En San Telmo arde la memoria
La tradicional marcha de antorchas por el barrio en la previa del aniversario del golpe reunió a una multitud, al ritmo de la batucada y con la emoción a flor de piel.
A 50 años del golpe, la tradicional marcha de las antorchas de San Telmo se juntó con la de Monserrat, uniendo en su recorrido los excentros clandestinos de detención Virrey Cevallos y Club Atlético. Vecinos, familiares de víctimas del terrorismo de Estado, organismos de derechos humanos, integrantes de centros culturales y organizaciones sociales, todos con carteles, pancartas, banderas, fotos de desaparecidos y siluetas colgadas de sus cuellos, con sus nombres, participaron de la movilización el pasado sábado 21 de marzo.
“Nunca imaginé lo que había pasado aquí en esta casa de mi barrio, me parece un horror”, declaró María Teresa Rivera (85), refiriéndose al excentro clandestino Virrey Cevallos, que dependía de la Fuerza Aérea y hoy es un espacio de memoria. “Me crié acá, en San Telmo, Monserrat, siempre viví aquí, en esta calle y nunca imaginé todo lo que estaba pasando dentro de esa casa que para mí era como cualquier otra. Hace unos años, mí nieto me dice: ‘¡Abuela! ¿Sabés que esa casa era un centro clandestino?’. Yo me quedé en silencio. No lo sabía. ¿Cómo puede ser que hayan hecho esas cosas en mi barrio y nadie sabía nada?”, agrega María Teresa, que se sumó a la marcha.
Al ritmo de la murga “Los Rotosos de Monserrat”, cientos de manifestantes recorrieron las calles, y a su paso se les fueron sumando más personas. “La memoria debe ser una brújula que oriente las luchas de los pueblos, más en estos momentos, que se están reactualizando las prácticas fascistas que se vivieron en la dictadura”, afirmó “Juani” Oteca, integrante del colectivo colombiano, quien participó con su megáfono de la marcha, que se realiza hace 20 años.
El itinerario, por la calle México, incluyó una parada en las baldosas por la memoria de 13 desaparecidos, en la esquina de San José, la siguiente detención fue en el Estacionamiento “El Abuelo”, en Chacabuco 639, donde el 4 de julio de 1976 se encontraron ocho cuerpos de militantes secuestrados y asesinados, y así en diferentes puntos.
También estuvo presente el reclamo por los trabajadores perseguidos y despedidos de los espacios de memoria, por el abandono de las políticas públicas de memoria y el incumplimiento de la ley que los resguarda. “Los espacios de memoria tienen como objetivo configurar el sentido de nuestra historia, de nuestra identidad, conectar habitar, generar reflexión en la sociedad, son espacios de encuentro para la gente, nos pertenecen a todos”, dijo Florencia Crino, bailarina e integrante del Centro Ronda Cultural, una asociación civil que lucha por el acceso y la democratización de la cultura.
El cierre de la marcha, con la emoción a flor de piel, una multitud reunida, familias enteras con sus niños, las calles de San Telmo encendidas por la memoria de los 30 mil desaparecidos.






















