Despidos masivos, infarto mortal y crisis en Granja Tres Arroyos
La principal avícola del país debe 350 millones de dólares, redujo su producción y su personal. A los que continúan trabajando, les adeuda salarios. El costo social y el impacto en la salud del deterioro laboral.
Carlos Esquivel, trabajador de la planta La China de Granja Tres Arroyos, murió de un infarto tras meses sin actividad y con salarios adeudados. Horas después, llegó a su domicilio el telegrama que comunicaba su despido. El caso expone la situación crítica que atraviesan cientos de trabajadores de la principal avícola del país.
Granja Tres Arroyos atraviesa una de las mayores crisis de su historia. Con plantas paralizadas, una fuerte reducción de su producción y un pasivo de alrededor de 350 millones de dólares que busca reestructurar con sus acreedores, el deterioro financiero de la principal empresa avícola del país comenzó hace tiempo a trasladarse a sus trabajadores: salarios pagados en cuotas, vacaciones forzadas, suspensiones y, ahora, cientos de despidos.
En la planta La China, ubicada en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, esa crisis tiene otra dimensión. La producción permanece paralizada desde mayo y los trabajadores aseguran que acumulan salarios impagos desde la segunda quincena de abril, además del aguinaldo. Esta semana, más de 260 empleados recibieron telegramas de despido. Uno de ellos estaba dirigido a Carlos Esquivel.
Esquivel tenía 53 años y era trabajador de La China. El lunes murió de un infarto después de atravesar, según relatan sus compañeros, meses de dificultades económicas e incertidumbre sobre su futuro laboral. Horas después de su fallecimiento, el telegrama mediante el cual Granja Tres Arroyos comunicaba su despido llegó a su domicilio.
“Por supuesto que no falleció porque le llegó un telegrama. Él no llega a recibirlo. Pero la situación que estaba viviendo era realmente angustiante y desesperante”, relató Eduardo Ramírez, compañero de Esquivel y trabajador del sector de trozado de La China.
“Había muchas carencias económicas. Una persona de 53 años no podía conseguir trabajo. En una ciudad de 100 mil habitantes, tenés 900 personas pidiendo trabajo, más todas sus familias. Es una situación muy angustiante y muy difícil de sostener en el tiempo”, explicó.
Los propios trabajadores realizaron colectas para asistir a quienes atravesaban las situaciones más críticas. También se coordinaron entregas de bolsones de alimentos con participación sindical, provincial y municipal. Sin embargo, Ramírez sostiene que la asistencia apenas permitía cubrir una parte de las necesidades básicas: “Era un bolsón de comida que servía para una semana, como mucho. Las demás cosas obviamente no se podían cubrir”.
Para Ramírez, la situación que atravesaba Esquivel no puede pensarse por fuera de un conflicto que desde hace meses afecta a cientos de trabajadores de la planta.
“Hay muchos compañeros pasando los mismos problemas, sin poder pagar alquileres, sin poder pagar servicios. Una changa la podés sostener un poco de tiempo, pero después no podés sostener mucho más. Aparte, 900 personas haciendo changas tampoco se sostiene”, afirmó.
Deuda millonaria
La situación de La China se inscribe en una crisis económica y financiera que Granja Tres Arroyos arrastra desde hace tiempo. La compañía negocia actualmente con sus acreedores la reestructuración de un pasivo de aproximadamente 350,9 millones de dólares, que incluye compromisos comerciales con proveedores, obligaciones fiscales y deudas financieras. El plan contempla quitas que en algunos casos podrían alcanzar el 75%, plazos de hasta siete años y venta de activos para obtener liquidez.
La dimensión productiva de la compañía también se redujo considerablemente. Granja Tres Arroyos llegó a procesar alrededor de 760 mil aves por día y a emplear a más de 6.500 trabajadores. En medio de la crisis, su nivel de faena llegó a caer a cerca de 200 mil aves diarias.
La empresa atribuye parte de sus dificultades al impacto que tuvo la influenza aviar sobre las exportaciones, al cierre de mercados internacionales —entre ellos China—, a la sobreoferta posterior en el mercado interno y al incremento de los costos de producción. Esos argumentos también aparecen en las comunicaciones mediante las cuales justificó los últimos despidos.
La crisis, sin embargo, ya se traduce en una sucesión de cierres, suspensiones, retiros voluntarios y atrasos salariales en distintos establecimientos de la compañía. En 2024 cerró una planta en Tristán Suárez y en 2025 dejó de funcionar la planta Becar, también en Concepción del Uruguay, cuyos trabajadores fueron trasladados a La China.
Salarios a cuentagotas
A cientos de kilómetros de Concepción del Uruguay, en El Jagüel, ciudad del partido de Esteban Echeverria, el relato de Emilio Gustavo Barrios permite reconstruir cómo ese deterioro financiero se trasladó progresivamente a los ingresos de los trabajadores.
Barrios lleva 15 años en la industria avícola. Comenzó durante la etapa de Cresta Roja, atravesó los cambios de operadores y continuó cuando Granja Tres Arroyos asumió la operación. Trabajó durante la pandemia y posteriormente en una planta destinada a la exportación, hasta que el establecimiento dejó de funcionar y fue trasladado a otra planta.
Según su testimonio, actualmente trabajan allí alrededor de 670 personas. Hace algunas semanas, la empresa les comunicó de un día para otro que comenzarían tres semanas de vacaciones por falta de producción.
“Nos dijeron que no había más pollo, que había vacaciones y que teníamos que volver el 10 de agosto”, contó.
Pero el período de descanso llegó sin que los trabajadores hubieran cobrado normalmente. Barrios asegura que acumulan un mes sin percibir el sueldo completo y que las vacaciones también comenzaron a abonarse en pequeñas cuotas.
“De las vacaciones nos pagaron creo que dos cuotas que no llegan ni a los 100 mil pesos. Una semana nos dieron una cuota y a la otra semana otra”, señaló.
Ante la falta de ingresos, los trabajadores recibieron la posibilidad de retirar mercadería de la propia empresa para cubrir parte de su alimentación, con un límite mensual de 500 mil pesos.
Para Barrios, sin embargo, el problema no comenzó con la última suspensión. Según afirma, hace aproximadamente un año y medio que los salarios son abonados de manera fraccionada. “Hace un año y medio que están pagando en cuotas. Vos las deudas las tenés que pagar y, si te atrasás, los intereses corren y nos perjudican. Una cuenta que tenés que pagar en determinada fecha, si no la pagás, te viene con interés. Y así se va sumando”, explicó.
A los pagos fraccionados se sumó, según su relato, la pérdida de otros ingresos laborales. “Los feriados ya no nos los pagan, perdimos los premios de fin de año. En pandemia laburamos, en exportación siempre trabajamos, siempre cumplimos”, sostuvo.
Así, mientras Granja Tres Arroyos negocia cómo reestructurar cientos de millones de dólares de deuda con bancos, organismos públicos y proveedores, sus trabajadores describen otra dimensión de la crisis: salarios en cuotas, vacaciones sin cobrar completamente, mercadería para cubrir la alimentación, changas y asistencia mediante bolsones de comida.
«Podría haber pasado con otro compañero»
En Concepción del Uruguay, la muerte de Carlos Esquivel convirtió esa situación económica en algo concreto para sus compañeros.
Después de meses sin actividad, la llegada de los telegramas abrió una nueva etapa del conflicto. Los trabajadores de La China reclaman ahora la reincorporación de los despedidos, el pago de los salarios pendientes y respuestas para quienes todavía desconocen cuál será su futuro.
Pero el reclamo adquirió otra dimensión después del lunes.
“¿Qué podía haber pasado con otro compañero? Porque hay muchos compañeros pasando los mismos problemas”, planteó Ramírez.
Carlos Esquivel no llegó a leer el telegrama que comunicaba su despido. Para sus compañeros, lo que ocurrió expone hasta dónde puede deteriorarse la vida cotidiana cuando la incertidumbre laboral se prolonga durante meses y el salario deja de llegar.
Mientras la empresa busca una salida para una deuda de 350,9 millones de dólares, cientos de trabajadores continúan esperando otra respuesta: cuándo cobrarán lo que les deben y si todavía tendrán un trabajo al cual volver.












