“Mi objetivo es vivir muchos años de las redes”

“Mi objetivo es vivir muchos años de las redes”

La crítica de libros, otrora reservada a la sección cultural de los diarios, hoy crece en Instagram, YouTube y TikTok de la mano de los bookfluencers. ANCCOM entrevistó a Agustina Gómez Orfila, una joven creadora de contenido para conocer de cerca su trabajo.

Con ganchos persuasivos y concisas reseñas, la escritora y bookfluencer Agustina Gómez Orfila – o Agus Grimm Pitch, como se presenta en su perfil– ha  logrado sumar unos 215 mil seguidores en TikTok y más de 60 mil en Instagram.

Sus videos, con recomendaciones literarias, tienen el objetivo de incentivar el hábito de la lectura. A sus 22 años y con cuatro detrás de trayectoria en el ámbito editorial, confiesa haber encontrado en las redes un trabajo al cual piensa dedicarse por un largo tiempo.

En diálogo con ANCCOM, la autora de la novela juvenil La teoría de Joa, publicada en 2023 por Penguin Random House, reflexiona acerca del contacto con las editoriales, la diferencia entre la colaboración paga y el canje de libros, y explica por qué no busca en la escritura una ocupación de tiempo completo.  

¿Cómo surgió la idea de subir reseñas a las redes?

Durante años fui solo consumidora. En 2016 empecé a seguir en YouTube a personas que realizaban contenidos relacionados con la lectura y cuando hacían encuentros en la Feria del Libro los iba a ver. Es más, tengo el vivo recuerdo de mirar al escenario y decir: “Yo quiero hacer eso, quiero ser como ellos”. Durante un tiempo tuve mi propio canal en YouTube, donde empecé a grabar videos que, si bien no los veía mucha gente, a mí me hacían muy feliz. Me divertía hablarle a la cámara y aprender aspectos de edición. A fines de 2020, en plena pandemia, descubrí que había creadores de contenido en TikTok que hablaban específicamente de libros, entonces probé hacer un video y le fue más o menos bien. Después hice otro con un audio que estaba en tendencia y le fue excelente. Soy muy creyente de las señales y de que el universo te habla, así que lo consideré como una señal de que tenía que seguir haciéndolos y me lo empecé a tomar en serio.

¿Te identificas como bookfluencer?

Me gusta bookfluencer porque es la categoría general que engloba a todas las plataformas en las que estoy, no como booktoker o bookstagramer, que quedan más acotadas. Sí, es una categoría que me define. Porque hablo en su mayoría de libros por elección, aunque a veces también hablo de otras cosas.

¿Cómo es el contacto con las editoriales?

Te pueden escribir ellas o ser una la que encara. En mi caso, en el primer contacto con Planeta me escribió su equipo, por mensaje privado, para promocionar un libro en particular. Yo recién estaba arrancando, hacía menos de tres meses que creaba reseñas. A partir de ahí quedé como colaboradora y me mandan libros todos los meses. Con otras editoriales fue algo parecido, se me fueron acercando para invitarme a eventos o enviarme novedades. En general, si ven que sos una persona confiable, que trabaja bien y que tiene alcance, te tienen en consideración. Por otro lado, hay contactos que fui generando por mi cuenta, porque está bueno ser un poco mandada y mostrar el contenido que una hace. Si se logra seguir dentro de la movida, las oportunidades salen, ya sea porque se acercan o porque una sale a buscarlas.

¿Qué oportunidades aparecieron?

Obviamente, en lo que se refiere a libros, hago mucho canje, pero desde 2022 me empezaron a salir oportunidades laborales más formales relacionadas con las redes, como las colaboraciones pagas con editoriales o incluso trabajar en el equipo de la Feria del Libro creando contenido para las suyas. Son puertas que se me abrieron a partir de mostrar lo que hacía y de usar las plataformas como un currículum. Hoy me dedico a tope a las redes y eso me ayuda a cubrir mis gastos y también ahorrar.

¿Cómo se define el monto a cobrar en las colaboraciones pagas?

Hay editoriales que te escriben con un presupuesto, cuyo monto varía según la cantidad de seguidores que tenga el bookfluencer, ya que no es lo mismo tener 10 mil que 100 mil. Hay otras que no suelen pagar la reseña, sino que ofrecen hacer un canje de libros. En mi caso, como estoy trabajando dentro de Penguin Random House haciendo videos para su cuenta de TikTok y promocionando sus libros, sí recibo un monto fijo. A mí me resulta que las reseñas sean pagas, porque no solo es una parte importante del sueldo, sino también porque me abre contactos a nivel laboral. Al igual que los autores independientes que ven ese trabajo y me contactan para dar a conocer sus novedades o se recomiendan entre ellos mi perfil.

¿Te solicitan las métricas de las reseñas para saber su rendimiento?

En mi caso, tengo todas las métricas públicas, entonces cualquier persona puede entrar a mi perfil y ver cuantos ‘me gusta’ tienen mis publicaciones. Pero depende la empresa. Hay una librería con la que estoy colaborando ahora que sí me piden las métricas todos los meses. Otras sólo te piden algunas, como el alcance, para medir a cuantas personas llegó. Otras ni se fijan.

¿Te dan plena libertad para reseñar?

Sí, plena libertad. Nunca tuve ningún problema ni con editoriales ni con autores porque confían mucho en mi criterio y las recomendaciones acerca de las ideas que sé que pueden funcionar. En general no ponen ninguna restricción porque conocen al bookfluencer y el contrato de lectura que tiene con su audiencia. Tampoco pasa nada si no le gusta un libro, nunca lo van a criticar por hacer una reseña negativa, salvo que falte el respeto o tenga algún otro tipo de polémica. Nunca tratan de pasar por encima de su criterio.

¿Qué tenés en cuenta al hacer una reseña?

Soy muy subjetiva a la hora de evaluar los libros, así que depende de cuánto me haya llegado a mí. Además, tengo el gusto entrenado, entonces sé qué es lo que me puede gustar y lo que no. Una se va conociendo a sí misma como lectora. Hay géneros o temáticas con las que de antemano sé que no me voy a meter. No hago reseñas muy largas, salvo que sea un libro muy específico. Por ejemplo, hace poco hice una de El archivo de las tormentas de Brandon Sanderson y fue un video de cuatro minutos para TikTok, pero no es lo habitual. Trato de arrancar con una buena “frase gancho”, contando la sinopsis del libro y dejando comentarios sobre lo que me gustó y las cosas que tiene para mejorar. Igualmente, depende de cada libro, porque con cada lectura la experiencia es distinta.

También sos escritora, ¿cómo te llegó la propuesta para editar tu novela?

Ya tenía la historia en la cabeza, pero no la había terminado de escribir. Cuando vi que muchos chicos y chicas de mi edad estaban publicando sus novelas y que las editoriales tenían esa ventana abierta, me animé a terminarla. Fue mi proyecto principal del 2022, no sólo meterle de lleno para terminarlo sino también empezar a mostrar en las redes que lo estaba escribiendo. Básicamente, quería que lo viera todo el mundo. Para esa época ya colaboraba con un montón de editoriales, entonces quería llamar su atención y mostrarles que la gente que me seguía también se entusiasmaba con el proyecto, cosa de que si se publicaba les aseguraba que iba a tener lectores. Luego de un par de meses, y con la Feria del Libro de 2022 de por medio, me llegó un mail de Penguin Random House diciéndome que querían evaluar el proyecto. Fue un proceso bastante largo, recién en agosto o septiembre de ese año firmé el contrato.

¿Cómo fue recibir el primer ejemplar físico?

Me costó mucho caer. Lo pude presentar en la Feria de Libro del año pasado con una firma de ejemplares que fue increíble, pero que la viví con mucha ansiedad y presión. Tal vez porque dejé que opinara mucha gente externa a mi proceso. Al principio, no llegaba a dimensionar todo lo que me estaba pasando, porque estaba enfocada en lo que iban a pensar los demás. Recién unos meses después pude caer y reflexionar sobre lo increíble que fue publicarlo. Y sobre todo por el cariño con el que lo recibieron los lectores. Desde que se acerquen con el libro todo marcado, que me cuenten las sensaciones que les provocó la lectura o hasta que me regalen un dibujo de alguno de los personajes. Fue recién ahí que empecé a tomar dimensión y a disfrutarlo.

¿Qué planes tenés?

Me gustaría seguir trabajando y haciendo plata con las redes. Mi objetivo es vivir muchos años de las redes sociales. También tengo ganas de lanzar algún emprendimiento relacionado con mi marca personal, porque me encanta trabajar de manera independiente y manejar mis tiempos y prioridades. Obviamente, también tiene un lado malo, que es la estabilidad, porque no todos los meses recibo la misma cantidad de plata, sino que fluctúa según la época del año. Las semanas que dura la Feria sé que es donde me van a llegar un montón de propuestas y que después, el resto del año, va a ser más tranquilo.

¿Y respecto a la escritura?

Tengo otro proyecto en el tintero que todavía no lo presenté en ningún lado ni sé cuándo va a salir. Quizás lo autopublique o quizás otra editorial me ofrezca algo, no lo sé. Por ahora es mío. Con la escritura no me quiero presionar para no automatizarlo, porque si bien me apasiona y me encantaría seguir creciendo como escritora, entiendo que no tengo ningún apuro porque los libros no se van a ir a ninguna parte. Ya cumplí todas mis expectativas con la publicación de mi primer libro: una historia, un sello, un recibimiento y una firma increíble. Voy a seguir escribiendo, pero si tiene un rédito económico que pueda complementar con mi trabajo en las redes. Es decir, no dejaría de hacer todo lo otro para dedicarme a eso. La escritura es mi espacio seguro, no quiero que se vuelva un proceso automatizado.

 

Teatro para no olvidar

Teatro para no olvidar

Se inició un nuevo ciclo de Teatro por la Identidad, el brazo cultural que ayuda a las Abuelas de Plaza de Mayo a buscar a sus nietos y nietas apropiadas.

“Yo creo que todo teatro es político, hoy estar arriba de un escenario es una declaración política a favor de la cultura y del arte”, expresó Cristina Fridman, productora y fundadora de Teatro por la Identidad, el ciclo que desde hace 24 años acompaña la búsqueda de los nietos y nietas de las Abuelas de Plaza de Mayo apropiados por la última dictadura.

Es el primer lunes de junio en el Teatro Multitabaris a las 20 horas y Teatro por la Identidad inaugura una nueva edición del ciclo, esta vez a través de la obra Idénticos bajo la dirección general de Daniel Veronese y la coordinación dramatúrgica de Mauricio Kartun. Una serie de micromonólogos que hablan de la identidad y de la importancia de saber quiénes somos. Arriba del escenario los actores y actrices interpretan distintos personajes desde el humor, la nostalgia, el recuerdo y el dolor, haciendo que los espectadores se suban a una montaña rusa de emociones.

A pesar de la noche fría y que hace unas horas fue la marcha Ni Una Menos, sorprende la cantidad de personas que desde una hora antes hace cola para retirar su entrada gratuita para disfrutar del espectáculo. La fila llegaba al final de la cuadra. Todos los que pasaban por la tan transitada Avenida Corrientes preguntaban: “¿Qué obra van a ver?”

Teatro por la Identidad surgió en el 2000 y en el 2004 se convirtió en una asociación civil sin fines de lucro, con el objetivo de acompañar la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo, que desde hace cuatro décadas sigue el rastro de más de 300 nietos y nietas que tienen su identidad secuestrada. El ciclo teatral recorre los escenarios de Argentina realizando funciones gratuitas para todo público.

Todos hablaban con todos y la charla en la fila sólo era interrumpida por las susurradoras de historias que regalaban una selección de poesía y cuentos al oído. La gente transformó el día frío en un clima cálido y ameno que lo llevó hasta adentro del teatro.

En el escenario se presentan once sillas vacías y una luz azul tenue, para ser ocupadas por los actores y actrices que luego empezarán a sorprender a los espectadores. La actriz Jorgelina Aruzzi dio apertura a la función explicando la razón de Teatro por la Identidad y cerró con un mensaje que sostiene la relación del arte en la política: “Luchar contra la herencia de la dictadura, porque ven a la cultura como enemigo”. Luego, la actriz volvió a la butaca y disfrutó de las actuaciones del resto de sus compañeros.

Dalia Gutmann, Osqui Guzmán, María Carámbula, Diego Gentile, Victoria Almeida, Cristian Sabaz, Ingrid Pellicori, Gonzalo Urtizberea, Malena Figó, Daniel Campomenosi y Manuel Fanego fueron los encargados de esta miscelánea de monólogos que conforma Idénticos: hicieron reír, interrogar, emocionar y hasta llorar a los presentes.

En Teatro por la Identidad actúan para no olvidar, para encontrar la verdad, para despertar la duda a través de la acción y la emoción. Los artistas jugaron en el escenario, acompañaron cada monólogo de sus compañeros sin esconder lo que les provoca.

El lema de este año es “pensar quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes queremos ser”.  Teatro por la Identidad utiliza el escenario como puente e impulsa la búsqueda de personas desde el amor y el juego y provoca en muchos la dichosa sensación de saber quiénes somos.

Además de los monólogos, la obra es acompañada por intervalos de música en vivo, en este caso con la voz de Gloria Carrá, acompañada por Piter Josami Torres, en la guitarra.

 “Es un espacio de arte y militancia, y un lugar en donde realmente se fue contando, alrededor de 24 años de trabajo y mucho compromiso, de mucho amor, de mucho aprendizaje y del camino que nos dejaron las Abuelas de Plaza de Mayo”, expresó Cristina Fridman, en diálogo con ANCCOM. Y completó: “Como decía José Martí: ´Seres cultos para ser libres´ y creo que esa es la función y hoy estar acá arriba es ejercer la libertad, el sentimiento, el pensamiento de todo. Y eso junto que trasciende el teatro, es Teatro por la Identidad”.

El actor Manuel Fanego también dialogó con ANCCOM dijo: “Para mi Teatro por la Identidad es un lugar fundante de mi trabajo y es un ejercicio necesario de la memoria y de la reconstrucción social de una parte de la sociedad que fue diezmada. Teatro por la Identidad es una reparación social como encuentro teatrista, es como darle de nuevo al teatro esa función de comunicar y de interpelar a la sociedad”. Fanego fue uno de los que sembraron la semilla de este espacio e iniciaron esta aventura convertida en militancia.

La comediante Dalia Gutman también parte del ciclo señaló: “Es una oportunidad, primero porque hay gente muy interesante del teatro argentino como son los productores, el director en la programación, otros trabajadores. Es una manera diferente de tratar una parte muy oscura de nuestro país, tratar para que siga circulando entre la gente que viene a ver esto y entre la que escucha los testimonios”.

“Pasas por todas las emociones –agrega Gutman-, hay monólogos que te estrujan el corazón, otros que te hacen reír, que te hacen reflexionar sobre la identidad de cada uno, hay unos más divertidos y hay otros más solemnes pero que tienen un mensaje. A mí me gusta el humor y a mí me gusta eso, cada intérprete lo hace desde donde se siente más cómodo. Yo no estoy tan acostumbrada a un texto ajeno, estoy más acostumbrada a escribirme, pero es una práctica que está buena”.

El actor Osqui Guzmán contó que participa del ciclo desde el año 2001: “En Teatro por la Identidad pude encontrar un lugar de lucha y ahí entendí como nuestro país, nuestra sociedad, nuestros orígenes son constantemente espacios de lucha para no ser colonizados, para mantener nuestra identidad viva y para crecer como país, como pueblo y también como personas”. Y agregó: “El arte y la cultura es por sí una acción política, no la ejercemos los artistas sino el pueblo, eso es lo más contundente y lo más fuerte, en una crisis como esta, el pueblo con el mayor esfuerzo sigue yendo al teatro. Los artistas los esperamos, tal vez ganar menos, hacer teatros más baratos y abaratar entradas, pero tratar de hacer del teatro un puente porque se puede, no porque lo digamos nosotros que somos trabajadores de la cultura, sino porque el pueblo cuida, participa, el teatro crea relaciones históricas entre lo que fuimos, lo que somos y lo que debemos ser. Hoy para colonizar se ataca mucho a la cultura y por eso nosotros vamos a seguir haciendo nuestro trabajo, para que el pueblo siga haciendo su cultura”.

Al finalizar la obra, todos los que hicieron posibles Idénticos llamaron al escenario a Miguel “el Tano” Santucho, hermano de un nieto restituido gracias a Abuelas de Plaza de Mayo.  Santucho contó la historia de búsqueda de su hermano iniciada por su abuela Nélida Navajas y continuada por él. El Tano llamó a seguir buscando a los nietos y nietos que faltan. 

El homenaje a la madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas, fue otro momento emotivo de la noche con un: “Hasta la victoria siempre. Venceremos”, como decía Norita.

Las próximas funciones gratuitas serán el 10, 24 de junio y el 1 de julio a las 20 horas. Las entradas se retiran desde las 19 horas en la puerta del teatro Multitabaris Comafi (Av. Corrientes 831 – CABA).

 

 

 

Treinta días sin celular

Treinta días sin celular

¿Cómo es pasar un mes sin teléfono móvil ni redes? Una psicóloga hizo la prueba, la registró, la recreó con chicos y grandes, y ahora comparte sus reflexiones sobre la abstinencia, los efectos positivos, los riesgos de internet y la urgente necesidad de regulación estatal.

En 2018, la psicóloga Clara Oyuela decidió apagar el celular por 30 días –sin WhatsApp, sin Instagram, sin Facebook– y escribir cada día una crónica sobre lo que sentía. Publicadas inicialmente en un portal de noticias de su ciudad, San Martín de los Andes, luego se convirtieron en un libro impreso titulado Crónicas de una abstinencia. Un experimento fuera de línea, y más tarde Oyuela replicó el experimento en adolescentes y personas adultas. ¿Qué pasa cuando nos desconectamos de las redes? ¿Cómo afecta a la salud mental? ¿Cómo tratar este tema con los niños? Para encontrar respuestas, ANCCOM dialogó con la autora, que nos atendió desde su casa en la Patagonia.

¿Cómo nació este experimento social?

Antes de la pandemia, en 2018, estaba criando a mi segunda hija, Miranda, que tenía ocho meses y llevaba tiempo sin dormir. Ella estaba bien, pero yo muy mal. Nunca me había pasado no poder dormir. Estaba en medio de un trastorno de sueño y con un uso del celular que no me ayudaba a salir adelante. Un día me encontré pensando qué pasaría si le ponía un freno y le di una dimensión más creativa: pensé en apagar el celular, guardarlo en un cajón y no usarlo por 30 días. A su vez, pensé en escribir crónicas de lo que me iba pasando. Me acuerdo que estaba con mi prima, que me dijo que no podía estar completamente desconectada, porque la vida cotidiana no me lo permitía. Así que agarré un celular muy viejo para mandar mensajes de texto. Me puse en contacto con artistas para que ilustren estas crónicas y con un diario local de San Martín para ver si estaban interesados en publicarlas los fines de semana. Y así resultó Crónicas de una abstinencia.

¿Te ayudó vivir lejos de grandes ciudades?

Vivo en San Martín de Los Andes hace 10 años. Todo este proyecto nació allá, en un pueblo de 60 mil habitantes. Esto es importante, porque en el imaginario social la gente que vive en la naturaleza, con un ritmo de vida más tranquilo, no está atravesada por la tecnología, pero todos estos experimentos los hice allá. Consideré a San Martín como un microlaboratorio.

¿Cómo atravesaste los primeros días de desconexión?

Me sentí muy bien. Estaba saturada física y mentalmente, había llegado a un límite por la falta de sueño. Esa primera semana fue de calma absoluta. Después, empezó un mundo de contradicciones. Al día 10 hice la primera trampa y prendí el celular. Revisé el WhatsApp, pero no tenía ansiedad por entrar a Instagram. Sí tenía necesidad de hacer FaceTime con mis hermanas que viven en otro lado. Las veces que hice trampa fue para hacer videollamadas con ellas.

¿Qué opinó tu entorno de esta decisión?

Hubo opiniones diferentes. Mi hermana le mandó un audio a mi pareja para que me deje de joder con el experimento, que se tenía que comunicar conmigo y no sabía cómo. Una de las reglas que yo me había puesto era no usar el celular de mi pareja. Por otro lado, recibía mensajes de “qué envidia”, “qué ganas de hacer esto”, o me decían que mandando mensajes de texto se sentían en el año 1800.

¿Cómo surgió la idea de que participen adolescentes en el experimento?

Después de la pandemia, la dueña de la escuela donde trabajo me dijo que teníamos que generar espacios para los adolescentes, porque la pandemia los había pasado por arriba. La tecnología nos había salvado de muchas maneras, pero los adolescentes volvieron pálidos, ojerosos, como si no hubieran tenido contacto con la luz del sol ni con otros. Te dabas cuenta corporalmente que la tecnología había sido excesiva, sumado a todo lo que conllevó la pandemia. Con un grupo de 30 jóvenes de 16 años, decidí hacer la intervención. Les propuse siete días y me dijeron que estaba loca, entonces arreglamos tres, que parece sencillo, pero no lo es. Les di la misma consigna, comunicarse por mail, tomar registro escrito de lo que sentían a nivel corporal y mental, pero si no aguantaban más podían agarrar el celular. No se trataba de aguantar por aguantar, no había que forzar nada. Era un experimento del propio uso de la libertad. Si lo prendían, tenían que registrar por escrito por qué y qué sintieron después.

¿Qué decían en esas crónicas?

Vi que al menos 28 tenían síntomas de abstinencia, ligado a lo que es una adicción. Recopilé las mejores frases como “me tiemblan las manos, me quiero comer las uñas, me sudan las manos”. En otra escuela propuse a los padres hacer esto por un fin de semana y aparecieron los mismos síntomas. Después lo propuse a través de Instagram para voluntarios mayores de 18 años de todo el país. En sus registros aparecen la ansiedad y el aburrimiento como un estado insoportable y de mucha irritabilidad. Uno me dijo que estuvo 15 minutos esperando sin celular a que su hija saliera del jardín y fue una pesadilla. También hubo síntomas positivos, como volver a conectarse con la lectura. Es un estado de calma, sobre todo en los últimos días, porque sabés que vas a agarrar el celular. Me acuerdo que antes de volver a prenderlo sentí mucha nostalgia. Me dio pena tener que volver, pero ya no soportaba más el celular viejo, detestaba la forma de las teclas. No quería más ese teléfono viejo e incómodo.

¿Ocurrió algo inesperado durante el experimento?

Tuve como voluntaria a una mujer de Mar del Plata que me escribió para decirme que no llegó al cuarto día porque le avisaron del fallecimiento de su papá por el celular de una amiga. Es el único caso que recibió una noticia así. Me dijo que esos tres días de desconexión le hicieron estar conectada con cosas muy profundas de su vida y la noticia la recibió desde ese lugar. La vida siguió su curso, estando conectada o no, no iba a evitar que su papá muriera. Porque mucha gente me cuenta que no lo hace porque tiene miedo de que pase algo urgente y no estar. Si pasa algo, pasa algo. Siempre hay alguien que te avisa, pero es interesante ver cómo aparece el miedo a no enterarse si pasa algo urgente. Muchos me escribieron que cuando prendieron el celular se dieron cuenta de que todo seguía igual. Que era algo decepcionante, volvían con todo y no se encontraban con nada interesante.

¿Cambiaste tu forma de ver al celular?

Empecé a pensar cuál es el momento para darle a una persona su primer teléfono inteligente. ¿Qué pasa con la generación de niños que ya tienen un teléfono en la mano, pero que no tienen contención ni regulación? Están totalmente expuestos. Hay muchos niños contenidos y acompañados, pero hay otros que no. El celular es una súper herramienta, pero tenemos que ver cómo usarlo para sentirnos mejor y no tener que hacer mindfulness, yoga y meditación para bajar la ansiedad. Si cuando nos desconectamos aparece la ansiedad, es porque hay una dependencia extrema, entonces el objeto nos está dominando. Estuve en contacto con una enfermera de neonatología de San Martín de Los Andes y decía que es muy impactante ver a las mujeres con los hijos recién nacidos en un brazo y el celular en el otro. Yo lo viví como parturienta. Son esos primeros momentos de conexión y es polémico.

Y en tu uso personal, ¿cambiaste hábitos?

No, por eso hablo de esto. Lo positivo es que no pienso dar a mis hijas un celular hasta los 14 años, les voy a dar un celular que sacó Nokia que no tiene Internet ni redes sociales. Ese es el celular ideal como paso previo al smartphone para la niñez y preadolescencia, para acompañar el desarrollo natural y madurativo. Se pueden comunicar, pero se evitan los grupos de WhatsApp. No tengo ningún tipo de culpa ni reparo en decidir esto, quiero cuidarlas y darles el celular en el momento en que mejor estén preparadas. Hace una semana di un taller para adolescentes sobre este tema y uno de los chicos dijo que los adultos estamos igual que ellos con el celular. En un punto nos dijo que estamos boludos. Otro chico nos dijo que sufrió acoso sexual a través de las redes. Contaban que había aplicaciones para hablar con gente de todo el mundo y aparecían adultos desnudos pidiéndoles fotos. Y no tienen las herramientas para enfrentar eso todavía.

Generalmente, se les da el celular cuando arrancan el secundario o empiezan a viajar solos…

Muchísimos niños tienen un celular propio incluso antes de la secundaria. Hay mucha gente que es muy cómoda y les da el celular, otros no tienen información sobre lo que provoca, también hay gente con buena intención que piensa que sus hijos se quedan afuera del grupo si no tienen celular. Hay muchas razones por las que el adulto da ese primer celular. Los mayores problemas de bullying y acoso, según un estudio de Noruega, son potenciados por las redes. Sexto y séptimo grado son los que tienen más conflictos y afecta sobre todo a las niñas. Noruega tomó la decisión de sacar los celulares de las escuelas primarias. La UNESCO dijo que el uso del celular afecta la vinculación y la atención. Tiene que aparecer una entidad mayor, el Estado, para tratar esta problemática que se nos fue de las manos. Porque no es tan complicado lo que habría que hacer.

¿Qué medidas habría que tomar?

El Ministerio de Salud y el de Educación tendrían que pensar en sacar el celular de las escuelas primarias, porque no tiene que estar ahí. Que la educación digital forme parte de la agenda, se podría plantear el etiquetado, que haya campañas en lugares públicos. Hay que unir muchas voluntades, gente creativa y que tenga ganas de enfrentar esto. Hay que hacer cambios de hábitos. Se puede prevenir muchísimo con cosas tan simples. El celular es un objeto de consumo masivo, y si el tabaco y el alcohol también lo son y desde el Ministerio de Salud les pusieron una etiqueta de lo que provoca su consumo, ¿por qué el celular no tiene su propia etiqueta? No lo planteo como la única solución, porque la gente sigue fumando, pero una cosa lleva a la otra. Decir “esto es lo que te puede provocar” le puede ayudar a muchos padres a ponerle límites a sus hijos. Se trata de ponerle palabras a lo que pasa.

Hace poco la empresa Movistar presentó una campaña sobre el sharenting, que es cuando los adultos comparten fotos privadas de sus hijos en las redes, por ejemplo, del primer día de clases. ¿Qué opinás al respecto?

En el libro le dedico un capítulo a este tema. Llegamos a naturalizar tanto las acciones con el celular que fuimos capaces de exponer a nuestros propios hijos en situaciones como bañándose, llorando o durmiendo. Me pregunto qué sentirías vos si tu papá o mamá postearan fotos tuyas en situaciones íntimas sin tu consentimiento. Dejen a sus hijos en paz. Me encanta cuando veo famosos o influencers que protegen la cara de sus hijos en redes con emojis o de espaldas, como Dalma Maradona o Darío Barassi. Entre los derechos del niño habría que incluir algo del mundo digital, proteger la intimidad, el derecho a no ser expuesto. Pero también creo que una foto cada tanto, no es nada malo. Lo peligroso es el exceso, porque no tiene nada de malo compartir una foto de la familia.

¿Podrías haber hecho esta desconexión en pandemia?

Buena pregunta. Creo que hacerlo implicaba un grado de valentía extra. Había incertidumbre, miedo, paranoia y la tecnología generaba lazos. Había que ser jugado y valiente para desconectarse así. Hubieran aparecido muchos fantasmas, porque en ese momento la muerte y la amenaza estaban más presentes. Hay que estar muy en eje, tenés que ser un monje del Tibet para hacer eso. Aunque yo entrevisté a uno, le pregunté por su relación con el celular y me dijo que tienen el mismo problema que en Occidente.

Samanta Schweblin, al teatro

Samanta Schweblin, al teatro

La directora Mariana Obersztern llevó al escenario el cuento «Nada sobre todo esto», protagonizada por Mirta Busnelli, María Merlino y Vanesa Maja.

Una hija y una madre conviven en un auto en el que repiten todos los días la misma actividad: mirar casas. Así es que llegan a una vivienda muy especial, de tres livings y mesas de mármol blanco. Pero la madre esta vez pasó el límite: su auto invadió una casa ajena, embarró todo el jardín y ya no puede dar marcha atrás. Se trata de lo irreversible, lo que no está adentro y se busca desesperadamente afuera. Una hija que narra, su madre que se obsesiona y una dueña que se pregunta quién va a pagar el daño hecho.

Esta es la trama «Nada de todo esto», un cuento escrito por Samanta Schweblin, que leyó la actriz María Merlino hace seis años, y desde entonces quiso llevar al teatro, aunque todos le decían que no era un cuento teatral, sino más bien audiovisual, cinematográfico. Así nació la puesta Ese Bow-Window no es Americano que se exhibe en Dumont 4040.

 

¿Cómo lograste concretar el proyecto?

María Merlino: Se me ocurrió llamar a Mariana (Obersztern), quien ya me había dirigido tres veces. Justamente eso que la gente veía como una contra, ella lo vio como algo positivo. Le gustó el desafío, esa cosa no tan teatral que tenía el cuento. Después de que ella lo leyera y me diera su visión, me di cuenta que todo lo que me contaba era lo que yo había pensado e imaginado y no había logrado poner en palabras. Así que a partir de ahí empezamos a armar el proyecto: Mariana como directora, yo de hija, Mirta (Busnelli) como la madre y Vanesa (Maja) como la dueña.

 

¿Qué te atrajo del cuento?

M.M: Principalmente el vínculo de madre e hija. Ese hábito o ritual que tienen de mirar casas que podría ser anecdótico, pero atrás de eso hay una relación bastante compleja.

En el cuento aparecen el esposo y el hijo de la dueña. En la obra son nombrados, pero no están encarnados en actores, ¿hubo una decisión de que sea una obra actuada solo por mujeres?

Mariana Obersztern: Absolutamente. A mí me daban ganas de concentrar y condensar ese universo femenino que me parecía que latía muy fuerte en el cuento, en el estilo de mirada de Samanta Schweblin, del detalle, de la sensorialidad. No tener que ser leal a la dramática de la obra, sino más bien a lo que se eleva del cuento. No está el niño pero está, porque se lo está nombrando todo el tiempo y aparece en el imaginario.

 

¿Qué efecto genera esto?

M.O: Me parece que soltar al hijo y dejarlo en el imaginario permite que la obra se pueda despegar de alguna especie de deuda teatral, tradicional, e ir en busca de esto que decía María, de esa zona fílmica. Se abstrae un poco porque permite empezar a mezclar los materiales y también la obra entra un poco en el mundo de las ideas.

 

¿Por eso también la decisión de incorporar visuales?

M.O: Sí, porque el teatro es acción, presencia, carne, tierra. Y este cuento tiene esa especie de deriva fílmica. Para poder producir eso conviene mover algunas cosas para que no se convierta en una obra de living. Esto no es una obra de living. Entonces la intención es que algunos elementos que están configurando el todo cambien de terreno.

En la obra sucede algo particular: cuando la madre habla, lo hace desde el dolor, aunque sus líneas generen risa en el público. Lo gracioso es la forma, el atrevimiento, el momento en que aparecen (cuando aparecen) las palabras de Mirta Busnelli.

¿Por qué te interesó protagonizar a la madre?

Mirta Busnelli: María me invitó, nosotras somos amigas y nos conocemos hace mucho tiempo y habíamos hablado de hacer algo juntas. También el cuento me gustó mucho. Es difícil contar de qué se trata, pero me atrapó algo de la madre. Esa extrañeza que tiene, esa rareza, ese misterio, esa sensación de soledad total.

 

¿Cómo vivís el estreno de una película y el estar haciendo teatro independiente en simultáneo?

M.B: La estrella que perdí es una película independiente que se estrenó con el apoyo del INCAA. La verdad no sé qué va a pasar. Como todos sabemos, en el INCAA se echaron a más de 200 personas y está amenazado. Se cerró el área de Fomento, que era justamente el que apoyaba y subsidiaba a las películas.

 

Siendo actrices y directoras ¿cómo viven esta situación de recorte? ¿Consumen teatro y cine de la misma manera o están más enfocadas en producir?

M.B: No, podemos comer, cantar y bailar.

M.O: Todo. Es importante tener un fueguito encendido, alguna vitalidad para que las cosas se arrasen lo menos posible. Para seguir vivos para la próxima vuelta, porque estas cosas que están ocurriendo son muy ruinas hacia la cultura, la educación, el pensamiento. Está bueno estar agazapado y conectados, conectades entre todes. Sobre todo para que no se arruine la belleza de la gente, de los humanos viviendo juntes e interdependientes.

 

Ese bow-window no es americano se puede ver todos los domingos a las 18 en Santos Dumont 4040, en el barrio de Chacarita. Las entradas están disponibles en Alternativa Teatral.

Presentaron la Federación de Medios Digitales

Presentaron la Federación de Medios Digitales

En una reunión realizada en La Plata se debatieron estrategias ante las dificultades económicas y la ausencia de políticas estatales para el sector. El cooperativismo como una alternativa sostenible.

Las nuevas formas de comunicar traen consigo otras maneras de pensar los medios y desconocidos desafíos para los trabajadores. Con este espíritu fue que, en 2019, se creó la Red de Medios Digitales, un colectivo que busca coordinar las demandas del colectivo de medios independientes del espacio digital.

Desde su fundación, esta organización consiguió nuclear alrededor de 90 medios provenientes de 18 provincias del país con el fin de ampliar la cooperación, formalizar el sector y darle mayor contundencia a los reclamos de sus integrantes. Mientras que en un principio esta lucha se gestó solo en el reclamo por la división equitativa de la pauta oficial, el colectivo de medios continuó su crecimiento y hoy está formada por más de mil trabajadores. Ayer se presentó oficialmente como Federación, una figura que busca dar cuenta de las particularidades de los medios de comunicación creados en el entorno digital, en su conformación autogestiva, comunitaria, alternativa y popular.

El acto tuvo dos sedes. En el Salón Polivalente del Centro Cultural “Pasaje Dardo Rocha” expuso un panel integrado por autoridades y medios de la red así como con una serie de funcionarios públicos representantes del sector popular. Al interior de este panel se presentaron dos mesas; en primer lugar “La situación de los medios y el cooperativismo en Buenos Aires” en la que Yair Cybel (director de El Grito del Sur y presidente de la Federación de Medios Digitales), David Baressi (secretario gremial del Sindicato de Prensa Bonaerense –SiPreBo), Juan Salvador Delú (presidente de la Federación Argentina de Radios Comunitarias –FARCO) y Paola Alvarez (periodista de Pulso Noticias e integrante de la Federación) debatieron sobre los desafíos y reclamos que atraviesan a los medios digitales y sus trabajadores.

La segunda mesa, “Desafíos para una pluralidad de voces cooperativa”, estuvo conformada por Sacha Lechner (Director General de Comunicación Institucional de la Municipalidad de La Plata), Adrian Grana (Subsecretario de Coordinacion institucional del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia), Gildo Onorato (presidente del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo) y Malena Gonzalez (Codirectora de Comunicadas y vicepresidenta de la Federación de Medios Digitales), quienes, desde sus diferentes posiciones como funcionarios públicos reflexionaron acerca de lo propuesto en la primer instancia y llamaron a la coordinación de nuevas herramientas de apoyo para el sector. Al interior de estas exposiciones, se generó un diálogo interesante sobre las propuestas y limitaciones en el campo de la comunicación popular:

Qué dijeron

“La información no es un derecho, es una necesidad”, dice Laureano Barrera, director de la agencia de investigación judicial Perycia, parte de la Federación de Medios, quien moderó el debate en ambas mesas. “Más que nunca, es necesario que se encuentren espacios de coordinación con el Estado”, añadió en vistas de la nueva política nacional frente a la comunicación: que tildó de “no comunicación”. Esta consideración, para Juan Delú es consecuencia de “una sobrerrosca del Estado a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: ni todo es comunicación ni nada lo es”, que ha llevado a considerar que la situación actual es “por haber puesto a la comunicación en el centro de la discusión”. Al contrario, nuevas discusiones que actualicen la idea de una verdadera soberanía comunicacional deberían tener lugar, para Delú, desde una proyección transversal a todos los medios, digitales o no.

No es casualidad que el reclamo parta desde la Federación, compuesta en su mayoría por medios cooperativos que David Baressi identificó como “experiencias que surgen [en su mayoría] como respuestas a situaciones de crisis”. De esta forma, para Baressi “fomentar la cooperativización de los medios es la mejor forma de luchar contra las políticas de desinformación y saqueo”, evidentes en el cierre de Télam y el quite de la pauta oficial que forman parte de este nuevo impulso de concentración en el esquema de medios.

Para el presidente de la Federación, Yair Cybel, el principal problema para los medios cooperativos de hoy es su sustentabilidad, en especial con el abandono de la dirigencia política en materia comunicacional: “Ante la falta de una estrategia estatal, debe impulsarse una discusión de comunicación en términos de soberanía” que integre “la importancia estratégica de los medios comunitarios digitales comunitarios en la batalla cultural”.

Para Adrian Grana esta vuelta al discurso único que cercena la pluralidad de voces es un ataque directo a las estrategias de comunicación no mercantiles: “El agobio a los medios y espacios comunitarios es otro intento de disgregar el campo popular para eliminar al denominador común”.

Este ímpetu cooperativista se replicó en la propuesta de Lechtner, quien buscó revalorizar el asociativismo en su rol de herramienta de lucha y, respecto al rol del Estado, ponderó que “el lugar es escuchar, construir en conjunto y extender el mensaje”, reivindicando la experiencia como un canal para la llegada de “una propuesta colectiva a los problemas individuales”. En comunicación con ANCCOM, Lechtner rescato que “aunque el Estado nacional esté mirando hacia otro lado, hacia el extranjero, este es el rol de las demás dependencias deben asumir: el de condensar estos reclamos y construir herramientas de cooperación para afrontar los nuevos desafíos”.

Otra voz que se hizo escuchar fue la de Gildo Onorato, quien denunció que “la crueldad como forma de estructurar la acción política es una consecuencia lógica de la concentración, la extranjerización y el extractivismo: son las nuevas formas de la dependencia”, dijo el presidente del recientemente inaugurado IPAC, y añadió: “Enfrentar la crueldad para construir una propuesta alternativa que produzca una nueva mayoría”. Al ser consultado sobre las formas en la que estas propuestas podrán adoptarse, Onorato dijo: “Considero esta necesidad de seguir tendiendo puentes y configurando nuevos lazos es vital para la construcción de una nueva propuesta que incluya la agenda social verdadera: trabajo, produccion, innovacion tecnologica y comunicación”.

Terminado el acto se recordó que el próximo Encuentro Nacional de la Federación se dará el 21 de junio en Santa Fe

El sector cooperativo crece en su relevancia como articulador del campo popular, representando cerca de 10 puntos del PBI nacional, por lo que esta iniciativa de visibilizar la importancia del sector de medios digitales para su articulación y comunicación resulta cada vez más llamativa. Escuchar y atender los reclamos particulares de un sector estratégico, especialmente en un contexto de ataque a los medios de comunicación, mediante el cierre, achicamiento o ahogo, surge como una responsabilidad estatal para el desarrollo de una articulación sinérgica que vele por la pluralidad de voces.

Los vaqueros del Conurbano

Los vaqueros del Conurbano

Con sedes en distintas localidades, la más reciente en Avellaneda, una escuela de baile country cultiva la pasión por el género y convoca a hombres y mujeres que se animan a practicarlo. «El individualismo acá no tiene lugar», dicen. 

Las texanas negras y brillosas de Jorge enfilan sobre el piso de ladrillos rojos derecho hacia el espejo del salón de baile del Centro Cultural del Sur, de Villa Domínico. Veinte personas con sombreros blancos, jeans, botas y chaquetas lo aguardan en fila para comenzar. Al fondo, frente a una foto colgada de Spinetta, hay una pizarra blanca que anuncia que el 25 de mayo habrá peña, y más abajo un cartel informa que el lunes a las 19 hay clases de “country line dance”.

“Es un viaje de ida, espero que les guste”, dice, antes de arrancar la primera clase, la profesora Alicia Mabel Fusto, que en la espalda de su campera de jean lleva el nombre de su escuela en letras rojas –Country Club Line Dance–, a tono con sus botas. Detrás de ella, los alumnos ya están listos y esperando la señal para moverse. Antes de que Alicia levante la punta de su taco para dar el primer paso, dos mujeres se acercan tímidamente al salón y preguntan por la primera clase de country. En segundos, se acoplan al resto de los bailarines y Alicia las ubica justo tras ella: “Las nuevas bien adelante”, dice.

Todos los alumnos, salvo las dos nuevas que tienen jogging y zapatillas, ensayan con la misma vestimenta, porque las coreografías así lo requieren: un sombrero para hacer el saludo bajando el mentón y pellizcando la visera; jean con cinturón para sostener el peso de los brazos y manos en la hebilla o en los bolsillos; texanas para deslizarse con los tacos y un corbatín.

El country line dance se baila en línea. Cuatro movimientos es un paso, no hay forma de errarle a menos que estés muy distraído, y es difícil estarlo porque los banjos que acompañan la música te hacen creer que conocés las direcciones como si fuera una partida de ajedrez. Alicia comienza a contar para atrás desde cinco y cuando llega a uno da las primeras indicaciones: “Vamos a empezar con un paso básico: un paso a la derecha, cruzo la izquierda por atrás, derecha al costado y cierro”. Un alumno, en el fondo, aclara que ese paso se llama vine. Ya en la segunda canción, las recién llegadas de adelante sonríen porque les sale el vine de taquito.

Alicia recuerda que su amor al country en línea comenzó hace 10 años, cuando visitó por primera vez el San Pedro Country Music Fest, el primer festival de country en Argentina, y el más grande, que se hace una vez al año en la localidad bonaerense de San Pedro, a orillas del Paraná. Años después y con muchas clases de country encima, en pandemia, se largó a bailar con su marido Jorge en el Parque Domínico de Avellaneda. Hoy su escuela, con base en Wilde, tiene más de 70 alumnos y sedes en Quilmes, La Plata y en el partido 9 de Julio.

“En Zona Sur se baila mucho rock and roll y estilo americano, que no es lo mismo que country”, explica Alicia. En el country line todas las coreografías son internacionales: si estás en San Pedro, Texas o Wilde y empieza a sonar una canción de country, todos saben qué pasos hacer. En el baile country se utilizan distintas canciones de los subgéneros del country: country folk, country pop, honky tonk y bluegrass, entre otros.

“Mientras nos sentábamos en el porche delantero / de esa vieja casa gris donde nací y crecí / Contemplando los campos polvorientos / donde mi papá trabajaba duro todos los días / Creo que lo lastimé cuando le dije / «Papá, hay muchas cosas que no sé / pero, ¿nunca sueñas con una vida / en la que el maíz no crece?»”, reza la canción de Waylon Jennings, el artista favorito de la casa de zona sur.

Fernando guía la coreografía al lado de Alicia, él será el profesor designado para la nueva sede de Domínico. Sobre sus texanas negras con hebilla recorre el salón bailando con los ojos cerrados, mientras una alumna con su sombrero blanco sale de la fila para sentarse y tomar un mate: “En la próxima canción me sumo, no doy más”, le dice a otra compañera.

El salón se llenó, hay más debutantes: ya son más de 20 alumnos que danzan sincronizados en línea, dan una vuelta, se saludan con los sombreros –imaginarios los que no tienen– y siguen bailando hacia otra dirección. Los que están sentados al costado y sólo observan la clase mueven sus pies al ritmo de la música. La inauguración de la sede es un éxito.

“Es un baile grupal, eso es lo interesante del country line, la socialización es clave –sostiene Aicia–. Es mucho más que música y baile, es un estilo de vida. Viajamos, vamos al festival y estamos todos juntos pensando las coreografías. El individualismo acá no tiene lugar”.