llegar les salvó la vida. Escaparon por el campo y regresaron a Buenos Aires, donde comenzó un recorrido marcado por el miedo y la falta de respuestas. Intentó presentar un habeas corpus, pero encontró negativas incluso en su propio entorno familiar. El primer recurso fue presentado por Lilia Ferreyra; tiempo después, y con enormes dificultades, Patricia pudo presentar el suyo.

Explicó que los represores pudieron llegar a la casa de San Vicente tras robar documentos de una operación inmobiliaria que su padre, Rodolfo Walsh, llevaba en su maletín al momento de su secuestro el día anterior (el 25 de marzo de 1977). También se llevaron su cédula falsa y un cuento inédito, “Juan se iba por el río”. “Además de genocidas, fueron ladrones”, señaló.

En uno de los pasajes más contundentes de la jornada, Walsh se refirió a las palabras del imputado, quien en una audiencia anterior dijo ser pastor evangélico. “¿No cree que las personas tienen derecho a la sepultura?”, preguntó, haciendo alusión, no solo a su padre, sino a los tantos que aún hoy continúan desaparecidos.

 

Lo que sigue

Al finalizar la audiencia, la Fiscalía y las querellas reiteraron el pedido de que las próximas instancias sean presenciales. El tribunal informó el desistimiento de testigos por fallecimientos y, por mayoría, rechazó la incorporación de una declaración prestada por Sánchez ante un tribunal militar en 1980.

La próxima audiencia aún no tiene fecha confirmada debido a superposiciones con otros juicios. Mientras tanto, los testimonios siguen construyendo una verdad que, aunque tardía, se abre paso en los tribunales.

Las organizaciones sociales resisten las políticas de exterminio en Constitución

Las organizaciones sociales resisten las políticas de exterminio en Constitución

El barrio sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires creó una mesa territorial que nuclea asambleas, iglesias y a la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, para buscar soluciones a las políticas represivas y de expulsión que viven los vecinos en situación de vulnerabilidad.

El empobrecimiento y la crueldad hacia el barrio de Constitución se profundizan día a día. Desde hace dos años se despliega sin freno una política hostil y violenta contra los vecinos en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de “liberar” y “limpiar” el territorio.

«Vivimos una situación de una gravedad que no tiene antecedentes en este barrio. La gente con problemas de salud mental y consumo está muy desamparada, no encuentran atención ni medicación y caen en el consumo porque no aguantan más su realidad. Hay mucha gente que siente temor de venir a ayudar, la violencia policial da temor», explicó en diálogo con ANCCOM Viviana Pinto representante de la Iglesia Metodista del Barrio.

Una semana atrás, la Mesa Territorial del barrio de Constitución –conformada por asambleas barriales, instituciones religiosas y organizaciones sociales– se instaló como órgano dentro de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Esta vinculación y unión colectiva es impulsada por el Centro de Estudiantes y la Secretaría de Extensión Universitaria. Se formula con el objetivo de tratar las diferentes problemáticas del barrio: la crisis económica y habitacional, la violencia institucional que sufren los vecinos por parte de las fuerzas policiales y la ausencia del Estado en garantizar a los habitantes derechos básicos.

Voluntarios de la Parroquia Inmaculado Corazón de María entregan viandas y agua a personas en situación de calle en la Plaza Constitución.

Las organizaciones coinciden en que la mesa se presenta como un espacio para dialogar, articular, discernir y proyectar acciones en favor de la vida de los vecinos y construir una “trama socio colectiva en tiempos de fragmentación”, señalan desde la Facultad de Sociales.

“Estamos viviendo como sociedad un momento de mucha hostilidad y expulsión. Esta iniciativa nos brinda un espacio de luz para poder formar juntos un camino”, expresó Ruben Infantino, sacerdote de la iglesia Inmaculado Corazón de María ubicada frente a la plaza Constitución. La parroquia sostiene cada jueves acciones de asistencia junto a Cáritas y todos los sábados organiza una olla popular en la plaza, abierta a vecinos en situación de calle y personas que llegan desde barrios fronterizos o del conurbano sur. “Pretender abordar esta realidad solos es una locura y sería imposible, terminaríamos dando una respuesta solo desde lo religioso, con el miedo de que sea una respuesta fuera de la realidad. Por eso queremos dar la apertura con otras organizaciones”, agregó Infantino.

Desde 2018, la iglesia metodista del barrio lleva a cabo un proyecto que acompaña a mujeres víctimas de violencia, trata y trabajo sexual que no encuentran otros medios para sobrevivir. Sin embargo, el contexto se ha agravado en los últimos dos años. “Se sumó mucha gente mayor que se quedó en la calle. Las chicas que habían logrado salir de la prostitución gracias a nuestros talleres tuvieron que volver, porque no podían pagar servicios ni alquileres. Pasamos de un tiempo en que muchas habían encontrado alternativas laborales a un presente en el que regresan a una situación no deseada. Además, ahora asistimos también a jubilados que no tienen medios para alimentarse”, relató Viviana Pinto, representante de la iglesia metodista.

Las organizaciones nucleadas en la mesa advierten que en la Comuna 1 se está llevando a cabo un plan de  fragmentación y expulsión de los habitantes que transitan el barrio, con intereses ocultos de por medio. Reclaman al Gobierno de la Ciudad medidas urgentes que garanticen necesidades básicas y frenen la represión policial. 

“La venta de droga y la prostitución están normalizadas, es un barrio liberado a estas prácticas, son actividades que surgen como alternativa para sobrevivir a la crisis. Sin embargo, ya hace muchos años que el barrio está expuesto a esta realidad, entonces uno empieza a sospechar que hay algo más por detrás. No hay solución para esta población y lleva a poner al vecino contra el vecino, cargando al barrio de un estigma negativo para después avanzar con otras políticas, explica Flavia Campblles, trabajadora social por la Universidad de Buenos Aires.

La política urbanística, denuncian, se traduce en un Estado que se retira para legitimar un discurso de violencia y exclusión. Los vecinos terminan en la calle porque ya no pueden pagar los alquileres y servicios, no pueden seguir trabajando porque les quitaron sus herramientas de trabajo, o los sacaron de la venta en la vía pública. Las fuerzas policiales avanzan sobre el territorio quitándoles todo y dejándolos a la intemperie. “Una vez en calle les sacan los colchones, las sábanas y mantas y las tiran a los contenedores para que se mojen y no puedan utilizarlas más», advirtió Pinto, y agregó: «Yo creo que no es solo una política expulsiva la que vivimos sino de exterminio, expulsan a la gente dejándolos sin lugar vital posible».

 

Las ciencias sociales se presentan como una esperanza en medio de la crisis. “La Mesa Territorial nos parece una iniciativa muy valiosa porque la universidad, pensada como un actor social más del barrio, tiene la capacidad de tomar iniciativas que las organizaciones no podemos, ya que estamos ocupadas en atender necesidades básicas como la comida”, señaló Mónica Farías, representante de la Asamblea de San Telmo.

El proyecto se plantea ir hacia una ciudad inclusiva en la que todos podamos vivir con dignidad y se reclama la presencia y diálogo con los legisladores. Se espera que las acciones en conjunto marquen un nuevo país. “Uno percibe este mensaje de odio que viene del Gobierno, que hay que despreciar a todo el mundo y viene calando hace rato en la sociedad. Hay que olvidarnos de estos mensajes de odio, hay que estar despiertos porque nos adormecen y nos dejan indiferentes a lo que sucede”, expresó Infantino.

 

Desalojaron a un militante de derechos humanos

Desalojaron a un militante de derechos humanos

La Policía de la Ciudad desalojó a Alfredo Cuéllar y su familia Cuéllar. Llevaba décadas viviendo en una casa de la calle Raulet, en Parque Patricios. Pero los negocios inmobiliarios fueron más fuertes.

El pasado lunes 27 de octubre, la Policía de la Ciudad desalojó a la familia Cuéllar y a sus vecinos en Raulet 62/64/66, en Parque Patricios. Aunque la orden judicial estaba fechada para el martes 28, el operativo se adelantó, sorprendiendo a las familias y a las organizaciones sociales que preparaban una vigilia para resistir el desalojo.

Alfredo Cuéllar, padre de Florencia “La China” Cuéllar –fallecida en 2012 en una cárcel federal– se ha convertido desde entonces en un referente en la lucha por los derechos de las mujeres en las cárceles.

Desde hace más de 40 años, la familia Cuéllar habita una de las casas de la calle Raulet. Allí también viven otras familias, vecinas de toda la vida, que fueron desalojadas por orden judicial. El operativo estuvo a cargo de la Policía de la Ciudad y se desarrolló en medio de denuncias por violencia y represión.

El procedimiento, que incluyó un despliegue de “más de 70 efectivos, bastonazos y escudazos”, según relató a ANCCOM Alfredo Cuéllar, culminó con un detenido y la violación de los derechos de niños y niñas, sus nietos, que vivían en el inmueble. “El día 27, a las cuatro de la tarde, yo tenía cien policías en la cuadra. A las seis ya habían vallado todo y bajaron como setenta efectivos de un colectivo, con una brutalidad tremenda, y nos metieron adentro de mi casa a los empujones”, narró.

Alfredo Cuéllar, en su casa, momentos antes de concretarse el desalojo.

 

El inmueble se encuentra dentro del Distrito Tecnológico, una zona impulsada por el Gobierno de la Ciudad desde 2008, que ofrece beneficios impositivos a empresas del sector para promover la radicación de oficinas y startups. Sin embargo, su expansión ha generado un proceso de gentrificación debido al aumento del valor del suelo y la presión inmobiliaria sobre los inquilinos y ocupantes históricos.

Cuéllar contó que alquiló la vivienda en 1984, cuando aún vivía la propietaria original. Tras su fallecimiento, aparecieron distintos intermediarios vinculados con “el infame Francisco Ríos Seoane” (fallecido expresidente del club Deportivo Español) quienes, según denunció, intentaron apropiarse del inmueble. “Empezaron a trabajar de manera impune, bajo la sombra y con amenazas. Yo era un pibe, tendría 20 años, y no entendía nada, pero sabía que ese lugar no les correspondía”, recordó. 

Cuéllar sostuvo que el proceso judicial estuvo plagado de irregularidades. Según su testimonio, la actual propietaria, Úrsula Busset, “es la hija de una abogada que antes se presentó como representante de supuestos dueños del inmueble y luego se convirtió en titular del mismo”. Y denunció que “me terminó sacando de manera irregular porque hay un poder económico muy fuerte detrás. Busset es abogada de Karina Milei y asesora de Diana Mondino”.

La orden de desalojo fue emitida por el Juzgado en lo Civil 35 a cargo de Ramiro Güiraldes, quien aceptó el título de propiedad de Busset, adquirido hace siete años, por sobre los derechos de las familias que llevan cuatro décadas viviendo allí.

Otra de las vecinas desalojadas, Roxana Salem, explicó: “A nosotros nos sacaron siendo propietarios, por una deuda hipotecaria que dejó mi papá, que era impagable, pese a que vivían tres discapacitados nos remataron igual”,

Las familias aseguraron que nunca fueron notificadas adecuadamente del proceso judicial ni se les ofrecieron alternativas de vivienda dignas. Ante la inminencia del operativo, durante el día anterior se organizó una vigilia vecinal para resistir el desalojo y exigir que las autoridades garanticen un lugar donde reubicarlos.

 

La vigilia y el operativo

Durante el día previo al desalojo, las familias que habitaban Raulet 62, 64 y 66 montaron una vigilia frente a las casas. Vecinos, organizaciones barriales y referentes de derechos humanos acompañaron la espera, sin saber con certeza a qué hora llegaría la policía, pero decididos a permanecer en el lugar.

Finalmente, la irrupción se adelantó a la hora pautada y llegó sobre la tarde del mismo lunes 27, cuando efectivos de la Policía Federal rodearon la cuadra para ejecutar el desalojo en un importante despliegue que valló la cuadra y bloqueó los accesos. Las fuerzas avanzaron para desalojar a las familias, entre gritos y empujones, y se llevaron a una persona detenida. Otras mostraron ante las pocas cámaras que había en el lugar los golpes y heridas recibidas.

“No fue un desalojo normal”, explicó Cuéllar. “Vinieron directamente a limpiar el territorio a fuerza de choque, de pelea y de brutalidad. Hubo mujeres muy golpeadas, un compañero detenido, mis nietos fueron violentados. Y ningún organismo de derechos humanos se acercó para defender a nuestros niños”.

La tensión se extendió durante varias horas. Los efectivos retiraron a los ocupantes y colocaron candados en las puertas. Desde entonces, las familias desahuciadas permanecieron a la espera de una respuesta oficial que garantizara una reubicación. 

“No tenemos garantías de nada, todo lo que te dan es una burla. Me quisieron ofrecer 120 mil pesos para alquilar. Hoy mis nietos no pueden ir al colegio porque no sabemos dónde vamos a estar viviendo”, contó Cuéllar.

En paralelo, el desalojo detonó una ola de protestas en redes y entre organizaciones sociales, que lo interpretaron como una muestra de violencia institucional y de un modelo urbano que privilegia los intereses inmobiliarios por sobre los derechos de los vecinos.

El Distrito Tecnológico fue creado por Ley en 2008, con el objetivo de radicar compañías del sector de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en una zona que abarca 200 hectáreas del barrio de Parque Patricios, y parte de Nueva Pompeya y Boedo. 

Según datos oficiales del Gobierno de la Ciudad, desde su sanción por ley, el Distrito atrajo a más de 400 empresas y generó casi 24 mil empleos directos, con alrededor de 300 mil metros cuadrados de oficinas ya construidas o reconvertidas.

Sin embargo, estudios urbanos registraron que esta reconversión trajo consigo profundos efectos de gentrificación. Entre 2009 y 2011, por ejemplo, la superficie solicitada para uso no residencial en Parque Patricios aumentó casi seis veces, mientras que la destinada a la vivienda residencial cayó hasta más de un 15% en ese mismo período.

“Para nosotros esto es una cuestión de clase”, reflexionó Cuéllar. “Ellos consideran que son una clase superior, y que nosotros no tenemos que estar en este lugar ni habitar una casa, porque creen que el lugar nuestro es la villa”. 

De ese modo, el desalojo en Raulet no es visto solo como una operación judicial aislada, sino como parte de una transformación urbana más amplia que desplaza a familias de sectores populares que hace muchos años habitan esas viviendas en nombre de un nuevo modelo urbano e inmobiliario.

Una vida de lucha

Alfredo Cuéllar, es un militante de derechos humanos especializado en la defensa de personas privadas de la libertad y víctimas de violencia institucional. “El destino me puso en un lugar en el que nunca quise estar”, contó. “A partir de lo que le pasó a mi hija me convertí en algo que nunca me imaginé, y hoy me veo con la sorpresa de que mi nombre está en los libros de la policía porque logré desarticular la cúpula del poder penitenciario. Y eso no es gratis”.

Su visibilidad pública creció luego de la muerte de su hija, el 23 de diciembre de 2012 en la Unidad IV del Penal de Mujeres de Ezeiza. La causa fue caratulada como suicidio por las autoridades penitenciarias, aunque Cuéllar y distintas organizaciones sostienen que la joven presentaba signos de golpes y que no tenía intención de quitarse la vida. Desde entonces, el caso se transformó en un símbolo de las muertes bajo custodia del Estado.

“La China” había ingresado al sistema penitenciario siendo muy joven y fue trasladada a pabellones de mayores donde, según denuncias, enfrentó hostigamiento sistemático y condiciones violentas. Su historia se transformó en un símbolo de las vulneraciones del sistema penitenciario y visibilizó las condiciones de violencia y desamparo que atraviesan muchas mujeres privadas de su libertad.

Luego de la muerte de su hija, Alfredo Cuéllar, fue víctima de múltiples amenazas y episodios de persecución por su empeño de denunciar los abusos dentro del sistema penitenciario. Desde entonces, su nombre se volvió incómodo para algunos sectores del Poder Judicial y policial.

“Por nuestra militancia empezó a salir a la luz lo que pasaba en las cárceles, y eso molestó”, recordó. “Allí violaban a las mujeres, las maltrataban, las golpeaban y las asesinaban”. Él se encargó de exponer todo eso, de ponerle nombre y cara a cada una de esas historias, y eso lo convirtió en enemigo para el sistema.

El 19 de mayo de 2019, Cuéllar fue secuestrado en las inmediaciones de Parque Patricios, en un episodio que marcó un punto de inflexión en su vida. 

“Cuando volví a la realidad estaba tirado en un descampado en Camino de Cintura, cerca de las 4 de la mañana. Esa fue la forma en que intentaron callarme”, contó. “Pero al hacerme más visible se les hizo difícil seguir amenazándome. Me hicieron daño, pero no me quebraron”.

Para él, el reciente desalojo no fue un hecho aislado, sino la continuación de una persecución que lleva más de una década.

“No tuvieron piedad. Encontraron esta oportunidad para ejecutarme, me dejaron en la lona”, reflexionó. “Pero no me van a matar, voy a seguir adelante con más fuerza porque ahora entendí cómo se maneja la justicia. El miedo lo transformé en lucha”.

Esa transformación, asegura, es la que hoy lo mantiene de pie. Después de años de dolor, pérdida y resistencia, Cuéllar afirmó que su compromiso con la militancia es también una forma de supervivencia.

“Hoy más que nunca me siento más fuerte –dijo–, porque alguien tiene que enfrentarlos. Yo sé que con la militancia puedo doblar el brazo de la justicia. Ahora entendí cómo se manejan. Voy a luchar con más fuerza porque jamás voy a permitir que el derecho que le violaron a mis nietos quede impune”.