“Tengo muchos recuerdos de mi papá porque tengo una muy buena imaginación”
Comenzó la etapa de los testimonios en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la Masacre de la Calle Corro, el operativo represivo de la dictadura en el que murieron cinco militantes de Montoneros.
Los familiares de las víctimas del operativo ilegal de la Calle Corro dieron sus testimonios en la segunda jornada del juicio que investiga este delito de lesa humanidad cometido durante la última dictadura cívico-militar.
La mañana de este miércoles inició con una nueva audiencia virtual a cargo del TOF 7 por el juicio de la Masacre de la Calle Corro. Tal como se había previsto hace dos semanas, se comenzó a tomar declaración a los testigos por parte de la fiscalía –a cargo de los abogados Félix Crous y Esteban Bendersky– y de la querella que representa a Patricia Walsh y Lucía Coronel, a cargo de los abogados Lilén Reyes y Matías Aufieri.
Los primeros en exponer en esta instancia fueron las parejas y los hijos de tres de los cinco militantes de la Secretaría Política de Montoneros que fueron asesinados en el operativo aquel 29 de septiembre de 1976. Así, se escucharon los testimonios de Ketty y Marcos Mollerach, compañera e hijo de Ismael Salame; Publio Molinas, uno de los hijos de Alberto José Molina Benuzzi; y Emiliano Costas, marido de ‘Vicki’ Walsh.
Sin embargo, antes de comenzar con las declaraciones, el abogado defensor Gerardo Ibáñez solicitó ante el tribunal que los seis oficiales y suboficiales imputados en esta causa estén exentos de concurrir a todas las audiencias, con la excepción de las que resulten imprescindibles. La parte querellante se opuso argumentando que el juicio de lesa humanidad perdería su esencia si los acusados no estuvieran presentes siquiera de forma virtual. La fiscalía, en cambio, no hizo objeciones, ya que dijo priorizar la realización del juicio pese a comprender la postura de la querella. Finalmente el juez Fernando Canero, luego de deliberar junto con sus pares Méndez Signori y Castelli, autorizó el pedido de la defensa.
Los testimonios
Ketty Mollerach fue la primera en ingresar a la videollamada. Luego de presentarse como militante de base de la Juventud Peronista y compañera de Ismael Salame, fue reconstruyendo de a poco la militancia en Tucumán de éste último y de José Carlos Coronel. Los militantes tucumanos habían llegado a Buenos Aires escapando de la represión provincial de Antonio Bussi y, luego de la muerte de su compañero en la Calle Corro, Ketty tuvo que dejar Buenos Aires por seguridad, junto con su hijo Marcos, que por ese entonces tenía tan sólo tres meses, para instalarse en la casa de sus padres en Jujuy.
Posteriormente fue el turno de Marcos Mollerach, quien sostuvo que sólo a través de diarios de la época y los relatos de sus familiares pudo conocer las circunstancias en las que falleció su papá: se trató de un “operativo extremadamente grande, en algunos casos se habla de más de 200 efectivos para cinco o seis personas, con efectivos del Ejército, la Fuerza Aérea, Policías y Gendarmes”.
Madre e hijo coincidieron en sus intervenciones en que el hermano de Salame, quien fue el encargado de reconocer su cuerpo en Campo de Mayo, pudo hacerlo únicamente por el faltante del dedo gordo en una de sus manos, producto de una herida de la infancia. El cuerpo magullado que le mostraron en la morgue lo afligió profundamente, ya que presentaba la zona del torso y parte de la cara con “quemaduras y lastimaduras sembradas en todo el cuerpo de un disparo que no era de un revólver, era un arma de grueso calibre”.
De manera similar, Publio Molinas recordó los relatos que sus tíos y abuelo le habían contado sobre lo difícil que había sido identificar el cuerpo de su padre, porque “estaba bastante desfigurado, se hablaba del impacto de una granada o una bazuca”.
El relato de ambos hijos también hizo hincapié en la estigmatización que sufrieron durante su infancia y adolescencia en distintos ámbitos escolares, en los que eran señalados por sus compañeros y maestras como “hijo de montonero” o “hijo de terrorista”. En sus respuestas se repitió la necesidad de muchos años de terapia y de la contención familiar que los ayudó a sobrellevar su experiencia. Asimismo Molinas remarcó que se fue dando cuenta paulatinamente que la ausencia de su padre no sólo lo afectaba a él, sino que hoy repercute también en sus hijos a los que les falta un abuelo.
Mollerach se tomó un momento para celebrar el inicio de este juicio y enseñar una imagen en su celular frente a la cámara. En ella se veían tres sillas en fila: en la primera estaba sentado un adulto, en la segunda un niño y en la tercera se divisaba apoyado un portaretrato con una fotografía en blanco y negro. “Esta es la única foto familiar que yo tengo con mi papá –sostuvo–. Ese soy yo, ese es mi hijo y ese es un cuadro». “Tengo muchos recuerdos de mi papá porque tengo una muy buena imaginación –agregó–, pero la verdad es que me han privado de que me acompañen cuando necesitaba, de un mate, de un abrazo. Por más que uno haga su duelo particular son círculos que no cierran”.
Por último, luego de un breve cuarto intermedio, fue el turno de Emiliano Costa. Antes de responder a la primera pregunta sobre su casamiento con Vicki Walsh tuvo que detenerse un momento a tomar agua con los ojos vidriosos.
A partir de 1975 Costa fue apresado en Sierra Chica y Vicki pasó a la clandestinidad hasta que decidió quitarse la vida en el enfrentamiento de la Calle Corro. Al estar privado de los diarios o cualquier tipo de información fue su padre, en una de las visitas a la cárcel, quien tuvo que darle la noticia de la muerte de su compañera y el secuestro que había sufrido su hija de un año –Victoria Costa– luego del operativo. Ella fue entregada a una familia en Los Polvorines pero pudo ser recuperada por la familia biológica al poco tiempo.
Finalizó su turno sosteniendo que estaban viviendo una dictadura muy cruel y “en ese momento la detención de ellos significaba la tortura y una muerte segura, de manera que no les dejaron más remedio que defenderse en la medida de lo posible, y eso en ninguna medida los deshonra”.
Los próximos en dar testimonio serán Lucía Coronel, Alberto José Molinas, Maricel Marta Mainer, María de los Milagros Mainer y Teresa Celia Meschiati, familiares de las víctimas. La audiencia será el miércoles 15 de abril a las 9.30 y tendrá la novedad de ser la primera con modalidad mixta, de manera virtual y presencial, en la sala de audiencia del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°2 ubicada en Talcahuano 550, 6° piso, oficina 6077.










