Un pogo fotográfico

Un pogo fotográfico

Se presentó en ArtexArte el fotolibro Indio eterno, un trabajo colectivo que reúne 170 imágenes tomadas por profesionales y aficionados en las multitudinarias despedidas al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un artista fundamental y entrañable del rock argentino.

La voz y la música del Indio Solari, sus canciones, sonaban mientras las fotos se iban proyectando en el auditorio de ArtexArte. En las jornadas de despedida al cantante, dos meses atrás, fotógrafos y fotógrafas profesionales y aficionados registraron el duelo, los abrazos y los encuentros que ocuparon las plazas y las calles. El jueves se presentó en esta galería de Villa Crespo el fotolibro Indio eterno, que reúne 170 de esas imágenes, seleccionadas entre más de 1.200 y tomadas por 70 autores. Laura Lavergne, una de las editoras de este volumen colectivo, publicado por LP Editores y Bex Patagonia, arrancó la presentación con una advertencia: «No me gusta nada estar sola de este lado», dijo, y enseguida pidió a los fotógrafos y las fotógrafas presentes que buscarán su página en el libro, levantaran la mano y contarán qué había detrás de cada imagen. Así funcionó la presentación de principio a fin, una ronda de historias frente a la pantalla.

El Indio Solari murió el viernes 5 de junio, a los 77 años, en su casa de Parque Leloir. Fue el cantante y letrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que formó con Skay Beilinson en La Plata a mediados de los setenta y que editó nueve discos de estudio hasta su disolución en 2001, y después encabezó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. La tarde de su muerte una multitud se autoconvocó en Plaza de Mayo para una «misa ricotera», y el domingo 7 el velatorio público en el polideportivo José María Gatica de Villa Domínico, en Avellaneda, se prolongó hasta el lunes, con una fila que no se cortó ni de madrugada, banderas con sus letras, velas, tatuajes y canciones coreadas por varias generaciones. Profesionales y aficionados salieron esos días a fotografiar el duelo, y de ese registro disperso en las redes nació el libro.

Del otro lado de la pantalla estuvo Jorge Piccini, coeditor y responsable del sello Bex Patagonia, que vive en Bariloche y siguió la presentación a la distancia, «ausente pero presente de muchas maneras», según Lavergne. Piccini ya había armado con la misma lógica Diego eterno tras la muerte de Maradona, además de otros trabajos colectivos como Reforma, Somos tren y La tercera. Esta vez el proyecto arrancó de rebote: le pidió una foto de la despedida al fotógrafo Julián Martínez para publicarla y fue Martínez quien le preguntó si iban a hacer una convocatoria colectiva. Formalmente no la hubo: Piccini les escribió uno por uno a los autores a medida que sus fotos aparecían en las redes, primero para una edición digital que reunió a más participantes y después para el impreso, con la autorización de cada uno.

«Cada vez que pasa un acontecimiento así, las redes explotan de imágenes de fotógrafos y fotógrafas que acuden al lugar», explicó Piccini a ANCCOM. La apuesta por el papel tiene su razón: en tiempos en que un acontecimiento tapa al otro y lo que se ve se olvida rápido ante lo nuevo que se publica constantemente, la publicación impresa permite darle una edición, un relato, y poder tenerla guardada en una biblioteca para siempre.

«Casi el 70 por ciento son fotógrafos desconocidos o que recién empiezan, y fue una decisión nuestra: no pedimos currículum», contó Lavergne, que describió la edición como un trabajo de dejar afuera, porque muchas escenas habían sido registradas por varias cámaras a la vez y los mismos carteles se repetían en distintos archivos. Se respetó el blanco y negro o el color del original de cada autor y se cuidó, sobre todo, el diálogo entre imágenes en la puesta en página. El conjunto busca registrar tanto el duelo como las distintas formas de encuentro que atravesaron esas jornadas: abrazos, banderas, cantos y pogos. Otra decisión define al libro: los nombres no acompañan a las fotos, figuran recién al final, con su número de página: «Queríamos que se potenciará la narrativa de ese día sin saber quién hizo cada foto, porque es una construcción colectiva», explicó.

El libro cuenta, por caso, con registros de fotógrafos de amplia trayectoria, como Eduardo Longoni, Kaloian Santos Cabrera o Guido Piotrkowski. Entre los autores que enriquecen el volumen también están Victoria Gesualdi y Leandro Teysseire, editores de fotografía de ANCCOM, junto a Cristina Sille, Daniela Morán, Rocío Prim, María Bessone y Pilar Camacho, ex fotógrafas de esta redacción, que actualmente se desempeñan como fotorreporteras y cuyas obras se exhiben en muestras y se publican en diversos medios. Sus imágenes de aquellas jornadas integran ahora las páginas de Indio eterno.

Entre las imágenes se intercalan letras del Indio, un texto que Luis Angeletti publicó el 7 de junio en El Cohete a la Luna y otro que el propio Solari escribió en 1984 para Cerdos y Peces, la revista que dirigía Enrique Symns. El texto que abre el volumen lo escribió Piccini, aunque va sin firma: «Sentíamos que representaba a todos los que participaron», contó Lavergne. La tapa, una imagen de Matías Baglietto, se definió entre tres o cuatro candidatas después de un tiempo de pruebas; la contratapa, de Javier Gramuglia, estuvo clara desde el principio, con una mujer, la bandera argentina y la palabra «indio». La impresión estuvo a cargo de la cooperativa gráfica El Zócalo.

Consultado por las imágenes que sintetizan el proyecto, Piccini eligió tres: el abrazo de tres personas que lloran, «porque refleja el dolor de la pérdida»; la del padre arrodillado que besa la cabeza de su hijo, con el rostro del Indio tatuado en el brazo, «como que la pasión se transmite a la generación más joven»; y la toma cenital de la multitud alrededor de un mural gigante con la cara de Solari, «como que el Indio desde arriba está viendo su despedida».

Después llegó el momento de levantar las manos. El fotógrafo Gabriel Insaurralde nunca fue a un recital de los Redondos ni del Indio: «Yo venía del palo del punk, y en esa época las tribus urbanas estaban enemistadas. Lo más cerca que estuve fue en la despedida». Su foto es de Plaza de Mayo, donde una chica cantaba una de las canciones del Indio y, cuando entró el saxo, rompió en llanto y se tapó la cara: «Tengo la foto de tres segundos antes y la de tres segundos después», contó.

Julieta Gonet escucha a los Redondos desde los 15 años y este año cumple 50. Heredó los vinilos de un tío ricotero que ya murió, y su foto la devolvió a una charla con él: retrató una bandera con una de las frases más recordadas del Indio sobre morir estando vivo. Aquella vez ella le había confesado que quería morirse durmiendo y el tío la retó, porque para él ese instante era el misterio de la vida y no había que perdérselo. El día de la despedida llevó la cámara casi por inercia: «Era más el dolor que las ganas de hacer fotos», dijo. Hizo unas treinta tomas y las subió a Instagram como tantas otras veces: «Soy una de las fotógrafas anónimas del mundo, y fue hermoso que me convocaran».

Paula Masala es de Tierra del Fuego y nunca pudo ver al Indio en su provincia. Su foto muestra a un hombre en la fila de Villa Domínico: «Íbamos viendo cómo bajaba la botella de whisky y cómo le iba cambiando el humor a medida que cambiaban las canciones en las postas donde la gente ponía música«. La imagen aparece junto a una de las frases del Indio elegidas para la edición, que según ella «representa al cien por ciento lo que es la foto». Además, agregó:»El Indio es la banda sonora de mi vida. Con mi hermana hacíamos coreografías de los Redondos mientras nuestras amigas hacían las de Bandana».

Renata Marano tiene 21 años y estudia la Licenciatura en Fotografía en la UNSAM. «El Indio es mi infancia», dijo, y mostró una imagen sencilla y personal: la estampita de Osvaldo Pugliese que ella misma dejó en el velorio: «Fui a duelar, sin intención de sacar fotos, y las publiqué así nomás, como quien publica lo que desayuna. Cuando me escribió Jorge me di cuenta del valor que tenían».

Leonardo Majluf aportó dos tomas de Plaza de Mayo, las velas encendidas al caer la tarde y una chica que lo frenó para pedirle el retrato con su cartel: «No me gusta despedir con dolor. Estaba emocionado con las canciones, que sonaban todo el tiempo”.

Marcos Mattos es fotógrafo social, venía de trabajar toda la noche anterior en un evento y fue igual. Una de sus tres fotos tiene historia de espera: una chica pintaba un pequeño retrato del Indio en plena calle, él pasó de largo, volvió media hora más tarde y el cuadro estaba terminado. Subió las imágenes a Instagram, se viralizaron y así lo encontró Piccini. «El Instagram es la ventana, pero el libro hace que las fotos lleguen a otras manos. El libro nos trasciende», dijo. Su madre, que lo acompañó desde Florencio Varela, agregó el costado familiar: “Marcos empezó en la pandemia, fotografiando pájaros con una cámara doméstica, y estudia para contador público. Después de lo que pasó con Pablo Grillo quedamos con mucho miedo, yo no quería que fuera con la cámara», contó, en referencia al reportero gráfico gravemente herido por la Gendarmería durante una marcha de jubilados en marzo de 2025: «Cuando veníamos para acá le dije: mirá dónde vamos, a pesar de que yo no quería que vayas”.

Un teatro para hacerse preguntas

Un teatro para hacerse preguntas

Comenzó eñ ciclo número 26 de Teatro por la Identidad, el brazo artístico de Abuelas de Plaza de Mayo que promueve a través de la escena la búsqueda de los nietos apropiados por la dictadura que faltan restituir a sus familias biológicas.

Teatro por la Identidad volvió a levantar el telón este lunes en el estreno del ciclo Idénticos en el ND Teatro. Por el escenario pasaron actores, dramaturgos y referentes de Derechos Humanos. Desde el otro lado, un público de todas las edades llenó la sala. Muchos vinieron en familia. Entre esas butacas, a lo largo de los 26 años que lleva el ciclo, hubo jóvenes que más tarde dudaron de su origen, iniciaron la búsqueda y restituyeron su verdadera identidad. Esta temporada fue dedicada a la memoria de Taty Almeida, símbolo de los derechos humanos en Argentina y referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Se podrá ver todos los lunes de agosto a las 20 horas, con entrada libre y gratuita.

Falta una hora y media para el inicio. Cristina Fridman recibe afectuosamente a los actores, controla que todo esté en su lugar, está pendiente de cada detalle. Es una de las fundadoras de Teatro por la Identidad, el movimiento artístico que nació en el año 2000 para acompañar la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo. Se detiene unos minutos para conversar y explica por qué un ciclo que empezó hace un cuarto de siglo, en un momento social álgido, sigue vigente y necesario. “Teatro por la Identidad fue y será necesario mientras todavía falten recuperar nietos y nietas”, dice y agrega que “estamos viviendo un momento de negacionismo histórico, de destrucción de valores esenciales y hay que volver a contar cómo fueron las cosas”.

La actriz sostiene que el teatro llega a lugares donde muchas veces al discurso político le cuesta. “El arte llega a sectores donde no lo logra la política. Uno no sale igual de una obra, te abre la cabeza, el corazón”. A lo largo de estos 26 años, TXI salió de las salas tradicionales con funciones itinerantes en escuelas, centros culturales y barrios, llegando a un público que nunca había pisado un teatro. “Vamos al encuentro de la gente, muchas veces es la primera vez que ven una obra”, explica Fridman. “Después de cada función, un nieto restituido o un familiar sube al escenario y cuenta su historia. Ahí deja de ser una ficción. Ves el resultado de la búsqueda arriba del escenario y eso supera cualquier obra”.

Minutos antes de prepararse para subir al escenario, Guillermo Pfening se sienta en una de las butacas del ND Teatro. Tiene mate con burrito. Dice que aceptó apenas recibió el llamado de Teatro por la Identidad. “La identidad no solamente tiene que ver con quién sos a través de una prueba de ADN. Se abrió un concepto más amplio, tiene que ver también con saber quién querés ser”.

Para el actor, el teatro puede abrir preguntas que muchas veces otros ámbitos no consiguen hacerlo. “Quiero que la gente se lleve preguntas, se lleve respuestas, se anime a hacerse un ADN para encontrar un nieto, pero también que se amplíe el concepto de identidad, que uno puede construir quien quiere ser”.

Cuando se le menciona que, a lo largo de estos años, hubo nietos y nietas restituidos que alguna vez estuvieron sentados entre el público de TxI, Pfening hace una pausa. “Qué loco, ¿no? Seguramente acá puede haber alguien que esté dudando. Todos alguna vez nos hicimos preguntas sobre quiénes somos. Pero el que vuelve a su casa y siente que esas respuestas no cierran, está bueno que sepa que puede acudir a Abuelas”.

Hacia el final de la obra, el nieto restituido Andrés La Blunda sube para el cierre y pone en palabras aquello que TXI busca desde hace un cuarto de siglo. “La identidad no es una cuestión individual. Cuando una persona está en duda, la identidad de todos también lo está. Cada nieto que accede a su verdad es la verdad de todos”.

Cuenta que recién conoció su verdadera identidad a los veinte años y que ese proceso fue “como un nuevo alumbramiento”. “Es muy doloroso porque uno tiene que resignificar los afectos. Pero después viene lo nuevo: ser uno mismo”, subrayó.

La Blunda es también legislador porteño y preside la Comisión de Derechos Humanos. Anuncia que existe un proyecto para garantizar la continuidad de Teatro por la Identidad en la Ciudad de Buenos Aires. “De nuestro lado está todo el compromiso político para que esto continúe por la importancia que tiene para toda la comunidad”, afirma. Según explica, para aprobar la iniciativa serán necesarios 31 votos y su bloque ya trabaja para reunir los consensos.

Entre el público había dos jóvenes brasileñas que vacacionan en Argentina y llegaron a la obra por primera vez. A la salida cuentan que rieron, lloraron y se emocionaron, “pasamos por todos los estados de ánimo”. Conocen de “las Abuelas, de Estela, de los desaparecidos. La lucha por los derechos humanos en Argentina es algo único”, comentan.

El ciclo Idénticos 2026 continuará todos los lunes de agosto, a las 20, en el ND Teatro (Paraguay 918, Ciudad de Buenos Aires). La entrada es gratuita y puede retirarse el mismo día de la función desde las 18 horas, hasta agotar la capacidad de la sala. La propuesta reúne once micromonólogos inéditos, coordinados dramatúrgicamente por Mauricio Kartun y con dirección general de Daniel Veronese, que vuelven a poner en escena la pregunta por la identidad, eje histórico del ciclo desde su creación en el año 2000.

Este año participan, entre otros Florencia Raggi, Muriel Santa Ana, Daniel Campomenosi, Malena Guinzburg, Guillermo Pfening, Osqui Guzmán, Antonia Bengoechea, Guillermo Angelelli, Mónica Cabrera, César Bordón, Rodrigo Lussich, Juan Minujín y Florencia Otero, junto a dramaturgos, directores e intérpretes invitados.

Una gran fiesta de 15

Una gran fiesta de 15

Desde el 6 de agosto se llevará a cabo la decimoquinta edición de la Feria de Editores en el complejo C Art Media. Expondrán 340 editoriales de la Argentina, Latinoamérica y Europa. Por primera vez, habrá también una fiesta en Vorterix.

El 6, 7, 8 y 9 de agosto de 14 a 21 se llevará a cabo la Feria de Editores en el Complejo C Art Media con entrada libre y gratuita. La primera edición, en la que participaron 15 editoriales, se realizó en FM La Tribu. Quince años después son 340 editoriales independientes nacionales e internacionales: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y España serán algunos de los países representados.

Victor Malumián, de Ediciones Godot y co-fundador de la Feria de Editores en diálogo con ANCCOM afirma que la FED no es un espacio partidario pero si político: “La feria, en pequeños guiños, suele tener una forma de expresarse. Lo hizo cuando fue la Ley del Aborto Seguro y Gratuito, lo hizo cuando fue el incumplimiento de la Ley de Financiación Universitario”, dice y continúa: “Lo que la feria tiene como movida política es no entregar folletos que los juntás en la entrada y los tirás en el primer tacho, sino regalar un libro que vas a guardar, a tal punto que después los ves a la venta en Mercado Libre.”

Al entrar a la FED se entrega un libro que recopila textos de distintos autores alrededor de una temática: la del 2024 fue violencia, la del 2025 estafa y la de este año será trabajo. “El año pasado había sido la estafa. El chiste era lo que había pasado con Libra, que se había puesto de moda la gente que vende cursos para venderles cursos a otra gente que venda cursos. Y este año el tema trabajo venía muy ligado a la informalización del trabajo que estamos viviendo, a una baja del empleo registrado, a la suba de monotributos, monotributos sociales, autónomos y, además, la reforma laboral”, subraya Malumián.

Durante los días que dura la FED se realizarán distintas charlas y actividades con actores de la cultura, tanto nacionales como internacionales, como: Martín Kohan, Mauricio Kartun, Valeria Tentoni, Julieta Venegas, Martín Rejtman, Pablo Stefanoni, Violaine Bérot, Clara Obligado, Hernán Vanoli, Ornella Pagliaruolo, entre otros.

Una de las novedades de este año es la fiesta que tendrá lugar el sábado 8 de agosto en el Teatro Vorterix: “Nos la venían pidiendo, nosotros nos negábamos, veníamos haciendo cosas más chicas y esta vez vamos a hacer algo bien grande. Está pensada no solo para el público del mundo del libro, sino también para los lectores y las lectoras, que siempre nos piden espacios donde encontrarnos por fuera de la feria” comenta Malumián.

Además, la feria otorga premios a la “Labor librera” que tiene como objetivo reconocer el trabajo de las librerías de todo el país y el premio “Rumbo a Guadalajara” que tiene como fin que el editor o editora ganador vaya a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), uno de los eventos más importantes para la industria del libro. Además, organizará programas como el “Fellowship programme”, una alianza entre la FED, el Institut français d’Argentine, el Centro Cultural de España in Buenos Aires (CCEBA) y el Istituto Italiano di Cultura in Buenos Aires, que tiene como objetivo crear un espacio para que editores de diversas partes de Europa interactúen con la industria editorial argentina y el programa “Carthago”, que tiene como objetivo generar lazos entre el mundo editorial y el audiovisual.

Este mes el Gobierno nacional envió un paquete de medidas desregulatorias al Congreso donde pretende derogar, entre otras, la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera que establece el precio único del libro.El anuncio generó malestar entre editoriales, librerías y autores. Cecilia Fanti, escritora y dueña de la librería Céspedes Libros publicó en su cuenta de X: “Si las librerías pequeñas (que ya están en crisis por la situación económica) empiezan a cerrar, desaparecen los puntos de las editoriales conocidas como independientes. El paso siguiente: desaparecen las editoriales pequeñas y medianas, es decir la bibliodiversidad. Vas a leer y vas a pagar lo que quieren dos o tres jugadores que no tienen ningún interés en la cultura, en la vida del libro, ni en los lectores”.

Por otro lado, desde su cuenta de X, la editorial y distribuidora Blatt y Ríos, publicó: “Las ventas y las cobranzas no repuntan, al contrario. El sector está en una crisis grave, el sector de los libros. Mientras tanto, piensan en cambiar una ley que tiene un consenso absoluto, de cadenas de librerías a editoriales pequeñas y librerías”

Mientras tanto, editores, libreros, distribuidores y lectores se reúnen en la FED y apuestan por la edición independiente. Malumián concluye: “Nuestra expectativa es que la feria se convierta en una lupa que permita magnificar el trabajo de las editoriales. Es decir, que genere una caja de resonancia tal, que cuando un editorial decide publicar una novedad de un autor nacional o uno extranjero, que por el solo hecho de que esté en la feria atraiga a más gente”.

 

Las madres de la guerra

Las madres de la guerra

Lejos de relatos heroicos sobre Malvinas, la obra teatral Matria pone el foco en quienes vivieron la guerra desde la espera. Basada en testimonios reales, la puesta recupera las voces de cuatro mujeres atravesadas por la ausencia, el dolor y la incertidumbre.

Desde el interior del país llegan las voces de Gonaria, Emilia, Tere y Ninoy. Son oriundas de Chaco, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, pero las une una misma historia: la de haber despedido a sus hijos aquel otoño de 1982. Ninguno regresó. Ese es el punto de partida de Matria, la obra dirigida por María Victoria Menis y basada en el documental homónimo de Jimena Chávez, que desplaza el relato de la Guerra de Malvinas del campo de batalla hacia los hogares. A partir de testimonios reales, la pieza recupera las voces de aquellas cuatro madres -interpretadas por Stella Galazzi, Noemí Frenkel, Isabel Quinteros y María Espinosa- que atravesaron el conflicto desde la incertidumbre, el silencio y la ausencia, en una historia que pone el foco en quienes pocas veces ocuparon un lugar dentro del relato oficial.

Lejos de una mirada heroica, la puesta construye un recorrido íntimo donde cada cotidianeidad se mezcla con la incertidumbre y también con la esperanza. Entre ropa tendida, tejidos y fotografías, las protagonistas reconstruyen cómo era la vida antes de la guerra, recuerdan a sus hijos y reviven el momento en que la colimba irrumpió para cambiarlo todo. La espera, de esta manera, se convierte en el eje que atraviesa toda la obra.

La otra batalla

La puesta transcurre con un tono profundamente cercano, como si el espectador fuera invitado a sentarse en el patio de esas casas del interior para escuchar recuerdos que permanecieron guardados durante más de cuatro décadas. La emoción no aparece desde el golpe, sino desde la palabra sencilla, los silencios y los pequeños gestos cotidianos.

Las historias avanzan de manera simultánea. Las protagonistas evocan la crianza de sus hijos, los trabajos, las dificultades para sostener el hogar y el momento en el que todo cambió. «¿Quién va a querer que su hijo vaya a la guerra?», pregunta una de ellas. «A ninguna madre le gusta la guerra. Y menos que se lleven a su hijo», responde otra. La obra encuentra su mayor fortaleza en esa construcción y abrazo colectivo. Cada madre enfrenta el dolor de una manera distinta, pero todas quedan unidas por una espera que parece no terminar nunca. El momento de mayor intensidad llega cuando la sala queda completamente a oscuras y, sin mostrar un solo enfrentamiento bélico, el espectador es trasladado al desconcierto y la angustia que atravesaron aquellas familias, aquellas madres.

En ese clima, el diseño de iluminación de Horacio «Chino» Novelle se vuelve una pieza fundamental de la puesta. Las variaciones de luz acompañan el paso entre los recuerdos, la esperanza y la ausencia, construyendo una atmósfera que sostiene la narración sin imponerse sobre ella y que potencia el carácter íntimo de la obra.

 

Una historia que nadie había contado

Para María Victoria Menis, el impacto que genera la obra tiene una explicación sencilla: propone mirar Malvinas desde un lugar que casi nunca fue narrado. «Cuando preguntaban a muchos soldados de Malvinas en qué pensaban o en qué se sostenían mientras estaban en la guerra, respondían: ‘En mi mamá’. Entonces me pareció importante contar esta historia desde el lado de las madres, porque nadie las escuchó ni les preguntó cómo atravesaron ellas la guerra», explica la directora en diálogo con ANCCOM.

La adaptación teatral nació del documental realizado por Jimena Chávez, quien entrevistó a madres de soldados cuyos hijos nunca volvieron y registró no sólo sus recuerdos, sino también sus silencios y la manera en que el paso del tiempo nunca terminó de cerrar esa herida.

Para Menis, además, la obra dialoga inevitablemente con el presente: «La guerra volvió a estar en todo el mundo. Nosotros estrenamos antes del Mundial, cuando Malvinas volvió a aparecer en las conversaciones de muchos argentinos. Me parece importante que la gente joven venga a verla, porque Malvinas no es solamente materia de estudio; también es materia de reflexión. Y no hay que olvidar que la guerra no ocurrió en un contexto cualquiera, sino que se dio durante la última dictadura militar.»

A más de cuatro décadas del conflicto, Matria propone otra forma de pensar Malvinas. No desde las estrategias militares ni desde los discursos patrióticos ni políticos, sino desde quienes sostuvieron la ausencia puertas adentro. Al poner a las madres en el centro del escenario, la obra recupera una memoria pocas veces contada y recuerda que toda guerra deja heridas mucho más allá del campo de batalla.

Matria se presenta todos los domingos de agosto a las 17hs en El Excéntrico de la 18º, ubicado en Lerma 420, CABA. Las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.

Hacer canciones como un juego serio

Hacer canciones como un juego serio

Con temas que zigzaguen entre el pop y el techno, el bolero y el rock, Mailén Pankonin se declara “un poco adicta a hacer canciones”. “A mí música la asocio con un dolor extraño, como de fin de fiesta”, dice esta porteña de 29 años, que se presenta este sábado en Lalalá.

Fanática empedernida del yeite porteño, el vocabulario olvidado y las melodías asesinas. Así se define Mailén Pankonin, cantante y compositora de 29 años, autora de los discos ¿Cuál sería la peor pesadilla para una sirena? (2021) y Affaire (2023), y de otros dos EP, los miniálbumes Té con masitas y Plan de salud (2020, ambos). Este sábado canta algunas de sus canciones en el espacio cultural Lalalá.

“En mi casa la música siempre estuvo muy presente y estudié piano y enseñanza Dalcroze en un área de la UNA (Universidad Nacional de las Artes) desde los cinco hasta los doce”, reconstruye la artista sobre sus inicios, en diálogo con ANCCOM. Aunque se alejó por unos años del instrumento, la música siempre representó un refugio para Pankonin. La llegada de la pandemia la llevó a buscar entre sus poemas y comenzar a musicalizarlos hasta que tomaron la forma de canciones. De esta manera compuso su primer EP, Té con masitas, y luego del aislamiento llegó su primer disco con la ayuda del productor Pablo Berardi. “Soy un poco adicta a hacer canciones –admite–, lo considero como un ejercicio casi involuntario, como un juego serio”.

Su voz grave, acompañada por melodías pegadizas que zigzaguean entre el pop y el techno, construye un collage de distintas experiencias que evoca el futuro incierto para una generación, la plata que no alcanza y los vínculos afectivos rodeados de preguntas, declaraciones apasionadas a concretarse en un hotel de Luz y Fuerza o los desencuentros amorosos.

La Ciudad de Buenos Aires es el paisaje que hace juego con sus canciones. Pankonin agrega que “hay algo de la ciudad, pero no de la ciudad caótica, es como ese momento de volver a casa o de la madrugada también. A mi música la asocio con ese dolor que es un poco extraño, como del fin de fiesta, ese estado más introspectivo de haberse divertido”.

“Lo que hacés no es cultura del entretenimiento”, recuerda que le dijo una amiga en una ocasión. Y es que la cantante deposita en sus letras porteñas los dolores del mundo con humor e interpelando a más de uno con sus sintetizadores. “A mí me pasa cuando escucho canciones que son realmente profundas, no tristes sino profundas, que la experiencia se transforma en un lugar de mucha reflexión y eso es especial”. Además hace hincapié en las presentaciones en vivo a las que caracteriza como momentos emocionales y de entrega.

Inspirada por Charly García, María Gabriela Epumer, Fabiana Cantilo, Leo García, Dani Umpi, bandas como Entre Ríos o Adicta y demás voces del pop under, comenzó su carrera de forma independiente bien anclada en latinoamérica y con distancia de las referencias internacionales. “[Daniel] Melero es mi mayor referente total, es alguien que aborda muchos géneros, el pop, el rock, la canción, incluso la música experimental. También pienso en la referencia que no sea solo por la música, sino cómo se desarrolló a lo largo de su carrera, que es algo que por ejemplo también me pasa con Juliana Gattas. Son esos personajes que de repente tocaron unos techos tremendos, que se rodean de gente retalentosa y con un montón de recursos, y vos ves que siguen siendo la misma persona”, añade Pankonin.

En enero de este año la artista firmó con Geiser Discos y comenzó a trabajar en un nuevo álbum. Se trata del sello jóven de la discográfica independiente PopArtMusic que impulsa a proyectos musicales emergentes y de la escena alternativa en Argentina como Conociendo Rusia, Juan Ingaramo, Javiera Mena o Mi Amigo Invencible. En este sentido, remarcó la importancia de poder entrar a una estructura un poco más grande en este contexto socioeconómico y el desafío que presenta esta nueva etapa, en la que es necesario aprender a convivir con la fantasía y la burocracia, dice, pero sin olvidar que “lo creativo es lo que prima y no hay que abandonarlo nunca”.

Luego de años de recorrido y varias experiencias acompañando el proceso de otros artistas, en su próximo disco también ocupará el rol de coproductora. “Es lindo porque también vuelvo a ese primer gesto que fue Té con masitas, pero con más aprendizaje”, concluye la compositora. Algunos de los nuevos temas podrán escucharse mañana: allí buscará renovar los votos de esa profundidad que tanto le gusta llevar a cabo en vivo.

 

Mailén Pankonin se presenta el sábado 1° de agosto a las 21 en el espacio cultural Lalalá, Alvarez Thomas 1541. Estará acompañada por Matt Montero y Ceretti. Las entradas pueden adquirirse en Passline

Suban el volumen

Suban el volumen

La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos “Pascual Grisolía” es única en su tipo en todo el mundo. Bajo el marco del Programa Infancias, el elenco va a presentarse en el Museo Nacional de Arte Decorativo, después de un show sensacional que ofreció en el ex Centro Cultural Kirchner. Un orgullo argentino que también sufre el impacto del ajuste.

“En el escenario la discapacidad pasa a segundo plano”, dice el clarinetista Federico Kruszyn, integrante de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía desde hace más de diez años. Aproximadamente el 80% de los cincuenta y cinco músicos que forman parte del elenco tienen la misma discapacidad que Kruszyn. Desde su debut en 1947, la primera y única orquesta de su tipo en el mundo, que depende de la Dirección Nacional de los Elencos Estables de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, agiganta en cada concierto una hazaña artística sin precedentes.

Con motivo del receso invernal, el elenco nacional preparó un show para los más pequeños de la familia. La Sala de Conciertos Ballena Azul del Palacio de la Libertad (ex Centro Cultural Kirchner) recibió a un público que no podía contener sus emociones: las canciones que escuchan todos los días, aquellas que aprendieron con la maestra en el jardín de infantes y que los introduce en el mundo musical, ahora eran interpretadas por una de las bandas sinfónicas más emblemáticas del país.

Acompañados por la cantante invitada Karina Antonelli, la orquesta dio inicio a su presentación con tres clásicos de María Elena Walsh, seguido por dos canciones de Ruben Rada. Después de un preámbulo donde se destacó que “lo esencial es invisible a los ojos”, los músicos tocaron la poesía sinfónica de Ferrer Ferran basada en El Principito, de unos sorprendentes diecisiete minutos de duración. Como se trató de una función especial, la banda contó con la participación de la Escuela de Formación Nacional en Danza (EFNED), dirigida por Margarita Fernández.

La preparación de un concierto

Los músicos entran por concurso o audiciones y ensayan tres veces por semana. Pero los días que se quedan en casa son incluso más importantes que los ensayos grupales, dado que es allí donde leen las partituras en braille y se encargan de memorizar piezas de una altísima complejidad. Son los únicos que, cuando tocan en vivo, no utilizan atriles. Julieta López forma parte de la fila de percusión, que cuenta con la particularidad de no encasillar a los músicos en un solo instrumento, sino que rotan entre el redoblante, el gran cassa y diversos accesorios rítmicos. La percusionista cuenta que formar parte de la banda se siente como “cerrar un ciclo después de tantos años de dedicarse a la música”. Oriunda de Mendoza, desde chica tuvo una fascinación por las bandas de Rock, donde predominan las guitarras y baterías. Cuando surgió la oportunidad de mudarse a Buenos Aires para audicionar en la sinfónica, no lo dudó: sus quince años de experiencia en bandas y proyectos mendocinos, sumado a su título en el profesorado de música y una preparación con un profesor particular, hicieron que finalmente Julieta pueda vivir de lo que ama.

Una característica de la banda es que cuenta con un sistema de directores invitados que van rotando. Para este ciclo de shows, que seguirá el viernes 31 de julio en el Museo de Arte Decorativo y culminará el sábado 1 de agosto en el Ciclo Florida Cultura, el elegido fue el Maestro Esteban Fernández, quien se enorgullece de haber sido reclutado por los propios músicos y no por algún administrativo. Sucede que el director cordobés había dirigido a la banda durante una semana en el 2015, y eso bastó para haber entablado una gran relación con algunos de los solistas. En diálogo con ANCCOM, el director destaca cuales son los aspectos a los que tuvo que adaptarse en este nuevo modo de dirección, el cual hace de la gestualidad corporal algo obsoleto: “Modifiqué la técnica al incorporar golpes en el atril, y cambié por completo la forma de administrar el ensayo. Por ejemplo, trabajamos con cuarenta compases por día, y lo que a una banda sin discapacidad visual le tarda una semana, a ellos les lleva dos meses”. En oposición a visiones verticalistas, Fernández se presenta como un “conductor del equipo”, donde el objetivo es tratar de capitalizar la virtud de los músicos: “Mientras más dudas les deje, mejor –dice el director–. Tienen una forma diferente de apreciar las cosas pero, sin menospreciarlos, noto que entre ellos hay cierto conformismo cuando intuitivamente pueden dar mucho más. Pero una vez que terminen estos tres shows, se vence el contrato: el horizonte dura dos meses, no hay margen de crecimiento. Las obras son esporádicas y no hay un programa artístico en función de lo que los músicos necesitan”.

Abundan los recortes

La banda, que toca habitualmente en el ex Centro Cultural Kirchner, depende del ex Ministerio de Cultura, transformado en Secretaría. Esto trajo consigo consecuencias que hasta el momento eran desconocidas para los músicos. La banda iba a presentarse en el Festival Nacional de Tango de La Falda, pero su participación fue cancelada a último momento. En su larga trayectoria, Federico Kruszyn ha recorrido distintos puntos del país, pero menciona que en la situación actual “la cuestión económica se delega a las provincias”, dando como resultado que no se realicen giras nacionales: “Hasta último momento estuvimos viendo cómo se resolvía el hospedaje y el transporte. Es un gobierno que llegó al poder levantando la bandera del mérito, y no entiendo por qué se maneja así con gente que llegó donde está de la misma forma. Nadie entró porque golpeó la puerta, vio luz, y subió. Todos nos formamos y tenemos credenciales y un currículum que nos avala para estar donde estamos”, dice Kruszyn, quien también es docente de musicografía braille en dos conservatorios. Julieta López agrega que quienes trabajan para Cultura han sentido el impacto en muchísimos ámbitos, como en los espacios de ensayo y en los recursos con los que cuentan: “Hay otro tipo de inversión, ya que la Secretaría no tiene presupuesto propio. Ahora mismo estamos a la expectativa de lo que parece ser un contrato que no nos favorece para nada, todo consecuencia de esta nueva forma de gobernar. Se está tratando de ver la manera para sostener el contrato actual, y mientras atravesamos estas noticias, venimos a ensayos generales, memorizamos, y convocamos a gente a los conciertos”.

Naturalmente, el director asignado debería tener en cuenta las circunstancias ajenas a la música per se para poder trabajar en armonía con la banda. Sobre este tema, Esteban Fernández opina: Ccon esta clase de músicos trabajás hasta donde la mente puede. Con los recortes contractuales y otras complicaciones que atraviesan, tengo que ser cuidadoso: ¿hasta qué punto se les puede exigir? Cuando se logre concretar el tiempo y la previsibilidad necesaria para diagramar un programa a corto y largo plazo, también se van a terminar los desmanejos para con ellos”.

En definitiva, la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos es otro patrimonio nacional que debe resistir los embates del gobierno. Para Kruszyn, la mejor manera que tienen los músicos para hacer visible su reclamo es no dejar de tocar: “Quizá sea algo romántico, y muchos compañeros probablemente estén en desacuerdo conmigo; pero llenar salas y demostrar que nos necesitan, y que somos relevantes, es la forma indicada de decir ‘acá estamos’”.