Pros y contras del boom energético
Con numerosas entrevistas y visitas a los lugares afectados por la explotación de hidrocarburos, los sociólogos Gabriela Wyczykier y Juan Acacio presentan El latido del subsuelo. Consensos y resistencias desde Vaca Muerta hasta el mar Argentino, un trabajo desarrollado a lo largo de una década que da cuenta de la complejidad de esta industria, desde los beneficios económicos a las consecuencias ambientales.
Los sociólogos Gabriela Wyczykier y Juan Acacio publicaron recientemente El latido del subsuelo. Consensos y resistencias desde Vaca Muerta hasta el mar Argentino, uno de los últimos libros de la editorial Prometeo, que pone el foco sobre la cuestión energética desde una mirada integral, que entrecruza las cuestiones económicas, sociales, productivas, territoriales, ambientales, culturales y políticas.
Este libro, que propone complejizar la mirada acerca de la explotación de hidrocarburos en Argentina, recupera una trayectoria de casi diez años de investigación colectiva, contó con el financiamiento del CONICET, de agencias estatales y de universidades públicas, además del apoyo de la ONG Fundación Ambiente y Recursos Naturales.
“A diferencia de los artículos académicos o las notas que veníamos escribiendo, este formato nos permitía tener más sistematizado los datos disponibles con los que otros autores y colectivos venían trabajando, y a los que se agregó una impronta propia. Nuestra fortaleza es el trabajo de campo, que consta de más de 90 entrevistas muy diversas y muchas visitas a los territorios afectados por la explotación de hidrocarburos no convencionales, desde Neuquén y Río Negro hasta la costa atlántica”, sostuvo Juan Acacio.
Además, el autor comentó que este libro tiene una doble pretensión: “Ser accesible para el público que no tiene idea de lo que es Vaca Muerta y le interese conocer sobre la temática, pero también ser un insumo para los investigadores especializados que necesitan conocer las voces de los protagonistas, que no siempre tienen tanta visibilidad”.
De esta forma, el texto -que recopila información desde los primeros años del proyecto Vaca Muerta hasta el 2025-, entrecruza distintas miradas, tales como las de habitantes locales, funcionarios, referentes ambientales o empresarios. A lo largo de siete capítulos se analizan los consensos y conflictos que se dan a nivel local y, a la vez, se enmarca el caso argentino en una mirada macro que distingue las responsabilidades en materia energética entre el norte y el sur global.
Una cartografía del fracking
Vaca Muerta es una de las reservas más grandes de gas y petróleo a nivel mundial y es un megaproyecto que se extiende por 30.000km2 abarcando las provincias de Neuquén, Mendoza, Río Negro y La Pampa. Además tiene efectos productivos en Chubut y Entre Ríos y atrae fuerza de trabajo de todo el país. A partir de 2012, comenzó la producción de hidrocarburos no convencionales en este territorio para satisfacer los requerimientos nacionales, buscando revertir la dependencia energética, y con metas de exportación.
Este proyecto se mantuvo activo a pesar de los cambios de gobiernos ya que, como se remarca en el libro, existe un consenso muy grande desde 2010 hasta el presente en torno a la explotación de hidrocarburos por los beneficios económicos. Pero tal como destacan los autores, así como la experiencia de Vaca Muerta está rodeada por múltiples consensos también lo está de resistencias sociales y discursivas.
Acacio remarca que, muchas veces, la aprobación hacia estos proyectos en las localidades se encuentra en las expectativas de potenciales puestos de trabajo y mejoras en infraestructura y servicios. “Si bien en términos económicos los números suelen ser positivos, las condiciones de vida se vuelven muy desiguales entre quienes pueden acceder a esos trabajos –que incluso muchas veces son temporales– y quienes no”, relata sobre la localidad neuquina de Añelo.
Esta aprobación también se extiende hacia los lugares costeros, donde las posibilidades de explotación offshore (en aguas profundas y ultraprofundas) tomó un lugar central en los últimos años en la región del Golfo San Matías por las mejoras que podría traer en un contexto de crisis económica.
Sin embargo, el sociólogo también destaca la existencia de contra narrativas muy potentes que “no sólo critican a la actividad por los daños en la biodiversidad, sino que critican el desarrollo tal como lo conocemos y proponen otras formas de vivir”.
El panorama global
Según informes de 2021 y 2023 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) –dependiente de la Organización de Naciones Unidas–, la quema de combustibles fósiles y el uso desigual de la energía y la tierra durante más de un siglo ocasionaron un calentamiento global de 1,1°C por encima de los niveles preindustriales.
Como consecuencia se han producido fenómenos climáticos extremos como el avance del derretimiento de los glaciares, el agotamiento de los espejos de agua dulce, la degradación de los suelos y las sequías, entre otros.
Sin embargo, los gases contaminantes para el ambiente, como los que se producen al quemar combustibles fósiles que dan paso al efecto invernadero y aceleran el cambio climático, son producidos en mayor medida por los grandes centros como Estados Unidos, China y la Unión Europea, mientras que los países periféricos del sur global son los principales afectados por las consecuencias ambientales.
La transición hacia energías limpias y renovables se presenta entonces como un horizonte necesario. Pero existen dos grandes posiciones al respecto: quienes ven en la crisis climática una nueva oportunidad de negocios y dominio geopolítico, y quienes proponen una transición energética popular que implique un cambio en los estilos de producción y consumo.
En el contexto argentino, donde el gobierno de Javier Milei niega la existencia del cambio climático y busca modificar leyes para flexibilizar la protección de los recursos naturales, pensar un escenario de transición se vuelve complejo. “Cuando la lógica del sistema sigue siendo la misma es un poco difícil, pero hay que seguir pensándolo. Un nuevo sistema tiene que prestar atención a estas experiencias más subterráneas, más comunitarias y locales como las del libro”, afirma Acacio.
En este sentido, la investigación científica se vuelve un aspecto estratégico para tomar decisiones a futuro, pero actualmente se encuentra en emergencia. Acacio sostiene que las partidas presupuestarias en el último tramo de su investigación se vieron recortadas y que actualmente hay presupuestos que no se entregaron para un nuevo proyecto por voluntad de quienes gobiernan. “Es un momento en el que la ciencia y la tecnología están en riesgo, y más aún los campos de los estudios sociales y todavía más aún los estudios ambientales”, agregó y completó: “Los equipos, sin embargo, siguen trabajando con los recursos que hay, eso es algo que caracteriza al sistema científico y universitario argentino, pensar otros futuros posibles en contextos sumamente críticos”.

























