Meta apuesta a perder para seguir ganando
Meta, la empresa dueña de Instagram, Facebook y Whatsapp, llegó a un acuerdo para detener un juicio por dañar la salud mental de “la juventud americana”. Pagará 17.000 millones de dólares en diez años. ¿Por qué es una estrategia de autopreservación? ¿Puede suceder lo mismo en Argentina?
Meta, la empresa dueña de Instagram, Facebook y Whatsapp, llegó a un acuerdo para detener un juicio por dañar la salud mental de “la juventud americana”. Pagará 17.000 millones de dólares en diez años. ¿Por qué es una estrategia de autopreservación? ¿Puede suceder lo mismo en Argentina?
Meta, la empresa dueña de Instagram, Facebook y Whatsapp, acordó pagar hasta 17 mil millones de dólares para cerrar el juicio en el que la acusaban de dañar la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Además, deberán fijar un límite temporal de dos horas de uso, bloqueo nocturno, y eliminación de notificaciones en horario escolar, entre otras medidas. Tienen un plazo de seis meses para implementarlo en las cuentas de redes sociales de sus usuarios menores.
¿Por qué 17 mil millones de dólares?
El juicio más grande contra la empresa Meta Platforms Inc. llega a su fin tras la firma de un acuerdo entre las partes el pasado 26 de agosto. La demanda, iniciada en octubre de 2023 por 29 fiscales generales de Estados Unidos, alegaba que la empresa fundada por Mark Zuckerberg en 2004 “ha utilizado su tecnología y sus plataformas de redes sociales, Facebook e Instagram, para atraer, captar y atrapar jóvenes y adolescentes” y que “ha engañado repetidamente al público acerca de los peligros que estas plataformas han causado al bienestar mental y físico de la juventud americana”.
Si bien Meta no aceptó estas alegaciones, sí acordó, para finalizar el juicio, pagar 11.656 millones de dólares, que serán repartidos entre todos los estados que se sumaron al acuerdo: 51 jurisdicciones, exceptuando a Texas, Florida y Nuevo México, recibirán el monto en diez cuotas a diez años. El documento del acuerdo aclara que el dinero irá destinado a programas estatales de salud mental y seguridad online de niños, niñas y adolescentes.
Para Manuel Larrondo, abogado, investigador y docente de Derecho a la Comunicación, el acuerdo es parte de una estrategia de los abogados de la empresa para no llegar a una instancia del juicio que ya sabían desde junio que iban a perder. “A los ojos del usuario, dice: ‘Mirá, tuvo que pagar’. Sí, es una suerte de victoria de los fiscales, pero al mismo tiempo Meta también lo que busca es evitar que haya una sentencia de un tribunal, de un poder del Estado, una resolución. Tratan de evitar que haya un efecto derrame de normativas”, explicó Larrondo. Un acuerdo entre partes no tiene la fuerza de sentar jurisprudencia que, por otro lado, hubiera tenido una sentencia firme contra Meta por parte de la jueza federal Yvonne Gonzalez Rogers, del Distrito Norte de California.
Además, el documento firmado cuenta con una cláusula “gatillo” o disparador de pago monetario contingente. Manuel Larrondo explicó: “En el caso de que las plataformas competidoras de Meta, Snapchat, Google y TikTok, aplicaran algo parecido a esto, entonces tendrían que pagarse cuotas adicionales de otros 5.000 millones de dólares”. Es por eso que, sumando los pagos garantizados a los contingentes, la cifra se eleva a 16.680 millones de dólares.
En el acuerdo también figura un misterioso “monto de pago de Cambridge”, no explicitado en las definiciones del documento judicial, de 459 millones de dólares. Meta acordó este pago con 46 estados, más Puerto Rico y las Islas Marianas del Norte, para resolver las demandas por el escándalo de privacidad de Cambridge Analytica del 2018. Nuevo México y Washington D.C no firmaron el acuerdo y seguirán el juicio con la empresa.
Por último, Meta también debe pagar 75 millones de dólares por los costos estatales por el juicio: la investigación, los peritos, los abogados, etc.
El total acordado suma 17 mil millones de dólares, una cifra menor al lado del monto inicial que reclamaban los demandantes: 200 mil millones de dólares. De esta manera, Meta evita un juicio público, caro y riesgoso, no solo por la exposición y la posibilidad de perder, sino por la jurisprudencia que podría generar una sentencia favorable a los demandantes. Una cuestión no menor es que Mark Zuckerberg, fundador de la empresa y dueño del paquete mayoritario, hubiera tenido que presentarse nuevamente a declarar; las experiencias pasadas resultaron bastante traumáticas en ese sentido pese al nivel de preparación al que evidentemente lo sometían sus asesores legales y de imagen.
Además del pago monetario, Meta tiene un plazo de seis meses para implementar algunas modificaciones en las cuentas Instagram y Facebook de los usuarios estadounidenses de 13 a 17 años: límite de uso de dos horas diarias, bloqueo nocturno ocultamiento de los “me gusta” y reacciones a publicaciones, eliminación de notificaciones en horario escolar y prohibición de uso de filtros estéticos.
Tapar el sol con la mano
Además del pago monetario, Meta tiene un plazo de seis meses para implementar algunas modificaciones en las cuentas Instagram y Facebook de los usuarios estadounidenses de 13 (por debajo de esa edad mínima las redes están prohibidas) a 17 años: límite de uso de dos horas diarias en ambas aplicaciones, bloqueo nocturno de 00:00 a 6:00, ocultamiento de los “me gusta” y reacciones a publicaciones, eliminación de notificaciones en horario escolar, de 8:00 a 15:00, prohibición de uso de filtros estéticos, fortalecimiento del software de verificación de edad y la opción de optar por un feed no algorítmico.
Aunque las medidas parezcan esperanzadoras, todas estas funciones pueden ser modificadas por el padre, madre o supervisor de la cuenta del menor de edad. “Termina siendo una decisión de la familia, que además tiene casi que tomar un curso para entender cómo funciona, cuáles son los problemas, qué tiene de malo para su hijo”, explicó Carolina Martínez Elebi, investigadora en tecnologías y derechos humanos y directora del medio digital DHyTecno. “El problema es que estas empresas tienen una lógica comercial, su modelo de negocio está pensado de tal forma que termina explotando vulnerabilidades del ser humano a un punto demasiado personalizado”, añadió.
Con algunas mínimas modificaciones a las cuentas de menores de edad, y solamente aplicables a Estados Unidos, no se soluciona el problema de raíz. En muchos países se discute la cuestión de la edad mínima para tener cuentas de redes sociales, pero para Martínez Elebi, esto no es suficiente: “La solución no es la verificación de edad, como si a los 16 años ya estuvieras listo, y pudieras recibir un aluvión de estrategias digitales, recomendación algorítmica y escroleo infinito sin sufrir consecuencias. La verdad es que no. Es un parche, es como tapar el sol con la mano”.
En este sentido, Gisela Untoiglich, doctora en Psicología y miembro fundadora de Forum Infancias, coincide con Martínez Elebi: “Me parece que no debería tratarse sólo como una problemática ni individual ni intrafamiliar. Cuando estamos hablando de infancias y adolescencias, sobre todo ahí tenemos que tener un Estado presente, políticas públicas que regulen, más allá después de lo que los padres hagan. Tiene que haber un Estado que regule a las empresas, porque ellas no van a autorregularse, no lo van a hacer por propia decisión”.
Cintia Soledad González, psicóloga especializada en adolescencias, concuerda con Untoiglich: “La regulación no puede recaer solamente sobre las familias. Tiene que haber mayor responsabilidad de las propias plataformas. Diseñamos aplicaciones para que las personas permanezcan conectadas el mayor tiempo posible y después esperamos que los adolescentes tengan la suficiente fuerza de voluntad como para salir de ellas”.
Las modificaciones que acordó implementar Meta no afectan al diseño algorítmico de las plataformas cuyo único objetivo es generar ingresos mediante el tiempo de uso de millones de personas. La atención de los usuarios y los datos que generan en estas interacciones son el recurso vendido a anunciantes ávidos de publicitar en las redes sociales.
“¿Y quién lo va a hacer acá?”
En Argentina existen varios proyectos de ley redactados y organizaciones que buscan proteger la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, no existe voluntad por parte del Estado de regular estas cuestiones y tampoco hubo debates en las cámaras de Diputados y Senadores.
Larrondo ve las regulaciones más lejanas en el tiempo: “Demandó tres años de juicio (en Estados Unidos), que parece una eternidad y es poco. Y la fuerza de 29 fiscales que se metieron en una demanda con el costo de pericias, investigación, juicio, guita. ¿Y quién lo va a hacer acá? ¿Quién lo va a encaminar?”.
Para Carolina Martínez Elebi, la regulación no puede pasar solamente por una ley que aplique a todo lo que pase por Internet. Además del aspecto legislativo, destacó la importancia de los organismos del Estado: “Ya existen algunas autoridades que abogan por los derechos de las infancias. Después hay que ver cuáles son las atribuciones que esas instituciones tienen. Hay una base, algo existe, no es que no hay nada, no es un terreno desértico, pero probablemente sí haya que hacer ajustes para otorgar más capacidades para hacer cumplir”.
Aunque la regulación de las plataformas en la Argentina sería un paso fundamental en la protección de los menores, no es suficiente. Ambas psicólogas consultadas coinciden en la incidencia de la estructura y el contexto social y personal del niño, niña o adolescente. “Si sos una persona que está pasando por una situación más de crisis, más vulnerable, estás más insegura, el algoritmo te engancha y, en parte te da lo que cree que querés escuchar, pero a su vez eso va generando cada vez más inseguridad, cada vez más ansiedad, y en muchos casos cada vez más depresión”, explicó Gisela Untoiglich.
“Además de preguntarnos cuánto tiempo pasan conectados, tendríamos que preguntarnos qué hacen ahí y qué lugar ocupa ese espacio virtual en sus vidas”, dijo Cintia Soledad González. “Hay que mirar qué está pasando con ese adolescente y qué función está cumpliendo en ese uso”, añadió.
En este sentido, la postura de Martínez Elebi puede relacionarse con la explicación que dan las psicólogas: “Hay un montón de otros aspectos que no están por dentro de la plataforma, que exceden al diseño técnico ¿Pero qué pasa por afuera? Hay entornos familiares, hay entornos educativos, hay diseños urbanos que no están pensados para que esos chicos puedan, en todo caso, hacer otra cosa que no sea estar encerrados en la casa con un celular”, concluyó.







