“Tengo muchos recuerdos de mi papá porque tengo una muy buena imaginación”

“Tengo muchos recuerdos de mi papá porque tengo una muy buena imaginación”

Comenzó la etapa de los testimonios en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la Masacre de la Calle Corro, el operativo represivo de la dictadura en el que murieron cinco militantes de Montoneros.

Los familiares de las víctimas del operativo ilegal de la Calle Corro dieron sus testimonios en la segunda jornada del juicio que investiga este delito de lesa humanidad cometido durante la última dictadura cívico-militar.

La mañana de este miércoles inició con una nueva audiencia virtual a cargo del TOF 7 por el juicio de la Masacre de la Calle Corro. Tal como se había previsto hace dos semanas, se comenzó a tomar declaración a los testigos por parte de la fiscalía –a cargo de los abogados Félix Crous y Esteban Bendersky– y de la querella que representa a Patricia Walsh y Lucía Coronel, a cargo de los abogados Lilén Reyes y Matías Aufieri.

Los primeros en exponer en esta instancia fueron las parejas y los hijos de tres de los cinco militantes de la Secretaría Política de Montoneros que fueron asesinados en el operativo aquel 29 de septiembre de 1976. Así, se escucharon los testimonios de Ketty y Marcos Mollerach, compañera e hijo de Ismael Salame; Publio Molinas, uno de los hijos de Alberto José Molina Benuzzi; y Emiliano Costas, marido de ‘Vicki’ Walsh.

Sin embargo, antes de comenzar con las declaraciones, el abogado defensor Gerardo Ibáñez solicitó ante el tribunal que los seis oficiales y suboficiales imputados en esta causa estén exentos de concurrir a todas las audiencias, con la excepción de las que resulten imprescindibles. La parte querellante se opuso argumentando que el juicio de lesa humanidad perdería su esencia si los acusados no estuvieran presentes siquiera de forma virtual. La fiscalía, en cambio, no hizo objeciones, ya que dijo priorizar la realización del juicio pese a comprender la postura de la querella. Finalmente el juez Fernando Canero, luego de deliberar junto con sus pares Méndez Signori y Castelli, autorizó el pedido de la defensa.

Los testimonios

Ketty Mollerach fue la primera en ingresar a la videollamada. Luego de presentarse como militante de base de la Juventud Peronista y compañera de Ismael Salame, fue reconstruyendo de a poco la militancia en Tucumán de éste último y de José Carlos Coronel. Los militantes tucumanos habían llegado a Buenos Aires escapando de la represión provincial de Antonio Bussi y, luego de la muerte de su compañero en la Calle Corro, Ketty tuvo que dejar Buenos Aires por seguridad, junto con su hijo Marcos, que por ese entonces tenía tan sólo tres meses, para instalarse en la casa de sus padres en Jujuy.

Posteriormente fue el turno de Marcos Mollerach, quien sostuvo que sólo a través de diarios de la época y los relatos de sus familiares pudo conocer las circunstancias en las que falleció su papá: se trató de un “operativo extremadamente grande, en algunos casos se habla de más de 200 efectivos para cinco o seis personas, con efectivos del Ejército, la Fuerza Aérea, Policías y Gendarmes”.

Madre e hijo coincidieron en sus intervenciones en que el hermano de Salame, quien fue el encargado de reconocer su cuerpo en Campo de Mayo, pudo hacerlo únicamente por el faltante del dedo gordo en una de sus manos, producto de una herida de la infancia. El cuerpo magullado que le mostraron en la morgue lo afligió profundamente, ya que  presentaba la zona del torso y parte de la cara con “quemaduras y lastimaduras sembradas en todo el cuerpo de un disparo que no era de un revólver, era un arma de grueso calibre”.

De manera similar, Publio Molinas recordó los relatos que sus tíos y abuelo le habían contado sobre lo difícil que había sido identificar el cuerpo de su padre, porque “estaba bastante desfigurado, se hablaba del impacto de una granada o una bazuca”.

El relato de ambos hijos también hizo hincapié en la estigmatización que sufrieron durante su infancia y adolescencia en distintos ámbitos escolares, en los que eran señalados por sus compañeros y maestras como “hijo de montonero” o “hijo de terrorista”. En sus respuestas se repitió la necesidad de muchos años de terapia y de la contención familiar que los ayudó a sobrellevar su experiencia. Asimismo Molinas remarcó que se fue dando cuenta paulatinamente que la ausencia de su padre no sólo lo afectaba a él, sino que hoy repercute también en sus hijos a los que les falta un abuelo.

Mollerach se tomó un momento para celebrar el inicio de este juicio y enseñar una imagen en su celular frente a la cámara. En ella se veían tres sillas en fila: en la primera estaba sentado un adulto, en la segunda un niño y en la tercera se divisaba apoyado un portaretrato con una fotografía en blanco y negro. “Esta es la única foto familiar que yo tengo con mi papá –sostuvo–. Ese soy yo, ese es mi hijo y ese es un cuadro». “Tengo muchos recuerdos de mi papá porque tengo una muy buena imaginación –agregó–, pero la verdad es que me han privado de que me acompañen cuando necesitaba, de un mate, de un abrazo. Por más que uno haga su duelo particular son círculos que no cierran”.

Por último, luego de un breve cuarto intermedio, fue el turno de Emiliano Costa. Antes de responder a la primera pregunta sobre su casamiento con Vicki Walsh tuvo que detenerse un momento a tomar agua con los ojos vidriosos.

A partir de 1975 Costa fue apresado en Sierra Chica y Vicki pasó a la clandestinidad hasta que decidió quitarse la vida en el enfrentamiento de la Calle Corro. Al estar privado de los diarios o cualquier tipo de información fue su padre, en una de las visitas a la cárcel, quien tuvo que darle la noticia de la muerte de su compañera y el secuestro que había sufrido su hija de un año –Victoria Costa– luego del operativo. Ella fue entregada a una familia en Los Polvorines pero pudo ser recuperada por la familia biológica al poco tiempo.

Finalizó su turno sosteniendo que estaban viviendo una dictadura muy cruel y “en ese momento la detención de ellos significaba la tortura y una muerte segura, de manera que no les dejaron más remedio que defenderse en la medida de lo posible, y eso en ninguna medida los deshonra”.

Los próximos en dar testimonio serán Lucía Coronel, Alberto José Molinas, Maricel Marta Mainer, María de los Milagros Mainer y Teresa Celia Meschiati, familiares de las víctimas. La audiencia será el miércoles 15 de abril a las 9.30 y tendrá la novedad de ser la primera con modalidad mixta, de manera virtual y presencial, en la sala de audiencia del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°2 ubicada en Talcahuano 550, 6° piso, oficina 6077.

Ni olvido, ni perdón, ni prescripción

Ni olvido, ni perdón, ni prescripción

La Asociación Civil Moreno por la Memoria rechazó los argumentos de la defensa de los genocidas y adhirió a los fundamentos del Ministerio Público Fiscal sobre la imposibilidad de considerar la prescripción de los delitos que se juzgan en la megacausa Mansión Seré IV y RIBA II. Ahora faltan las últimas palabras de los acusados y la sentencia, que será en audiencia presencial.

La audiencia 45° de la megacausa Mansión Seré IV y RIBA II fue sumamente breve ya que estaba destinada al derecho a réplica de las querellas y sólo una hizo uso de la palabra.

Este tramo del debate llega tras una audiencia previa marcada por la estrategia de las defensas de Juan Carlos Herrera, José Juan Zyska y Ernesto Rafael Lynch, quienes solicitaron la absolución de sus defendidos. En aquella oportunidad, los abogados alegaron una “ausencia de pruebas materiales” y cuestionaron la legitimidad de juzgar hechos ocurridos hace 50 años con normas de imprescriptibilidad que, según su visión, no estaban vigentes al momento de los crímenes. “No hay descripción y mucho menos certeza de la acción supuestamente desplegada”, habían argumentado los defensores.

Ante estos planteos, la Fiscalía hizo uso de su derecho a réplica en la misma audiencia anterior para contestar de forma inmediata. El fiscal Félix Crous utilizó una breve intervención de pocos minutos para rechazar los pedidos de prescripción de la acción penal formulados por la defensa. Crous remarcó que el orden público internacional forma parte de la tradición jurídica argentina desde antes de la comisión de los delitos y fue tajante al señalar la validez de estos procesos: “Este es un tema saldado hace muchísimo tiempo, por eso estamos en estos juicios, si no no estaríamos acá”.

Aunque en la jornada 45°, la querella de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires no hizo uso de la instancia de réplica, desde la Asociación Civil Moreno por la Memoria sí hicieron uso de la palabra. La abogada representante, Daira Gajdysz, adhirió a los fundamentos del Ministerio Público Fiscal y citó la jurisprudencia de la Corte Suprema en el caso Arancibia Clavel. Sostuvo que la imprescriptibilidad “constituye el reconocimiento de una norma preexistente del derecho internacional” y que, por lo tanto, regía al momento de los hechos sin vulnerar el principio de legalidad.

En diálogo con ANCCOM, desde la organización manifestaron sentirse “profundamente conmovidas” al llegar al final de este proceso, dijo Gajdysz, agradeciendo el trabajo ad honorem de sus abogados, destacando que es el primer juicio en el que participan como querellantes y el primero que juzga a la Fuerza Aérea por su actuación represiva en Moreno.

Además, la querella solicitó que la lectura de la sentencia sea presencial debido a la “trascendencia institucional” y la necesidad de garantizar la publicidad del acto. Para la asociación civil, esto es fundamental por el carácter reparador para las víctimas y familiares, señalando que aunque “la virtualidad permitió sostener el proceso, también desdibuja en parte el sentido de los juicios orales”. El fiscal Crous adhirió al pedido considerando “pertinente” que el veredicto y las últimas palabras de los imputados se realicen bajo la regla de la inmediación por ser un acto “definitorio de este debate”.

Sobre el veredicto, Moreno por la Memoria espera que se condene a Ernesto Rafael Lynch por su responsabilidad en el Área de Inteligencia, de la cual dependía el Grupo de Tareas 12 y las camionetas conocidas como “Tres Marías”. También aguardan que el Tribunal contemple la ampliación por delitos sexuales y las afectaciones a las infancias, resaltando especialmente el caso de Mario Bellene, hijo de la sobreviviente Margarita “Coca” Miguens y el desaparecido Mario Valerio Sánchez.

La jueza María Claudia Morgese Martín confirmó que la modalidad de la última jornada será presencial. El cronograma continuará el 14 de abril de manera virtual con las últimas palabras de los imputados Julio César Leston y Juan Carlos Herrera, en caso de que quieran hablar. Finalmente, se espera que el 28 de abril José Juan Zyska y Ernesto Rafael Lynch tengan la misma oportunidad y que, luego de un cuarto intermedio, el tribunal haga la lectura de su sentencia.

El Plan Cóndor a cielo abierto

El Plan Cóndor a cielo abierto

El Proyecto Desclasificados lanzó la colección 24 de marzo de 1976, un acervo compuesto por 35 documentos del Gobierno de Estados Unidos que hacen referencia al último golpe de Estado. ANCCOM puso en diálogo este archivo con el historiador Leandro Morgenfeld, quien ofreció claves para analizar el pasado y el presente de la relación bilateral entre Argentina y el país norteamericano.

En el marco del aniversario de los 50 años del 24 de marzo de 1976, inicio de la última dictadura cívico-militar argentina, el Proyecto Desclasificados hizo pública una colección temática que reúne 35 documentos producidos por agencias de inteligencia estadounidenses (principalmente, CIA y FBI) junto con archivos del Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el NARA. Se trata de materiales producidos entre el 12 de marzo de 1975 y el 3 de junio de 1995, aunque mayormente concentrados en los días previos y posteriores al golpe de Estado; son piezas breves (un promedio de 3 carillas por documento, aproximadamente) y presentan una tasa muy alta de censura.

Este acervo permite reconstruir con creces el seguimiento cercano que el gobierno estadounidense hizo sobre la situación política y militar en nuestro país. ¿Qué sabían? ¿Quiénes eran los actores involucrados? ¿Cómo leían el escenario en esos días?

«Tengo reservas para salir de Argentina la noche del 17 de marzo. Si cancelara estos planes ahora y se produjera un golpe el sábado 18 de marzo, eso podría ser interpretado por muchos como prueba de que teníamos conocimiento previo de la acción militar. Además, podría alegarse que cancelé mis planes y me quedé aquí para ayudar a dirigir el ‘golpe’. Por lo tanto, considero que lo más conveniente para los intereses del gobierno de Estados Unidos es que siga adelante con mis planes como si no tuviéramos ningún aviso previo”, escribió el embajador Robert Hill.

Protocolo para lavarse las manos

A partir de la crisis de hegemonía que sufría Estados Unidos a principios de la década de 1970 y el alto costo político de su política intervencionista, el país del Norte estaba preocupado por no quedar vinculado al golpe de Estado en la argentina. Días antes del del derrocamiento de Isabel Perón, un telegrama del Departamento de Estado firmado por su exsecretario, Henry Kissinger, declamaba: “No deseamos recibir información sobre los movimientos en tanto detalle como para dar la impresión de que nosotros mismos podríamos estar de algún modo involucrados, o identificados, o apoyando desarrollos de este tipo”. Otro telegrama del mismo organismo durante la previa a la dictadura, escrito por Robert Hill, entonces embajador estadounidense en nuestro país, conjetura: “He planificado y tengo reservas para salir de Argentina la noche del 17 de marzo. Si cancelara estos planes ahora y se produjera un golpe el sábado 18 de marzo, eso podría ser interpretado por muchos como prueba de que teníamos conocimiento previo de la acción militar. Además, podría alegarse que cancelé mis planes y me quedé aquí para ayudar a dirigir el ‘golpe’. Por lo tanto, considero que lo más conveniente para los intereses del gobierno de Estados Unidos es que siga adelante con mis planes como si no tuviéramos ningún aviso previo. Es cierto que todos los diarios y revistas están especulando ahora con que el golpe podría producirse en breve, pero eso no es más que rumor. El hecho de que yo estuviera fuera del país cuando el golpe efectivamente ocurra sería, creo, un elemento a nuestro favor que indicaría la no participación de la Embajada y del Gobierno de Estados Unidos”.

¿Cómo es que tenían tanta necesidad de “despegarse”, si hoy sabemos que estaban a la cabeza del Plan Cóndor? Leandro Morgenfeld, historiador especialista en relaciones bilaterales de Argentina y Estados Unidos, desarrolla en diálogo con ANCCOM que el país del norte se encontraba en un empantanamiento a partir de su derrota en la guerra de Vietnam y de la flaqueza económica tras salir del patrón oro. En ese contexto, encontraba de sumo interés mantener un buen vínculo con la región latinoamericana: “Kissinger, en su doble rol como Secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional, apoyó de manera explícita el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Ese involucramiento directo con el régimen de Pinochet, junto con su respaldo a otros procesos como el golpe en Uruguay, generó fuertes resquemores en la región. Con el objetivo de recomponer vínculos, impulsó lo que denominó un ‘nuevo diálogo’ con América Latina. Por eso, cuando se produce el golpe en Argentina, aparece con mayor claridad la preocupación de Estados Unidos por no quedar tan directamente asociado a la intervención militar”.

Sin embargo, Morgenfeld se ubica en las antípodas de otros analistas que le endilgan a Kissinger una “actitud prescindente” respecto a nuestra última dictadura, otorgándole él mismo un rol central en el apoyo norteamericano a la intervención militar en Argentina: “Apenas dos días después del golpe, Kissinger ya mantiene una reunión con el Subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos en la que expresa su apoyo. También mantiene dos reuniones con Videla en junio y octubre de 1976, y se muestra junto a él en un palco durante el Mundial de 1978”. Y agrega: “La CIA definitivamente mantuvo una clara política de apoyo antes, durante y después del golpe”.

Definir de chilena

Tal como menciona Leandro Morgenfeld, la dictadura de Augusto Pinochet también se encontraba muy presente en las conversaciones diplomáticas y militares de los documentos desclasificados del Gobierno de Estados Unidos. Un cable del FBI de octubre de 1975 ya anunciaba que las Fuerzas Armadas de nuestro país planeaban hacer un coup d’etat “a la chilena” [sic]. Según indica un telegrama de National Archives de la misma época, esto preocupaba a los Estados Unidos dado que, en caso de producirse la maniobra militar, su análisis era: “La admiración por el modelo de golpe chileno está muy extendida en el Ejército y, si las Fuerzas Armadas argentinas eligen este camino, podríamos enfrentar problemas similares”. Esos “problemas similares” fueron referidos ampliamente por Morgenfeld respecto a la posible pérdida de consenso estadounidense a partir del antecedente chileno: “Apoyar abiertamente una dictadura como la de Pinochet, derrocando un gobierno constitucional muy popular en toda América Latina [como el de Salvador Allende] se chocaba de bruces con la justificación de la política exterior de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría de que ellos promovían la democracia, la libertad y los derechos humanos, a diferencia de los gobiernos totalitarios que ellos ubicaban del otro lado de la Cortina de Hierro”. En una conversación relatada por un cable del Departamento de Estado entre el entonces embajador de Estados Unidos con Emilio Massera en marzo de 1976, se deja entrever que el oficial argentino confiesa que “una intervención militar en Argentina, si ocurre, no seguirá las líneas del golpe de Estado de Pinochet en Chile. Más bien, afirmó que intentarán proceder dentro de la ley y con pleno respeto por los derechos humanos”. Más allá del intento del jefe de la Armada argentina por congraciarse con el país norteamericano, el saldo de la última dictadura cívico-militar en nuestro país, en verdad, fue: 30.000 personas detenidas-desaparecidas, centros clandestinos de detención, apropiación de bebés, torturas, violaciones, robo de bienes, entre otros delitos de lesa humanidad.

¿Era inminente el golpe de Estado?

Muchos de los documentos que conforman esta colección temática muestran un escenario previo en el que la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas aparecía como la única alternativa posible. Diez meses antes del 24 de marzo de 1976, un informe de inteligencia de la CIA ya advertía que en Argentina “las posibilidades de un golpe militar han aumentado considerablemente”. Es interesante observar que también se vislumbra una resistencia de la sociedad al golpe de Estado, contradiciendo las versiones de una solicitud unánime de la intervención militar: un telegrama del Departamento de Estado pone en duda a un militar argentino que aseguraba que el golpe sería en respuesta a una gran demanda popular en el país, y un documento de inteligencia del Departamento de Defensa muestra en un mapa las embarcaciones desplegadas por la Armada días antes de la intervención militar porque esperaban posibles contrainsurgencias a la maniobra.

Finalmente, puede leerse como un libro: el mismo 24 de marzo de 1976, un checklist de la CIA afirma: “El largamente esperado golpe de Estado de las Fuerzas Armadas contra la presidenta Perón se produjo en las primeras horas de la mañana de hoy”, y detalla a continuación: “La mayoría de los oficiales parece inclinarse por una economía de mercado capaz de atraer inversión extranjera, aunque algunos defienden el nacionalismo económico”. En los hechos, la política económica de la última dictadura argentina estuvo conducida por José Alfredo Martínez de Hoz, quien estableció un programa de valorización financiera e instauró en nuestro continente una de las primeras políticas económicas neoliberales del mundo, basada en la apertura comercial, la desregulación, la desindustrialización, el endeudamiento externo masivo y la concentración de la riqueza. Morgenfeld analiza las continuidades de este modelo -explícito en los documentos desclasificados del primer día del golpe de Estado- con el modelo económico actual de Javier Milei: “Igual que el de Martínez de Hoz, es un plan económico avalado por el Fondo Monetario Internacional, con una dependencia financiera muy importante de Estados Unidos”. Pero también agrega un distanciamiento en lo político, dado que “hoy el alineamiento de Argentina con los norteamericanos es casi neocolonial: nuestro país vota lo mismo que Donald Trump en Naciones Unidas. No encontramos otro momento de la historia, incluso con gobiernos militares, donde la política de subordinación a Estados Unidos alcance este nivel. Hoy tenemos un alineamiento total y absoluto con Estados Unidos como no tuvimos nunca en la historia”.

Sobre el Proyecto Desclasificados

Esta iniciativa es impulsada por los organismos de derechos humanos Abuelas de Plaza de Mayo y el CELS, junto a estudiantes de diferentes universidades nacionales –entre las que se encuentra la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA–; su objetivo es la puesta a disposición de los 4953 documentos que Estados Unidos le entregó a la Argentina en 2019. Actualmente, se puede acceder a más de 3000 de esos materiales en la página web desclasificados.org.ar.

Los documentos mencionados son parte de la colección temática 24 de marzo de 1976 y se pueden encontrar bajo los nombres: C06278214, C06278213,1392544-0 – 109-BE-2-1441-1442, DOCID-32455646, C06278213, NATIONAL INTELLIGENCE DAI[15515280], C06278214, Document 4-106, INTELLIGENCE CHECKLIST[15502882], en orden de aparición cronológica en la nota.

Una visita al Olimpo del horror

Una visita al Olimpo del horror

Con motivos de cumplirse los 50 años del último golpe cívico militar, el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio El Olimpo organizó visitas guiadas para exigir Memoria, Verdad y Justicia.

En conmemoración por los 50 años del comienzo de la última dictadura cívico-militar en nuestro país, el sábado pasado el Espacio para la Memoria “ex-CCD Olimpo”, ubicado en el barrio porteño de Floresta, abrió sus puertas al público. La jornada ofrecía simultáneamente una visita guiada por el excentro clandestino de detención por el cual pasaron más de 500 detenidos, la gran mayoría de ellos aún desaparecidos, y un encuentro de invitación general al taller de lectura y escritura del cuento contemporáneo que se desarrolla semanalmente en el espacio.

Previo al comienzo del último gobierno de facto, el establecimiento funcionó desde principios del siglo pasado como una estación de tranvías, hasta que en 1976 ya estaba bajo jurisdicción de la Policía, en una operación cuyos detalles no han podido ser esclarecidos. Desde ese momento, el Servicio Penitenciario llevó a cabo el reacondicionamiento del espacio para volverlo un espacio “antifuga”, que finalmente entró en actividad el 16 de agosto de 1978. Durante los 168 días desde su apertura hasta su reconversión a fines de enero de 1979, se estima que más de 500 detenidos pasaron su cautiverio en el Olimpo, de los que a día de hoy solo se han podido identificar 87 desaparecidos, además de los aproximadamente 90 sobrevivientes que testimoniaron haber estado allí.

La visita guiada parte desde la aclaración de que la información obtenida hasta la actualidad es la que se ha podido recolectar desde  el reconocimiento del predio como Espacio para la Memoria en 2005, luego de dos décadas de reclamo por parte de vecinos, sobrevivientes y organizaciones de derechos humanos, mientras funcionaba un centro de verificación automotor. Un arduo trabajo de recuperación fue llevado a cabo para revertir las grandes modificaciones realizadas desde la visita de la CONADEP en 1984 hasta su entrega en 2005, que incluía la eliminación de tinglados, la demolición de los límites de las antiguas celdas, y el reasfaltado de la denominada “Parte Histórica” donde se albergaba a los detenidos.

 En este momento, el avance del trabajo de investigación sobre la actividad en el centro durante su funcionamiento se encuentra detenido por el desfinanciamiento que sufre el personal a cargo: “De veintidós trabajadores pasamos a ocho, y ya no contamos con personas a cargo del Área de Mantenimiento”, afirmó un integrante de la Mesa de Trabajo y Consenso del Espacio que prefirió no dar su nombre.

Gustavo, vecino del barrio, recuerda haber jugado a la pelota contra esos mismos paredones en su niñez, sin saber que allí mismo había un centro clandestino de detención. “Nunca me animé a entrar al centro, ver hoy desde adentro el lugar que vi toda mi vida desde afuera es una experiencia muy emotiva”, afirma.

Atravesar el paredón que reza “solo autorizado el paso acompañado de un guía” contra la esquina de Ramón Falcón y Lacarra da inicio a la zona de la prueba judicial. Allí se localiza el edificio donde funcionaba el casino de oficiales, de múltiples usos: estadía de represores, depósito de objetos robados a los detenidos durante los secuestros, y albergue de los niños secuestrados. El conjunto de las operaciones de tortura y otras formas de represión se llevaban a cabo sobre las calles Fernández y Lacarra, a solo una pared de hormigón de las calles cuyos ruidos muchos sobrevivientes recuerdan haber oído durante su cautiverio.

Al escuchar este dato Gustavo, un vecino del barrio presente en la visita, recuerda haber jugado a la pelota contra esos mismos paredones en su niñez, sin saber que allí mismo había un centro clandestino de detención. “Nunca me animé a entrar al centro, ver hoy desde adentro el lugar que vi toda mi vida desde afuera es una experiencia muy emotiva”, afirma.

 El sector de “Población” contiene placas herméticas de vidrio que muestran restos de paredes demolidas, como evidencia de que donde hoy el asfalto cubre todo el área, hubo paredes que delimitaban celdas comunes donde permanecían los hasta 42 detenidos que podía alojar el centro de manera simultánea, en ocasiones hasta de a tres por calabozo.

En su interior, dos placas de cemento horizontales oficiaban de cama para los detenidos. Un pasillo ínfimo y laberíntico demuestra la ingeniería antiescape con la que se diseñó la arquitectura del espacio. A la izquierda se ubicaba la sala de incomunicados, lugar por el que pasaban todos los detenidos, tanto a la llegada como a la salida, ya sea para su liberación como para la inyección previa a los vuelos de la muerte, según la sentencia de cada detenido. Esta sala cuenta con un espacio donde se realizaban torturas, y la habitación cuenta con ventanas tapiadas, a excepción de un pequeño tragaluz, con la intención de que lo que pasaba en el interior fuera escuchado desde la calle.

El fin de la visita guiada se lleva a cabo en el otro extremo del parque, en la Sala de Historias de Vida. En ella, ubicada en el primer piso del edificio sobre avenida Olivera, las ventanas están cubiertas con vinilos con retratos, nombres y fechas de detención de algunos de los detenidos desaparecidos que pasaron por el Olimpo. En el interior, atriles contienen carpetas caseras realizadas por el personal del espacio en conjunto con las familias de los detenidos que reúnen las historias de vida de cada víctima, con información sobre sus gustos, ocupaciones y vida política, con retratos personales y testimonios de allegados. En la planta baja se llevó a cabo el taller de escritura y lectura, de invitación general y con la participación de más de 50 escritores.

Elsa Lombardo, participante del taller, detalló las actividades del espacio: “Además de nuestra biblioteca al paso, nuestra antología mensual de nuestros escritores premiados y los concursos que realizamos, nuestra intención es resignificar el Olimpo desde la visión de la literatura para la comunidad”.

Al ser consultado por el rol de la comunidad en el desarrollo cotidiano del espacio, otro miembro de la Mesa de Trabajo y Consenso del ex-CCD que también declinó identificarse, destacó la participación constante de los vecinos y asistentes en los distintos talleres desarrollados en el espacio, pero resaltó la dificultad de su labor en un contexto de desfinanciamiento y abandono, sin siquiera recibir los insumos necesarios para su trabajo. “Algún afiche para una clase puedo comprar, pero tampoco contamos con los productos químicos indispensables para la investigación, que todavía sigue en curso”.

El fotógrafo del horror

El fotógrafo del horror

El periodista Pablo Corso presentó El ojo en la tormenta, un libro donde recupera la historia de Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA que, en medio del terror, arriesgó su vida para rescatar y preservar imágenes clave de detenidos desaparecidos y represores, pruebas esenciales en los juicios de lesa humanidad. Una víctima que fue testigo y se convirtió en héroe.

Pablo Corso, periodista, licenciado en Comunicación y docente universitario, publicó el libro El ojo en la tormenta, donde se acerca a la figura de Víctor Basterra con la intención de reconstruir no solo su rol como sobreviviente de la ESMA, sino también su dimensión más íntima y humana, a 50 años del golpe militar.

Una de las primeras cosas que lo impactó fue la unanimidad con la que los excompañeros de cautiverio lo recordaban: “Todos me hablaron bien de él, nadie esbozó ninguna crítica”. Basterra era recordado como “un tipo aplomado, serio, callado”, que sin embargo encontraba la manera de acompañar a otros en medio del horror: “Trataba de entretener a algún compañero o compañera en momentos tristes, cantaba y tocaba la guitarra, incluso ahí adentro”. Esa imagen, repetida en distintos testimonios, contrastaba con lo que el propio Corso esperaba encontrar: “Uno, como periodista, siempre trata de explorar todas las aristas del personaje y en ese aspecto no encontré nada negativo”.

A ese perfil se suma el gesto que terminó definiendo su historia, el rescate de las fotografías dentro de la ESMA. “Lo primero que me impactó y por eso decidí hacer el libro fue el gesto de arriesgar su vida para sacar las fotos”, explica. Ese acto, ampliamente conocido, funciona como un punto de partida, aunque el interés del autor fue ir más allá de esa dimensión.

En ese sentido, Corso buscó correrse de lecturas simplificadoras. “No quería que fuera un libro más sobre la dictadura o sobre sobrevivientes”, señala, y agrega: “Quería salir de la trampa de mostrarlo como un héroe o de sugerir que podía ser un traidor”. La propuesta fue, en cambio, presentar “a una persona normal sometida a circunstancias extraordinarias”, incorporando su vida personal como contrapunto de su historia pública: “Una historia con amores, rencores, sufrimientos, victorias y derrotas”.

La reconstrucción de su militancia también ocupa un lugar central. Corso destaca que en esos años había “una dimensión solidaria muy importante”, especialmente en el trabajo territorial que Basterra realizaba en Villa Jardín, en Lanús. Allí, la lógica no era asistencialista sino colectiva. “No era decir ‘les vamos a poner una canilla’, sino ‘¿qué necesitan? hagámoslo juntos’”. Esa forma de organización, más horizontal, se vinculaba tanto con su personalidad como con las características de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), que, según explica, “funcionaban con menos jerarquías que otras organizaciones más verticales”.

Al pensar su legado, Corso retoma una frase que acompañó a Basterra durante toda su vida: “Que no se la lleven de arriba”. Ese mensaje, transmitido por un compañero antes de desaparecer, se convirtió en un eje vital. “Significó hacer pagar a todos los que se pudiera y en parte dedicar su vida a eso”.

El proceso de investigación y escritura implicó enfrentar desafíos complejos, sobre todo al abordar la tortura. “Hablar de la tortura es doloroso para los sobrevivientes y es incómodo para preguntar”, reconoce. Sin embargo, sostiene que era necesario comprender esas experiencias. “Yo necesitaba saber qué le pasaba a esa persona por la cabeza y por el cuerpo en ese momento de sufrimiento extremo y qué consecuencias tuvo después”.

También surgieron tensiones al abordar la militancia armada. “A veces, cuando preguntaba, algunos levantaban la guardia”, cuenta, ya que podía interpretarse como una crítica o una equiparación con la violencia estatal. “Esa nunca fue mi intención, pero tampoco desconocer esa dimensión hace a la historia”, aclara.

La investigación combinó múltiples fuentes y materiales. “Leí La Voluntad, el libro de cinco tomos de Martín Caparrós y Eduardo Anguita”, explica, un trabajo que le permitió seguir la trayectoria de militantes a lo largo del tiempo y rastrear específicamente las menciones a las FAP para comprender “cómo había surgido la organización, qué logros y dificultades había tenido, qué internas y cómo estaba posicionada ante el golpe”. A eso se sumaron “decenas de horas de entrevistas a Basterra”, incluyendo “más de cinco horas de su testimonio en el Juicio a las Juntas”, además de otros registros orales que no siempre están disponibles de manera pública pero que pueden consultarse en archivos como Memoria Abierta. “Hay entrevistas de cinco horas que se pueden pedir”.

El trabajo documental también fue clave. “En el CELS, además de sus fotos y negativos, hay un archivo digital que se puede buscar por palabra”, señala, y detalla que al ingresar el nombre de Basterra aparecieron “unos 90 documentos, algunos de cientos de páginas”, compuestos principalmente por notas periodísticas y expedientes judiciales. A ese corpus se sumaron otros libros “el de Leila Guerriero, La llamada, fue una referencia”, estudios académicos como “un trabajo muy interesante de Ana Longoni”, y entrevistas a actores clave, entre ellos “la fiscal de la megacausa ESMA”, que le permitieron dimensionar el impacto histórico del material aportado por Basterra.

En ese cruce de fuentes también aparecieron contradicciones. “La más notoria fue el momento en el que Basterra lleva el material al CELS”, explica Corso. “Él apareció un día con dos bolsos cargados con las fotos y los negativos”. Sobre ese episodio, hay versiones distintas. El abogado Marcelo Parrilli sostiene que ocurrió en 1983, cuando Basterra todavía era considerado un prisionero, Luis Zamora ubica la escena en 1984, ya en democracia. “Basterra nunca dijo exactamente cuándo lo llevó”, señala. Esa diferencia no fue menor, porque se trata del comienzo del libro: “No podía dar una fecha precisa porque me estaba ajustando a una versión y no tengo la certeza realmente de cuándo fue”. Por eso decidió resolverlo de otra manera en la escritura: “lo resolví diciendo ‘cuando la dictadura está terminando’”, e incluso incorporando esa tensión en el relato: “muestro la sorpresa de Zamora cuando le digo que Parrilli dice que fue antes”.

Corso también señala otras contradicciones más sensibles. “Hay testimonios distintos sobre el rol de una prisionera en relación a en qué medida logró proteger a María Eva, la hija de Víctor, de que la pusieran en la cama de torturas con su padre”. Se trata de un punto especialmente delicado: “Quienes ponen en duda esa versión no quisieron decirlo con su nombre, y yo eso lo respeté”.

La construcción del testigo 

Esa complejidad también atraviesa la forma en que Corso construye a Basterra en el libro. “Tuve que tener presente todo el tiempo que era víctima y testigo”, explica. La dimensión de víctima aparece de manera clara en el recorrido cronológico: “Cuando lo secuestran, lo torturan, lo encierran y lo obligan a trabajar, es imposible cuestionarlo”. Pero, al mismo tiempo, destaca el proceso por el cual se fue convirtiendo en testigo: “Se fue construyendo a sí mismo como testigo”.

Ese proceso comienza dentro de la ESMA, cuando “fotografiaba a los represores, guardaba las fotos, incluso les ofrecía copias de los negativos”. Luego continúa en las salidas transitorias, cuando advertía a otros: “Les decía a sus compañeros ‘miren lo que está pasando acá’”. Más adelante, ya en democracia, ese rol se consolida: “Se convirtió en querellante ante la justicia y en agosto de 1984 dio una conferencia de prensa en el CELS donde contó lo que había pasado y empezó a repartir el material a distintos medios”.

Al año siguiente, su participación en el Juicio a las Juntas lo posiciona como un testigo central. “Fue un testigo de doble dimensión”, explica Corso, “porque no solo tenía un relato muy contundente, sino también un aporte documental”. Mostrar las fotos, identificar rostros, dar nombres y detallar responsabilidades lo convirtió en un caso singular. “Eso lo distinguió mucho de otros”, señala.

A partir de entonces, esa doble condición lo acompañó durante toda su vida: “Ffue víctima y testigo, víctima y testigo”. En los juicios, muchas veces fue convocado en ambas calidades, y su figura, inicialmente cuestionada por algunos sectores, terminó consolidándose con reconocimiento público: “Después pasó a ser incuestionable, con premios, distinciones y ciudadanías ilustres”.

La escritura, por momentos, se volvió especialmente difícil. “Me generó tristeza contar cómo la tortura lo había afectado, cómo había tenido pesadillas o culpa por haber sobrevivido”, admite. También le resultó doloroso abordar aspectos de su vida familiar, como la relación con sus hijos o las ausencias que marcaron esos vínculos.

Fotos eternas

A cincuenta años del golpe, Corso considera que el libro dialoga con el presente. “La historia no terminó, hay crímenes por esclarecer y responsables por descubrir”, afirma, y señala que el material rescatado por Basterra sigue teniendo efectos concretos en la justicia. En ese sentido, menciona un caso puntual. “Gracias a fotos que rescató él, se logró identificar a represores, por ejemplo Jorge Luis Guarrochena”, un marino que integraba el aparato de inteligencia y cuya identificación, a partir del entrecruzamiento de testimonios y esas imágenes, permitió avanzar en una condena años después. Pero además subraya la vigencia de ciertos valores: “Había una solidaridad muy fuerte en esos militantes, personas que estaban dispuestas a dedicar su vida a los demás”.

En ese marco, advierte sobre la necesidad de sostener la memoria frente a discursos actuales: “Hay una provocación que es necesario contestar”, plantea, y enfatiza que “no es lo mismo un grupo armado que un Estado que secuestra, tortura y mata”. Para Corso, esa distinción debe sostenerse de manera permanente.

En el plano personal, reconoce que el proceso le generó una fuerte empatía con Basterra. “No me puedo identificar con lo que vivió, pero sí empatizar con su historia”, dice, recordando una infancia atravesada por la pérdida, el trabajo temprano y las dificultades económicas. A la vez, destaca que el libro le permitió comprender mejor “la complejidad de lo que implicaba ser un secuestrado” y los pequeños márgenes de decisión que podían tener incluso en condiciones extremas.

En ese proceso, también destaca haber comprendido mejor “los pequeños grados de libertad” que podían tener los secuestrados incluso en condiciones extremas. “Una decisión mínima, como guardar una foto en un lugar donde sabías que no la iban a revisar, podía generar un cambio enorme, no solo en tu vida sino en la de muchas personas”, explica.

En cuanto a la circulación del libro, Corso plantea que le gustaría que llegue “a la mayor cantidad de espacios posible”, especialmente a ámbitos amplios como la universidad pública. “Si hay que discutir y polemizar, que sea desde la honestidad intelectual”, sostiene.

También le interesa subrayar cómo se hacen las cosas: “No solo lo que hizo Basterra, sino cómo lo hizo”, dice, en relación a la importancia de que esas historias, esas fotos y esos nombres sigan circulando.

El autor plantea qué le gustaría que quede en quienes lean su trabajo: “La idea de que una persona puede ser un héroe sin saberlo, de maneras imperfectas, y que sus gestos pueden ser determinantes para conseguir justicia”. Y, al mismo tiempo, una mirada más amplia: “que no hay blancos y negros, que antes de juzgar hay que entender”. 

Una casa para cobijar luchas

Una casa para cobijar luchas

El aniversario del nacimiento de la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas fue escenario de la presentación de lo que será su casa museo, que se inaugurará el año próximo. Se acercaron colectivos y amistades de todas las batallas.

En una celebración tan íntima como popular, el domingo 22 de marzo se conmemoró en Castelar el aniversario del natalicio de Norita Cortiñas con el lanzamiento del proyecto Casa Museo y Centro Cultural Norita Cortiñas a 50 años del golpe de Estado cívico-militar en Argentina.

Impulsado por su familia y Asociación Seré por la Memoria y la Vida, el espacio que ya cuenta con el acompañamiento de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires -quienes se encuentran realizando trabajos de conservación con equipo del Archivo Provincial de la Memoria-  y la Fundación Rosa Luxemburgo -que aportó financiamiento y un compromiso de agenda-  espera inaugurar el 22 de marzo del 2027.

El lanzamiento del proyecto Casa Museo fue registrado por Liquidambar Estudio, la productora de la Cooperativa de Trabajo para la Comunicación Social para la realización de La Tertulia, una pieza audiovisual del evento que se difundirá en los canales institucionales del espacio.

“La idea es que ocurran cosas en la casa pero también es la casa de Norita saliendo, para que siga caminando y recorriendo a través de su acción” cuenta Antonella Di Bruno, coordinadora general del proyecto. “Un punto fundamental es poder contener las luchas, poder dar cuenta de ese transitar desde el momento bisagra: el 15 de abril de 1977, cuando fue la desaparición forzada de su hijo Gustavo Cortiñas, donde nació una nueva Norita que no paró hasta el día en que falleció luego de acompañar una marcha por el parto respetado”, concluye.

A puertas abiertas la jornada Para siempre nunca más desbordó la casa de Cortiñas, contó con actividades en simultáneo dentro y fuera de la vivienda, una mesa de serigrafía, bordados de pañuelos para el 24 de Marzo, espacio de pintura para niñeces, partido de fútbol en la calle, muestra de fotos de archivo, desayuno y reunió en un conversatorio personalidades tan diversas como las luchas que la madre de todas las batallas supo acompañar: referentes culturales y educativos, militantes de derechos humanos, artistas, periodistas, funcionarios, instituciones, amigos, familiiares y vecinos. 

En la vereda está Luyara Santos, hija de Marielle Franco y directora ejecutiva del instituto que lleva su nombre. Se encuentra de viaje en Argentina junto a la Fundación Rosa Luxemburgo por el aniversario del asesinato de su madre y Anderson Gomes, el chofer que la acompañaba.

“La Fundación es una de nuestras grandes aliadas en el combate a la violencia política y en la preservación del legado y la memoria de mi madre”, cuenta Santos a ANCCOM y agrega: “Marzo es un mes muy importante para nosotros, tenemos el Marzo por Marielle y Anderson, también es una fecha muy importante por los 50 años contra la dictadura. Vinimos después de la condena de los autores intelectuales del caso de mi madre y vimos esta posibilidad de estar aquí en el lanzamiento de la Casa Norita que es una gran inspiración para nosotras”. Luyara Santos recuerda una foto de la Madre de Plaza de Mayo con un retrato de su mamá en las manos “Creemos que memoria es justicia y hay un gran sueño del instituto de tener un centro de memoria, estoy muy emocionada de estar aquí como hija, porque continuar con el legado a veces es muy difícil, ser defensora de los DDHH es muy difícil, me pone muy contenta esta unión”, concluye.

En la calle se escuchan los pelotazos del Norita Fútbol Club que está jugando con la legendaria camiseta naranja y turquesa que lleva de escudo el rostro de Cortiñas y cuya venta es parte de la campaña de financiamiento del proyecto Casa Museo. También la lleva Nacho Levy, referente de La Poderosa, que se encuentra como disertante de la tertulia sentado cerca al Premio Nobel de la Paz Adolfo Peréz Esquivel, quien recibió un ejemplar como presente comprometiéndose a apadrinar al club. La continuidad de la casa como espacio de encuentro y debate es un deseo de Norita que comienza a hacerse realidad.

“La casa museo surgió como una demanda espontánea de mucha gente que rodeaba a Norita, que la admiraba y que la sentía como una referente, una de las jugadoras del equipo es la nieta de Norita, su familia lo impulsó y nosotras rápidamente nos sumamos porque nos parecía que no podía ser de otra manera, que tiene que quedar la memoria viva en esta casa”, cuenta Estefania Pineta, arquera del Norita Fútbol Club y aclara que el club, que surgió cuando ella vivía, no fue un homenaje sino un símbolo: “Queríamos que el nombre tuviera potencia y que nos represente y ella estaba en todas las luchas que nosotras queríamos estar y nos importaban, fue la primera madre que se declaró como feminista, eso es algo que también fue muy revolucionario”.

Configurando una auténtica escena de cumpleaños en el jardín del que fue el hogar durante 44 años de la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo se amucharon los invitados en sillas de plástico, madera, sillones de interior y exterior, bancos de plaza y troncos de árbol, los disertantes que se reunieron en una ronda conducida por el periodista Alejandro Bercovich para homenajear a Cortiñas y fundar simbólicamente la promesa de lo que será un nuevo espacio de memoria y refugio.

Lourdes Hidalgo es sobreviviente de la masacre del taller textil de Luis Viale y parte de Bordando Historia, Construyendo Memoria: “El bordado también es una forma de resistir ante el olvido y hoy estuvimos también acá bordando las consignas de Nunca Más, bordando las pañoletas de las madres, venimos de bordar los nombres de los compañeros bolivianos desaparecidos para el 24 y hoy estamos acá en la puerta de la casa de Norita recordando que cumple sus 96 años; a pesar de que ella físicamente ya no está con nosotras, pero su legado, su espíritu siempre lo vamos a llevar dentro de nosotras”. Hidalgo recordó en el conversatorio como Cortiñas pedía no dejar solas a las trabajadoras textiles y en diálogo con ANCCOM replicó una invitación para acompañarlas: “Este 30 de marzo se cumplen los 20 años del incendio del taller textil Luis Viale y estaremos en la puerta del taller de 14 a 19 horas y pedimos que nos acompañen. Sé que ella iba a estar presente este lunes. Queremos pedirles a todos que sigamos sembrando la memoria de las trabajadoras textiles y sus hijos que perdieron la vida cosiendo la ropa, ella siempre va a vivir en nosotras y junto a Norita las textiles seguimos confeccionando derechos”.

Un camino de aroma a café conecta todos los lugares de la casa mientras los invitados comen cosas dulces y sanguchitos “Cuando Nora falleció, el 30 de mayo, el hijo nos llamó solamente para entregarnos algunas cosas de la madre pero resultó que ni él mismo sabía todo lo que ella había hecho, comenzaron a aparecer cosas extraordinarias, fotos en el Sahara, en Bélgica, en Cuba y se dio cuenta que no se podía dejar esto así, así que nos pidió que pensáramos qué se nos ocurría”, dice Teresa Antón, presidenta de la Asociación Seré por la Memoria y la Vida y amiga de Cortiñas. “Nosotros pensamos este proyecto pero hoy no se inicia, hoy estamos acá porque todos los 22 de marzo veníamos a desayunar con ella. El último año no lo pudimos hacer, por su salud y le mandamos para que desayune”, recuerda.

La jornada concluyó con una intervención artística en la que Lula Bertoldi entonó “La canción de la cigarra” y su profesor de canto, Gabriel Amadeo Videla, compartió junto al músico Juan Quintero un repertorio de canciones adaptadas por Norita Cortiñas.

 “Pasaron muchas historias, mucha gente por acá”, cuenta a ANCCOM Marcelo Cortiñas, el hijo de Norita, quién conserva el brillo en sus ojos de cada memoria compartida sobre su madre al final de la jornada “Va a ser un museo y casa cultural que va a estar abierto a todo el público, a todas las diversidades, a todas las luchas de mi mamá y de estos 50 años”, concluye. El legado de la madre de todas las batallas será ahora ser hogar para ahijar sus luchas.