Delitos de lesa humanidad de exportación

Delitos de lesa humanidad de exportación

El modelo de seguridad impulsado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele gana admiración en América Latina como respuesta al crimen, pero enfrenta crecientes denuncias internacionales por detenciones arbitrarias, torturas, muertes bajo custodia estatal y un deterioro sostenido de la libertad de prensa.

Foto: Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República de El Salvador.

En América Latina y el resto del mundo avanzan los gobiernos con rasgos autoritarios. Esta deriva se manifiesta en la fragmentación de la participación ciudadana, los ataques recurrentes a la prensa y a defensores de derechos humanos, así como en políticas de seguridad que, en determinados escenarios, han sido asociadas a crímenes de lesa humanidad.

Este tipo de políticas se manifiestan de distintas maneras: una de ellas, de las más recurrentes, es una política penitenciaria que viola incluso principios básicos de los derechos humanos. El Salvador de Bukele es uno de los países que han hecho de esto una marca que, lejos de escandalizar a otros países, se utiliza como modelo a seguir.

El modelo y las denuncias

El régimen de excepción vigente hasta la fecha en El Salvador fue implementado en marzo de 2022 tras una escalada de violencia atribuida a las pandillas, que en pocos días dejó decenas de homicidios y generó una fuerte conmoción social. Frente a ese escenario, el gobierno de Nayib Bukele impulsó la medida como una respuesta urgente para recuperar el control territorial y frenar la criminalidad. La decisión fue aprobada por la Asamblea Legislativa y permitió suspender garantías constitucionales como el derecho a la defensa inmediata, la inviolabilidad de las comunicaciones y los límites a la detención administrativa, habilitando así un esquema de detenciones masivas que se convirtió en el eje central de la política de seguridad del Ejecutivo.

El llamado “Modelo Bukele”, impulsado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha ganado visibilidad en la región por su enfoque de mano dura contra el crimen. Este modelo ha llevado a más de 90 mil personas a prisión, entre ellos, menores de edad y personas de bajos recursos.

El modelo es fuertemente cuestionado por organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos que denuncian detenciones arbitrarias, torturas, muertes bajo custodia estatal y restricciones a la prensa, así como una creciente concentración de poder. La organización Socorro Jurídico Humanitario, que ha tenido que mudar su personería jurídica al igual que otras organizaciones defensoras de derechos humanos, ha documentado más de quinientos asesinatos bajo custodia del Estado durante el régimen de excepción.

En este sentido, la jurista Claudia Martin, integrante del Grupo Internacional de Expertos para la Investigación de Violaciones de Derechos Humanos en El Salvador, sostiene que el régimen de excepción, vigente en ese país desde el 2022, podría estar cometiendo crímenes de lesa humanidad:

“Para que se configuren crímenes de lesa humanidad, deben existir determinados actos prohibidos que constituyen, en general, violaciones graves de derechos humanos, como detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas y violencia sexual”, explica la experta.

Según el Estatuto de Roma, estos actos deben cometerse como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y con conocimiento de dicho ataque. Para la experta, en El Salvador “existe una fuerte centralización en la toma de decisiones, lo que debilita los mecanismos de control institucional”.

Foto: Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República de El Salvador.

La expansión regional

La popularidad del modelo salvadoreño se refleja en el interés que despierta entre dirigentes de distintos países, así como en visitas oficiales y declaraciones públicas de apoyo.

Según Martin, este fenómeno responde en parte a los problemas estructurales de seguridad en la región: “Frente a contextos de alta criminalidad, este tipo de políticas aparecen como soluciones rápidas, lo que explica su recepción positiva en ciertos sectores sociales y políticos”. Sin embargo, la experta advierte que la gravedad de las denuncias en El Salvador no siempre ha sido percibida con la misma urgencia a nivel internacional, en parte por factores geopolíticos y por la priorización de otras crisis en la agenda global.

El modelo Bukele no aparece únicamente en la narrativa de los líderes latinoamericanos que lo emulan, sino que existen “experimentos concretos que buscan replicar lo realizado en el país centroamericano”.

Para Claudia Martin: “El informe tenía no sólo la intención de evaluar la situación de El Salvador sino también mostrarles a otros líderes que este tipo de mecanismos, este tipo de modelos, en realidad no son los más aconsejables para enfrentar problemas de seguridad”.

La experta advierte que “en Costa Rica estaban muy entusiasmados también. En todos los países donde hubo elecciones recientemente había un ‘candidato Bukele’. En Colombia creo que había un candidato que hasta tenía unas patillas parecidas a las de Bukele. Ha habido como una intención de emular. Y en el caso de Costa Rica, por ejemplo, entiendo que hasta estuvo Bukele dando consejos de cómo hacerlo, etcétera”.

Para Martin, “el informe ha llamado la atención de mucha gente y ojalá que sea un factor de evaluación de quienes están pensando en implementar políticas de seguridad más estrictas que reconozcan que no es necesario llegar a un extremo como lo que está implementando la autoridad de El Salvador”.

A pesar de la admiración que provoca este modelo, según la experta ningún país de la región lo ha replicado al cien por ciento. Sostiene que “como ninguno todavía lo ha implementado, ojalá que el informe les haga pensar que no es conveniente porque efectivamente involucra violaciones de normas nacionales e internacionales”.

Por su parte, la abogada Úrsula Indacochea, de la Fundación para el Debido Proceso, sostuvo que «no solo el gobierno de El Salvador, sino otros países de la región han tomado este modelo como un ejemplo de una política de seguridad pública exitosa». Añade que en diversos países de América Latina se ha comenzado a invocar esta política como una solución directa al crimen.

Para Indacochea, «importar el modelo implica importar todo”, en referencia al debilitamiento de la independencia judicial y la eliminación de la separación de poderes. Señala además que la aparente efectividad convive con un “alto costo en materia de derechos”, que incluye detenciones arbitrarias, restricciones al acceso a la defensa y la posibilidad de encarcelamientos indefinidos.

Según Indacochea, lo que se está exportando no es únicamente una política de seguridad, sino una forma de gobernar: “Se presenta como un modelo de seguridad, pero en la práctica funciona como un mecanismo de control social”.

Patricia Bullrich recorrió el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en junio de 2024. Foto: Ministerio de Seguridad Nacional

Libertad de prensa

El impacto del régimen también se refleja en el deterioro de la libertad de prensa. Según datos presentados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al menos en un contexto de hostigamiento, restricciones legales y temor a represalias. Organizaciones como la Asociación de Periodistas de El Salvador y Reporteros Sin Fronteras han advertido sobre un deterioro sostenido de las condiciones para el ejercicio del periodismo.

Las consecuencias de estas políticas se reflejan en testimonios como el de Víctor Barahona, periodista salvadoreño encarcelado en 2022. Arrestado sin orden judicial, permaneció privado de libertad durante más de once meses en condiciones extremas.

Barahona sostiene que su detención estuvo vinculada a su trabajo periodístico: “Tenía programas que incomodaban”. Y continúa: “Éramos más de 70 personas en una celda. Nos tiraban gases, nos castigaban. Había gente que se enfermaba, se la llevaban y no volvía”, relata.

El periodista señala que otros gobiernos no querrían enfrentar las consecuencias legales que este modelo conlleva: «No creo que algún gobierno quiera ser parte de causas en una Corte Penal Internacional o ser llamado dictador».

En la misma línea, la periodista salvadoreña Graciela Barrera, del medio digital El Faro, advierte que el modelo Bukele no es replicable en otros países sin un costo profundo en términos democráticos y de derechos humanos. “Cualquier país que implemente este modelo tiene que saber que implica vulneraciones a los derechos humanos. No se trata solo de capturar pandilleros, sino también de miles de personas inocentes detenidas, muertes bajo custodia estatal y procesos judiciales sin garantías”, sostiene.

Para Barrera, la lógica del régimen de excepción supone además, una criminalización de la pobreza y un sistema judicial desbordado, donde “no hay forma de hablar de juicios justos cuando hay audiencias con cientos de personas”, lo que vuelve inviable su aplicación sin erosionar el Estado de derecho.

La disputa

Líderes y candidatos en países como Colombia y Costa Rica han intentado emular la estética y las formas de Bukele. Esta tendencia se extiende a naciones donde la seguridad está instalada en la agenda pública como Argentina, Ecuador, México, Perú y Honduras. En algunos de esos lugares parece prevalecer la idea de que solo existen dos opciones: negociar con el crimen o adoptar políticas extremas.

En Argentina, la actual senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich elogió el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo), la megacárcel de El Salvador, y dijo que sería un modelo a imitar en Argentina para endurecer la lucha contra el crimen organizado y las pandillas.

Para Barrera, el crimen organizado “es una realidad en la región pero parece que o bien negociamos con el crimen organizado o, si no, adoptamos estas políticas draconianas extremas”.

Según Martin, “las políticas de seguridad llevadas a cabo en El Salvador son todas irracionales y que, como son populares, parece que es mucho más fácil seguir con ellas que ponerse a trabajar en formas legítimas de combatir el crimen organizado”.

La creciente admiración internacional por el modelo de Nayib Bukele expone una tensión central en la región: la búsqueda de respuestas inmediatas frente a la inseguridad convive con la aceptación —explícita o implícita— de graves retrocesos en materia de derechos humanos. Mientras distintos gobiernos observan en El Salvador una fórmula eficaz para reducir el crimen, las denuncias por torturas, muertes bajo custodia estatal, detenciones arbitrarias y persecución a periodistas revelan el costo estructural de ese enfoque.

En este escenario, el debate ya no se limita a la eficacia de una política de seguridad, sino a los límites que las sociedades están dispuestas a aceptar en nombre del orden. La expansión del modelo Bukele en la narrativa regional plantea una pregunta de fondo: si la seguridad puede sostenerse sin erosionar las bases democráticas o si, por el contrario, su consolidación implica necesariamente el debilitamiento de las garantías fundamentales.

El «faltazo» docente como nueva forma de protesta en Chubut

El «faltazo» docente como nueva forma de protesta en Chubut

A pesar de que el Gobierno local dictó la conciliación obligatorio en el conflicto salarial, los maestros autoconvocados decieron faltar a clase. Fue la mecha que encendió movilizaciones de distintos sectores en toda la provincia.

Los docentes destacan que el conflicto también produjo nuevas formas de organización y vínculos entre trabajadores de distintos sectores. Foto: Anibal Aguaisol

Las calles de Rawson, Trelew y Puerto Madryn volvieron a llenarse esta semana de asambleas y protestas que se extendieron también a otras localidades de Chubut. Lo que comenzó a fines de abril como un reclamo docente contra el aumento salarial del 1,2% otorgado por decreto por el gobierno de Ignacio Torres derivó, en menos de dos semanas, en una protesta multisectorial que reunió a trabajadores estatales, personal de salud, estudiantes y familias en distintos puntos de la provincia, con escasa presencia en los medios nacionales.

Mientras las negociaciones paritarias continúan sin acuerdo y crece el malestar por los salarios más bajos del país, miles de personas empezaron a organizarse por fuera de las estructuras sindicales tradicionales y sostienen movilizaciones, cacerolazos y vigilias que ya remiten, en la memoria chubutense, al clima de conflictividad que atravesó la provincia durante el “Chubutazo” de 2021. Marcado por esa memoria, el malestar de los maestros empezó a funcionar como catalizador de un descontento mucho más amplio.

El conflicto docente no comenzó con las movilizaciones multitudinarias de las últimas semanas. Tampoco con la represión frente al edificio de Vialidad en Rawson ni con los cacerolazos que desde hace días atraviesan ciudades grandes y pueblos de la meseta. La crisis venía acumulándose desde hace años en los salarios, en las escuelas y en el desgaste cotidiano de quienes sostienen la educación pública provincial con salarios que hoy figuran entre los más bajos del país.

Cacerolazo en Trelew el pasado 2 de mayo. Foto: Anibal Aguaisol.

El detonante

En marzo, la mayoría de los gremios docentes aceptaron una propuesta del gobierno del 3%. Esto se hizo bajo el compromiso de mantener una paritaria permanente para recomponer gradualmente el salario. “En Chubut tenemos el salario más atrasado del país, junto con Catamarca”, explicó a ANCCOM Luciana Silva, docente de Nivel Secundario y miembro de la Comisión de Prensa de Autoconvocados. 

Los docentes coinciden en que el deterioro salarial arrastra, al menos, cuatro o cinco años de atraso acumulado. Según relataron los propios trabajadores, el salario básico ronda actualmente los 300 mil pesos y el sueldo de bolsillo de un ingresante apenas supera los 700 mil, en una provincia con uno de los costos de vida más altos del país. “Estamos hablando de docentes que usan la tarjeta de crédito para comer; un aumento sobre esa base era completamente irrisorio”, resumió Silva.

La situación se volvió todavía más crítica cuando en abril el Ejecutivo provincial decidió avanzar con un incremento del 1,2% por decreto, luego de ausentarse de una reunión paritaria prevista con los sindicatos docentes.

La medida fue interpretada como una provocación, y el punto de quiebre llegó inmediatamente después. El gobierno dictó la conciliación obligatoria y los sindicatos docentes –ATECh, SiTraEd, SADOP, AMET y UDA– debieron acatarla. Para un sector importante de la docencia, la decisión significó la confirmación de un malestar que venía creciendo hace tiempo: la sensación de que las conducciones gremiales no estaban expresando el nivel de conflicto que existía en las escuelas.

“Ante la falta de representación y combatividad sindical, en la regional de Trelew-Rawson comenzó una fuerte movilización de docentes autoconvocados organizados por WhatsApp”, comentó Silva. 

Al dictarse la conciliación obligatoria, los gremios suspendieron un paro que ya estaba convocado. Ante eso, muchos docentes adhirieron a un “faltazo” ese mismo día y salieron a las calles a manifestarse. Desde entonces, la protesta autoconvocada creció, sumando apoyo de otros sectores en lucha, como salud y estatales.

Movilización previa al «faltazo» masivo sin cobertura sindical. Foto Anibal Aguaisol

Ausencia masiva 

Lo que en un principio funcionó como espacio de intercambio derivó rápidamente en una estructura de coordinación informal para organizar acciones, discutir mandatos y convocar movilizaciones. Allí empezó a tomar forma una medida inédita para la provincia: un “faltazo” masivo sin cobertura sindical.

La decisión implicaba riesgos concretos. Sin respaldo gremial, quienes no asistieran a trabajar podrían sufrir descuentos salariales o sanciones administrativas. Aún así, miles de docentes resolvieron no entrar en las aulas y salir a las calles. La convocatoria se expandió de manera vertiginosa. En Rawson y Trelew se produjeron las movilizaciones más numerosas, aunque hubo protestas en casi toda la provincia. 

“En todas nuestras acciones –movilizaciones, ollas populares, volanteadas– el sindicato nunca se acercó a nosotros”, comentó Silva. “Incluso en días de manifestación, hemos encontrado el edificio sindical cerrado cuando necesitábamos algo tan básico como usar un baño o agua para el mate. Recién ahora, con la gente en la calle y enojada, intentan ´consultar a las bases´ una propuesta que es a todas luces insuficiente”, agregó.

La semana pasada, mientras continuaban las movilizaciones y los paros impulsados por la docencia autoconvocada, el gobierno provincial realizó una nueva oferta salarial: un aumento del 6% dividido en tres meses. La propuesta fue rechazada de inmediato por buena parte de los trabajadores y terminó profundizando todavía más el conflicto. Ese mismo miércoles, durante una reunión vinculada a la conciliación obligatoria, efectivos policiales reprimieron a docentes que se encontraban manifestándose frente al edificio de Vialidad Provincial, en Rawson.

“La disconformidad generó un clima de mucha tensión, y las fuerzas de seguridad terminaron reprimiendo”, relató Fernando Corrieri, docente secundario y terciario e integrante de la Comisión de Prensa de Autoconvocados. “Eso provocó mayor frustración, pero a la vez elevó el nivel de convicción en la lucha. Esa misma noche empezamos a hacer marchas de antorchas en todas las ciudades”.

Marcha de antorchas en Trelew el 29 de abril.

El pasado miércoles 6 de mayo, se retomó la negociación paritaria entre el gobierno y los gremios docentes. La nueva oferta oficial consistió en un aumento del 7,4% para el primer mes y sumas equivalentes al IPC (Índice de Precios al Consumidor) más un 1% adicional para los dos meses siguientes. Sin embargo, durante la reunión, los sindicatos solicitaron un cuarto intermedio para consultar la propuesta con las bases a través de mandatos escolares. 

La decisión generó un nuevo foco de malestar entre los autoconvocados, que interpretaron la instancia como una maniobra dilatoria frente a una oferta que consideraban insuficiente incluso antes de ser debatida. “Hoy se bajó la propuesta a mandato por escuelas, lo que a mi entender, y el de muchos compañeros, es solo un mecanismo de dilación para no tomar la decisión de rechazarla de plano”, sostuvo Corrieri. 

Según explicó el docente, el porcentaje anunciado por el gobierno tiene un impacto mínimo sobre los salarios actuales. “Sobre un básico de 304 mil pesos estamos hablando de un aumento de alrededor de 30 mil pesos”, señaló. Muy lejos, remarcan los autoconvocados, del reclamo que vienen sosteniendo desde hace semanas: un salario mínimo en blanco de un millón y medio de pesos para el cargo ingresante. 

La reacción volvió a trasladarse a las calles. “Ayer fuimos un grupo de trabajadores a exigirle al sindicato que rechazara directamente la propuesta”, cuenta Corrieri. Horas más tarde se convocó una nueva jornada de movilización para expresar el rechazo al ofrecimiento salarial. 

“El embrión de una rebelión popular”

En medio del desgaste y la incertidumbre, los docentes destacan que el conflicto también produjo nuevas formas de organización y vínculos entre trabajadores de distintos sectores. “Lo único positivo es que logramos abrir la paritaria gracias a que la peleamos y nos juntamos”,, contó Corrieri. Y agregó: “Se está construyendo una fraternidad entre compañeros que estamos atravesando situaciones límite: hambre, deudas, alquileres impagables y problemas de salud”. 

Para Iván Marín, docente secundario en Trelew y uno de los referentes que viene siguiendo de cerca el proceso de autoconvocatoria, el conflicto ya excede largamente una discusión salarial aislada. Definió el escenario actual como “el embrión de una rebelión popular”, una caracterización que, asegura, se sostiene en varios elementos concretos que hoy atraviesan a la provincia. 

“Primero, la masividad de la lucha. Segundo, que las conducciones sindicales se están viendo desbordadas. Tercero, la enorme simpatía que están generando estas acciones, no solo en la calle sino también en las redes sociales: es muy difícil encontrar a alguien que esté en contra del reclamo docente”, explicó. A eso se suma otro dato que considera central: la extensión territorial que tomó el conflicto. “Se está desarrollando a lo largo y ancho de toda la provincia, incluso en los pueblos más remotos”, sostuvo. 

Ruidazo en Trelew el  25 de abril. Foto: Anibal Aguaisol

 

Las movilizaciones de las últimas semanas parecen respaldar esa lectura. A las marchas en Rawson, Trelew o Puerto Madryn se sumaron protestas en localidades pequeñas y aisladas de la meseta chubutense, donde las distancias y las dificultades de traslado suelen limitar la participación en este tipo de conflictos. También comenzaron a confluir trabajadores de otros sectores estatales, como salud, administración pública y vialidad, atravesados por reclamos salariales similares. “El Gobierno entiende la dimensión social del conflicto, pero me parece que no tiene intenciones de resolverlo”, afirmó Marín. “O, en todo caso, tiene pensado resolverlo de una manera reaccionaria, aplicando más medidas de ajuste. Están en una situación muy complicada y se ven claramente acorralados por la movilización”. 

Detrás de las marchas, los cacerolazos y las asambleas, el conflicto docente en Chubut también expone una situación económica límite. Hoy, el salario de un maestro provincial no alcanza —como coincidieron los entrevistados— ni siquiera para llegar a la primera quincena del mes. Iván Marín trabaja en seis escuelas secundarias de Trelew. Fernando Corrieri contó que tiene que pedir dinero prestado para pagar el alquiler. Ambos describen una cotidianidad atravesada por las deudas, los créditos y la imposibilidad de sostener gastos básicos. 

“Mi economía doméstica es un desastre; estoy muy endeudado, me cuesta muchísimo pagar el alquiler”, resumió Corrieri. Marín, por su parte, señaló que gran parte de los docentes cobran y quedan inmediatamente absorbidos por las tarjetas de crédito y los préstamos bancarios. El escenario no aparece desligado de un dato más amplio: Chubut se encuentra entre las provincias con mayores niveles de deuda con tarjetas de crédito por habitante del país. 

Foto: Anibal Aguaisol

Crisis de representación

Pero el conflicto no solo abrió una discusión salarial. También dejó expuesta una fuerte crisis de representación sindical. Buena parte de la organización de las protestas surgió por fuera de las estructuras gremiales tradicionales, mediante grupos de WhatsApp, asambleas y coordinaciones autoconvocadas que crecieron al calor del descontento con las dirigencias. 

“Los sindicatos no están respaldando las necesidades de las bases docentes”, sostuvo Marín. Para el docente, el apoyo social que recibieron las movilizaciones explica también por qué el reclamo logró trascender al sector educativo: “La mayor parte de los trabajadores estatales están pasando por una situación similar y ven en los docentes autoconvocados una referencia para su propia lucha”. 

Corrieri coincidió en que la autoconvocatoria nació como respuesta a una crisis de representatividad: “Los problemas colectivos requieren soluciones colectivas”, planteó. “O cambiás el sindicato desde adentro, o creás algo nuevo por fuera”. Mientras tanto, asegura, la urgencia sigue siendo otra: “Que los compañeros puedan comer”. 

 En Chubut, el conflicto docente parece haber abierto algo más profundo que una discusión paritaria. En las calles conviven el reclamo salarial, el desgaste económico y una creciente desconfianza hacia las formas tradicionales de representación. Lo que todavía no está claro es hasta dónde puede escalar un conflicto que, después de semanas de movilización, sigue lejos de resolverse. 

Foto: Anibal Aguaisol

Ni siquiera un viaje de ida

Ni siquiera un viaje de ida

La quiebra de la empresa de colectivos MOGSM deja a 427 trabajadores en la calle. Sin cobrar hace meses, siguen yendo a la terminal para que no los acusen de “abandono de trabajo”, mientras hacen Uber para sobrevivir. La situación podría replicarse en otras empresas. La trama del conurbano que se rompe.

Es 1° de Mayo, Día del Trabajador. En la cabecera terminal de la Micro Ómnibus General San Martín (MOGSM), en la localidad de Boulogne, la fecha duele. Hay mate, frío, silencio, motores apagados y, desde hace 15 días, un cartel que dice “fuera de servicio”. Y 427 familias sin trabajo.

Fundada en 1971, la MOGSM recorría las calles de zona norte, principalmente el distrito de San Isidro, por donde conectaba lugares claves para la comunidad: el Hospital de Boulogne, el Materno Infantil y el reconocido Hospital Central de San Isidro.

“Jamás nadie se hubiera imaginado esto, que una línea de colectivos de trayectoria quiebre. Era un laburo seguro”, expresa Cristian Cantero (40), delegado y chofer de la empresa, con 17 años de antigüedad. “La empresa sufrió estos últimos días un embargo judicial y se le secuestraron, por falta de pago de sus accionistas, el 40 por ciento de la flota de coches, que se encontraban dentro del predio. Este embargo fue la estocada final para la agonía que venía sucediendo desde meses atrás, cuando el gobierno de Javier Milei quitó el subsidio a los dueños de las empresas de transporte. Sin esa plata, ya no pudieron organizarse, porque no cierran los números”, relató.

El presidente de MOGSM, Pablo Terenziani, pasó toda su vida alrededor de los colectivos, peleó hasta donde pudo, según los testimonios, pero al fin dio el brazo a torcer, y hoy la compañía enfrenta la quiebra, aún no finalizada, pero irreversible.

La crisis de MOGSM expone un problema nacional. El transporte público del AMBA depende en un 70 por ciento de subsidios estatales. Desde diciembre de 2023, la administración de Milei avanzó con un recorte progresivo de los fondos que recibían las empresas para congelar tarifas.

Según datos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), sólo en el primer cuatrimestre de 2026 los subsidios al transporte cayeron un 38 por ciento en términos reales. Sin esa compensación, las empresas de mediana distancia, como MOGSM, no pueden cubrir sueldos, combustible ni repuestos. El boleto no alcanza si el Estado se corre, el sistema colapsa.

Desde la seccional zona norte de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), consultados por ANCCOM, confirman que el gremio ya tomó intervención en el conflicto. Sostienen que la prioridad es garantizar la continuidad laboral de los 427 trabajadores, respetándose su antigüedad, sea quien sea la empresa que se tome el control de la quebrada MOGSM. Las fuentes de la UTA admiten que la situación se repite en otras empresas del conurbano. Con el esquema actual de subsidios, ninguna línea de mediana distancia puede sostener la operación. Si no hay una recomposición urgente, anticipan más cierres.

El caso de las líneas 707, 407, 333 y 437 –las que operaba MOGSM– es el primero en el partido de San Isidro, pero en La Matanza y Moreno ya hubo reducciones de frecuencia y amenazas de paro por motivos similares.

“¿A los 50 años quién te va a tomar? No te toma nadie, el cuerpo y la edad pasan factura» dice Cristian Cantero.

“¿A los 50 años quién te va a tomar? No te toma nadie, el cuerpo y la edad pasan factura. Ser chofer de colectivo era un trabajo de privilegio, hoy no llegás al millón y medio de pesos. El estrés no lo cubre la ART, ni siquiera un psicólogo nos pusieron para transitar todo este proceso, que no sólo nos genera problemas de salud física, sino también mental, a tal punto que muchos tienen que salir con sus autos y motos a hacer de Uber, de remises, para llevar el plato de comidas a sus familias. Agradecemos a los vecinos que nos acercan juntadas solidarias de alimentos no perecederos, pero, en definitiva, todos los compañeros la estamos pasando mal y esto nos está afectando la salud. Nos hacemos presentes todos los días en la empresa, marcando el presentismo, no haciendo abandono de trabajo, pero la espera te mata, porque la heladera vacía no espera”, dice tristemente Cristian Cantero.

Las líneas 707, 407, 333 y 437, que ya no circulan por los distintos barrios, no solo transportaban trabajadores, llevaban vidas, hay historias detrás de esas personas, eran líneas que conectaban las casas con los hospitales, le resolvían el día a las madres, a los jubilados, a los que no tenían otra opción de viaje. “Desde que dejaron de circular, ir al médico se volvió una odisea.” afirma Marta Altamirano (33), vecina y usuaria del servicio. “Llevo a mi nene de 8 años con discapacidad al Materno Infantil, dos veces por semana. Tomaba el 407 en la esquina de mi casa y en 20 minutos llegaba. Hoy la esquina de mi casa está vacía y el viaje es otro, son 12 cuadras a pie y con un nene con discapacidad”, cuenta con angustia.

Lo cierto es que miles de vecinos han visto desorganizada su rutina diaria o semanal, adolescentes que tomaban alguna de esas líneas para ir al colegio, o jubilados, como Roberto Ayala (72), de Villa Adelina: “Me atiendo en el Hospital Central de San Isidro, vivo con la mínima, 400 mil pesos por mes, ¿a vos te parece que me alcanza para comprar los remedios? Antes me tomaba el colectivo 707 y me dejaba en la puerta del hospital, era rápido y seguro viajar solo, pero ahora por mi diabetes y mi artrosis se me está complicando a buscar mis remedios, ya que no me siento seguro de tener que tomar dos colectivos, tengo que esperar a que mis hijos me lleven. Esto de los colectivos me complicó, depender de otros, me siento impotente ante toda esta situación”.

“Los trabajadores y vecinos quedamos a nuestra suerte, empleados de salud, tránsito, higiene urbana, cámaras del municipio, vivimos y trabajamos en la zona, usamos el 707, el 407, el 333, el 437 –explica María Cardozo (56), empleada municipal–. Los sueldos de los municipales son muy bajos comparados con los empleados de otros partidos, ahora tenemos que tomar por día dos colectivos o caminar 10 o 15 cuadras, salir más temprano, para llegar a nuestros puestos de trabajo. Todo esto que está pasando con la empresa de colectivos desorganizó nuestras vidas, afectándonos el bolsillo, gastar más en pasajes, todo un cambio que no sabemos hasta dónde lo podemos sostener. Nadie llega a fin de mes, ya que el sueldo que percibimos es un sueldo de hambre”.

Cuando caen las líneas, no caen sólo 427 puestos de trabajo, cae parte de la trama que conecta el conurbano bonaerense. En los últimos seis meses, partidos como Moreno, Merlo y La Matanza también perdieron ramales que unían barrios periféricos con hospitales y escuelas.

Hoy el servicio de transporte bonaerense tiene menos servicios, tarifas más caras y usuarios que caminan lo que antes viajaban. Para los especialistas, sin una recomposición de subsidios o un nuevo esquema tarifario, el “efecto MOGSM” se va a multiplicar: empresas chicas y medianas quebradas, ramales levantados y trabajadores que salen a hacer Uber es el oscuro panorama que se presenta para el sector.

Desde el Municipio de San Isidro, nadie ha ofrecido una alternativa o una solución al problema. Por las calles del distrito ya no se ven las unidades de color azul, que hasta hace días nomás formaban parte del paisaje urbano. Mientras tanto, desde el Ministerio de Transporte de la Nación aseguran que se está revisando el esquema de subsidios. Para las líneas 707, 333, 407 y 437, la revisión llega tarde.

Un argentino y un Nobel de Literatura escribieron juntos sobre el genocidio de los pueblos originarios

Un argentino y un Nobel de Literatura escribieron juntos sobre el genocidio de los pueblos originarios

Fabián Martínez Siccardi y J. M. Coetzee presentan en la Feria del Libro «Un mal salvaje», la obra que aborda los exterminios de Australia, Sudáfrica, Namibia y Argentina. El progreso, planteado como excusa de la crueldad.

“Trabajar con Coetzee te obliga a ser tu versión más inteligente. No hay forma. Tenés que levantarte a la mañana y decir: vamos a ver, pongamos todas las neuronas en funcionamiento”. Así describió Fabián Martínez Siccardi, en diálogo con ANCCOM, el proceso de escritura junto al Premio Nobel sudafricano J. M. Coetzee: el resultado de ese trabajo es Un mal salvaje, el primer libro que ambos autores firman en coautoría y que se presentará el miércoles 6 de mayo a las 19 en la Sala Victoria Ocampo de la Feria del Libro de Buenos Aires. El acto estará a cargo de la poeta mapuche Liliana Ancalao —una de las voces más reconocidas a nivel internacional de ese pueblo— e incluirá lectura de fragmentos en español e inglés, traducción simultánea y proyección de textos.

El libro propone una lectura comparada de las violencias coloniales y estatales que atravesaron distintos territorios del hemisferio sur. A través de relatos autobiográficos, un diálogo entre los autores y una serie de reconstrucciones históricas, conecta las experiencias de Argentina, Sudáfrica, Namibia y Australia. La estructura avanza de este a oeste: comienza en África, pasa por el Cono Sur y culmina en Oceanía. Mientras Coetzee aborda los procesos en África austral y Australia, Martínez Siccardi se enfoca en la región de Pampa y Patagonia. “Sus campañas de apropiación de tierras, acompañadas por el desplazamiento, la reducción a la servidumbre y en ocasiones la erradicación de poblaciones indígenas enteras, son el tema de este libro”, sostienen los autores.

Martínez Siccardi llegó relativamente tarde a la escritura. Empezó a los 40 años, después de una trayectoria como ingeniero agrónomo y traductor técnico. Define su recorrido como “meteórico”: su primer relato, Memoria fotográfica, obtuvo un premio en un concurso financiado por una caja de ahorros en España, y más tarde ganó el Premio Clarín en 2013. Con el tiempo, su obra fue desplazándose hacia lo que define como su “territorio germinal”: la meseta de Santa Cruz, donde pasó la infancia.

Ese regreso también implicó una revisión. La estancia de sus abuelos, en el medio de la meseta patagónica, estaba habitada por peones solteros que vivían y trabajaban allí todo el año. “Me di cuenta de grande que esos hombres eran indígenas, que nunca se habían identificado como tales, porque nadie se quería identificar así –señala Siccardi–. Empecé a pensar que esas personas, que habían estado tan cerca de mí desde chico y han sido importantes en mi vida, eran descendientes, venían de un genocidio, eran las víctimas de un avance estatal muy fuerte contra la Patagonia”.

De esa toma de conciencia surgieron novelas como Los hombres más altos —centrada en el pueblo tehuelche— y Margot en el lago Cardiel —sobre los peones indígenas en la meseta—. El vínculo con Coetzee apareció tiempo después, a partir de los seminarios “Literaturas del Sur” que el escritor sudafricano dictó en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) entre 2014 y 2019. Allí, Martínez Siccardi encontró una clave de lectura: la posibilidad de pensar conexiones históricas y geográficas entre países del sur global atravesados por procesos coloniales similares.

El proyecto inicial no era escribir en conjunto. Martínez Siccardi intentó primero armar un libro con autores de Australia y Sudáfrica, pero la idea no prosperó por el lado de ellos. Años más tarde, tras una invitación a Australia y un conversatorio que ambos compartieron sobre Originarios, Pueblos, muerte y resurrección —el podcast que conduce Martínez Siccardi desde 2023—, surgió la propuesta de extender la conversación a un libro. Así nació: Un mal salvaje.

La coautoría, contó el autor, fue sorprendentemente fluida. “Fue muy fácil ponernos de acuerdo”, afirmó. La única parte escrita verdaderamente a cuatro manos es el epílogo; el resto se organizó como un intercambio epistolar y un reparto de territorios: cada autor tomó los países sobre los que podía escribir con autoridad. Pero la cercanía con Coetzee no estuvo exenta de vértigo: “Cuando me llegó el primer texto de él, me hiperventilé durante cuatro horas. Yo había sido el promotor de la idea, pero cuando me llegó ese primer texto pensé: ‘¿Quién me mandó a ponerme a narrar al lado de uno de los mejores narradores del planeta en estos momentos?’. Tuve que hacer mi propio viajecito interior para decir: ponete a trabajar. El que piensa pierde”.

“El pasado claramente no está muerto: aunque la marea haya empezado a cambiar en la forma en que vemos esa historia cruel e inhumana, los mismos prejuicios raciales que motivaron el genocidio no han desaparecido de nuestras sociedades”, dice Martínez Siccardi

Hubo, además, una decisión política sobre la edición. Coetzee insistió en dos puntos: que el libro saliera primero en la Argentina y en español —no desde España ni desde el norte— y que la traducción fuera rioplatense. “Estamos hablando de historias del sur, se van a narrar historias del sur y de la manera que hablamos en el sur”, explicó Martínez Siccardi, que tradujo al propio Coetzee al castellano del Río de la Plata.

Un mal salvaje se abre con dos relatos autobiográficos —uno por cada autor— y continúa con un diálogo que enmarca el resto de la obra desde una perspectiva ética e histórica. Luego aparecen las reconstrucciones: episodios de violencia estatal y colonial en distintos territorios que, puestos en relación, revelan similitudes estructurales.

En el caso argentino, el foco está puesto en lo ocurrido en Pampa y Patagonia entre 1875 y 1885. Más allá de las masacres, Martínez Siccardi describió un sistema organizado de apropiación de personas: circuitos de traslado, campos de concentración y redistribución forzada que se extendían desde Chubut hasta Misiones, pasando por Mendoza, Buenos Aires, Tigre, Retiro y la isla Martín García. Hombres enviados a los ingenios del norte, mujeres destinadas al trabajo doméstico y niños apropiados por familias mediante mecanismos legales.

Antes de la creación del Registro Civil, explicó, las actas de bautismo clasificaban a los chicos según categorías jurídicas: legítimos, naturales, expósitos. A los niños indígenas se los registraba como una excepción, lo que habilitaba su apropiación por parte de familias criollas. Los diarios de la época incluso publicaban pedidos específicos de chicos de entre seis y doce años. Según el autor, más del 80 por ciento de las personas desplazadas en ese período atravesó ese sistema.

El libro también recupera el lenguaje de la época. Nicolás Avellaneda hablaba de razas que debían ser “devoradas” por las superiores, mientras que ciertas interpretaciones de las teorías evolucionistas funcionaron como justificación para la eliminación o absorción de poblaciones consideradas inferiores. Sostienen los autores: “’Progreso’, un concepto vagamente definido y, en última instancia, metafísico, que proporcionaba una justificación para una empresa cuya crueldad e inmisericordia eran desde el comienzo demasiado evidentes”.

¿Por qué estos procesos no forman parte del relato escolar? Martínez Siccardi ensayó una respuesta en varios niveles. Por un lado, señaló una desigualdad en la capacidad de narrar: quienes construyeron la historia oficial tenían acceso a la escritura, la imprenta y al Estado, mientras que las comunidades indígenas, con tradiciones mayormente orales, quedaron fuera de esos circuitos de legitimación. Por otro lado, advirtió que la identidad nacional se edificó sobre una idea de país blanco y europeo que excluyó deliberadamente a los pueblos originarios y a la población afrodescendiente, pese a que los estudios genéticos muestran un alto porcentaje de ascendencia amerindia y africana. “La épica del crisol de razas dejó afuera justamente a las razas que decía fundir”, sostuvo.

El propio libro vuelve sobre esa continuidad entre el pasado colonial y el presente: “El pasado claramente no está muerto: aunque la marea haya empezado a cambiar en la forma en que vemos esa historia cruel e inhumana, los mismos prejuicios raciales que motivaron el genocidio no han desaparecido de nuestras sociedades”.

Martínez Siccardi planteó que se trata de una historia incómoda: revisarla implica cuestionar los mitos fundacionales del país y la forma en que se construyó la nación. “Cualquier nación tiene que tener una conciencia real de cómo está constituida, cómo fue su conformación –aseveró–. No sólo para encontrar culpables e inocentes, y para honrar a los muertos y a las víctimas, sino también para saber quiénes somos realmente. No quienes nos hicieron la ficción que nos dijeron que éramos”.

El libro busca acercar al público un conjunto de investigaciones históricas que, aunque existen, no siempre circulan fuera del ámbito académico. “Nosotros no somos historiadores”, aclaró el autor. “Trabajamos con material producido por historiadores impresionantes. Son como pequeños héroes para mí, esos héroes silenciosos que se han metido en archivos polvorientos”. Con una prosa accesible, la obra intenta llenar ese vacío y poner en diálogo episodios que rara vez se leen en conjunto.

Las últimas páginas de Un mal salvaje, firmadas por ambos autores, devuelven la pregunta hacia el lector occidental: “¿Quiénes se creen ustedes para arrogarse la autoridad de resolver cómo debe pagarse su deuda? ¿No corresponde acaso a los sobrevivientes de sus genocidios prescribir la reparación?”

Esa contrapregunta condensa el espíritu del trabajo: una invitación a revisar una parte del pasado que aún permanece fuera del relato dominante.

¿Quién e J. M. Coetzee?

Nacido en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en 1940, J. M. Coetzee ganó el Premio Nobel de Literatura en 2003, recibió en dos ocasiones el Booker Prize por Vida y época de Michael K y por Desgracia. Entre sus obras de ficción se encuentran Infancia, Juventud, Elizabeth Costello, Hombre lento, Diario de un mal año, La infancia de Jesús, Los días de Jesús en la escuela y Siete cuentos morales. Es autor, además, de ensayos como Contra la censura, Costas extrañas, Mecanismos internos y Las manos de los maestros, así como de Aquí y ahora, su correspondencia con Paul Auster, y El buen relato, en diálogo con la terapeuta Arabella Kurtz. En España fue distinguido con los premios Llibreter y Reino de Redonda.

Su vínculo con la Argentina se afianzó entre 2014 y 2019, cuando ocupó la cátedra “Literaturas del Sur” en la UNSAM. Esa iniciativa buscó tender puentes entre las literaturas del hemisferio sur y fue, según Martínez Siccardi, el espacio donde se gestó la idea de Un mal salvaje.

Piden por la libertad de los detenidos en la marcha contra la reforma laboral

Piden por la libertad de los detenidos en la marcha contra la reforma laboral

La Coordinadora por la Libertad de los Presxs Polítixcos organizó una conferencia de prensa en la Legislatura Porteña para exigir el fin del procesamiento de Milton Tolomeo y Eneas Gallo. Denunció que están detenidos en condiciones extremas, «a lo Bukele».

El miércoles 29 de abril se realizó una conferencia de prensa y audiencia pública en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires por la libertad de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, ambos presos políticos detenidos por protestar contra la Reforma Laboral en la manifestación del 11 de febrero frente al Congreso.

La convocatoria fue organizada por Vanina Biasi, legisladora del Frente de Izquierda, junto a la Coordinadora por la Libertad de lxs Presxs Politicxs. La jornada inició en las puertas del edificio en Perú 160 (CABA) con la presencia de unas 80 personas y la adhesión de diversos organismos como el gremio docente Ademys, la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) y el colectivo de jubilados.

La situación procesal de los arrestados ha generado un fuerte repudio por la magnitud de las carátulas judiciales aplicadas, así como por las condiciones de detención. Tolomeo estuvo varias semanas en un sector para presos de “alto riesgo”, incomunicado, sin visitas y aislado 20 horas al día en una celda. La primera reunión con su abogada, María del Carmen Verdú, tuvo que ser en presencia de personal policial. Y Gallo aún se encuentra en esa situación. “No podemos permitir presos ‘a la Bukele’ o en condiciones como Guantánamo en nuestro país”, había dicho la letrada.

Tolomeo de 39 años, operario de maestranza, fue aprehendido el 15 de febrero bajo la acusación de arrojar bombas incendiarias contra el vallado policial en las inmediaciones del Congreso. 

Por su parte, Gallo de 36 años trabajador de la empresa Pedidos Ya que  junto a otros militantes acompañan las marchas de los miércoles de los jubilados, fue detenido el 18 de marzo. Ambos permanecen en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, una cárcel de máxima seguridad en la provincia de Buenos Aires, en el caso de Gallo acusado por presuntos actos de «terrorismo», una carátula que busca criminalizar la participación ciudadana en manifestaciones públicas.

El traslado a una cárcel de máxima seguridad y la acusación de terrorismo funcionan como el sustento material de esa denuncia de persecución, reforzando la idea de que el Estado busca una condena social y mediática antes que un proceso judicial transparente . “Es grave la persecución que están teniendo, son chivos expiatorios de un Ministerio de Seguridad que lo único que quiere es tener detenidos para seguir metiendo miedo a la población”, declaró Biasi. 

Mirta Israel, integrante de la Coordinadora, abrió la conferencia de prensa. “Acá estamos para exigir la liberación de Milton y Eneas”. Y denunció las dificultades actuales para asistir a los arrestados “Por primera vez en muchos años los organismos de derechos humanos no están pudiendo entrar a visitar a los presos políticos. No nos dan respuestas directamente”. Ante este escenario de aislamiento, Israel detalló que la Coordinadora ha asumido la tarea de sostener a los compañeros mediante la provisión directa de ropa y alimento, garantizando sus necesidades básicas dentro del penal. 

“Por primera vez en muchos años los organismos de derechos humanos no están pudiendo entrar a visitar a los presos políticos. No nos dan respuestas directamente”, denunció Mirta Israel.

Por su parte, Gallo de 36 años trabajador de la empresa Pedidos Ya que  junto a otros militantes acompañan las marchas de los miércoles de los jubilados, fue detenido el 18 de marzo. Ambos permanecen en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, una cárcel de máxima seguridad en la provincia de Buenos Aires, en el caso de Gallo acusado por presuntos actos de «terrorismo», una carátula que busca criminalizar la participación ciudadana en manifestaciones públicas.

El traslado a una cárcel de máxima seguridad y la acusación de terrorismo funcionan como el sustento material de esa denuncia de persecución, reforzando la idea de que el Estado busca una condena social y mediática antes que un proceso judicial transparente . “Es grave la persecución que están teniendo, son chivos expiatorios de un Ministerio de Seguridad que lo único que quiere es tener detenidos para seguir metiendo miedo a la población”, declaró Biasi. 

Mirta Israel, integrante de la Coordinadora, abrió la conferencia de prensa. “Acá estamos para exigir la liberación de Milton y Eneas”. Y denunció las dificultades actuales para asistir a los arrestados “Por primera vez en muchos años los organismos de derechos humanos no están pudiendo entrar a visitar a los presos políticos. No nos dan respuestas directamente”. Ante este escenario de aislamiento, Israel detalló que la Coordinadora ha asumido la tarea de sostener a los compañeros mediante la provisión directa de ropa y alimento, garantizando sus necesidades básicas dentro del penal. 

Eva del Rosario, novia de Milton agradeció el acompañamiento constante de la Coordinadora y realizó un llamado de los sectores sociales para visibilizar el caso “Apelo a la unidad en este momento y espero que pronto puedan ingresar los organismos de derechos humanos”, expresó. 

Con el objetivo de recaudar fondos para sostener los gastos legales y las necesidades de los detenidos en Marcos Paz, Del Rosario convocó a la comunidad a participar en una serie de festivales solidarios. El primero se llevará a cabo este sábado 2 de mayo en la localidad de Moreno, mientras que el segundo tendrá lugar el 16 de mayo en la toma de Lomas de Zamora.

Los sectores de jubilados también se sumaron al reclamo de justicia. Ana Tapia, integrante del Colectivo Jubiladxs Insurgentes, manifestó que se mantendrán presentes por los detenidos, a quienes considera presos injustamente “Nos van a tener como una sombra, exigiendo justicia”, expresó. En sintonía, Ramón Contreras, jubilado autoconvocado, exigió el desprocesamiento de los involucrados y advirtió que, aunque hoy el pedido es por Gallo y Tolomeo, existen muchos casos más en situaciones similares. 

Tras la conferencia de prensa, la jornada se trasladó al interior del edificio parlamentario para dar inicio a la audiencia pública donde pudieron asistir alrededor de 25 personas por el tamaño de la sala.

Mientras que afuera de la Legislatura aún continuaba la concentración y los ecos de los cánticos “Libertad, libertad a los presos por luchar” ganaban cada vez más fuerza.

El Gobierno amenaza con desguazar el INTI

El Gobierno amenaza con desguazar el INTI

Su presidente, Miguel Romero, notificó a los gremios su intención de avanzar con despidos. Sturzenegger pide 1.770 bajas sobre 2400 empleados.

El martes 21 de abril los trabajadores de manifestaron en el predio del Parque Tecnológico Migueletes.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) vive una crisis sin precedentes. La conducción del organismo, encabezada por el presidente Miguel Romero, notificó a los gremios su intención de avanzar con despidos, sin precisar modalidad ni fechas. Los trabajadores respondieron con movilización inmediata. El Estado respondió con Gendarmería Nacional dentro del predio del Parque Tecnológico Migueletes. 

Durante la jornada del miércoles en el INTI, efectivos de la Gendarmería Nacional reprimieron a trabajadores en el interior del predio. Como consecuencia del operativo, hubo empleados heridos con quemaduras en el rostro y los ojos. Afuera, efectivos de la Policía Federal custodiaban los accesos. En las últimas horas se sumaron además 50 nuevas cámaras de seguridad en distintos puntos del predio, y tanto policías como gendarmes filman a los trabajadores que participan de las protestas.

Marcelo Isleño, delegado de ATE, describió la situación como «una perversión muy alta por parte de las autoridades del INTI». Según relató, los trabajadores le pedían al presidente Romero que saliera a dialogar y explicara la situación. Lejos de eso, el funcionario se encerró en las oficinas de presidencia. «Quien cerró las puertas del edificio fue la propia Gendarmería», afirmó Isleño, y desmintió así la versión oficial, que acusó a los empleados de haber impedido la salida del presidente.

Giselle Santana, militante y secretaria de la CTA Regional Norte, confirmó que en la reunión con las autoridades se les informó que la semana próxima se harían efectivos al menos 600 despidos. «Todavía están terminando de negociar entre el Ministerio de Economía y Desregulación», precisó Santana, quien señaló que es Sturzenegger el que impulsa un plan que contempla hasta 1.700 bajas sobre una planta de apenas 2.400 trabajadores en todo el país.

La magnitud de la cifra genera una angustia extendida entre el personal. «Suponiendo que el número termine siendo entre 700 y 1.700 compañeros despedidos, sería casi uno de cada dos. Si no me toca a mí, le toca al de al lado», graficó Isleño. El delegado de ATE subrayó que esa incertidumbre impacta directamente en la salud de los trabajadores.

El instituto tiene representación en las 24 provincias del país y más de 1.000 ensayos industriales en curso, muchos de los cuales, según Isleño, ya fueron desarticulados bajo la gestión actual. Los gremios advierten que un desguace de esta magnitud no solo afecta al organismo sino al conjunto del entramado científico-tecnológico nacional.

Tras la represión, los trabajadores realizaron una asamblea y marcharon junto a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), organismo que también atraviesa una situación crítica. Al acto de solidaridad se sumaron representantes del CONICET y estudiantes y personal de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Para el martes próximo está convocada una asamblea conjunta de ATE y UPCN, en la que se definirán las medidas de acción. «Tiene que ser una gran movida y demostrarle a la Argentina que el INTI importa», cerró Isleño.