¿Un hogar, un voto?

¿Un hogar, un voto?

Una propuesta impulsada por sectores ultraconservadores en Estados Unidos busca reemplazar el voto individual por “un voto por hogar” emitido por “el jefe de familia”. Aunque todavía es sólo una iniciativa, forma parte de una ofensiva más amplia que intenta reinstalar modelos tradicionales de familia, limitar la autonomía femenina y fomentar nuevas-viejas masculinidades a través de las redes sociales. ¿Qué pasa en Argentina?

Durante más de un siglo, el derecho al voto de las mujeres pareció una conquista consolidada dentro de la democracia estadounidense. Consagrado en 1920 con la 19ª Enmienda de la Constitución, se estableció que el derecho al voto no podía ser “negado ni restringido” por “razón de sexo”. Aunque ese avance no garantizó el acceso efectivo de todas -las mujeres negras continuaron enfrentando barreras legales hasta la aprobación de la Ley de Derecho al Voto de 1965-, el sufragio femenino parecía formar parte de ese conjunto de consensos democráticos que ya no admitía discusión. Por lo menos, hasta ahora.

En las últimas semanas, sectores de la (cada vez menos) nueva derecha estadounidense (la famosa alt-right) volvieron a ponerlo en cuestión a partir de una campaña bajo la consigna “Repeal the 19th” (Revocar la 19ª Enmienda), que propone reemplazar el voto individual por el denominado household voting o “voto por hogar”: un sistema mediante el cual un único integrante de la familia -el marido- emitiría el voto en representación de toda la casa.

En paralelo, y como condición necesaria a este discurso, crecen las tradwives (mujeres tradicionales), creadoras de contenido que promueven un modelo de familia basado en la división tradicional de los roles de género: hombres proveedores y mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, la maternidad y el cuidado. A través de redes sociales muestran una vida doméstica idealizada que, lejos de limitarse a una elección personal, suele ir acompañada de discursos abiertamente antifeministas y de cuestionamientos a la autonomía económica y política de las mujeres.

Pero, ¿de dónde nacen estas propuestas? ¿Dónde se discuten estas ideas que hace pocos años parecían impensables? En gran medida, en la llamada “manosfera”: un ecosistema digital capaz de moldear las creencias políticas de las personas -en especial, de los varones jóvenes- que reúne comunidades, influencers, podcasts y cuentas de redes sociales donde circulan discursos que reivindican la masculinidad tradicional, cuestionan los avances del feminismo y promueven modelos familiares basados únicamente en jerarquías de género.

Lejos de tratarse de un fenómeno exclusivamente estadounidense, la manosfera también encontró eco en Argentina. Un informe reciente de la consusltora Zuban Córdoba muestra que uno de cada cuatro argentinos utiliza diariamente plataformas como X, Reddit o Youtube para informarse en cuestiones vinculadas a temas de género. Al mismo tiempo, uno de cada cinco justifica, en algún grado, el acoso online contra mujeres que expresan determinadas opiniones políticas, “una validación de la violencia digital como herramienta de disciplinamiento”.

Aunque hoy no existe ningún proyecto legislativo con posibilidades materiales de eliminar el voto femenino, la discusión dejó de estar confinada a pequeños espacios marginales de internet. En el país del norte, en los últimos meses la propuesta comenzó a ganar visibilidad de la mano de referentes de extrema derecha y organizaciones ultraconservadoras, pero también de un actor que complejiza el debate: las propias mujeres. Influencers y referentes conservadoras, muchas de ellas identificadas con el movimiento tradwife, sostienen públicamente que estarían dispuestas a renunciar a su derecho al voto para que sea el marido quien represente políticamente a toda la familia. Lejos de tratarse de una defensa de la igualdad, presentan esa cesión como una forma de restaurar el “orden natural” de la familia y los roles tradicionales de género.

Una de las principales impulsoras del household voting es Erika Kirk, referente de la organización ultraconservadora Turning Point USA y viuda del activista Charlie Kirk, asesinado el año pasado. Durante el Women’s Leadership Summit 2026, realizado el pasado junio en Texas, defendió públicamente este modelo bajo el argumento de que el matrimonio constituye una única unidad política y moral. Desde esa lógica, marido y mujer (sin alternativas), deberían compartir los mismos valores políticos, morales y religiosos y, por lo tanto, no habría necesidad alguna de que ambos votaran.

Otra de las voceras de la Cumbre del Liderazgo Femenino fue Savanna Stone, una influencer de 21 años, que promueve aquella narrativa basada en la premisa de que “las mujeres no deberían votar”. En una entrevista, sostiene que su sistema ideal sería el de un voto por familia: “Un hogar, un voto. El esposo sería quien decidiera en última instancia, pero creo que los dos deberían compartir las mismas opiniones políticas y religiosas. No creo que eso sea renunciar a tu poder”. No parece casual que, con la brecha de género cada vez más latente en cuestiones políticas, este debate resurja.

Según el informe de Zuban Córdoba, el 92,6% de los argentinos considera que el voto femenino es un derecho adquirido que ya no debería discutirse, mientras que el 94,5% rechaza eliminarlo. Sin embargo, el consenso no es total: hay un 4% que acuerda con la propuesta de un voto por hogar.

Por ahora, en Argentina, estas posiciones siguen siendo minoritarias. Según el informe de Zuban Córdoba, el 92,6% de los argentinos considera que el voto femenino es un derecho adquirido que ya no debería discutirse, mientras que el 94,5% rechaza eliminarlo. Sin embargo, el consenso no es total: hay un 4% que acuerda con la propuesta de un voto por hogar. Aunque se trate de una minoría, el dato resulta significativo más aún en un contexto de expansión de las nuevas derechas, que vuelven a poner en discusión conquistas democráticas que, hasta hace pocos años, parecían definitivamente saldadas.

 

Democracia en disputa

Para Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), la sola existencia de este tipo de propuestas constituye una señal de alarma. «Me parece muy inquietante que se promuevan distintas maneras de lesionar los valores de la democracia liberal, en la que se avanzó de modo tal que a través del sufragio se representaba la voluntad de toda la ciudadanía», señala en diálogo con ANCCOM.

La especialista considera que el sufragio por hogar implica mucho más que una simple modificación electoral: «Promover un voto por familia es retroceder a la época en que las mujeres no eran consideradas ciudadanas. Y si se restringe ese derecho, seguramente seguirán otros, como el manejo de la economía familiar o las decisiones sobre los hijos dentro del matrimonio”. En América Latina, explica, estas ideas no necesariamente se expresan mediante proyectos para eliminar el voto femenino, pero sí a través de discursos que buscan reinstalar un único modelo legítimo de mujer: «Las iniciativas que buscan volver a valorizar el rol familiar o doméstico de las mujeres, por encima de su decisión de desarrollarse profesional o laboralmente, van en una dirección similar porque promueven la limitación de la autonomía de las mujeres», sostiene.

La abogada recuerda que los consensos democráticos construidos durante las últimas décadas apuntaron justamente a ampliar las posibilidades de elección para todos los ciudadanos. «El progreso se da cuando todas las personas pueden vivir vidas libres y autónomas. No hay autonomía cuando existe dependencia emocional, económica, social o política. Eso no va en detrimento a la elección de dedicarse a la vida familiar, por ejemplo, pero sin renunciar al derecho a no hacerlo.»

La masculinidad como proyecto político

El avance de este tipo de propuestas no puede entenderse por fuera del crecimiento de las nuevas derechas a nivel internacional. Lejos de tratarse de fenómenos aislados, el cuestionamiento a derechos conquistados forma parte de un proyecto político mucho más amplio que busca reinstalar jerarquías tradicionales en las relaciones de género: la gran batalla cultural. En ese esquema, los varones jóvenes ocupan un lugar central. Frente a una generación atravesada por la precariedad, la incertidumbre y la falta de horizontes colectivos, estos espacios ofrecen respuestas simples y un sentido de pertenencia construido alrededor de una masculinidad que “recupera” la autoridad, la dominación y el rechazo al feminismo como formas de identidad. De hecho, existe globalmente una creciente brecha entre el voto masculino, más bien conservador e individualista, y el de las mujeres, más “progresista” y centrado en la construcción de comunidad, algo que también ayuda a explicar el proyecto de un voto por familia.

Para Nicolás Pontaquarto, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social que investiga, capacita y busca incidir en las políticas sobre estas temáticas, las nuevas derechas “buscan reconstruir una masculinidad patriarcal y misógina organizada en función del odio, la humillación y la vulneración de la diferencia. No es una masculinidad nueva: es la masculinidad tradicional, aunque adquiere nuevas formas de expresión en el mundo digital».

Según el especialista, este discurso encuentra una recepción especialmente fuerte entre los varones menores de 30 años porque muchos crecieron sin referencias claras sobre qué significa construir una masculinidad diferente: «Es una generación que tiene un vacío respecto de qué se espera de un varón y cómo construir una masculinidad desde otros lugares. Esos espacios terminan siendo ocupados por ofertas identitarias que prometen resolver esa incertidumbre.» Entre esas propuestas aparecen figuras conocidas dentro del universo digital: influencers del fitness, cryptobros, gurúes financieros, coaches motivacionales y vendedores de cursos que presentan el éxito económico y el rendimiento físico como respuestas individuales frente a la incertidumbre. «La apelación siempre es la misma: resolver la crisis masculina mediante una salida individual”. Esas narrativas encuentran su mayor punto de circulación en la manosfera. Como explica el informe expuesto de Zuban Córdoba, “para muchos de estos creadores de contenido, el foco no está en la política: se presentan como simples intereses masculinos pero, al profundizar en esas comunidades, aparecen críticas a la modernidad, a la liberación femenina y a la incorporación de las mujeres al mercado laboral».

Para Pontaquarto, «La manosfera se constituyó como un espacio donde se difunden estos discursos antifeministas, pero además los algoritmos de las redes sociales promueven el odio, la polémica y las formas más agresivas de comunicación». El investigador señala que distintos estudios internacionales muestran la rapidez con la que las plataformas recomiendan contenidos misóginos a usuarios varones. «En apenas veinte minutos, si sos un varón joven, el algoritmo puede empezar a recomendarte contenidos de ese tipo e iniciar un proceso de radicalización política.»

Para que un único voto represente a toda la familia primero es necesario reinstalar una idea determinada sobre cómo debe organizarse esa familia: un varón que ejerce la autoridad y una mujer cuya voz política queda subordinada a la de su esposo. El household voting difícilmente se transforme mañana en un proyecto de ley con posibilidades reales de prosperar. Sin embargo, el solo hecho de que vuelva a discutirse revela un cambio de época y de estrategias políticas. Funciona, de hecho, como síntoma de una ofensiva política que busca revisar derechos consolidados, reinstalar jerarquías tradicionales dentro de la familia y disputar el sentido mismo de la democracia. Basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados, dicen.

Nueva marcha para preguntar dónde está Luciana

Nueva marcha para preguntar dónde está Luciana

La joven neuquina Luciana Muñoz Aguerre lleva dos años desaparecida. La familia denuncia inacción judicial y gubernamental. Hoy se movilizan en su provincia.

Luciana Muñoz Aguerre tenía 20 años cuando desapareció el 13 de julio de 2024 en el barrio de Gran Neuquén Norte. En diciembre del año pasado su caso fue trasladado a la Justicia Federal y calificado como trata y desaparición forzosa, pero más allá de haber logrado esta carátula su familia afirma que la causa se encuentra estancada. Ante la ausencia estatal, los familiares y amigos de Luciana reclaman que la búsqueda de parte del gobierno provincial y federal continúe y se refuerce. En este marco, hoy a las 16 realizarán una manifestación en Neuquén desde el Monumento a San Martín hacia la Casa de Gobierno para seguir visibilizando el caso y exigiendo una respuesta a la pregunta “¿Dónde está Luciana?”.

Silencio e impunidad

Mirta Muñoz, abuela paterna de Luciana, afirmó que se siente indignada y manipulada por las autoridades gubernamentales. Además, supone que hay información que no les están compartiendo y añadió que no recibieron ningún tipo de apoyo psicológico. “Estoy muy desilusionada. Es una lástima porque no nos cuidan ni representan”, destacó. Por un lado, les piden que expresen que el gobierno provincial las apoya y por otro le piden a la Mirta “que no se meta” y dejan a la familia esperando horas en la puerta de la Fiscalía. 

Este episodio sucedió meses atrás, cuando tras varios llamados solicitando una cita con el fiscal, Lila Aguerre, la madre de Luciana, y Mirta lograron pactar un día y horario. Ellas se presentaron puntuales y una hora y media más tarde, cuando fueron atendidas, les dijeron que las recibirían media hora después. Llegado ese horario, les comunicaron sin disculparse que la reunión había sido reprogramada para el día siguiente. Mirta se quejó y exclamó que estaban jugando con su tiempo y con su trabajo, a lo cual le respondieron que “ella no era necesaria” al no ser la querellante de la causa, que está a nombre de Lila. Ante esta expulsión sostenida por parte de las autoridades provinciales, Muñoz se afianzó en su postura y repitió que seguirá estando presente en todas las instancias que pueda. “Quisieron sacarme pero conmigo se equivocaron, yo no me pienso hacer retirar del caso. Es mi nieta la que desapareció, es mi nieta a la que estoy buscando. No me voy a ir porque a esa nena la crié, es parte de mi familia”, expresó.

Además, el caso de Luciana se enmarca dentro de un contexto de alta tasa de feminicidios y violencia de género en la provincia. Según el Observatorio de las Mujeres y Diversidades, en 2025 Neuquén fue la tercera provincia del país con mayor tasa de femicidios, con siete casos registrados. Además, más de 3.500 mujeres recibieron medidas cautelares. 

El único imputado por la causa fue Maximiliano Avilés, acusado de haber dado falso testimonio. Sin embargo, hoy se encuentra libre y la familia de Luciana sospecha que tanto él como los otros involucrados en la desaparición están siendo amparados y encubiertos por personas de alto rango. Esta hipótesis se ve fortalecida por el hecho de que Avilés fue liberado sin pruebas a su favor, porque tuvo advertencias antes de que su casa fuera allanada por la policía y porque aún así se encontraron manchas de sangre en su domicilio. Muñoz aseguró que nunca les informaron de quién era esa sangre y que este desconocimiento se debe a su exclusión de parte de la Provincia, que no les comparte los detalles de la información obtenida.  “Si nosotros pedimos audiencia, nos mandan a hablar con el abogado, que es un abogado de oficio de Nación”, expresó.

Federalizar la búsqueda

En septiembre de 2025 Lila y Mirta viajaron a la capital del país acompañadas de la agrupación Mujeres por la Libertad para exigir que el caso de Luciana fuera llevado a la Justicia Federal y que fuera calificado como trata de personas. Si bien lograron este objetivo, Mirta afirma que el accionar de las autoridades nacionales se asemeja mucho al de la provincia. “Pensábamos que acá iba a ser distinto pero es lo mismo. Nos dicen que seguramente ella se fue por voluntad propia pero nosotros sabemos que no es así, eso fue lo primero que descartamos. Cinco meses antes de que desapareciera, Luciana me había dicho que cuando terminara el secundario iba a venir a vivir conmigo”, recordó Muñoz. 

La abuela de Luciana también lamentó que algunos medios de comunicación sigan presentando a su nieta como una persona cambiante, inestable o impredecible, culpabilizando a la víctima y corriendo el foco de la responsabilidad gubernamental. “Todos los que la conocemos sabemos que ella era muy franca, siempre avisaba a dónde iba y con quién”, aseguró. Además, Luciana tenía proyectos a futuro que había compartido con su familia y amigas y nunca había mencionado que pensara en irse. “Ella me había dicho que quería seguir estudiando y que admiraba mucho a su tía porque ella estudiaba, estudiaba, estudiaba. Y yo le había dicho que siempre la iba a ayudar, que nunca le iba a faltar comida y que iba a colaborar con las fotocopias, los libros y con todo lo que necesitara”, agregó Mirta. 

Ante la falta de respuesta y la exclusión que sufrió de parte del poder nacional y provincial, Mirta planea internacionalizar la búsqueda. “Voy a mandar una carta a agrupaciones de Derechos Humanos en México que se ocupan de ayudar a madres y abuelas de desaparecidos”, compartió. La lucha de Lila y Mirta recuerda a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, con quienes marcharon en septiembre cuando viajaron a Capital Federal. “Nosotras también tenemos vínculo con la filial de acá, que se reúnen el tercer jueves de cada mes. Ellas son una gran compañía y un apoyo”, añadió. De este modo, el reclamo por la aparición de Luciana es una pelea social y comunitaria, con la participación de asociaciones de derechos humanos, agrupaciones feministas y grupos de maestras que apoyan a la familia.

Una convicción firme

Hoy la familia, las amigas, los docentes y los conocidos del barrio de Luciana se reúnen con agrupaciones sociales y artistas para exigir a las autoridades que continúen con la búsqueda y alzar la voz para que el caso se conozca en todo el país. La manifestación se realizará a las 16 en el monumento a San Martín, un lugar de reunión emblemático y estratégico en Neuquén, y contará con oradores, pancartas y la presentación de un mural móvil realizado por la artista Verónica Tortosa. “Aunque llueva igual lo vamos a presentar. Yo por lo menos me voy a presentar; aunque llueva, nieve, truene, voy a estar ahí”, aseguró la abuela de Luciana.

Mirta expresó su confianza en que algún día la van a encontrar, describiendo ese momento como su sueño más grande. “Yo sé que va a aparecer, por eso mismo la sigo buscando. Ese es mi anhelo, mi ilusión, estar en una entrevista como esta y poder decir que apareció Luciana.”

 

Cuando las víctimas de abuso también son ellos

Cuando las víctimas de abuso también son ellos

Validando es una ONG que acompaña a varones víctimas de abuso. De los casos denunciados en la pensión de Independiente a una educación emocional que permita hablar, denunciar y sanar.

Fernando Langenauer coordinaba la pensión de jugadores juveniles de Independiente cuando salieron a la luz los casos de abuso sexual a menores de edad que vivían allí. Gracias al acercamiento empático y la mirada desde la educación emocional los chicos pudieron comprender que lo que les había sucedido no era algo de lo que avergonzarse, que los culpables eran quienes habían cometido un delito contra ellos, y se animaron a hablar. “A partir de ese acompañamiento a chicos y a familias, es que a mí me queda la sensación de que había algo más por hacer”, dice el ahora excoordinador del club de fútbol. Langenauer había formado parte de “Shalom Bait”, una asociación civil que acompaña a mujeres en situación de violencia de género, y fue allí donde una tutora de la organización le hizo ver que no había ninguna ONG exclusiva para apoyo a varones. Así nació Validando: “Encontré en la educación la manera de ayudar a esos chicos a reparar, en ese acompañamiento, en ese estar ahí con ellos en los momentos difíciles”, dice el fundador de Validando, organización que tiene por objetivo acompañar a hombres víctimas de abuso, en diálogo con ANCCOM.

El nombre Validando es una parte importante de la identidad de la institución ya que representa la misión de legitimar las experiencias de las víctimas para que se animen a hablar y comenzar el proceso de sanar emocionalmente, sintiéndose acompañados. La mayoría de las víctimas guardan el secreto por años, habiendo sido abusados en su niñez, y en gran porcentaje de los casos tratándose de abusos intrafamiliares. Actualmente, tiene dos espacios de grupos, uno que se ocupa de trabajar colectivamente con personas que atravesaron estas experiencias traumáticas, y un grupo de familiares para “sostener a los que sostienen”. También abrieron recientemente un taller literario para ayudar a expresar, lo que muchas veces no se puede oralmente, mediante la escritura.

Si bien se repiten patrones en la mayoría de las víctimas, el proceso de cada uno conlleva un accionar distinto ya que se conecta con la experiencia de forma personal. Luego del contacto inicial, se coordina una entrevista personalmente con el director y Sol Marín, counselor y directora operacional de la organización. Son ellos quienes se encargan de continuar el proceso con apoyo psicológico y asesoría legal según haga falta. “La verdad es que nosotros no tenemos una forma de hacerlo. Sí tenemos claro lo que no puede faltar, que es el espacio para que la persona hable, que se sienta cómodo, que sea seguro, que entienda que esto es totalmente discreto”, cuenta Marín.

Langenauer destaca que fue su recorrido en el mundo del fútbol en Vélez Sarsfield y en Independiente lo que le otorgó herramientas para sostener el tipo de acompañamiento que dio frente a la difícil situación que le tocó abordar en la pensión de éste último club y para realizar el trabajo que hace en Validando. Más allá de su formación académica (es licenciado en Ciencias de la Educación) decidió trabajar en la intersección entre educación, deporte, juego y teatro, y desde la educación emocional: proceso pedagógico que desarrolla y potencia la capacidad de comprender y comunicar sentimientos, emociones, pensamientos y también advertir el impacto emocional de las propias acciones en los demás: “Yo estudié teatro durante muchos años y empecé a trabajar en el fútbol haciendo talleres de teatro. Indagar en la educación emocional, todo ese trabajo previo, sumado a una estructura de contención muy fuerte, fue lo que me dio a mí la posibilidad de acompañar a que esos chicos en su momento puedieran hablar de algo tan groso en el mundo del fútbol, más en varones, con estas ideas arraigadas más misóginas, del macho y que tanto deterioran el mundo del fútbol. Pudieron hacerlo porque tenían mucha confianza y porque tenían herramientas de educación emocional. Sin esas herramientas no lo hubieran podido hacer”, cuenta Langenauer.

La experiencia y el camino recorrido le abrieron los ojos acerca de la importancia de un ámbito que reconociera la necesidad y la urgencia de los varones de expresar sus emociones: “La idea de Validando es poder generar esto mismo en diferentes espacios, escuelas, clubes, asociaciones civiles, o quien nos contacte desde una experiencia ya vivida, ya transitada, que es súper valiosa y súper importante. No tiene que ver solamente con el abuso. La educación emocional tiene que ver también con muchísimas emociones vinculadas, que derivan incluso en suicidios, poder ponerle palabras a lo que se está sintiendo. Estas mismas emociones pueden ser buenas, malas, pero pasan todo el tiempo”, agrega el coordinador.

El equipo interdisciplinario de la organización se ocupa tanto de la contención como del acompañamiento psicológico y el asesoramiento legal. Junto al fundador y la directora operacional, trabaja Pablo Goldin, psicólogo y psicoanalista, coordinador de esta área. Para Marín, “nosotros tres somos como una especie de mesa chica. Y también están los demás integrantes. Somos un equipo de voluntarios junto a Daniela Urfeig, socióloga; Beatriz Julia Mauer, contadora; “Naty” y German Bellizi, periodistas. Además está la Comisión Directiva, que hace un trabajo más desde la identidad de Validando. Y después está el área que se ocupa de reunir recursos financieros o materiales, muy importante para nosotros, obviamente, para existir. En total creo que debemos ser 10 o 12 voluntarios, y después hay alianzas con otras ONGs”, explicó.

Su director expresa que, desde la experiencia de esta primera ONG que brinda apoyo a varones víctimas de abuso, se busca transmitir un mensaje más amplio: el machismo y la misoginia afectan también a los hombres. Y asumen el desafío de proponer un cambio de paradigma en la forma que ellos transitan y expresan sus emociones y las vivencias que los atraviesan. “Proponemos un cambio cultural –afirma Langenauer-. Nos interesa inculcar en la sociedad que los hombres también sufren, que a los hombres también les duelen las cosas, y que son abusados y necesitan compañía”.

La IA no sabe de consentimiento

La IA no sabe de consentimiento

Alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires repudiaron con un ruidazo la difusión de imágenes de compañeras manipuladas con inteligencia artificial en un grupo de WhatsApp integrado por chicos del Nacional y del Pellegrini. “Esto está pasando en muchos colegios, y tiene mucho que ver con la época en que vivimos”, plantea Ona Morgenfeld, vicepresidenta del Centro de Estudiantes.

El pasado 3 de junio se realizó la masiva concentración de Ni una menos.

Bombos, aplausos y palabras de protesta en la puerta del Colegio Nacional de Buenos Aires. Un grupo de estudiantes se reunió ayer para repudiar un hecho que desde el fin de semana sacude a la comunidad educativa: la existencia de un grupo de WhatsApp integrado por alumnos del Nacional y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini en el que se difunden imágenes de compañeras, algunas manipuladas con inteligencia artificial y otras no, sin su consentimiento. El Centro de Estudiantes del Nacional de Buenos Aires (CENBA) publicó un comunicado informando sobre el acontecimiento, que expresa “el máximo repudio desde la impotencia, la indignación, la bronca y el dolor” frente a hechos que, sostienen, exigen romper el silencio. Allí denuncian que el grupo fue creado “con el fin de difundir y comercializar imágenes y videos de amigas y compañeras, tanto editados con Inteligencia Artificial como no, sin ningún tipo de consentimiento”, y reclaman que las estudiantes no sean obligadas a convivir cotidianamente con quienes participaron de esos circuitos de violencia. Bajo la consigna “que el silencio no nos gane”, convocaron a un ruidazo, donde leyeron una carta escrita por la Comisión de Géneros del Centro de Estudiantes.

Alrededor de setenta estudiantes se congregaron alrededor de diez o doce chicas que se turnaban para leer la carta. Por el resto de la vereda, otros estudiantes pasaban y oían de refilón. Para algunos pequeños grupos de alumnos, el ruidazo parecía pasarles desapercibido. En tal escenario, Ona Morgenfeld, vicepresidenta del CENBA, relató a ANCCOM la secuencia de hechos: “Nos enteramos el viernes pasado que había un grupo de Whatsapp de chicos de segundo año, tanto del Pellegrini como del Buenos Aires, que compartían fotos de chicas, algunas editadas con inteligencia artificial y otras no. Las chicas se enteraron y salieron a repudiarlo en redes sociales y ahí nos enteramos todos. Llegamos el lunes al colegio y nos encontramos con una situación bastante horrible. En segundo año, mucho caos. No tenemos una información tan certera de todo, ni una lista de nombres, y tampoco es la intención difundir eso bajo ningún punto de vista. Pero la situación es preocupante, las chicas están muy angustiadas. Yo misma y todas mis compañeras estamos muy angustiadas. Son cosas que pensamos que en 2026 no iban a seguir pasando”.

La conmoción, explicó, también obliga a revisar algunos supuestos construidos durante los últimos años. “Lleva también a repensar algunas cosas, como esto de que después de la gran ola feminista de 2018 estas batallas ya se habían ganado, o que justamente en espacios como estos no iban a pasar estas cosas, tan extremas”, planteó Morgenfeld. Esa misma reflexión aparece en el comunicado del CENBA, donde las estudiantes esgrimen que ciertas discusiones se dieron “por saldadas demasiado rápido”: “Más de una vez, en jornadas como las del 3J, hablar de consentimiento, de la autonomía sobre nuestros cuerpos, de la privacidad, del respeto y de la violencia de género era volver sobre algo ‘obvio’. Lo que pasó nos demuestra que esos consensos no pueden darse por sentados”.

Frente a esa realidad, el Centro de Estudiantes comenzó a organizar espacios de acompañamiento y a reclamar respuestas institucionales. “Entendemos que es una situación muy complicada, porque son todos menores de edad los que están involucrados, tanto los chicos como chicas. Por una cuestión de respeto, también hay que cuidar a las víctimas de esta situación, y se está resolviendo dentro del colegio”, explicó Morgenfeld.

Las madres y los padres de los estudiantes también están reclamando respuestas e instancias de reflexión y de acción: escribieron una carta a las autoridades del colegio en la que expresan la imperiosidad de generar espacios de diálogo, se solidarizan con las víctimas de la violencia digital y sus familias y reconocen la necesidad del colegio y las familias de trabajar en conjunto.

Mientras tanto, las pibas hacen lo que está a su alcance: “Nosotras estamos presionando para que haya una solución a todo esto, para que las chicas de segundo y los chicos también, porque hay un montón de chicos que también están muy incómodos con la situación, puedan cursar normalmente y no tengan que estar preocupados ni angustiados en el colegio, que debería ser un lugar seguro. Estamos todavía muy shockeadas por la situación”, contó la vicepresidenta del CENBA.

Morgenfeld insiste en atacar la raíz social y colectiva del problema: “Esto está pasando en muchos colegios, no solo en el Nacional o en el Pellegrini. Tiene mucho que ver con la época que vivimos, toda esta violencia digital que no está tan explorada. Más que salir a apuntar a una persona, se trata de plantear que es un tema que nos toca como sociedad. Pero internamente se está discutiendo todo y los involucrados van a tener consecuencias porque no pueden seguir pasando estas cosas. Obviamente dentro del colegio se sabe quiénes son. Hay una pena social que no elegimos nosotros, pero tampoco la vamos a cubrir, obviamente”.

Se trata de la histórica violencia de género que, a medida que la tecnología avanza sin mirar a los costados, encuentra nuevas formas de expresión. Lo que cambia es el soporte: la lógica de cosificar a los cuerpos femeninos, vulnerar la intimidad y hacer circular imágenes sin consentimiento encuentra ahora nuevas herramientas para multiplicar su alcance. Las inteligencias artificiales que permiten generar imágenes falsas en segundos están al alcance de cualquiera. Y la IA, por ahora, no sabe nada de consentimiento. Además del uso indebido que un alumno puede hacer de la tecnología disponible, cabría preguntarse por qué estas inteligencias artificiales permiten crear deepfakes de este modo sin consecuencias legales. La regulación estatal que debería ser aplicada sobre estas herramientas no puede esperar: mientras tanto, la violencia digital se lleva puesta la intimidad de cientos de mujeres.

Qué se debe hacer con los victimarios es un debate central. “Hay posturas diversas en torno a qué hacer con quienes hacen esto”, explicó Morgenfeld. “De hecho hasta profesores, alumnos, familias, todos tienen una opinión, es lógico que con la situación tengas ganas de expresarte. Yo también a veces cambio de idea y pienso qué es lo que conviene hacer, porque es un chico que se mandó una cagada tremenda y un montón de gente lo quiere matar más o menos. Pero también es un pibe que tiene 14 años: soltarlo y expulsarlo quizás es el camino más fácil, pero puede irse a otro lugar y hacer exactamente lo mismo. Por eso es importante decir que no es un caso aislado de una persona que se le ocurre hacer una locura. Estamos hablando de un grupo de 50 chicos más o menos. Seguramente no hacían todos lo mismo, habrá un montón de cómplices”. Con gran prudencia, en el comunicado de la Comisión de Géneros, las estudiantes llaman a denunciar a quienes participaron de la difusión y comercialización de las imágenes, pero advierten que el foco debe estar puesto en acompañar a las víctimas y evitar que la situación se convierta en “un espectáculo de lo aberrante”.

Desde el Centro de Estudiantes insisten en que su rol tiene límites y que la responsabilidad principal corresponde a la institución: “Nosotros estamos haciendo todo lo que podemos –sostuvo Morgenfeld–. Intentamos ser un espacio de contención. Dimos fanzines, hicimos pasadas explicando lo que estaba pasando, pero entendemos también que no estamos capacitados como sí lo están los psicólogos dentro del colegio, el Departamento de Orientación y las autoridades en sí, que son los adultos responsables al fin y al cabo. Ellos son los que se tienen que encargar de que sea un ambiente seguro para todos los niños. Realmente todos, como sociedad, tenemos que volver a traer estos debates que son igual de importantes que otros. No sirve solo tener dos marchas de feminismo al año, sino que tenemos que volver a salir a las calles a demostrar que no queremos que estas cosas sigan pasando, que no pueden pasar”.

La conversación, apuntó, debe involucrar especialmente a los varones. La vicepresidenta del CENBA reconoce la necesidad de que todos sean parte del debate, “porque hay muchos chicos que creen que no se tienen que involucrar porque no son los afectados, o porque quieren dejarnos el lugar a nosotras. Obviamente está buenísimo que nosotras podamos expresarnos, pero la conversación la tenemos que tener entre todos porque al fin y al cabo ellos son parte también de toda la situación. Y con esto no quiero generalizar, no decimos que son todos iguales. Al revés, sabemos que lo que nos sirve es que el debate sea con ellos”.

Consultada por los grupos de estudiantes que pasaban por el ruidazo sin prestar mayor atención, Morgenfeld concluyó: “Siento que eso es un poco lo que nos damos cuenta dentro del colegio. Nosotros tenemos una jornada del 3J, una jornada institucional que es sobre feminismo. En las actividades, la mayoría de los que participan son mujeres, hay un grupo de chicos muy pequeño. No termino de entender por qué. Será porque les da vergüenza o porque no les importa para nada, o les da risa. O quizás algunos se corren porque piensan que no es su lugar. Y lo que queremos expresarles es que dejen de pensar eso, que vengan, se unan, que la lucha la tenemos que dar entre todos porque los problemas nos afectan a todos dentro del colegio. Somos una comunidad y nos toca resolverlo a todos en conjunto”.

Una propuesta para repensar los crímenes de la dictadura con perspectiva de género

Una propuesta para repensar los crímenes de la dictadura con perspectiva de género

El español David Serrano Blanquer presentó su libro «Cuerpos cautivos, memoria viva» en la ex ESMA, acompañado por las sobrevivientes Miriam Lewin, Iris Avellaneda y Ana María Careaga. Las particularidades de la represión a las mujeres.

El 1 de julio, en el auditorio Mabel Gutiérrez del Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), el académico español David Serrano Blanquer presentó Cuerpos cautivos, memorias vivas, un libro de investigación centrado en las experiencias de mujeres que pasaron por centros clandestinos de detención durante la última dictadura. A partir de los testimonios de sobrevivientes, el libro explora las formas de represión específicas que atravesaron los cuerpos femeninos y recupera las redes de solidaridad, resistencia y memoria construidas en cautiverio. Junto al autor participaron Ana María Careaga, Miriam Lewin e Iris Avellaneda, sobrevivientes que aportaron sus experiencias y reflexiones sobre la memoria, el testimonio y las experiencias específicas de las mujeres durante la dictadura.

Serrano Blanquer es un investigador dedicado al estudio de la memoria y los testimonios de sobrevivientes de distintas experiencias represivas. Su trabajo se ha centrado especialmente en los campos de concentración nazis y el franquismo. Para su último libro decidió venir a la Argentina con el objetivo de reconstruir las historias de mujeres que atravesaron los centros clandestinos de detención durante la última dictadura. En la presentación explicó que la idea surgió hace seis años. En investigaciones anteriores había trabajado con testimonios de mujeres en los campos nazis porque, según sostuvo, no solo le interesa entender «qué significa haber sufrido el paso por campos de concentración», sino también cómo la experiencia de las mujeres estuvo atravesada por los silencios. El proceso fue largo, años de entrevistas y videollamadas con las sobrevivientes, y luego de encontrarse personalmente con ellas, expresó haber quedado «absolutamente colapsado». Incluso tuvo que interrumpir el trabajo por varios meses porque le era imposible continuar.

En el prólogo, el autor retoma conceptos de distintos pensadores para analizar los puntos de contacto entre los centros clandestinos argentinos y otros sistemas represivos, como los campos nazis o la dictadura franquista. A partir de ahí, plantea que existen experiencias compartidas entre víctimas de distintas épocas y lugares del mundo, pero también que la condición de mujer atraviesa la situación de manera diferente y necesita de una mirada con perspectiva de género.

Pero la presentación no fue solo sobre el proceso de investigación. Serrano Blanquer volvió a compartir la mesa con algunas de las mujeres de las que sus testimonios forman parte del libro. En una tarde fría en el auditorio Mabel Gutiérrez del Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), Iris Avellaneda recordó su paso por el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio Campo de Mayo y las consecuencias que esa experiencia tuvo en su vida.

Iris Avellaneda es una histórica referente de derechos humanos y actual presidenta de la Liga Argentina por los Derechos Humanos. Fue secuestrada durante la última dictadura junto a su hijo, Floreal “Negrito” Avellaneda, asesinado, y desde entonces se dedica a la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

A cincuenta años, Avellaneda asegura que la experiencia sigue estando «tan latente». «Es algo tan fuerte que una a veces se pone a pensar de dónde sale tanta fortaleza para soportar todo lo que soportamos», afirmó. También destacó la importancia de seguir transmitiendo estas historias a las nuevas generaciones. En ese sentido recordó una charla en una escuela primaria donde una niña le preguntó: «¿Por qué vos no llorás cuando hablás de tu hijo?». Ella respondió que ya había derramado demasiadas lágrimas y que ahora las que derrama son de alegría. Ahí -explicó- encuentra la fortaleza para seguir contando su historia.

Luego tomó la palabra Miriam Lewin, periodista de investigación, escritora y sobreviviente de la última dictadura militar. Estuvo detenida en los centros clandestinos de tortura y exterminio de la ESMA y Virrey Cevallos, y fue testigo en el histórico Juicio a las Juntas Militares.

Lewin retomó uno de los ejes centrales del libro, los puntos de contacto entre distintas experiencias represivas. Señaló que el esfuerzo que implica dar testimonio sobre “ese infierno” probablemente haya sido similar para las mujeres que sobrevivieron a los campos nazis, “a pesar de las distancias y las diferencias entre los genocidios”.

Pero también destacó que las mujeres enfrentaron obstáculos particulares a la hora de contar lo que habían vivido. Recordó que durante mucho tiempo existió la idea de que las sobrevivientes habían hecho “cosas terribles para sobrevivir” y que, por eso, eran vistas como “traidoras”. “Con vida nos llevaron, con vida los queremos, pero cuando volvíamos con vida éramos incómodos. Habíamos atravesado el Hades y no habíamos salido de la misma manera que habíamos entrado”, afirmó. Y citando a Primo Levi, sostuvo que nadie sobrevive a un campo de concentración sin algún tipo de concesión.

Lewin explicó que esos prejuicios también existían entre las propias sobrevivientes. “Nosotras mismas teníamos el estereotipo de que si algo te pasaba y no habías ido con una pistola en la cabeza, habías dado tu consentimiento para que esto ocurriera”, recordó. A partir de esa experiencia, vinculó esas formas de estigmatización con debates actuales sobre violencia sexual, consentimiento y revictimización de las mujeres que denuncian. Por eso insistió en la necesidad de analizar los crímenes de lesa humanidad desde una perspectiva de género y recordó que durante años muchas violencias sexuales quedaron invisibilizadas en los procesos judiciales. “No se puede hablar de consentimiento en un centro clandestino de detención”, sostuvo. Y agregó: “Si el crimen no es contra ellas, es contra la humanidad”. Para cerrar, recuperó una de las preguntas que recientemente planteó Gisèle Pelicot en el debate público sobre la violencia sexual: «¿De qué lado tiene que quedar la vergüenza? ¿De qué lado tiene que quedar la culpa?».

La última en dar su palabra fue Ana María Careaga, psicóloga, investigadora y sobreviviente del CCDTyE Club Atlético. Fue secuestrada en 1977 cuando tenía 16 años y estaba embarazada, y desde la vuelta a la democracia se convirtió en una referente en la defensa de los derechos humanos y la visibilización de la violencia sexual durante la dictadura.

Careaga analizó cómo este libro, al igual que otros testimonios, investigaciones y producciones sobre la dictadura, permite volver sobre un pasado reciente que todavía nos involucra. Sin embargo, también remarcó la relación entre ese pasado y el presente, al señalar que muchas de las «estrategias de dominación» desplegadas durante el terrorismo de Estado siguen estando en la actualidad. Es por eso que retomó la importancia del testimonio como una herramienta fundamental para construir memoria. «Hay algo del decir, del testimonio, que justamente separa de los dichos de los que nadie se hace cargo», sostuvo. Y agregó: «No es ‘a mí me lo contaron’, es ‘yo lo sufrí'».

Luego hizo referencia a uno de los conceptos que también aparece en el libro, la idea de los centros clandestinos como «no-lugares». Según explicó, se trata de espacios que vuelven aún más difícil la tarea de narrar la experiencia, porque implican «el intento de explicar lo inexplicable». También reflexionó sobre cómo muchas veces son los propios sobrevivientes quienes pueden entender con más profundidad a otros sobrevivientes. En esa línea, citó al filósofo y sobreviviente del Holocausto Jean Améry: «Quien ha sufrido la tortura ya no puede sentir el mundo como su hogar». Antes de cerrar, Careaga volvió sobre la violencia ejercida sobre los cuerpos, pero también sobre los límites de ese poder. «El último lugar al que ellos no pueden entrar es en tu cabeza», afirmó.

Este libro no finalizó una discusión, sino que Cuerpos cautivos, memorias vivas la abre. Al recuperar testimonios de mujeres sobrevivientes y visibilizar experiencias históricamente silenciadas, el libro propone repensar los crímenes de lesa humanidad desde una perspectiva de género. Como señaló Serrano durante la presentación, las protagonistas «han hecho el esfuerzo no solo por contar su historia sino estas otras historias», recuperando nombres, voces y memorias más allá de las experiencias individuales. El libro no solo contribuye a preservar estos relatos para las nuevas generaciones, sino que también invita a seguir «actualizando» el pasado y seguir ampliando el debate sobre las violencias específicas que atravesaron las mujeres durante el terrorismo de Estado.

“Somos mujeres y queremos vivir”

“Somos mujeres y queremos vivir”

Miles de personas desbordaron la Plaza del Congreso y alrededores al cumplirse once años de la primera marcha de Ni Una menos. Con el femicidio de Agostina Vega aún en las retinas, el clima de bronca y desamparo acompañó el pedido de justicia por las que faltan.

“Somos mujeres y queremos vivir”, escribió Antonella de 9 años en un dibujo este 3 de junio. Su mamá, Jesica Sosa, lloró al leerlo. Cargada de impotencia se subió al tren Sarmiento junto a su hija y algunas amigas. Fueron desde Moreno hacía la 11° marcha de Ni Una Menos para exigir que algo cambie. Al llegar a la Plaza Congreso, se encontraron con miles de mujeres reclamando su derecho a vivir sin miedo entre lágrimas, abrazos y bronca.

La calle era una marea subiendo por Avenida de Mayo. Los pasos repetían con furia el camino que ya habían hecho tantas veces. Las frases en los carteles ya no apelaban a la empatía, sino a la denuncia. “A mí no me cuida el Estado, me cuidan mis amigas”, decía el cartel que Ludmila Muñoz hizo con sus compañeras de 6º año. “Sentimos impotencia, dolor y tristeza de que sigan pasando casos como los de Agostina y el Estado no haga nada”, remarcó Loana Muñoz a ANCCOM, mientras contenía a su hermana emocionada.

Abrazadas en medio de la multitud, una madre y su hija compartieron una sensación similar. “Tengo tres hijas mujeres y cada vez que una sale nos cuidamos entre nosotras. Como madre una sufre y no quiero más eso, ellas se merecen disfrutar y vivir en paz”, agregó Nardina Sánchez sin soltar a su hija Soledad ni un segundo.

A unos pasos de distancia, Mariela Jaimovich levantaba un cartel que decía: “Todas las madres merecen ver a sus hijas volver”. En su pecho, la foto de una chica joven reclamaba justicia. “El 22 de febrero de este año, Malena salió a caminar con una botella de agua y tuvo la desgracia de cruzarse con su asesino que la mató de 18 puñaladas. Después se escapó, salió corriendo, se sacó la remera que tenía manchada, se lavó las manos en una zanja, se fue a su casa y lavó la ropa. Ahora exigimos que sea elevado a juicio y no lo hagan pasar por loco, porque fue plenamente consciente de lo que hizo”, explicó Mariela con una meticulosa precisión.

A su alrededor amigas, familiares y mujeres desconocidas que no conocían el caso escondían las lágrimas para respetar su entereza. Pero se volvió insostenible cuando la madre de Malena agregó sollozando: “Ayer cuando escuchaba la cantidad de víctimas muertas por femicidio, decía, mi hija ahora es una víctima más. Yo sigo porque quiero decirle a mi nieto cuando sea grande que el asesino de su mamá fue preso”.

Cerca de las 18 se leyó en un pequeño escenario frente al Congreso el documento redactado por varios grupos y comunidades. La consigna consensuada fue “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Al respecto, Vanina Biasi, legisladora del Frente de Izquierda, subrayó a ANCCOM: “Es una forma de enfrentar a un régimen que nos quiere empobrecidas y endeudadas, porque nos mantiene atadas al otro, condicionadas, disciplinadas, y eso es lo que tenemos que romper”.

Para la legisladora, la manera de frenar la violencia es enfrentando al Estado por su responsabilidad en el abandono de las mujeres y el mal funcionamiento de la Justicia. En esa línea, Susana Sim, oriunda de Puerto Madryn, compartió su tortuosa experiencia en Tribunales. “Denuncié al padre de mi hijo por abuso sexual contra mí en cuatro oportunidades y la burocracia es enorme, no termina más. Vos sos tu propia fiscal y te morís por dentro en medio del camino. Para mí no hay mayor violencia que esa”, denunció.

Luego del discurso central, el aire se aligeró y empezó el baile al ritmo de los casi 30 tambores del Espacio Defensa. “El tambor de candombe es muy significativo porque representa a la lucha y resistencia de la comunidad negra y afrodescendiente que se enfrentó a la esclavitud. Hace 20 años una mujer no podía tocarlo, pero ahora nosotras lo traemos para manifestarnos contra los femicidios y los transfemicidios en todo el país”, destacó Sandra Chagas, feminista afrodescendiente y líder del espacio.

Hacia el final de la noche, en la plaza quedaron rondas de mujeres disfrutando del reencuentro con choripanes, empanadas o cervezas. Alrededor, los feriantes levantaban sus puestos con los pines o parches que veremos en las calles los próximos días. Porque, aunque nos quieran generar más miedo, este 3 de junio reafirmamos que vamos a vivir.