«Para mí no es el Día del Padre, es el Año del Padre»

«Para mí no es el Día del Padre, es el Año del Padre»

A un año de haber recuperado a su cuarto hijo, apropiado por el terrorismo de Estado, Julio Santucho repasa lo que significó encontrar a Daniel, reflexiona sobre la paternidad, la militancia y la necesidad de seguir apoyando la lucha de Abuelas para encontrar a los nietos y nietas que falta.

El año pasado, Julio Santucho recuperó a su hijo que había sido apropiado durante la última dictadura militar. De pasado activo en la militancia revolucionaria de los años 70, Julio fue dirigente del Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT). En 1976 cuando estalló el golpe de Estado se encontraba cumpliendo funciones en Europa para el partido. Los militares secuestraron a su mujer, Cristina Navajas, que continúa desaparecida, con la quien tenía dos hijos y en ese momento estaba embarazada. Las posibilidades de que ese hijo viva eran pocas, pero nunca perdió la esperanza. En julio de 2023, después de muchas idas y vueltas, las pruebas de ADN confirmaron que Daniel Santucho es su hijo y pudo recuperar parte de su historia. “Alguien me dijo que era el padre del año, por la recuperación de Daniel, y sí, yo pienso en el año y en mi vida y estoy feliz y orgulloso de tener los hijos que tengo”, afirma en vísperas al día del padre.

¿Qué Significa este Día del Padre para usted?

Para mí no es el Día del Padre, es el Año del Padre. Así que lo vivo como uno más, es algo de todo el año para mí. Lo que sí puedo decir es que soy un padre muy feliz por los hijos que tengo y estoy orgulloso de que me reemplacen en la lucha y que me superen en la elección de las estrategias y los lenguajes de comunicación adecuados a los tiempos actuales. Miguel es un destacado militante de derechos humanos, miembro de la Comisión Directiva de Abuelas de Plaza de Mayo y Florencia es la directora del Festival Internacional de Cine Ambiental y Derechos Humanos. Y Dani, es un regalo de la vida, que abre una esperanza de que otros jóvenes resuelvan sus dudas sobre la identidad y recurran a Abuelas para verificar si fueron víctimas de la dictadura y privados de su identidad biológica, lo cual era uno de los aspectos del plan de genocidio implementado por la Dictadura.

¿Qué piensa de la paternidad y qué pensaba en su etapa militante?

 A nosotros se nos ha criticado, incluso nuestros hijos en un momento; por qué teníamos hijos en la situación en la que estábamos. Pero bueno, nosotros teníamos una idea compartida por todos los miembros de nuestra organización. Si bien, nosotros queríamos hacer una revolución y estábamos en una situación en la que corríamos riesgo, la idea era que teníamos que ser parte del pueblo y vivir como el pueblo. Además, nosotros con Cristina queríamos tener hijos, no es que había una obligación. Tuvimos a Camilo y a Miguel, Daniel digamos que fue inesperado porque se dio en ese momento en el que yo me estaba yendo a Europa por tres meses. Yo creo que nació porque Cristina tuvo la voluntad de tenerlo porque a pesar de que estuvo en un campo de concentración siendo torturada pudo tenerlo, y eso yo creo que es fuerza de voluntad. Ahora pienso que el mundo es má complicado, que la pobreza es cada vez más grande, sobre todo en nuestro país por eso si fuera joven quizás adoptaría un chico, pero esa es otra reflexión. Yo estoy muy feliz de los hijos que tengo todos son maravillosos, los admiro. Son mejores que yo. En ese sentido, soy un padre muy feliz.

Daniel -que recientemente restituyó su identidad- y Miguel Santucho, dos de los hijos de Julio.

¿Como fue el reencuentro con sus hijos después del secuestro de Cristina?

Apenas me enteré del secuestro de Cristina yo quise volver a buscarlos porque yo le había prometido que si le pasaba algo a ella yo me iba a hacer cargo de los chicos. Ella me lo pidió claramente, cuando yo me fui me acompañó a Retiro y me dijo: “Yo te voy a pedir algo, que si me llega a pasar algo, que los chicos no se queden ni con mi mamá ni con tu mamá, ni con otros amigos, te los tenés que llevar vos”. Entonces lo primero que hice fue decirles que me volvía a la Argentina a buscar a mis hijos, pero bueno me dijeron que yo no podía ir pero que me lo iban a resolver y mandaron a Susy, que era una Argentina que vivía en Italia hacía muchos años y no tenía ningún antecedente. Estuvo unos meses en Argentina tratando de convencer a mi suegra, al final lo logró y los trajo a Italia. Primero los chicos iban a París así que los recibí en el aeropuerto. Ahí nos reencontramos, tuve a Miguel que tenía año y medio en brazos y me arrodillé para hablar con Camilo que tenía tres años y medio y le dije que a la mamá se la habían llevado los militares. Yo estuve mucho tiempo meditándolo porque no sabía si era lo mejor, pero decidí decirles la verdad, así que le dije lo que había pasado, que a su mamá se la habían llevado los militares y no sabíamos dónde estaba. Ahí él me contestó: “Ah, entonces no me abandonó”. Entonces creo que fue lo mejor que hice, le saqué esa angustia que él tenía de que lo habíamos abandonado. Después Susy fue mi segunda esposa y decidimos tener una hija, ya estábamos conviviendo hacia dos años con los chicos y yo la convencí un poco porque quería tener un hijo con ella y nació Florencia. Creo que ella no se arrepiente porque además es muy lindo tener una hija mujer.

¿Cuándo y cómo supo que había un hijo más que había nacido en cautiverio y que podía estar vivo?

Yo sabía que Cristina había estado embarazada porque ella me dejó una carta en la que me decía que tenía un atraso y, además, iba hablando con sus compañeras de celda en donde se presentaba y les decía que estaba embarazada. Pero concretamente no sabíamos si ese hijo o esa hija había nacido porque ningún sobreviviente lo confirmaba. Incluso, en el centro de detención que era el Pozo de Banfield, estuvo Adriana Calvo, que da el testimonio en el Juicio a las Juntas. Ella nos contó que, con su hija recién nacida en brazos, pasó una noche con Cristina en el calabozo y estuvieron hablando de todo, de la vida, de la política y de la familia, pero Cristina no le dijo nada de su embarazo. Cuando ellas se encontraron era abril, y Cristina ya no estaba embarazada así que siempre nos quedó la duda y la esperanza de encontrarlo.

¿Cómo llevó a cabo su búsqueda?

Cuando yo llego a Argentina en 1993, lo primero que hago es contactarme con Adriana, y ella me dice que cuando la vio a Cristina no estaba embarazada y que no le dijo nada de un hijo, que era imposible porque ella pensaba que se lo hubiera dicho. Después, ella cambia de opinión y dice que estaba segura de que Cristina la estaba cuidando. Como ella iba a tener una bebé no la quería asustar. Eso fue lo que declaró hasta último momento, asi que nosotros nos quedamos con la duda. A pesar de esto, mi suegra Nélida Navajas dedicó su vida a buscar a su hija y a su posible nieto, por eso se metió en Abuelas de Plaza de Mayo y tuvo una militancia activa para tratar de encontrarlos. Mi hijo Miguel, que había venido conmigo desde Roma también se sumó a la militancia en la agrupación HIJOS y después también empezó a acompañar a su abuela, así que estábamos al tanto de todo, si había alguna pista, o una denuncia. Lo que pasa es que las pistas se iban extinguiendo y de mi hijo no encontrábamos nada. Por eso el mérito es todo de Daniel que tuvo datos de gente que conocía la familia apropiadora y que le decía que esos no eran sus padres, así empezó a dudar y se acercó a Abuelas, primero en 2019 que lo cortó la pandemia. Después volvió con toda la carga y se descubrió la verdad. El final feliz fue el 25 de julio del año pasado sale el resultado de ADN y se confirma que Daniel es hijo mío y de Cristina. Así que estamos disfrutando el momento, muy felices de haberlo encontrarlo y de que esté ahora con nosotros.  

¿Cómo fue su reencuentro?

El primer día tuvimos una conversación por videollamada y al otro día nos encontramos en Buenos Aires, yo viajé desde Tucumán y Miguel viajó desde Italia. Después viajamos a Roma para que Daniel conozca a sus otros hermanos que viven en Roma. También fuimos a Santiago donde tenemos un montón de familia y Daniel no podía entender cómo tenían tanto afecto, los primos, los tíos. Además, él es muy cariñoso, siempre me llama y siempre que podemos nos vemos. Es increíble el carácter que tiene porque se crió con un policía malhumorado que no lo quería, que le demostraba que no tenía ningún interés, por eso él también empezó a sospechar. A pesar de eso, el tipo salió así, muy cariñoso con sus hijas, conmigo y siempre lo demuestra.

¿Qué sintió al volver a ser padre de un hijo de 46 años después de tanto tiempo?

Me cambió la vida, a nosotros y a él. Ha sido un año muy intenso porque de golpe nos encontramos y empezamos a compartir momentos de fiestas y abrazos, en los que él me preguntaba cosas acerca de su mamá y la familia. Yo le conté toda la historia y él lo ha ido asimilando de a poco porque son demasiadas cosas, la historia de nuestra familia es dura: yo tengo cinco hermanos desaparecidos y además otras cinco personas más, Cristina, las dos mujeres de mi hermano y dos sobrinas. Son diez personas asesinadas. Por eso también recuperar a Daniel es muy importante, es recuperar una parte de Cristina, una parte de nuestra familia y una parte de la historia que nos habían quitado.

¿Cómo lo vienen llevando?

Recién ahora estamos entrando en la normalidad, porque hasta el mes pasado andábamos viajando, bueno las entrevistas siguen, pero ya no son tan seguidas.

¿Qué puede decirles a aquellos padres que hasta hoy siguen buscando a sus hijos incluso en este contexto tan difícil?

Creo que no hay que perder las esperanzas y apoyar a todas las campañas que hace Abuelas, los nietos recuperados que están trabajando y otros organismos. Pienso que la principal arma que nos queda son las campañas de sensibilización y que para eso también desde mi punto de vista es muy importante el audiovisual. Y con este material trabajar en las escuelas porque también los nietos pueden estar involucrados. Yo creo que nos queda esa arma, porque las otras búsquedas por partidas de nacimiento y datos de ese tipo están agotadas, es difícil. También para que ayuden a esos jóvenes de 50 años a que les surjan dudas, porque la única posibilidad es que a la persona o al nieto robado le surjan dudas y que él se presente a buscar su identidad. Entonces para eso también tiene que ver el entorno social.

«Exigimos la libertad inmediata de todos los detenidos»

«Exigimos la libertad inmediata de todos los detenidos»

Al cierre de esta edición, la jueza Servini de Cubría ordenó la excarcelación de 17 de los detenidos en la manifestación contra la Ley de Bases. Aún quedan aparesados otros 16. Denuncian vejámenes en los calabozos.

 

Al cierre de esta nota, 17 de las 33 personas detenidas en la movilización contra la ley de Bases, fueron excarceladas por la jueza federal María Servini de Cubría, tras una evaluación de imágenes y videos de los hechos. Horas antes, diputados nacionales, legisladores bonaerenses y de la ciudad de Buenos Aires, integrantes de organizaciones sociales, políticas, sindicales y de derechos humanos, habían repudiado las falsas imputaciones realizadas por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y replicadas por el fiscal Carlos Stornelli en su acusación contra los manifestantes.

En una conferencia de prensa que se desarrolló en la sede del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), en el centro porteño –donde también se hicieron presentes familiares de las personas detenidas–, la referente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT-Unidad) y presidenta del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), Myriam Bregman, subrayó la gravedad de la situación: “Exigimos la libertad inmediata de todos los detenidos, quienes no solo han sido encarcelados, sino que han sufrido enormes vejaciones y humillaciones durante su detención”.

Bregman detalló el trato que recibieron los detenidos, que fueron indagados en los tribunales de Comodoro Py. “Ayer visitamos la Comisaría 15, donde las mujeres detenidas estaban tiradas en el piso, esposadas en un pasillo”, reveló. El fiscal Stornelli, continuó Bregman, está buscando justificar graves delitos relacionados con un supuesto atentado al orden público. «Y Servini de Cubría –agregó– debería considerar si sigue las indicaciones de Stornelli y Bullrich, o escucha a las organizaciones que denuncian esta persecución. Es fundamental garantizar el derecho a la protesta, pero primero debemos asegurar la libertad de los detenidos».

Cabe puntualizar que las acusaciones se centran en las organizaciones, manifestantes y legisladores que participaron en la masiva movilización en la Plaza Congreso contra la Ley de Bases. La legisladora de la Ciudad de Buenos Aires, Celeste Fierro (FIT-Unidad), también expresó su preocupación: «Este Gobierno nos lleva a un estado de excepción que no podemos permitir. El jueves denunciamos en la Legislatura que Jorge Macri pretende criminalizar la protesta social con la Ley de Reiterancia”. Fierro señaló que las declaraciones de Milei y Bullrich, acusándolos de intento de golpe de Estado, ponen en riesgo la libertad de los compañeros detenidos. “No podemos permitir que se les acuse de terroristas”, remarcó.

La legisladora Victoria Montenegro (Unión por la Patria), afirmó: «Nadie en este país debe estar preso por luchar en las calles. Celebramos 40 años de democracia, recuperada gracias a la lucha de los derechos humanos. No vamos a retroceder frente a la violencia institucional que intenta imponer el gobierno de Milei y su ministra Patricia Bullrich».

En tanto, la diputada nacional Romina Del Plá (FIT-Unidad) hizo un llamado a la acción: «No podemos permitir que se impida la movilización popular. Necesitamos la más amplia unidad para enfrentar las políticas de este Gobierno y asegurar la caída de estas infames acusaciones. Debemos desarrollar una campaña nacional e internacional para denunciar lo que está ocurriendo en Argentina». Su par en la Cámara Baja, Nicolás del Caño (FIT-Unidad), repudió las acusaciones de Bullrich: «Estuvimos en la Comisaría 4 en Parque Patricios con los familiares de los detenidos, muchos de los cuales fueron golpeados y degradados. Estas acusaciones de terrorismo y golpe de Estado son absurdas. Es crucial la unidad nacional e internacional para denunciar y enfrentar esta persecución».

Casi todas las personas detenidas lo fueron cuando ya se retiraban de la zona del Congreso. Las imputaciones de Stornelli incluyen la figura de sedición, con el objetivo claro de impedir su liberación. ANCCOM pudo dialogar con algunos familiares que participaron de la conferencia de prensa, una de ellas Silvia Oliva: «Mi hija Camila fue detenida junto a tres compañeros, todos estudiantes y vecinos de San Martín. Ayer la vi cinco minutos, esposada y en el piso. Fue una escena aterradora. Espero que salga en libertad lo antes posible», expresó. Por su parte, Yesica, esposa del vendedor ambulante Matías Ramírez, denunció: «Matías estaba trabajando cuando fue detenido. No pertenece a ninguna agrupación política y no tiene antecedentes. Lo tuvieron horas esposado sin agua ni comida”.

Lucía Adano, hermana de Santiago Adano, músico y miembro de una asamblea vecinal, otro de los detenidos al voleo, manifestó: «Mi hermano siempre ha sido solidario y justo. Lo último que supe de él fue por audio en el que se mostraba indignado por la aprobación de la Ley de Bases. Tengo la esperanza de que la presión que estamos ejerciendo, llevará a su liberación». Horas más tarde, Adano fue uno de los excarcelados. Quedan 16 personas detenidas. La lucha sigue.

Familiares y amigos de los detenidos se concentraron en Comodoro Py para luego trasladase a la sede del Serpaj a una conferencia de prensa masiva. 

¿Quiénes son los detenidos?

¿Quiénes son los detenidos?

La mayoría de los 33 apresados en la manifestación contra la Ley de Bases fue durante la desconcentración, a más de diez cuadras del Congreso. Ninguno tuvo que ver con la quema del auto de Cadena 3. ANCCOM te cuenta algunas de sus historias.

A fuerza de rosca, negociaciones y sospechas de acuerdos de cargos a cambio de votos, un oficialismo netamente minoritario -cuenta con solo 7 de las 72 bancas- aprobó este miércoles en el Senado la Ley Bases. Mientras la sesión transcurría en la Cámara alta, afuera había una brutal represión por parte de las fuerzas de seguridad, que aplicaron gases lacrimógenos y balas de goma para echar a la gente que se había congregado desde la mañana frente al Congreso de manera pacífica. Además de tres diputados internados por el efecto de los gases lanzados a sus rostros, hubo 200 heridos y 33 detenidos.

El operativo orquestado por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se extendió a varias cuadras del Palacio Legislativo. Las policías Federal y de la Ciudad -que hizo la vista gorda con los encapuchados que quemaron el auto de un periodista de la radio Cadena 3 de Córdoba- fue la que amedrentó y detuvo a más de tres decenas de manifestantes que se retiraban a sus casas. También arrestó a trabajadores informales y vendedores ambulantes.

El gobierno de La Libertad Avanza denunció un intento de golpe de Estado y aseguró que todos ellos eran “terroristas”. Casi al mismo tiempo, el fiscal federal Carlos Stornelli requirió a la Ciudad que los detenidos pasen al fuero federal, hizo copy paste del comunicado oficial, al que agregó apenas unas notas de Clarín y La Nación en su escrito de imputación de doce delitos del Código Penal, y pidió que se les aplique la prisión preventiva.

Mientras los detenidos declaraban en el juzgado federal Nº 1 a cargo de María Romilda Servini, quién resolverá si sostiene los pedidos del fiscal, y familiares y un amplio arco de organizaciones políticas y sociales pedía su libertad, ANCCOM se comunicó con familiares y allegados de varios de ellos para conocer sus historias.

“Es un compañero muy valioso”

“Martín es un compañero muy valioso para nosotros, con una sensibilidad particular y muy solidario y sociable, muy de barrio, le gusta la música y es hincha de Boca”, relata Marcelo Ortega, trabajador de la cooperativa Madygraf, en relación a Martín Dirroco, uno de los manifestantes que fue capturado por la Policía tras la concentración en la Plaza del Congreso. Admite que solamente se pelean por el fútbol, porque él es de River. “En la fábrica lo quieren todos, entró muy jóven allá por el 2005, aprendió el oficio, es muy sensible, cuando habla se emociona”, agrega. Suele ser el que organiza los festivales musicales que se hacen en el enorme predio de la exDonnelley.

Ambos se conocen desde hace casi dos décadas, y comparten sus jornadas laborales en la emblemática planta gráfica recuperada de la localidad de Garín, en la provincia de Buenos Aires. Además, de ser vecinos del barrio Santa Brígida del partido de San Miguel. La eliminación del monotributo social fue la causa que motorizó su movilización hasta el centro de la Capital Federal para hacer escuchar su voz: “Nos perjudica en los aportes, la obra social. Es lo único que tenemos para estar dentro de algún tipo de cobertura”, explica.

“Cuando estaba terminando la manifestación ya estábamos sobre la avenida  9 de Julio y Moreno, casi a diez cuadras casi del Congreso, esperando el micro que habíamos alquilado con la cooperativa para viajar. Sentíamos los balazos cada vez más cerca y empezamos a correr, pero a Martín lo encerraron y lo atraparon”, detalla Ortega.

“Lo agarraron, lo tiraron al piso, le pusieron las rodillas arriba, fue bastante brutal, como una cacería. Intentaban tener detenidos, lo hacían con todo aquel que tenían cerca”, agrega. Por otra parte, el obrero de Madygraf denuncia que las fuerzas de seguridad intentaron plantarle en la mochila a su colega elementos punzantes, pero tuvieron que recular luego de que varias de las personas que estaban alrededor lo advirtieran. “Como había un grupo de abogados viendo lo que había pasado, entonces la policía tuvo que retroceder”, explica.

No obstante, a pesar de estar lejos de la zona en que hubo distubios -protagonizados por gente encapuchada y, presuntamente, infiltrada-, Martín Dirroco, padre de una nena pequeña que es su pasión, sigue detenido a la espera de la definición de la Justicia.

Tras estar alojado en una comisaría del barrio porteño de Parque Patricios, fue trasladado a los Tribunales Federales de Comodoro Py para declarar en la causa por iniciada por el fiscal Stornelli, exfuncionario de los gobiernos de Mauricio Macri y Daniel Scioli en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, respectivamente.

“Es una locura creer que Martín es un terrorista”, sostiene Ortega, en camino a dicho juzgado para acompañar –aunque sea desde afuera– a su amigo y compañero de trabajo.

“Es una situación de mierda”

Otra de las detenidas tras las manifestaciones en el Congreso fue Camila Juárez, una estudiante de Sociología de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) e integrante de la Asamblea Barrial de San Martín que había decidido ir a reclamar junto a varios de sus compañeros y fue llevada sin razón por la Policía.

“Habían llegado alrededor de las 16, justo cuando empieza la brutal y feroz represión, y estaban en la parte de atrás de la plaza. O sea, no llegaron a ingresar a la plaza porque ya veían que había balas de goma, gases, y entonces retrocedieron hasta la avenida 9 de Julio”, cuenta su hermano, Alan Juárez.

En medio de una situación de tensión, con Policía Motorizada persiguiéndola a ella y varios de los manifestantes, la joven de 33 años y madre de dos hijos se tropezó en plena calle y terminó siendo capturada por las fuerzas.

“Las tuvieron a ella y otras seis mujeres detenidas adentro del camión celular toda la noche. Recién a las 8 de la mañana ingresaron a la alcaldía y las tuvieron esposadas casi 24 horas en un pasillo, porque supuestamente no había lugar. Nosotros estamos denunciando que son torturas”, reclama.

“Ella nunca  estuvo involucrada en nada, ni en los disturbios, ni nada. Si lo hubiese estado, estos que son los reyes del Twitter y el video ya sería viral por todos lados”, sostiene.

Camila, como el resto de las mujeres detenidas, padeció los malos tratos. La tuvieron esposada varias horas, no le dieron de comer, ni tampoco permitieron el ingreso de medicación clave para su vida diaria. “Es un tratamiento que no puede cortar, esto es bastante brutal”, protesta su hermano.

El caso de esta joven se hizo viral a través de un audio de su madre, en el que al borde las lágrimas cuenta la situación que está viviendo: “Mis nietos están esperando a su mamá. A aquella gente que la estigmatiza por ser madre y salir a luchar les digo que ella tiene un montón de razones para luchar. Luchar no significa romper nada, es defender los derechos. Ella no es una terrorista”, expresa.

“Los nenes están preguntando por la madre hace dos días, el más grande ya sabe de la situación y está recontra preocupado;  a la otra todavía no le dijimos, pero está preguntando dónde está la madre”, detalla Alan.

“Mi vieja está destruida, hace dos días que no duerme, no la puedo sacar de Comodoro Py, no puedo lograr que coma, es una situación de mierda”, remata.

“Fue una emboscada terrible”

Otra de las estudiantes de la UNSAM detenida de manera arbitraria por la Policía tras la manifestación en el Congreso se llama Sasha Lyardet, cursa la carrera de Comunicación, y fue capturada junto a Camila Juárez.

“Estaban desconcentrando la movilización con compañeros de la universidad cuando sufrieron una encerrona entre la Policía Federal y la Policía de la Ciudad. Hay muchísimas balas de goma, muchos gases y corridas. Ella quiere ayudar a levantarse a Camila y en ese momento las encierran con tres motos y las amenazan con pegarle un tiro”, cuenta Nahuel Schiavoni, su novio.

“Estaba lejísimos de los incidentes”, protesta. Y es que, al momento de ser detenida, Lyardet estaba -al igual que Camila- sobre 9 de Julio y Chile.

“Fue una emboscada terrible, porque la gente salía corriendo de la Federal a la 9 de Julio y ahí esperaba un operativo cerrojo de la Policía de la Ciudad con camiones hidrantes”, denuncia.

“No hay una imputación clara todavía. Las abogadas todavía no pudieron leer el expediente completo y  ver cuál es la situación procesal porque arrancó mal desde un principio. Hubo más de 12 horas donde no ingresaron a ningún lado y estuvieron arriba de un camión”, reclama.

Mientras tanto, el joven sigue a su novia a todos lados, a la espera de que la Justicia la libere: “Pasé la noche frente a la comisaría y ahora me vine a Comodoro Py a acompañarla”, detalla.

A pesar del daño que puede generar estar durante más de un día esposada y sin poder acceder a comodidades, Sasha se encuentra en buen estado de salud. “Está un poco ansiosa y angustiada, pero mantiene la templanza”, reconoce Schiavoni.

“Es una locura”

Sofía Ottogalli es de Beccar, partido de San Isidro, tiene 31 años, es madre de un hijo y también había decidido ir a reclamar contra la Ley Bases. En su caso, junto a la Coordinadora por el Cambio Social en la que milita. Una vez que terminó su trabajo como niñera fue hasta la Plaza del Congreso, donde terminó siendo una de las personas privadas de su libertad sin un motivo claro.

“Ella estaba en 9 de Julio y Chile, desconcentrando de forma pacífica, y en el cierre de la columna para que los compañeros avancen. En esa instancia fue cuando la policía empezó a avanzar en la cacería. Vio que a algunos compañeros de ella le tiraron la moto encima y trató de ayudarlos, pero la agarró uno de ellos del pelo, la tiraron contra el piso y la detuvieron”, relata Facundo Alvarenga, su expareja y padre de su hijo.

“Nos estaban esperando en Avenida de Mayo y en 9 de Julio”, reclama el joven, que también participó de la movilización. No obstante, el raíd posterior a la detención fue peor.

“Primero nos paseamos de comisaría en comisaría, porque nos decían que estaba en un lado y nos mandaban a otro. Finalmente, la trasladaron a la Unidad 15, que es la de género, a donde llegó a la una de la mañana y pudimos verla entrar”, cuenta.

Esposada, sin espacio y sin comida. Así pasó la noche, en un relato que se asimila al de todas las mujeres que fueron capturadas por las fuerzas de seguridad.

“Ella está bajo un tratamiento de salud mental, y el tema de la medicación fue un problema, porque nos dieron tres millones de vueltas para dársela, y recién lo hicieron a las 18, que fue cuando yo pude subir. O sea tuvo casi un día completo sin medicación”, detalla Alvarenga.

“Sofía estaba de forma pacífica retrocediendo con sus compañeros. Es una locura ahora todo esto que está pasando, que la quieran acusar de atentar contra la democracia”, analiza.

Mientras tanto, el hijo que tienen en común quedó al cuidado de su abuela y a la espera de reencontrarse con su mamá: “Está bien, pero ya pide por ella”, asegura.

“Era una maraña de gente y se la llevaron”

Daniela Calarco es militante del Movimiento Teresa Rodríguez Votamos Luchar y se encontraba en las adyacencias del Congreso de la Nación porque es una de las víctimas del gobierno de Javier Milei. Ella es una de las empleadas del exministerio de Desarrollo Social -actualmente de Capital Humano- que fue despedida con la llegada del libertario a la Casa Rosada.

“Estuvimos viendo todo el panorama y cerca de las 18, después de todo lo que fue la represión, nos estábamos yendo. Por suerte no tenemos compas heridos, pero comimos mucho gas”, relata Emilia Manazza, su compañera de militancia.

“Fue un embudo hacia Avenida de Mayo y ahí fue la represión. Las organizaciones quedamos en el medio y avanzamos hasta 9 de Julio y Belgrano, donde tiraban balas de goma y nos tuvimos que cubrir. Cuando salimos, un policía de civil intentó agarrarla y ayudamos a zafarla, pero después vinieron más, era una maraña de gente y se la llevaron”,  relata, sobre la detención de Calarco.

La joven militante también fue llevada a Chacarita, donde las condiciones no eran las óptimas. Sin embargo, eso no hizo mella en su ánimo.

“Yo me pude comunicar con ella con el teléfono y estaba bien. Le pasaron toda la comida que le llevamos, mate. Estaban separadas con las esposas, pero estaban bien, incluso de ánimo y de moral, a pesar de todo ese contexto de mierda”, detalla Manazza.

Estos testimonios dan la pauta del panorama que se vivió este miércoles frente al Congreso de la Nación. Mientras Milei tuvo su primer triunfo electoral, a seis meses de asumir como presidente, en las calles se sembró el panic show que describe una de sus canciones predilectas.

“A Yoni lo mató la policía”

“A Yoni lo mató la policía”

Yonathan Domínguez, de 35 años, murió mientras era detenido por federales cerca de la estación González Catán, mientras sufría un episodio de paranoia. La familia reclama que la causa sea investigada como “homicidio” y acusa a la Bonaerense de encubrimiento.

El viernes 5 de abril estuvo despejado, pero hacia la noche, todo se nubló para la familia de Yonathan Domínguez. “Hablamos por teléfono y me mandó esta foto una hora antes viajando en el tren”, cuenta Sandra, su mamá, mientras acerca el teléfono: un joven de 35 años sonríe con una remera del club Boca Juniors. Antes de bloquear el teléfono, acaricia con el pulgar la cara digitalizada.

Cerca de la plaza de González Catán, localidad de La Matanza, esa misma sonrisa recibe a las personas que pasan por la calle. En una casa con el escudo del club River Plate, un mural celeste atrapa la mirada: Yonathan con la remera de Argentina, inmortalizado en la felicidad del día que el país ganó la tercer copa mundial. “Guardamos como recuerdo tu sonrisa en la mente y tu amor en nuestras almas/ Yoni por siempre”, implora la pared. Adentro, la hermana mayor de Yonathan prepara el mate.

“Sabemos que los exámenes toxicológicos van a dar positivo, pero mi hermano no muere por una sobredosis”, sostiene la hermana mayor, Angela, con los ojos en llamas. Aquel viernes, Yonathan estaba volviendo del trabajo con su compañero Pablo después haber consumido un poco de cocaína. En el camino empezaron a compartir una lata de cerveza y se bajaron en Querandí, una de las estaciones del tren Belgrano Sur, para ir al baño. Mientras estaban esperando el próximo tren, Yonathan sufrió un episodio de paranoia.

– Toda la vida tuvimos miedo de esto. Una cosa era que le agarrara acá, que nosotras sabíamos que era manejable, y otra que le pasara esto afuera… Y le pasó. Por eso, no lo pudimos proteger – dice Sandra mirando el cuadro con una foto de su hijo.

– Mi hermano empezó a tener esas alucinaciones o esos ataques de pánico porque las drogas ya empiezan a afectar… Y cada vez son peores, encima. Sentíamos eso – Angela suspira y vuelve a tomar aire para poder seguir-, pero después todo el mundo puede dar testimonio de lo que era mi hermano. Tenemos un vecino que una de las últimas veces que mi hermano tuvo ese ataque, que fue en la calle y él lo vio y ustedes salieron – mirando a la mamá y a Aldana, la hermana menor- lo calmaron. Listo, entró a su casa y se quedó. Jamás él se metió con ningún vecino, simplemente corría y pensaba que lo iban a matar.

– Nosotras no creemos que haya estado agresivo en la estación porque era nuestro único varón de la casa -traga su amargura Aldana- y nosotras, siendo mujeres y con menos fuerza, siempre lo supimos manejar. Si él hubiera sido agresivo, alguna vez tendría que haber sido violento.

El tren se acercaba a la estación y Pablo llamó a Yonathan, que se apuró a cruzar las vías. Con otra persona que estaba en el andén intentaron subirlo, pero no podían. El tren se paró y salieron tres policías federales. Pablo pensó que los iban a ayudar.

Los federales lo levantaron, pero lo tiraron al piso, en seco. El delirio se vuelve premonitorio: “Me van a matar”, desgarraba Yonathan a los gritos. En sus ojos, desesperación. En los ojos de Pablo, terror. Afónico, también gritaba: “¡Eh! ¡No lo toquen! ¡Tiene un ataque de pánico! ¡No lo toquen!”. Los federales lo llevan forcejeando a la otra punta de la estación, imperturbables.

– Si colaborás, no te va a pasar nada – amenazó con tono grave uno de los oficiales.

Yonathan seguía gritando. Con cada vocal que exhalaba, imploraba. Uno de los federales le puso la rodilla en el cuello mientras otro le ataba las manos. Otra vez, una reducción violenta.

De repente, se hizo silencio. Los últimos segundos de vida de Yonathan quedan conservados en el fondo de un audio de Pablo. El compañero le estaba avisando a la pareja de Yonathan lo que estaba pasando. Ella con su beba de cuatro meses en brazos y su suegra se habían puesto en camino.

– Ahí, ahí está todo. Gracias, Dios – alcanzó a decir Yonathan.

Cuando Pablo volvió a mirar, se espantó. Los federales acababan de ponerle las esposas.

– ¡Eh! ¿Qué le pasa a mi amigo? Tiene espuma en la boca y los ojos abiertos.

Los policías se miraron. “Uh, cagamos”, espetó uno de ellos.

De un folio, Sandra saca el informe de la autopsia.  Subraya con una lapicera roja donde dice que hay hemorragias en la cabeza, el cuello y el tórax. “El mecanismo de producción de estas lesiones es compatible al golpe o choque con o contra elemento duro y contundente. La muerte de Yonathan Fabián Domínguez fue producida por mecanismo violento y a consecuencia final de un paro cardio-respiratorio traumático”, explica la pericia en mayúsculas, remarcando la brutalidad de su muerte. La causa está caratulada como “Averiguación de causales de muerte”, pero la familia reclama que se cambie a “Homicidio culposo, agravado por la función policial”.

– Es imposible que ellos no pudieran calmarlo o manejar esa situación porque nosotras lo hacíamos y somos mujeres. Es más, nunca tuvimos la necesidad de que estemos todas, Él se calmaba después de unos minutos, pedía que no lo toques. Sabemos claramente que él no era agresivo en esos estados. Se quiso zafar de las esposas, sí, porque él toda la vida trabajó, nunca quiso quedar preso- agrega Aldana, masticando bronca resignada.

– Mirá lo que es: toda la familia es policía, la hermana policía… Y él le tenía pavor a la policía. Porque él dice que a todos los pibes que veía con problemas de adicciones, la policía los maltrataba -a Sandra se le escapa un presente y con los ojos vidriosos pareciera ver a su hijo hablándole-. Y terminó muriendo en manos de la policía.

Angela, policía de la Bonaerense, a cada mate le echa una cucharadita de azúcar. En este momento, sobran amarguras.

– Como mi hermano quiso zafarse, le pusieron una traba y él cayó seco al piso. Supongo que esa hemorragia interna que tiene él acá es porque cae: no tenía mano para atajarse.  La técnica si querés reducir a alguien es siempre amortiguar el golpe.

La hermana policía busca en su teléfono las imágenes del velatorio. Desde que llegó a la escena del crimen, tuvo que anteponer su función a cualquier emoción. Se detiene en las fotos que hizo de las manos de su hermano.

– Mi hermano muere cuando lo están esposando. La derecha es la primera mano que esposan, acá está el moretón. Pero, en la izquierda -dice mientras desliza a la siguiente foto-, ya no hay nada. Los moretones se hacen cuando estás vivo.

En el lado derecho, la autopsia marca las hemorragias y es donde el video que hace Pablo muestra que los policías hicieron presión. Angela recuerda igual la reducción de George Floyd: con la rodilla en el cuello, la asfixia cierra el paso. Pero, sin ir más lejos, en agosto del año pasado, mataron de esta forma a Facundo Molares en el Obelisco.

– Quisieron tapar todo. No pensaron que iba a llegar una hermana policía y que no le iba a importar que dijeran ‘vos tenés que entender que estaban trabajando’. Trataron de encubrir. Pregunto quién está a cargo y le digo que quiero que se abra investigación.Ya estaban haciendo todo mal – subraya Angela con el abismo de estar dispuesta a dejar el último suspiro de aire en la mirada.

Cuando llegó al lugar, Sandra vio cómo le estaban haciendo RCP al cuerpo de su hijo, pero ya sabía que estaba muerto: “se notaba en la cara de horror. Tenía la boca abierta con espuma, los ojos abiertos, estaba golpeado… Yo pregunté ‘¿qué le pasó? Porque él me había mandado una foto y estaba bien’. No me contestaron -Sandra se ahoga en sollozos-. Me dijeron que estaba descompensado y después nos trataron como delincuentes porque se llenó de policía como si nosotros íbamos a romper la estación y nada que ver somos trabajadores, no estamos acostumbrados a hacer esas cosas”.

También vio que los policías de la Bonaerense y los de la Federal entraban y salían de la carpa donde habían puesto el cuerpo. Cuando entraron, las heridas de Yonathan estaban limpias: no había rastros de sangre, pero sí lastimaduras. Una vez que el médico decretó la muerte, dejaron que Sandra entre a despedirse y lo toque. Al recordarlo, el labio y las manos de la madre temblaban. A la Policía Científica le notificaron que “un pibe se murió de sobredosis”.

– Yo supongo que empezó la mentira desde que llamaron al 911 y después la tuvieron que seguir. Cuando termina de trabajar la Policía Científica, pido permiso para despedirme de mi hermano porque ya habían levantado todo lo que tenía como prueba- exclama sin poder contener las lágrimas Angela.

En enero, en otra localidad de La Matanza, la policía mataba a otro joven, Lucas Acosta, de 21 años. Angela recuerda enardecida haber charlado el caso con colegas y estudiantes. Cada día que pasa está más decepcionada con la institución. Antes del asesinato de su hermano, tenía esperanzas de formar con una perspectiva de derechos humanos a los nuevos policías. Según el conteo provisional de CORREPI, desde diciembre ya son 76 casos de asesinatos vinculados a la violencia represiva.

“Teníamos miles de proyectos, terminar la casa, criar a las nenas, ir de vacaciones, comprar un auto y que digan que se quiso suicidar es mentira. A mí me arruinaron la familia- solloza Micaela, la pareja de Yonathan desde hacía quince años, con la bebé en brazos-. Hacía tratamiento por las drogas, hacía terapia. Yo sé cómo era mi marido porque vivía conmigo. Era una persona muy trabajadora. Siempre luchó por estar bien”.

Tenían tres hijas juntos: una de diez, otra de ocho y la beba que ahora tiene seis meses. “Me encuentro sola con mis tres nenas y no sé qué hacer. Estoy a la deriva y digo ¿qué sigue ahora, qué sigue? ¿qué le voy a decir a mi hija que no conoció a su papá? – cuenta desesperada Micaela, haciendo pausas para respirar por su boca-. Me arruinaron la familia, con todo lo que nosotros luchábamos. A él lo mataron con todos los golpes que dice la autopsia porque a las 20 le mandó una foto a la madre y no tenía nada eso.”

Sandra se apresura y toma la palabra: “Aparte él siempre volvía. Cuando estaba en consumo no venía hasta que se le pasaba, pero llegaba. A él no lo dejaron volver”. Frunciendo la boca y con los ojos vidriosos, Micaela afirma: “Si yo no le mandaba ese mensaje a Pablo nosotros no íbamos a ver, nos íbamos a enterar cuando ellos quisieran”. Con la suegra, coinciden: “No íbamos a tener ninguna herramienta para la investigación. Ellos pensaron que era un adicto más que murió, que no tenía familia. Se manejaron mal de entrada. Tenga lo que tenga era una persona, era una persona querida”. Hasta abril, había una sola mujer en esa casa que había visto un cuerpo abierto por una investigación. Ahora, todas manejan la jerga de la criminalística y hacen rifas y empanadas para poder costear un abogado.

Hay equipo

Hay equipo

El Equipo Argentino de Antrpología Forense cumple 40 años identificando restos humanos de víctimas de la dictadura militar, un trabajo que trascendió fronteras, habilitó exhumaciones en más de sesenta países y permitió conocer la identidad de los soldados enterrados como NN en Malvinas.

“Los huesos hablan, acusan, cierran heridas, abren nuestros caminos de lucha, alimentan la memoria”

Nora Cortiñas

 

La sala de reuniones es grande. Hay una mesa larga y una biblioteca llena de libros, todos numerados. Las paredes, al igual que la mesa, son blancas. Encima de ella no hay más cosas que unos folletos rojos que dicen “Tenés una historia, tenés un derecho. Equipo Argentino de Antropología Forense”. La sala es grande, pero no lo suficiente como para albergar simultáneamente a los más de 60 integrantes del equipo.

Virginia Urquizu está sentada en la cabecera, tiene el pelo recogido en una media cola y sus manos están apoyadas en la mesa. Es investigadora y también la coordinadora del Área de Casos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Trabaja en él desde 2007 y su rol fue evolucionando con el paso del tiempo a la par del equipo. Ingresó trabajando en atención a los familiares en el marco de la iniciativa latinoamericana para la identificación de personas. Hoy se encarga del trabajo con las familias, la toma de entrevista, las notificaciones y el proceso de restitución.

“El equipo se divide en diferentes áreas y todas cuentan con un coordinador. Entre las más destacadas se encuentran las Unidades de Casos, Búsqueda, Comunicación e Informática, y el Laboratorio Antropológico y el de Genética Forense”, cuenta Urquizu. Y agrega: “Trabajar en el área que yo coordino implica la necesidad de tener mucho cuidado ya que estamos ante personas que están pasando por una situación muy dolorosa. Estamos ante una familia que está con una búsqueda que viene arrastrando hace décadas y que no tiene muchas certezas sobre lo que pudo haber pasado con su familiar”.

Durante los años de 1976 y 1983, la Argentina atravesó la dictadura militar más cruda y violenta de su historia, la cual estuvo caracterizada por la desaparición sistematizada y forzada de personas a lo largo de todo el país. Estas desapariciones implicaron no solo una violación hacia los derechos humanos sino también un crimen de lesa humanidad. Al día de hoy, el paradero de la mayoría de las más de 30.000 personas sigue siendo aún desconocido.

En 1984, en el marco de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y con el apoyo de Abuelas de Plaza de Mayo, aparece la figura de Clyde Snow, un antropólogo forense texano convocado para darle inicio a las exhumaciones y el análisis de los restos óseos de los posibles desaparecidos en dictadura. Para ayudarlo a realizar esta labor, Snow junta a un grupo de cuatro estudiantes de no más de veinte años cuyos nombres pasarían a la historia. De esta forma, Luis Fondebrider, Patricia Bernardi, Mercedes Doretti y Morris Tidball Binz fundan el Equipo Argentino de Antropología Forense, que el pasado 23 de mayo cumplió 40 años.

Con el transcurso de los años, el equipo fue expandiéndose y captando a más jóvenes estudiantes, como es el caso de Silvana Turner, investigadora y antropóloga forense que ingresó al EAAF en el año 1988, cuando todavía era un proyecto muy reciente y desconocido. “El equipo no era como lo conocemos hoy. El campo forense todavía no se había constituido como tal, por lo que no estaba en el horizonte de lo posible verlo como un proyecto profesional para estudiantes o inclusive para los mismos profesionales. Al equipo lo fuimos conformando nosotros a partir de la experiencia en esos años”, expresa Silvana a ANCCOM un par de días después, ya que el día de la visita al equipo la antropóloga se encontraba ausente.

“Se tuvo que ir a una excavación urgente. Son cosas que pasan acá, ¿viste?”, bromea Lucas Guagnini, el Coordinador de Prensa y Comunicación del equipo, cuando pregunto por ella. Hace 36 años que la antropóloga forma parte de este proyecto y ella, al igual que el equipo, fue cambiando de labores. Hoy, se ocupa de temáticas relacionadas a migrantes, femicidios, desapariciones forzadas y pueblos originarios. Para Silvana, cada uno de estos casos se vive de forma distinta, principalmente porque cada situación es una experiencia diferente a las otras. No todas se dieron en las mismas condiciones ni tampoco en los mismos lugares. “El EAAF empezó para dar respuesta a una demanda muy puntual que era la búsqueda de los desaparecidos. Y después, esa experiencia trascendió a otros países y otras búsquedas”, explica la investigadora.

Actualmente, la sede principal del equipo antropológico está localizada en el Espacio Memoria y Derechos Humanos ex ESMA, aunque no siempre se encontró allí. El equipo operó en un edificio en el barrio de Once hasta 2017, cuando Abuelas de Plaza de Mayo le cedió un galpón de la Casa por la Identidad para que muden su trabajo a este sitio. Este cambio tuvo una gran importancia simbólica para ellos. Como expresó uno de sus miembros fundadores, Luis Fondebrider, en la firma por el convenio de uso entre ambas instituciones: “Es un orgullo poder estar con ustedes, creo que de alguna manera el círculo se cierra”.

“Nosotros acá recibimos a las familias. Hay algunas que prefieren no venir. Entonces todas esas cosas las tenemos en cuenta. En ese caso nos movemos nosotros a sus casas o buscamos una lugar alternativo para encontrarnos y llevar a cabo la entrevista y la toma de muestras”, aclara Virginia. Y añade que la mudanza al espacio de la exESMA implicó asimismo una ampliación de su espacio de trabajo: “Estar acá nos permitió tener un laboratorio antropológico mucho más grande y poder tener el resguardo de manera más prolija y cuidada los restos óseos que tenemos en custodia”.

***

El Laboratorio de Antropología Forense es el lugar más amplio del galpón. En él hay siete mesas sobre las cuales reposan diferentes variedades de huesos humanos. Esqueletos completos y en buen estado; otros, parciales y más destrozados; hasta cráneos rearmados como si fueran piezas en un rompecabezas. Al fin y al cabo, lo son. Son las piezas que ayudan a descifrar un enigma que sólo ellas pueden esclarecer. Todos los huesos tienen una historia propia para contar si uno está dispuesto a escucharlos.

Gala Maruscak sabe cómo hacerlo. Es antropóloga forense y pertenece al equipo desde 2015. Vestida con un sweater colorido, en contraposición con la sobriedad de la habitación, está sentada en frente de un esqueleto. Sus manos se van posando sobre él como si hubiesen sido creadas para ello. De a ratos, se va turnando entre la mesa donde yacen los huesos anatómicamente acomodados y el microscopio del laboratorio. Mientras trabaja, cuenta que estos restos en particular fueron recuperados en el sitio de inhumación clandestina Pozo de Vargas, utilizado por la última dictadura militar en la provincia de Tucumán para enterrar cuerpos de personas desaparecidas. Ahora están siendo analizados como posibles casos de interés pericial para el proyecto que está llevando a cabo el EAAF desde sus comienzos. Sin embargo, desde 1984, el equipo fue ampliando su abanico de trabajos a lo largo del mundo.

Actualmente, en Argentina el Equipo tiene en curso tres proyectos fuertes: el ya mencionado Lesa Humanidad, que busca devolverle la identidad a los desaparecidos durante la última dictadura argentina; Desapariciones Contemporáneas, basada en la búsqueda de aquellas personas desaparecidas en democracia; y el Plan Proyecto Humanitario Malvinas, que pretende identificar a los excombatientes enterrados sin nombres en las islas. Sobre este último, hay que remarcar la tarea impecable que realizó el equipo, ya que de los 122 cuerpos exhumados quedan solo cinco sin identificar.

Por otra parte, en el exterior, uno de los trabajos que más resalta es el Proyecto Fronteras, cuyo objetivo es identificar a aquellos migrantes que pasan por el corredor migratorio constituido por Centroamérica, México y Estados Unidos. Además de esta labor, el EAAF trabaja tanto en el país como en el resto del mundo formando y capacitando a otros equipos forenses para que puedan dar respuestas a los requerimientos que sus países necesitan.

Los restos recuperados de estos proyectos son analizados y archivados por el equipo bajo un código específico. En el caso de Lesa Humanidad, la codificación consta del nombre del cementerio y la fosa de donde fueron encontrados. Por más distintos que parezcan, todos tienen algo en común: están unidos por el deseo de que esos huesos transformen sus códigos en un nombre y un apellido. En que recuperen su identidad.

Virginia Urquizo, Coordinadora de la Unidad de casos e investigadora del EAAF.

***

El Banco de Sangre, por el contrario, es la sala más chica. No supera el tres por tres y la mayor parte de las paredes se encuentran tapadas por las archiveras metálicas donde se guardan las muestras y los formularios. Nuri Quinteiro está parada enfrente de un cajón abierto y lleva puestos guantes blancos de látex. Mientras saca un pedazo de papel secante de un sobre de madera, enuncia: “Cada proyecto tiene una codificación diferente. Acá tenemos muestras de Lesa de Argentina, muestras internacionales, muestras de Malvinas… Cada una cuenta con un formulario que tiene los datos personales del donante y de la persona desaparecida”.

Nuri Quinteiro es la coordinadora de la Unidad de Identificación y trabaja codo a codo con el Laboratorio de Genética localizado en Córdoba. Desde la sede central, el equipo manda al laboratorio la información sobre el donante y el desaparecido de forma anónima. Cada uno de ellos está representado por un código de barras diferente. “Cuando nos avisan que hay un match genético, ahí nosotros entramos a la base de datos para saber a qué persona se refiere. Para ver qué donante está dando con qué desaparecido”, explica la coordinadora.

Fundado en el 2006, el Laboratorio de Genética Forense está especializado en la identificación de muestras óseas cuyo estado se encuentra altamente degradado. Fue una incorporación clave en el desarrollo del equipo forense para la optimización de las búsquedas y reconocimientos de restos. “La incorporación de la genética a partir de los 90 cambió mucho nuestro trabajo. Cuando se comienza con el análisis genético hay un salto muy importante”, expresa Virginia al respecto.

***

De vuelta en la sala de reuniones. Virginia mira el folleto que tiene frente a ella en el que se lee: “Tenés una historia, tenés un derecho”. Toma uno en sus manos y finaliza diciendo: “Es necesario plantear la importancia de que los familiares se sigan acercando. De los 1.400 restos que pudimos recuperar, hay 600 que no están identificados y por eso seguimos buscando a las familias que hasta ahora no se han puesto en contacto con nosotros. Sabemos que la búsqueda que realizamos es una búsqueda particular. No estamos buscando personas vivas. Estamos buscando personas que murieron. Hay familias que no están en condiciones de iniciar esa búsqueda, de dar ese paso. Somos totalmente respetuosos con las decisiones personales. Pero sepan que hay una red esperándolos para poder tomar esa muestra y poder compararlo con los cuerpos que aún no han sido identificados”.

Si tenés un familiar víctima de desaparición forzada entre 1974 y 1983, tenés derecho a saber si fue encontrado y es uno de los 600 cuerpos bajo resguardo del EAAF que aún no fueron identificados. Podes contactarte: 0800-3453236.

Exigen que no levanten el estatus de refugiada a la familia Villalba

Exigen que no levanten el estatus de refugiada a la familia Villalba

En la Cámara de Diputados se realizó una audiencia pública en solidaridad con las mujeres residentes en la Argentina y perseguidas en Paraguay. Volvieron a pedir «aparición con vida» de Lichita.

En solidaridad con la familia Villalba, residente en Argentina y perseguida por Paraguay, organizaciones y líderes sociales, políticos e integrantes del movimiento de mujeres participaron de una audiencia pública en la Cámara de Diputados, convocada por el bloque del Frente de Izquierda-Unidad. La señal de alarma se volvió a encender luego de que el Ministerio de Seguridad anunciara que pretende “levantar” el estatus de refugiadas a las integrantes de la familia. Mientras tanto comenzó el juicio contra Laura Villalba en Paraguay.

El propósito de la audiencia, que se llevó a cabo en la sala 2 del Anexo C de la Cámara baja, fue denunciar el intento de extradición a Paraguay de Myriam, Rosa, la abuela Mariana -de 82 años de edad- y Tania Villalba. Su ejecución representaría una clara violación del estatuto del refugiado en Argentina y de la debida protección de sus derechos. También sería un ataque indirecto contra las comunidades que migraron a Argentina.

La actividad fue convocada por los diputados del FIT-U junto a la Campaña Internacional “Eran Niñas, aparición con vida de Lichita, libertad a Laura Villalba” y la Campaña Internacional “¿Dónde está Lichita?”. Además se sumaron distintos organismos de derechos humanos, de protección de los derechos de la niñez, organizaciones de mujeres, sociales, y políticas que acompañan a la familia Villalba frente a la persecución que están sufriendo en Argentina a pedido del estado paraguayo, con Laura y Carmen encarceladas en ese país.

La ministra de Seguridad Patricia Bullrich se reunió el jueves 6 de junio en la Embajada de Paraguay con integrantes del gobierno de ese país, donde declaró abiertamente que prometía levantar el estatus de refugiados “a los líderes del Clan Villalba capturados en Argentina como paso previo a su extradición a Paraguay”, según los denominó. Las diputadas Myriam Bregman y Romina del Plá repudiaron estos dichos que pretenden dejar desamparados a Miriam, María Rosa, José y Tania Villalba.

¿Por qué criminalizan a la familia Villalba ?

Laura Villalba estuvo encarcelada en Paraguay desde septiembre de 2019 acusada de “terrorismo”, entre otros cargos, presentados por un Estado cuya Fuerza de Tareas Conjuntas (FTC) es responsable de la muerte de su hija Lilian Mariana –de 11 años– y su sobrina María Carmen –de 12–, así como de la desaparición forzada de Lichita, otra de sus sobrinas. Paraguay justifica sus acciones en que algunos de los integrantes de la familia integraron la agrupación armada Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que califican como “terrorista”.

La persecución de la familia Villalba recrudeció en abril en territorio argentino con allanamientos violentos e ilegales y detenciones de otros miembros de la familia en distintos distritos del Área Metropolitana de Buenos Aires. Dichas acciones se realizaron en respuesta a una solicitud de extradición del gobierno de Santiago Peña. El juez federal Julian Ercolini ordenó, en un procedimiento irregular, que sean arrestadas Myriam, madre de María Carmen, Rosa y Tania, sobrevivientes de la masacre.

Las Villalba se habían visto obligadas a escapar de Paraguay, donde las FTC, compuestas por el Ejército y la Policía, mataron a las niñas Lilian Mariana y María Carmen, en septiembre de 2020. Además, en noviembre de 2020, desapareció Lichita, de 14 años en ese momento, y mantienen en prisión por motivos políticos a Laura y Carmen, madres y tías de las niñas. En Argentina, la familia obtuvo protección como refugiadas por decisión de la CONARE (Comisión Nacional para Refugiados) y están bajo el amparo de la ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados).

El 12 de abril pasado, Myriam, Rosa y Tania fueron sometidas a un allanamiento violento e ilegal a las 4 de la madrugada, del cual dio cuenta ANCCOM. Permanecieron privadas de su libertad por ocho horas, mientras que Mariana no estaba en el domicilio en ese momento. El operativo, ejecutado por fuerzas policiales bajo el mando de la ministra Bullrich, fue brutal: intimidaron a los niños con armas largas, los interrogaron y destrozaron la vivienda. Del mismo modo, actuaron en otros domicilios, donde incluso esposaron a una niña de 12 años.

A pesar de no ser procedente ni jurídicamente válido, desde la Cancillería argentina dieron curso al pedido de Paraguay de detención con fines de extradición. De ese modo, el juez Ercolini ordenó los procedimientos hasta que los abogados demostraron que las personas requeridas por el vecino país figuran en el listado de la CONARE e incluso poseen documentos argentinos. “El pedido nunca debió haber llegado al juzgado desde Cancillería”, dijo en aquel momento el letrado Gustavo Franquet.

Después de ser liberadas, a las tres mujeres se les impusieron restricciones anticonstitucionales y arbitrarias, que incluyen la obligación de comparecer ante el juzgado una vez al mes y la prohibición de abandonar el país o sus domicilios. Sus defensores afirman que esta persecución es completamente infundada ya que no hay imputación por ningún delito sobre las afectadas.

Mientras tanto, en Paraguay comenzó el juicio contra Laura Villalba, madre y tía de las niñas, quien está encarcelada desde diciembre de 2020, y las audiencias se reiniciarán el 14 de junio. Los abogados defensores Eusebio Larrea Acosta y Arguindo Fretes González anunciaron la “parcialidad manifiesta” del Ministerio Público Fiscal y denunciaron que el Tribunal, integrado por María Luz Martínez, Dina Marchuck y Federico Rojas Dos Santos, se tomó incumbencias propias de la Fiscalía durante dos declaraciones testimoniales.

Además, los letrados afirmaron que “los testigos no la vieron a Laura en ninguno de los operativos que realizaron, ni en todo el trabajo de inteligencia que históricamente desarrollan en territorio militarizado”, por lo tanto aseguraron que “no hay ningún tipo de prueba sobre las acusaciones presentadas, más que el asumir con esta causa armada que Laura es parte del EPP”. A su criterio, “se le han fabricado los casos con la intención de mantenerla detenida de por vida”.

 

Compromiso y solidaridad 

“La despedida de Norita Cortiñas hizo que asumamos el compromiso por las causas por las que ella peleaba, y ésta claramente es una de ellas. Desde el Frente de Izquierda queremos poner a disposición todo lo que podamos para romper con el cerco mediático, para conquistar la libertad de Laura y seguir pidiendo la aparición de Lichita y pedir justicia por María del Carmen. Esta audiencia es un primer gran paso” expresó Myriam Bregman.

Por su parte, el diputado Christian Castillo destacó la preocupante violación de los derechos humanos de personas migrantes, enfocándose en el caso de la familia Villalba, “que ha sufrido persecución y violencia tanto en Paraguay como en Argentina”. Además reclamó la inmediata libertad a Laura Villalba, la aparición con vida de Lichita y justicia para las niñas víctimas de infanticidio por parte del estado paraguayo. 

Con la emotiva participación de amigos y amigas de los niños y niñas de la familia Villalba, las organizaciones presentes, así como aquellas que pudieron participar virtualmente desde Paraguay y distintas provincias del país, manifestaron su preocupación por la situación de la familia. También exigieron la inmediata y efectiva protección de los derechos de la niñez y adolescencia, así como de los derechos de las personas refugiadas en Argentina.

“Basta de persecución a la familia Villalba, derecho al estatus de refugiadas de las compañeras que están siendo perseguidas, Myiriam, Tania, Rosa, a quienes el gobierno argentino no les está respetando el estatus de refugiadas políticas y las quieren extraditar a Paraguay. Siguen persiguiendo a aquellas que fueron víctimas del asesinato de las dos ñinas y de la desaparición de Lichita”, dijo Del Plá.

En tanto, la diputada Vanina Biasi manifestó que “es fundamental pronunciarnos contra este terrorismo de Estado en este contexto de envalentonamiento de elementos reaccionarios. Toda la familia Villalba tiene que saber que la clase trabajadora argentina está apoyándolos”.

Los legisladores trotskistas anunciaron que en los próximos días presentarán un proyecto de declaración en la Cámara de Diputados, solicitando que se emita un pronunciamiento sobre el tema. «Ponemos nuestras bancas al servicio de romper el cerco mediático y organizar un amplio movimiento de apoyo para lograr la liberación inmediata de Laura; para que Lichita aparezca con vida; y para buscar justicia para María del Carmen y Lilian Mariana», reiteró Castillo al finalizar la audiencia.

Dijeron presente en el anexo del Congreso la Campaña Internacional Eran Niñas, Aparición con Vida de Lichita, Libertad a Laura Villalba, Gremial de Abogados de Argentina, Casa de la Memoria – Rosario, Mesa de Articulación de la Niñez, Fundación Che Pibe, APDH nacional y APDH Caba, grupos feministas de Aby Ayala, CELS, CAREF, Movimiento Ecuménico por los DDHH, CTA Autónoma, Encuentro Militante Cachito Fukman, Equipo misionero de Derechos Humanos, Justicia y Géneros, Polo Obrero, Isadora e Izquierda socialista.