“Manicomios porteños: la transformación que no llega”
Las organizaciones ACIJ y CELS presentaron un trabajo de relevamiento sobre cuatro hospitales públicos que no se han adecuado a la nueva Ley de Salud Mental. Describen las dificultades para la reinserción social de los pacientes y denuncian el ajuste en el programa PREASIS para facilitar la externación; la “patologización de la pobreza» y en algunos casos malos tratos, agravados por la condición de mujer.
El hospital «Tiburcio Borda» en 2024 registró 1.036 ingresos. Foto: Archivo/ ANCCOM
La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) junto con el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), presentaron Manicomios Porteños: La transformación que no llega. Este documento es un relevamiento de los cuatro hospitales monovalentes públicos en CABA que siguen funcionando sin cambios a pesar de que, por decreto, debían adecuarse y sustituirse definitivamente para el año 2020. La investigación expone el incumplimiento de la ley y el déficit estructural en cuanto a salud mental y discapacidad, siendo los más afectados las personas de bajos recursos, mujeres, niños, niñas y adolescentes (NNyA). Mientras que en 2024 todos los establecimientos presentaron aumentos significativos en el ingreso de pacientes internados, los dispositivos sociales para garantizar la reinserción en sociedad son prácticamente inexistentes.
Los manicomios en CABA no desaparecieron, son cuatro: Dos hospitales para adultos, “José Tiburcio Borda” y el Neuropsiquiátrico “Braulio A. Moyano”; otro para emergencias psiquiátricas, “Torcuato de Alvear”; y uno para NNyA, “Carolina Tobar García”. En ellos hay una ocupación completa constante. Esto se debe a que los lugares para la internación en salud mental en hospitales generales de la ciudad son muy pocos, apenas 77 camas disponibles. Por este motivo muchos de los pacientes son derivados casi directamente a una institución monovalente, generando una cantidad de internaciones en aumento desde hace varios años. Por ejemplo, en el caso del hospital “Tiburcio Borda”, en 2024 registró 1.036 ingresos, cifra que no alcanzaba desde 2011.
La concentración no solo es de personas hospitalizadas, sino también de recursos. El relevamiento dedica un segmento al análisis del presupuesto de CABA en 2024 y afirma la “insuficiente inversión en políticas y dispositivos comunitarios, de apoyo y de inclusión social”. En palabras de Sofía Soberón, trabajadora social integrante del equipo de CELS: “El problema es cómo se distribuye ya que la mayor parte [de los recursos] está centralizada y no se refuerza toda esta otra red que tendría que poder tener el peso en la forma de abordar la salud mental. Y esto es solo en salud, cuando deberíamos poder hablar de lo laboral, lo habitacional y la educación. Es decir, debería tratarse transversalmente, no solamente relegado al ámbito de la salud.”
En números, un 75,6% del presupuesto estuvo dedicado a estas instituciones psiquiátricas, 11,4% se destinó a salud mental en centros generales, y solo 0,005% fue dirigido al Programa de Externación Asistida para la Integración Social (PREASIS).
Este último fue creado para acompañar a las personas que egresan de la internación para reinsertarse en la sociedad. En el PREASIS hacia fines de 2024 trabajaban solo 75 personas, lo que podría considerarse insuficiente personal en relación a la cantidad de egresos que en ese año mantuvieron un promedio de 589. El programa también incluye apoyo económico. Un primer “Subsidio de Revinculación Familiar” que consta de 900 pesos mensuales, y un “Subsidio de Externación y Reinserción Social” dirigido a las personas que no pudieran garantizar su independencia habitacional de idéntico monto al primero. Ambos valores sin actualización desde 2012.
De hecho, en el proyecto de Ley del Presupuesto 2025 presentado por el Gobierno de la Ciudad el programa desapareció y tampoco figura en la sección correspondiente del Ministerio de Desarrollo Humano y Habitat. Cuando los investigadores de ACIJ y CELS consultaron al respecto, las autoridades afirmaron que el programa continuaba activo, pero sin explicación de cómo se sustenta o por qué desapareció del documento oficial.
Otro de los puntos clave es el tiempo de permanencia de los pacientes. La Ley 26.657 estipula que las internaciones deben ser del menor tiempo posible, sin embargo, se identificó que el 72% de las personas adultas internadas entre mayo y octubre de 2024 tuvieron internaciones prolongadas (más de seis meses). También se evidenciaron internaciones máximas de hasta 40 años, con un promedio cercano a los 10 años.
Gran parte de la permanencia en los psiquiátricos no está relacionada a motivos médicos, sino a que muchas personas, después de largos periodos internados, no tienen lugar para vivir. La estadía prolongada produce la pérdida de los vínculos familiares y afectivos, como también la falta de contacto con el mundo laboral, agravando la situación de la persona dada de alta.
Pasillo del Hospital Braulio Moyano. Según el informe, muchas de las mujeres internadas son vistas como “mujeres que fallaron” en su rol socialmente impuesto como madres, proveedoras y cuidadoras. Foto: Archivo/ANCCOM
Si bien los hospitales son de puertas abiertas, salvo en la internación involuntaria, el abogado Eduardo Quiroga, otro de los autores del trabajo por parte de ACIJ, explicó que “eso no se traduce en una vida independiente, ya que la mayor parte de esa población no decide dónde, cómo o con quién vivir, qué trabajo tener, qué rutinas implementar. En la institucionalización están sometidas a lógicas que vulneran el derecho de vida independiente. Eso es mucho más difícil si no se logran los apoyos y recursos para vivir en comunidad”.
Los investigadores identificaron las siete Residencias Asistidas de Rehabilitación Psicosocial existentes en CABA y señalaron dos problemas principales: la escasez de vacantes por un lado (un promedio de 14 personas por residencia), y por otro la falta de adecuación a los requerimientos de la Ley Nacional de Salud Mental y la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad. Son lugares pensados para trastornos mentales severos y un tiempo de permanencia máximo de dos años. Subrayaron que, aunque las residencias deberían funcionar como dispositivos de transición a la vida social, en algunas de ellas se terminan reproduciendo las lógicas del psiquiátrico aunque en menor escala.
Quiroga señaló que no solo se trata de un problema habitacional, sino que “requiere asistencia personal, acompañamiento terapéutico, un lugar de atención ambulatoria de referencia, y muchas otras cosas. Deben externarse de hospitales psiquiátricos, pero también debe existir una continuidad de cuidados con la que actualmente no contamos”. Esta situación expone que en muchos casos el reingreso a los psiquiátricos se debe a la cruda disyuntiva que enfrentan las personas: el manicomio o la calle.
El informe sostiene que las internaciones no solo se atribuyen a un estigma social de la “locura” y “peligrosidad”, sino que esto también convive con otro esquema de exclusión social, la “patologización de la pobreza”. Personas internadas no por salud sino falta de trabajo, vivienda y protección social.
ACIJ y CELS observaron instalaciones precarias, prácticas de aislamiento, casos de violencia física y psicológica, sujeciones físicas y farmacológicas y muertes que no se han investigado debidamente. Así como también usos indebidos de la medicación psiquiátrica, como el castigo, la coerción y la gestión de conflictos, generando graves deterioros orgánicos en la salud. En este panorama, también identificaron a mujeres y NNyA como los grupos más vulnerados.
Entre 2023 y 2024 se registró la mayor cantidad de NNyA internados desde 2012. Allí se encuentran expuestos a “situaciones de riesgo psicofísico y social, traumatismos corporales, amedrentamientos, temores, y falta de acompañamiento adulto”, mencionando posteriormente la pérdida de la escolarización y la dificultad para reintegrarse socialmente.
Con respecto a las mujeres internadas, “están sujetas a lógicas patriarcales de control sobre sus cuerpos y maternidades que afectan su autonomía y las someten a tratos crueles, inhumanos y degradantes, como la anticoncepción y esterilización forzada y la privación de la responsabilidad parental sobre sus hijos e hijas”. De acuerdo con el trabajo, muchas de ellas son vistas como “mujeres que fallaron” en su rol socialmente impuesto como madres, proveedoras y cuidadoras.
Si bien la transformación está lejos de lograrse, los autores apuestan a que sea posible, tomando como referencia otra investigación elaborada por CELS sobre desmanicomialización en el Hospital Dr. Alejandro Korn “Melchor Romero”. En él se observaron avances para la adecuación a la ley y bienestar de las personas externadas. “Lo que el informe busca transmitir es que más allá de un marco normativo y necesario, hace falta voluntad política para poder pensar en políticas públicas claras”, afirmó Soberón. “Como sociedad deberíamos poder visibilizar estas situaciones de las que cuesta hablar por el estigma social, como también exigirle al Estado la implementación de políticas”, concluyó.














