¿Cómo combaten los medios las fake news?
De las lunas habitadas en el siglo XIX a los deep fakes de hoy, la desinformación va en aumento. En un escenario donde las redes sociales amplifican datos falsos y las audiencias desconfían de los medios tradicionales, el periodismo enfrenta un doble desafío: verificar datos a contrarreloj y recuperar la credibilidad perdida.
La desinformación y el descreimiento en las noticias que circulan en los medios presentan un crecimiento sostenido a nivel mundial. Según el Instituto Reuters, “más de la mitad del público muestra inquietud en torno a qué es verdadero y qué es falso cuando se trata de las noticias online. Más del 40% de los encuestados se declaran preocupados incluso en Dinamarca, Alemania o los Países Bajos, lugares que cuentan con medios relativamente sólidos, ampliamente consumidos y fiables, instituciones políticas razonablemente estables y un Estado de derecho”. La tendencia se profundiza conforme las audiencias se informan a través de las redes sociales, donde los mecanismos de moderación y regulación funcionan de manera irregular.
En ese contexto, los periodistas deben lidiar con la presión de la inmediatez, la multiplicación de fuentes opacas y el crecimiento de nuevos formatos –como la inteligencia artificial– que amplifican la confusión y erosionan aún más la confianza. Ante esto, algunos medios proponen iniciativas para educar a las personas sobre la desinformación y buscan aplicar soluciones que verifiquen la veracidad de las noticias eficientemente, combatiendo los altos caudales de fake news presentes en el ámbito digital.
Si bien es difícil dar cuenta de manera rigurosa del inicio de este fenómeno, el primer caso del que se tiene registro es del diario The Sun, en 1835. La desinformación es un desafío histórico para el periodismo, y las nuevas tecnologías sólo lo exacerban.
“Diremos de una vez, que por medio de un telescopio de vastas dimensiones y un principio completamente nuevo, el joven Herschel, en su observatorio en el Hemisferio Sur, ya ha hecho los descubrimientos más extraordinarios en cada planeta de nuestro sistema solar. Obtuvo una vista distinta de los objetos en la luna, totalmente igual a la que el ojo desnudo domina de los objetos terrestres a una distancia de cien yardas. Resolvió afirmativamente la cuestión de si este satélite está habitado, y por qué orden de seres”.
Este es el primer párrafo de una nota del diario The Sun de Nueva York del 25 de agosto de 1835, anunciando la existencia de vida en la luna. Es la primera fake news de la que se tenga registro.
¿Por qué la mentira? Para vender más diarios. Richard Adam Locke, escritor britanico y autor del engaño, llegó a The Sun cuando vendía sólo unos 8.000 ejemplares al día y era superado por la mayoría de sus rivales. Luego de pasado el escándalo del engaño, Locke dijo que nunca esperó que los lectores creyeran que su sátira fuera una crónica real.
En la nota, el diario afirmaba que el astrónomo Sir John Herschel (hijo de Sir William Herschel, quien descubrió el planeta Urano), había captado con su telescopio “cuadrúpedos marrones” y “grandes criaturas aladas” a las que denominaba “Vespertilio-homo”, que aseguraba habitaban la luna.
La historia se difundió por Europa a través de los barcos que llevaron la versión de The Sun hasta Francia e Italia, donde los diarios locales incluyeron ilustraciones.
Algunos medios internacionales han desarrollado equipos especializados en la verificación. La agencia AFP, por ejemplo, se presenta como “la red de fact-checking más amplia del mundo”, con más de 150 verificadores digitales.
Según Anella Reta, responsable de verificación en Chile, los fact-checkers investigan “afirmaciones sospechosas que son virales, tienen impacto en la sociedad y son potencialmente dañinas para el público”. Para seleccionar qué contenidos verificar, su equipo prioriza el interés público y la evidencia disponible, poniendo especial atención en aquellas afirmaciones que puedan “poner en peligro la salud o la vida de las personas, perjudicar procesos democráticos o favorecer el discurso de odio y el racismo”.
La verificación de imágenes —uno de los desafíos más grandes— requiere procesos que combinan tecnología y análisis humano. Reta afirma que el equipo utiliza múltiples motores de búsqueda inversa y analiza detalles visuales de los registros: arquitectura, sombras, vestimenta, señales, o cualquier elemento que permita ubicar la escena.
En Estados Unidos, The New York Times emplea a una reportera full time y organiza “escuadrones de verdad” durante grandes eventos, como los debates presidenciales. Aún así, según Vera Carothers, fact-checker de The New Yorker, el ritmo de los diarios limita la posibilidad de realizar chequeos exhaustivos: “Los diarios no hacen checking porque no tienen tiempo, tienen que sacar notas muy rápido”. Carothers describe un proceso minucioso –anotación de cada fuente, llamadas a entrevistados, consultas con expertos y revisión legal– que distingue a The New Yorker, donde al menos treinta personas se dedican exclusivamente a verificar.
Carothers también destaca que el nivel de rigurosidad norteamericano no tiene correlato en la región: “En Argentina, aparte de Chequeado, no es lo normal hacer un fact checking. Yo he colaborado con notas para el DiarioAR y no hubo”. La periodista añade que el chequeo es poco frecuente en el caso de las editoriales: “La mayoría de los libros no son chequeados porque las editoriales no lo requieren ni lo pagan. Así que ojo cuando lees algo de no ficción, porque puede que sea ficción”.
Bruno Scelza Lorenzo, periodista y fact-checker de Radio Ambulante, suma a la discusión sobre la desinformación una problemática vigente en el rubro periodístico: la precarización laboral. Si bien los beneficios económicos y “la velocidad y la aceleración de la información y de la desinformación” es una realidad, Scelza Lorenzo retruca: “Un gran conspirador te puede decir ‘no chequean bien porque están respondiendo a un poder superior que le importa esto’. Yo desde mi experiencia como periodista, trabajando en agencia, trabajando en diarios y en otras cosas, te puedo decir que no se puede porque el periodismo está cada vez más polarizado. Los periodistas ganan cada vez menos, tienen más responsabilidades y terminan trabajando cada vez más horas. No les da la cabeza para atender y atajar tantos penales juntos”.
La desinformación busca impactar en lo emocional, ya que así se alimenta la percepción colectiva sobre cualquier tema. Contra esto, el rol del periodista es el de “portero de la desinformación”, en palabras de Scelza Lorenzo. Aún así, el periodista reconoce que “a pesar de los intentos, siempre circularán más noticias falsas de las que el periodismo puede hacerse cargo y el desmentido nunca va a tener el mismo éxito que la desinformación en sí”.
El fact-checker ejemplifica: “Uno de los grandes casos de desinformación de Trump en su última campaña fue el de los migrantes haitianos que comían perros y gatos de los vecinos. Salieron un montón de desmentidos, de pruebas de que estaban usando diferentes tipos de herramientas para desinformar en su ataque a los migrantes. Toda esa información se publicó […] y yo creo que al final del día, la gente que pensaba que los haitianos comían perros, iba a seguir pensando que los haitianos comían perros, por más de que se lo mostrara”.
Un desafío local
En el plano nacional, hay una baja en el interés y confianza en las noticias. Según un informe realizado por el Instituto Reuters, una de las principales razones es la polarización política. “En 2017, el 77% de los argentinos decían estar extremadamente o muy interesados en las noticias; en 2025, sólo el 42%. Menos de un tercio confían en los medios en general, y menos del 40% confían en los medios que consumen”.
En cuanto a los diarios locales más conocidos, desde La Nación informaron que “no hay” un equipo destinado específicamente al fact checking, y desde Clarín: “Lo hacemos los mismos periodistas. Solo se chequean los datos con los abogados cuando involucran directamente los intereses del diario”, declaró un periodista del medio que prefirió no ser nombrado.
En este contexto surgen medios independientes dedicados al chequeo de noticias. Uno de los referentes en la región es Chequeado, una organización argentina sin fines de lucro fundada en 2010, en la que periodistas, con la ayuda de profesionales de diferentes áreas, verifican información que circula en el ojo público. Es el primer medio en América Latina en dedicarse íntegramente al fact checking, y uno de los diez primeros a nivel mundial.
El trabajo del equipo de Chequeado tiene como fin frenar la desinformación, transparentar datos públicos y facilitar el acceso a información confiable para contribuir al fortalecimiento de las democracias. Actualmente, es el único medio argentino certificado anualmente por la Red Internacional de Verificación de Hechos (IFCN), y es líder de LatamChequea, una red de verificadores que se extiende por toda Latinoamérica, Estados Unidos, España y Portugal.
“El periodismo de verificación es una respuesta a los desafíos del ecosistema informativo actual. Nos permite reconstruir la confianza en los medios, fomentar el pensamiento crítico y ofrecer información verificada en contextos donde la desinformación se propaga con facilidad. Es una práctica que complementa y potencia al periodismo tradicional”, plantea Sandra Venditti, Jefa de Comunicación en Chequeado.
Chequeado también capacita a diferentes medios en la práctica del fact checking a través de cursos, como en el caso de Agencia Presentes, un medio digital independiente que hace foco en temáticas de género y diversidades. Su directora, Maria Eugenia Ludueña, cuenta que abrieron su Unidad de Verificación de Datos, “La Factoría”, en 2024, luego de uno de estos cursos. Menciona que la inauguraron en los últimos Juegos Olímpicos: “Ahí trabajamos con la noticia falsa de que participaron mujeres trans, porque había mucha desinformación sobre las características sexuales y la identidad de género de dos boxeadoras, una de ellas más conocida como Imán Khelif”.
La desinformación avanza
Si bien la desinformación existe desde hace mucho tiempo, los avances tecnológicos facilitan su alcance y velocidad de difusión, volviéndose cada vez más difícil de controlar y verificar. Las campañas electorales, las crisis sanitarias o los momentos de alta tensión social suelen amplificar este fenómeno.
Según una nota realizada por Chequeado, la capacidad de discernir entre la veracidad o falsedad de las noticias online representa una inquietud cada vez mayor a nivel mundial.
“Los posteos y las imágenes editadas con IA son cada vez más indistinguibles, y eso genera un mayor cuestionamiento a cosas que pueden ser reales. Creemos menos en lo que es verdad y somos más crédulos con lo que no es verdad”. Esta declaración la hace José Giménez, redactor de Chequeado. “Nosotros seguimos una metodología internacional que está dictada por la International Fact Checking Network […] La metodología se aplica a dos grandes formas de chequeo: una es a líderes políticos y la otra es a la información que circula en las redes sociales. En ambos casos buscamos el contexto de la frase, le preguntamos al líder de opinión pública o a las personas que promueven el contenido de donde lo sacaron o en que se basan las informaciones, y después lo contrastamos con fuentes oficiales. También hay fuentes alternativas, como economistas, médicos, politólogos, autoridades electorales, etc., que nos ayudan a interpretar los datos oficiales”.
Frente a los nuevos desafíos que surgen en el ámbito digital, Giménez reafirma el compromiso de la organización: “Tenemos a alguien que se dedica todos los días a revisar los Trending Topics y posteos más virales. También tenemos un acuerdo con Meta para trabajar con desinformaciones que circulan en Facebook e Instagram, que se descontinuó en Estados Unidos, pero se mantiene en Argentina. Eso nos habilita una serie de herramientas que nos muestran los posteos denunciados por desinformación. Igualmente, la comunidad tiene un rol importante a través de nuestros bots de Whatsapp. Ahí nos mandan cosas que pueden contener desinformación. […] Nuestros editores eligen por viralidad, urgencia, o por si afecta a la salud o a la democracia”.
“Hoy no alcanza con informar: hay que ayudar a las audiencias a distinguir entre lo real y lo manipulado, entender cómo funcionan las tecnologías y qué sesgos pueden tener […] Por eso creemos que el trabajo de verificación, la educación mediática y la colaboración entre medios y plataformas son claves”, añade Sandra Venditti.
Este nuevo panorama está obligando al periodismo a repensar sus herramientas y responsabilidades. Se están lanzando iniciativas que formen a los periodistas en la práctica y los alfabeticen sobre este nuevo ecosistema mediático. Pero eso no es todo, para asegurar un futuro con periodismo confiable es importante reconocer esta problemática y ajustarse a las nuevas condiciones: hacer norma el fact checking, crear competencias tecnológicas en la ciudadanía, mejorar las condiciones laborales del rubro periodístico y usar la tecnología para fortalecer la confianza social, no socavarla.













