«La consigna es vaciar, cerrar, privatizar»

«La consigna es vaciar, cerrar, privatizar»

Los trabajadores del Garrahan marcharon frente al hospital en reclamo de la asfixia presupuestaria que hace renunciar a numerosos trabajadores e impide la atención de una creciente cantidad de pacientes.

Tras un largo proceso de vaciamiento, recortes salariales y despidos que vienen afectando al sector público, el 27 de marzo fue el turno de la marcha en defense del hospital pediátrico Garrahan . Los trabajadores y trabajadoras del centro de salud de alta complejidad especializado en infancias y adolescencias se manifestaron contra del desfinanciamiento de la salud pública, pidieron una recomposición salarial y mejora en las condiciones laborales, para frenar las renuncias masivas que actualmente están mermando el personal, altamente calificado, de la institución.

La movilización comenzó a las 11 en la entrada del Garrahan, en Parque Patricios, y contó con cientos de profesionales de la salud que coparon toda la cuadra. Las calles se tiñeron con los colores que distinguen a cada sector: remeras estampadas con el logo del Garrahan para los administrativos, ambos blancos, turquesas y azules para los médicos y rojos para el personal de limpieza. “Olé olé, olé olá, nuestro trabajo es esencial, salario igual a la canasta familiar”, pedían los trabajadores a coro.

Los manifestantes marcharon por el carril del Metrobús de la Avenida Brasil, aplaudiendo y alzando carteles que expresaban su solidaridad con otros centros de salud en riesgo de cierre como el Hospital Bonaparte, el Sommer y el Posadas. “La consigna de vaciar, cerrar y privatizar alcanza a todos los hospitales nacionales”, expresó la diputada nacional del Partido Obrero Vanina Biasi, presente en el frente de la movilización.

Durante el trayecto, se sumaron las bocinas de algunos vehículos mostrando su apoyo, que se mezclaron con bombos, cantos y frases pronunciándose en contra del actual ministro de Salud y del Presidente de la Nación: “Llamen a Lugones y a Milei, para que vean, que este equipo no cambia de idea, pelea y pelea por el hospital”,  “No al vaciamiento y el ajuste, si a la salud pública”, “La salud es del pueblo, no se vende, se defiende” fueron las consignas que más se repitieron en la jornada.

Durante la marcha, los participantes también mostraron su apoyo por la causa del fotoperiodista Pablo Grillo; compartieron una ronda de aplausos y exclamaron al unísono gritos de aliento para el reportero herido gravemente por la Gendarmería en la marcha de los jubilados el pasado 13 de marzo. Si bien el motivo principal que los encontraba en las calles era el vaciamiento del sector sanitario, su reclamo tenía un alcance aún más amplio y generalizado.

En diálogo con ANCCOM, Norma Lezana, secretaria general de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APT), explicó que hay una política de ajuste y destrucción del sistema público de salud, que a través de las autoridades del hospital el gobierno nacional está asfixiando los salarios de los profesionales, con intenciones de que renuncien. “Hay falta de mantenimiento en general; se ve como el hospital se deteriora. El ministro Lugones no tiene diálogo con las y los trabajadores y la doctora El Kik, máxima autoridad del hospital, no recibe a los representantes de profesionales y técnicos desde octubre del año pasado”, manifestó Lezana. Fue justamente en ese período en el cual se intensificó la lucha en defensa de la salud pública en general y del Garrahan en particular, llegando a realizar un total de diez paros generales en el transcurso del año pasado.

“Esto es un hospital, no es una empresa. Es imposible pretender gastar lo mismo que se ingresa cuando el presupuesto hace más de dos años que está congelado. Esto más que déficit cero tiene lógica cero y las consecuencias las vemos en compañeros que se van, infraestructura sin mantenimiento y falta de insumos”, expresó uno de los trabajadores del Garrahan tomando la palabra a través del micrófono. En cuanto a cuál es el principal problema que encuentran los trabajadores de la institución pediátrica en el contexto actual, tanto un empleado administrative que evitó identificarse, como Antonella Melgarejo, desde el sector de Hematología, coincidieron en que la sobrecarga a la que está expuesta el personal es uno de los principales agravantes. “La explotación es la consecuencia número uno de este desfinanciamiento. Hay un vaciamiento debido a las renuncias, y a la vez un aumento en la cantidad de pacientes”, afirmó el administrativo. Además, añadió que hay una demora en el suministro de medicamentos caros y esenciales en el tratamiento de los pacientes: “Antes demoraba días o a lo sumo semanas y ahora están tardando meses”.

En relación a la problemática salarial, Andrea Bernasconi, bioquímica, dijo: “Yo estaba con una becaria que estuvo un mes y se fue al siguiente, porque afuera ganaba mucho más de lo que gano yo con 30 años de antigüedad”. Su colega Nora Saraco resaltó que se estima un ingreso de un 50% menos de becarios que junto con los residentes son parte fundamental para el funcionamiento del Garrahan.

“No hay presupuesto, el gobierno viene manejándose con la prórroga de un presupuesto y ahora ni siquiera está en debate algún monto, y lo que las autoridades del hospital hacen es que, en vez de reclamar los fondos necesarios, se ajuste al hospital para que se adapte al presupuesto”, aseguró Alejandro Lipcovich, secretario general de la Junta Interna ATE Hospital Garrahan. Esto trae consecuencias como la escasez de insumos, perjudicando el tratamiento o demora este de algunos pacientes, la mencionada renuncia de profesionales, que además es muy difícil de reemplazar, ya que se trata de personal con muchos años de trayectoria y muy calificada en el hospital de más alta complejidad en lo que tiene que ver con pediatría. “Tampoco el gobierno tiene intención de reemplazarlos, no está ingresando gente nueva”, sentenció Lipcovich.

A su vez, los participantes comunicaron que la próxima marcha incluirá un paro general el día 10 de abril, organizado por la CGT y acompañado por acciones propias de los miembros del hospital en los días previos para aumentar la convocatoria. Si bien el plan de lucha de los funcionarios del centro médico tuvo como objetivo principal visibilizar las condiciones de precariedad laboral y deterioro del Garrahan, la participación se extendió a estudiantes, autoconvocados y miembros de la Junta General. La medida buscaba transmitir que si bien el ajuste afecta a los trabajadores de la institución, también impacta en la población en general, debido a que atenta contra el derecho de acceder a la salud.

Macri también barre a las trabajadoras

Macri también barre a las trabajadoras

Casi 400 barrenderas, la mayoría único sostén de familia, que realizaban la limpieza en diferentes barrios populares porteños, fueron desafectadas de su empleo. Pertenecían a la Cooperativa La Dignidad.

Trescientas ochenta trabajadoras del programa “Veredas limpias”, dependiente del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, fueron despedidas por el Gobierno de Jorge Macri. Todas ellas pertenecen a la Cooperativa La Dignidad, del Movimiento Popular La Dignidad (MPLD), que mantenía un convenio, desde hacía años, con el Ejecutivo porteño.

El pasado viernes 28 de febrero, el MPLD convocó a una sentada en el Obelisco para reclamar la renovación del convenio discontinuado y la reincorporación de las trabajadoras, que se dedican al barrido y limpieza de los barrios populares de la ciudad, donde se encargan de la recolección que los camiones de residuos no realizan.

Para estas personas, se trataba de su principal fuente laboral, cuatro horas por día, de lunes a viernes, por la que percibían menos de 150 mil pesos por mes. En diálogo con ANCCOM, la referente del MPLD Laura Bitto explicó: “El 31 de diciembre vencieron los convenios de trabajo de las 380 trabajadoras despedidas, en su gran mayoría mujeres, quienes durante enero y febrero siguieron de todas formas realizando su trabajo con la fe puesta en que iban a recibir el pago por las tareas desempeñadas, hecho que no sucedió, y todo esto en la ciudad con el mayor presupuesto del país”.

Tan grave como dejar a casi 400 mujeres sin trabajo, es el tema de la persecución política al MPLD, agregó Bitto. La organización desarrolla sus actividades desde fines de la década del 90, cuando comenzó a trabajar con las familias que vivían en casas tomadas del barrio de Villa Crespo, antes de que se activaran los desalojos, para luego seguir luchando por los derechos de los trabajadores de ámbitos diversos.

Durante la sentada en el Obelisco, el Cuerpo de Infantería de la Policía de la Ciudad reprimió a las trabajadoras, con el argumento de que el “protocolo antipiquetes” les impedía estar allí, ni sentadas ni paradas. Bitto señaló que la policía demoró a tres referentes del MPLD, Rafael Klejzer, Liliana López y a ella misma, labrándoles un acta contravencional, para después de dos horas dejarlos ir, en lo que consideraron una clara señal de persecución política.

En el Obelisco también se hicieron presentes referentes de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), que rápidamente difundieron las detenciones de los militantes del MPLD, que más tarde no fueron convalidadas por la fiscalía actuante. Ante la falta de respuestas por parte del Gobierno de Jorge Macri, las trabajadoras del MPLD evalúan nuevas movilizaciones para los próximos días.

ATE contra el ajuste

ATE contra el ajuste

Este jueves 27 militantes de ATE Capital se reunieron en el Obelisco y marcharon hacia el Ministerio de Desregulación en protesta por los contratos que están por vencerse, reclamando aumento salarial y repudiando la represión estatal.

El jueves 27 de febrero, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) marchó por el centro de la Ciudad de Buenos Aires para reclamar por la situación de los despidos y el ajuste salarial. Este viernes se vencen cerca de 3.000 contratos y se espera que, para fines de marzo, la cifra supere los 50.000. El otro foco de la protesta fue en contra de la represión y el desguace del Estado.

Cerca de las 13 horas, el Obelisco se tiñó de verde y los colores de las remeras, banderas y pecheras de ATE que poblaron varias cuadras. Una vez puesto a disposición el escenario al que subieron varios dirigentes de ATE, desde el primer minuto la consigna fue reclamar pacíficamente. En el panel principal estuvieron presentes el diputado Hugo Yasky, el Secretario General, Daniel Catalano; Ingrid Manfred, delegada general en el exministerio de Desarrollo Social; Adolfo Dardik de la SENNAF;  Jorge Godoy , Secretario de educación especial de UTE-CTERA Más tarde se dirigieron al Ministerio de Desregulación.

El pasado 20 de febrero, las fuerzas de seguridad reprimieron a representantes y trabajadores que se manifestaban frente al Ministerio de Capital Humano. El clima, pese al panorama gris por la situación actual de los trabajadores estatales, los despidos, se terminó por teñir de esperanza por una mejora, aplausos, lágrimas y gritos para resistir y no darse por vencidos, el espíritu de lucha permanece intacto.

Tras ser consultado sobre la situación actual de los trabajadores estatales, el secretario general de ATE Capital, Daniel Catalano aseguró: “Los municipales son los más afectados porque están con los salarios más bajos históricamente. El Estado nacional está perdiendo un 40% de masa salarial y 37.000 puestos de trabajo, es una agonía, una situación muy compleja, por eso tantas movilizaciones para garantizar que nuestros compañeros puedan volver a trabajar”.

“El gobierno sigue avanzando en reprimirnos cuando queremos protestar, en despedirnos cuando levantamos la cabeza, en bajarnos los salarios cuando estamos protestando. Vamos a ser parte de la gran pueblada, hay que organizarse y avanzar, resistir”, añadió Catalano sobre la importancia de salir a las calles, en no dejarse amedrentar por las políticas represivas y en luchar a favor de los derechos constitucionales de trabajo, vivienda, educación, que para él, están siendo vulnerados sistemáticamente. “Ellos están delineando un país en donde el Estado no tiene ninguna función más que poder garantizarles seguir siendo ricos. Hay que cambiar ese paradigma”, concluyó.

“La situación es muy mala, están despidiendo a muchos compañeros y no es justo, porque esa gente es necesaria para esos puestos. El gobierno se equivoca, no es el momento para estos cambios, pero bueno, es lo que votó la mayoría”, comentó Juan Francisco Vaz de Borja, empleado municipal ATE General Rodríguez.

Norberto Señor, secretario adjunto de ATE GBA Sur, señaló: “Se está sufriendo una política para derrotar a la clase trabajadora, destruir sus organizaciones, poner el salario en lo más bajo y en despojarnos hasta del derecho a protestar, atacando los derechos más básicos como vivienda, salud, educación”.

Una opinión popular también fue la sorpresa de que la Confederación General del Trabajo (CGT) no haya  tomado medidas más severas contra el gobierno. “Esperábamos más apoyo por parte de ellos”, aseguró Vaz de Borja: “La próxima movilización debería ser en la sede de la CGT”. Los reclamos se extendieron hasta la oposición, acusándolos de cierta pasividad ante la situación y hasta de ser cómplices.

¿El trabajo dignifica?

¿El trabajo dignifica?

Un grupo de jóvenes cuentan cómo consiguieron su primer empleo, en qué consiste y con qué sueñan en el ámbito laboral. Botones de muestra de una generación con pocas ilusiones.

Para muchos, el paso de la adolescencia a la adultez está marcado por el ingreso al mundo laboral. En muchos casos implica un contraste entre lo que se desea hacer y lo que realmente se puede hacer, brecha profundizada por la falta de experiencia y la situación económica crítica generalizada. ¿Qué encuentran los jóvenes cuando ingresan al mundo laboral? ¿Qué querrían encontrar? Para explorar esta cuestión, ANCCOM salió a la calle a entrevistar a jóvenes de entre 18 y 23 años: ¿De qué trabajan? ¿Cuál fue su primer empleo? ¿Cuál sería su trabajo ideal? ¿A qué aspiran?

Sandra, vendedora en un local de ropa (18 años)

Es inmigrante de Perú y trabaja con su tía, atendiendo un puesto de ropa en una galería en la calle Lavalle, en pleno microcentro porteño. En diálogo con ANCCOM, Sandra contó que, aunque tuvo sus dudas, quiere empezar a estudiar Administración de Empresas Internacionales. “Me gustaría terminar de estudiar para apoyar a mis hermanos y a mis padres”, agregó. Su trabajó ideal sería administrar alguna empresa “acá o en otro lado”, contó la jovén.

Nehuen, empleado de Burger King (19 años)

Trabaja en Burger King desde hace dos años mientras cursa el CBC para la carrera de Contador Público. Cuando empezamos a charlar con él, estaba en el puesto de helados, pero lo reclamaron desde el fondo del local para limpiar unas mesas. Nos invitó a que lo acompañemos mientras continuábamos la conversación. “Observé todas las posibilidades respecto a horarios y entre las opciones de cadenas rápidas, que son las que generalmente tienen inserción laboral para jóvenes que no completaron estudios”, explicó.

Al otro día, tenía una entrevista laboral en otro restaurante. Gracias a su próximo trabajo espera irse a vivir solo con su pareja, aunque admite que es algo difícil de encontrar en este momento, así como conseguir trabajo en blanco. Prioriza las condiciones laborales y confiesa que no le importa tanto la cantidad de horas: “Busco que tenga compatibilidad con el estudio, porque a la mayoría no le gusta que estudiemos. Generalmente te lo imposibilitan”.

Lautaro, Rappi (20 años)

Lautaro habla en la pista de skate de Plaza Houssay, justo después de terminar su jornada laboral. Es fácil reconocerlo a la distancia por su característica mochila roja de Rappi. Comenzó a trabajar allí a principios de año y lo hace por las tarde, ya que por la mañana trabaja para una cooperativa del gobierno cartoneando. “Al principio no me llegaba nada, hubo días en que me conectaba y no me caía ningún pedido. Es un algoritmo como cualquier aplicación: si aceptas los pedidos que te llegan y tenés buenas opiniones de los clientes, empiezan a llegarte más”, explica. Lautaro destaca la flexibilidad de este trabajo, ya que puede conectarse y desconectarse cuando quiere. Al tener otro trabajo a la mañana, le queda la tarde para Rappi. Al pensar en un trabajo ideal, sueña con emprender un negocio de ropa combinado con la música que produce. También plantea la opción de ahorrar y comprar una moto para poder hacer más pedidos con Rappi, ya que reconoce que de esa forma se gana mucho más.

Malena, sirve de café a la salida de Facultad de Medicina (23 años)

 “Estudio Recursos Humanos en la Universidad de Quilmes”, aclara. Comenzó a trabajar a los 16 años. Este es su tercer empleo, el primero fue ayudando a su tía, que es técnica de laboratorio y la ayudaba a rotular las muestras. Después trabajó en una peluquería por tres años. En su trabajo actual está desde hace dos meses y valora ante todo las condiciones laborales. Al preguntarle si a su alrededor tiene a alguien con un buen trabajo, menciona a su hermana, que es pastelera, y a una amiga que es odontóloga. Rescata esos casos que hacen lo que les gusta: “Eso es lo que yo proyecto, la realización en el trabajo, hacer algo que me haga feliz”.

 

 

Fernando, trabaja en una cadena de empanadas (20 años)

Este es su segundo trabajo: comenzó como mesero en un restaurante, donde trabajó durante tres años hasta que recortaron personal y decidió cambiarse a su puesto actual. Destaca el buen ambiente laboral y sus compañeros. A la hora de buscar un trabajo, valora tanto las tareas a realizar como los ingresos. Su trabajo ideal sería administrar alguna empresa grande. Tiene planeado comenzar a estudiar la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires.

Lucia, vendedora en un local de ropa (20 años)

Es una de las muchas empleadas jóvenes del local. Acepta respondernos unas preguntas, aunque sus respuestas son breves y algo tímidas. Este es su primer empleo, el cual consiguió gracias a su hermana mayor, que ya trabaja allí. A la hora de buscar un sustento piensa en que tenga un buen ambiente laboral. Si tuviera que imaginar su trabajo ideal, lo piensa en una oficina, aunque no tiene claro qué rol desempeñaría aún.

Omar, estudiante de Hemoterapia (22 años).

“Yo  soy estudiante de Hemoterapia y estoy por arrancar Odontología así que me gustaría trabajar en el área de la salud”, asegura Omar. También nos cuenta que, a la hora de buscar trabajo, su prioridad es encontrar un equilibrio entre un buen salario para llegar bien a fin de mes, y un horario flexible sin tanta cantidad de horas.

 

Nahuel, estudiante de Kinesiología (21 años).

Oriundo de Mar del Plata, su primer trabajo fue como promotor de ventas en una editorial de libros. “Sigo trabajando de eso, pero más que nada en vacaciones o feriados”, admitió. Como estudiante de Kinesiología, su objetivo es recibirse en los próximos dos años y después ver qué otros trabajos consigue. Su trabajo ideal, por supuesto, es en el área de salud.

 

Facundo, estudiante de Ingeniería Industrial (22 años)

También de Mar del Plata. Trabajó los últimos dos veranos de cajero y mesero en un local de comida con la expectativa de “hacer algo en el verano y sacar un poco de plata”. Le gustaría seguir los pasos de su primo, que se recibió de ingeniero industrial y trabaja para una empresa de software en París. “Me divierte lo que hace”, admite.

 

De monotributistas a «contractors»

De monotributistas a «contractors»

Cada vez más jóvenes incursionan en ser contratistas de empresas del extranjero y aumentan las historias de compañías que, con la promesa de ofrecer un sueldo competitivo, pueden dejar de lado los derechos laborales, tales como una obra social, días spor enfermedad, preaviso de despido y aportes jubilatorios.

“Es realmente un horror”, dice un joven contractor que trabaja para una empresa del exterior, que le abona el salario en una moneda extranjera a través de plataformas de pago fuera del sistema formal de liquidación salarial, como lo son PayPal, Binance o Square.

Los contratistas, a los que da en llamarse contractors, son aquellos profesionales independientes que prestan servicios a una empresa determinada. Esta forma de contratación se extendió a lo largo de Argentina, principalmente entre los jóvenes, y está marcada por una serie de desafíos, ventajas y desventajas.

“Mi contrato tiene un millón de cláusulas que dicen que la relación no es de exclusividad, pero que si no cumplís con el horario estás afuera, y si llegara a haber algún tipo de situación judicial, vos te encargás de cubrir los gastos”, relata con pesadez Dante (un nombre ficticio para preservar su identidad ante el riesgo de perder el trabajo). Dentro del mismo contrato se aclara la figura del contractor y se diferencia de un trabajador que hace aportes de jubilación y cuenta con indemnización por despido. A la vez, se dispone la protección de información confidencial durante y después del contrato.

Andrea Fernández, abogada laboral, explica que la inseguridad jurídica es uno de los principales desafíos que afrontan los contratistas en Argentina: “Hay falta de claridad en cuanto a sus derechos y muchas veces las empresas intentan clasificar erróneamente a los trabajadores como contractors para evitar el cumplimiento de las obligaciones laborales”. De la mano de la falta de claridad y legislación para estos trabajadores, está también la incapacidad de estudiarlos desde las estadísticas. Según afirmó la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, “las crecientes nuevas modalidades de transacción (como criptomonedas o servicios de pago electrónico) se prestan a la falta de registro formal y conducen a la subestimación de los indicadores”.

El sueldo, que se paga en dólares, también se devalúa con la baja del dólar. Dante detalla: “Este mes estoy cobrando menos que hace dos meses en la conversión a pesos, las cosas están más caras y esto me pasa mes a mes”. Este tipo de contratación, plantea, tiene el beneficio de ser parte de una red de trabajo en la que la remuneración es un poco más alta que la media que se ofrece en el mercado laboral nacional, “pero con una incertidumbre total”.

Según el Informe Anual de Servicios 2023 de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, Argentina es el segundo mayor exportador de servicios basados en el conocimiento dentro del Mercosur. El principal rubro de exportación incluye servicios contables, empresariales, de investigación, traducción y editoriales, entre otros. En segundo lugar, se destacan los servicios de telecomunicaciones, informática e información.

“Conozco contractors a los que les descuentan los días por enfermedad”, asevera una joven que trabaja en el sector de QA (Quality Assurance, analista de calidad), cuya identidad también es resguardada. Compara que, al ser contratista y no una empleada en relación de dependencia como lo ha sido anteriormente, carece ahora de obra social, de aumentos de sueldo por performance o por la situación del país y, por supuesto, de aguinaldo. Además, agrega que cobrar en plataformas digitales le representa un peligro: “Está ocurriendo mucho más que hackean cuentas de criptomonedas, por lo que está en riesgo mi sueldo”.

Este tipo de contratación tiene una serie de aspectos atractivos para los jóvenes, ya que prometen flexibilidad y un sueldo competitivo. “Lo bueno de trabajar como contractor es que puedo hacer el rango de horario que yo quiera mientras cumpla con mis tareas y las ocho horas de trabajo”, sostiene la contratista anónima que trabaja desde hace un año en este régimen. Su contraparte, continúa, es que para declarar algo de su sueldo, es necesario inscribirse como monotributista y hacer toda una “tramoya” con un contador y facturar o ir a una cueva a sacar la plata en efectivo.

Sobre las alternativas para retirar el sueldo, otra contractor, Sofía, ejemplifica: “Hay una cueva a la que le transfería en USDT (una moneda digital que representa el valor de monedas tradicionales) y el dueño se quedaba con el cinco por ciento y me traía la plata a mi casa, ya sea en pesos o en dólares”. Sin embargo, comenta que, en caso de facturar, hay una serie de desventajas que vienen de la mano de ser monotributista, como no acceder a tarjetas de crédito, no conocer en profundidad los procesos fiscales y si se llevan a cabo correctamente, lo cual conlleva un miedo a que la AFIP, ahora llamada ARCA, la persiga por errores de facturación e inconsistencia de ingresos.

Sofía asegura que una desventaja de su trabajo como contratista en una empresa chica o PYME es que depende de lo que los dueños tengan ganas de hacer. “Siempre hay quilombo, hay que salvar las papas y es mucho estrés. Hubo un mes que fue muy malo mentalmente para mí. Lloraba, me ponía mal y tenía mucha ansiedad”. Se sincera y cuenta: “En un momento sí estaba contenta en la compañía, pero ahora estoy cómoda y estresada, es muy extraño”. Coincide en que una de las ventajas es la flexibilidad y la libertad que tiene, ya que puede programar su hora de almuerzo en cualquier horario y trabajar desde casa.

Una de las mayores desprotecciones de esta forma de contratación es la falta de indemnización por despido y la inexistencia del preaviso. “Al 99% de las personas que echaron, lo hicieron de un momento a otro –relata Sofía–. Supuestamente prometen que vas a tener un preaviso en el que te instan a mejorar el trabajo, y que si no lo hacés, te echan. Pero no siempre es real”. Sobre esto, la abogada laboralista Fernández sostiene que “los contractors suelen estar en una posición más débil a la hora de negociar su relación contractual y muchas veces no tienen mecanismos adecuados para reclamar ante un despido sin causa o un incumplimiento del contrato”.

Por su parte, un contractor anónimo que trabaja en IT (information technology, tecnologías de la información) afirma: “Las ventajas son la experiencia, el crecimiento profesional y la forma de trabajo del exterior. Es un empleo que me da un montón de herramientas y habilidades”. En su caso, trabaja para una empresa de Estados Unidos que cuenta con contratistas en el exterior y personas contratadas a tiempo completo. Cuando fue consultado si su salario es igual al de sus compañeros estadounidenses, precisa: “A través de plataformas observé las ofertas de trabajo en el mismo puesto que yo, en mi misma empresa, y puedo decir que ganan más del doble que yo”. Según el informe de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, Estados Unidos es el principal país al que Argentina prestó servicios basados en el conocimiento en 2022, seguido por Brasil y el Reino Unido.

“Este es mi primer trabajo y entré como junior. Me está sirviendo mucho, aunque sé que no quiero seguir así toda mi vida”, comenta y resalta que, si bien la modalidad de contractor tiene sus desventajas, el salario, que es de 600 dólares, y la experiencia adquirida compensan en parte las limitaciones del régimen.

La abogada Fernández asegura que, frente al escenario creciente de contratistas, “sería fundamental que la legislación argentina considere un marco de protección más amplio” y que, por ejemplo, la regulación sobre la clasificación del trabajo permita distinguir entre lo que es un trabajador autónomo, un contractor y uno en relación de dependencia “ya que de esta manera podrían evitarse las malas prácticas por parte de las empresas que intentan evadir sus responsabilidades laborales”.  Además, sugiere que la legislación debería incluir un mayor control sobre las empresas que contratan bajo el régimen de monotributo, para prevenir el abuso de esta modalidad como una forma de eludir la contratación formal y el pago de beneficios laborales.

El tipo de contratación del contractor cuenta con una serie de complejidades de un sistema de trabajo que, aunque ofrece oportunidades, expone a los jóvenes a la precariedad laboral, a la falta de derechos y la incertidumbre económica. Esto se combina con la inexistencia de una regulación vigente en Argentina para resguardar los derechos de estos trabajadores.

Con la asunción de Milei como presidente en diciembre de 2023, la publicación de ofertas laborales en redes sociales de empleo mermó. “Pasaron cosas en Argentina que hicieron que el mercado laboral se ponga muy picante”, cuenta Dante, el primer contratista entrevistado. Consultado sobre por qué eligió esta modalidad de trabajo aún conociendo sus desventajas, expresa: “No encontré algo mejor y en el momento sentía que estaba ganando más plata”.

El temor por la obra social y la jubilación

“Los contractors son considerados trabajadores autónomos o independientes y tienen la obligación de inscribirse como monotributistas y abonar sus propios aportes a la seguridad social”, detalla la abogada laboral Fernández. Dante, uno de los contratistas entrevistados, asegura que se hizo el monotributo principalmente para acceder a los aportes: “Tranquilamente pude haberlo hecho por izquierda y zafado de inscribirme y ahorrarme toda la plata que sale”, sostiene, lo que evidencia que parte de los contratistas deciden no regularizar sus ingresos.

Frente a este desafío, Fernández manifesta que es importante crear un sistema que les permita a los contractors tener acceso a una cobertura mínima de seguridad social, sin que ello implique una carga impositiva excesiva.

“A mí en particular siempre me importó el tema de la jubilación, hoy no es que me preocupa, pero me planteo qué otra opción tengo –afirma Dante–. Me pregunto cuál es la alternativa para mi retiro, y la verdad es que los privados no son una opción, y el monotributo es paupérrimo y yo trabajo un montón”. Según la AFIP, ahora llamado ARCA, todos los monotributistas se jubilan con la mínima, que en noviembre de 2024 era de $252.799 pesos argentinos. “En ningún momento la mínima fue digna”, subraya el contractor, y señala que los problemas con la jubilación son parte de la incertidumbre de tomar este tipo de trabajo.

“Esto es un ataque a la salud pública”

“Esto es un ataque a la salud pública”

Trabajadores, pacientes, familias y referentes de diversas organizaciones participaron de un abrazo al Hospital Nacional “Laura Bonaparte”. Los manifestantes pidieron “paro general” y el personal en lucha anunció que permanecerán en el edificio.

A las cinco de la tarde de un 20 de enero, mientras la Ciudad de Buenos Aires se hundía en el letargo de las vacaciones, el Bonaparte se convirtió en el corazón de una lucha. Sobre sus rejas, 200 carteles colgaban con nombres propios: cada uno marcaba la ausencia impuesta por los despidos masivos que afectaron a terapistas, psicólogos, médicos, personal administrativo y decenas de profesionales del único hospital nacional especializado en salud mental. «Vaciar es cerrar» se leía por todas partes: en pancartas, muros y en las voces que defendían su continuidad.

Frente a la entrada, una multitud comenzó a formar un abrazo simbólico. Los bombos marcaban el ritmo de una protesta. Un mosaico de banderas y pancartas de diferentes colores —rojas, verdes, celestes y amarillas— ondeaba al compás de los cánticos: “El Bona no se cierra, no se cierra, el Bona no se cierra”.

Los 200 profesionales despedidos subieron juntos a un escenario improvisado. Dos de ellas, Sofía y Julieta, tomaron el micrófono para hablar en nombre de todos: “Estamos dejando a cientos de personas sin atención, a familias sin respuestas, en un momento en el que la salud mental debería ser prioridad”, denunciaron. Hablaron de guardias saturadas, internaciones suspendidas y tratamientos interrumpidos. “Este hospital no puede funcionar con la mitad de su personal. Si seguimos así, los pacientes más vulnerables quedarán completamente desprotegidos”, advirtieron.

El vaciamiento no es nuevo. Desde octubre, las primeras desvinculaciones ya habían dado señales de la intención de cerrar el centro. Los despidos masivos de enero ahora representan una reducción del 50% del personal. “Nos están llevando al colapso”, sentenció Sofía.

Entre la multitud, Gastón, trabajador social y empleado en otra institución de salud pública, compartió con ANCCOM su preocupación: “La salud mental no puede ser un lujo: es un derecho humano universal. El vaciamiento de instituciones como esta golpea directamente a los más vulnerables”.

Los testimonios seguían desde el escenario: “Nos hicieron rendir un examen que aprobamos, y aun así nos desvincularon. Ahora, los compañeros que quedaron no tienen garantías de continuidad, y el hospital pierde la mitad de su equipo. Esto no es solo un ataque al Bonaparte, es un ataque a la salud pública”.

Teresa, madre de una paciente, contó a ANCCOM: “Este lugar no es solo un hospital, es un espacio de contención. Cuando mi hija tuvo una crisis, este fue el único lugar donde encontramos ayuda. ¿Qué hacemos si lo cierran? ¿A dónde vamos?”.

Cuando el sol empezó a esconderse, el abrazo al Bonaparte se materializó por completo. Personas de todas las edades y sectores rodearon el hospital en un gesto de unidad y resistencia. “El Bona no se cierra”, seguía siendo el grito que unía a todos.

Desde el micrófono, se hizo un llamado a la unidad con otros sectores en lucha. “La salida es colectiva, debemos unirnos todos los sectores que estamos siendo vaciados”. En la protesta sonó con fuerza el llamado al “paro general”.

Nicolás, trabajador de la salud en el hospital Tobar García, resumió el sentimiento colectivo: “Estamos en un momento terrible, de mucha ansiedad, estrés y depresión. Esto no puede estar pasando cuando llegan consultas con tantos problemas y la tasa de suicidios es tan alta. Es ahora cuando más necesitamos que la salud mental sea una prioridad”, concluyó. Los trabajadores anunciaron que la permanencia en el hospital continuará. “El Bona no se cierra”, cantaron una vez más antes de dispersarse.