“Estar en contacto con distintas disciplinas es una parte esencial de ser artista”

“Estar en contacto con distintas disciplinas es una parte esencial de ser artista”

Cuatro años después de su último disco, Florencia Núñez regresa con Fe, un proyecto que reafirma su estilo y permite ver la madurez que ha alcanzado como compositora. Su relación con Jorge Drexler y las ocho nominaciones a los Premios Graffiti.

Florencia Núñez sintetiza más de una década de trayectoria en Fe, un disco donde su voz y su mirada sobre la vida se entrelazan con letras introspectivas y poéticas. La artista uruguaya retoma elementos de sus trabajos anteriores -desde la guitarra criolla y el acordeón hasta la impronta pop de los vientos- y los combina con canciones que celebran el presente, los encuentros y el amor.

El álbum, que cuenta con la participación de Jorge Drexler, Laura Canoura y Raly Barrionuevo, recibió ocho nominaciones a los Premios Graffiti y tuvo su presentación oficial en el espacio La Carbonera, ubicado en el barrio porteño de San Telmo.

En diálogo con ANCCOM, Núñez analiza su recorrido, reflexiona sobre la influencia de la literatura en la composición y explica por qué abrirse a distintos estilos y disciplinas es clave para su proceso creativo.

 

¿Qué te inspiró a crear un nuevo disco después de cuatro años?

Como siempre me dediqué a escribir canciones, se sintió extraño estar tanto tiempo sin publicar material propio. Fe nació como una afirmación personal y resume quién soy hoy, cómo crecí y cómo evolucionó mi trabajo. Tiene algo de cada disco anterior, pero con una mirada más madura. La inspiración vino de muchos lugares. Siempre digo que me inspira la vida, porque nunca se sabe qué puede disparar una canción. Este disco habla de afirmación, de celebrar el presente, los encuentros y el estar aquí y ahora. Expresa mi forma de ver el mundo con optimismo esperanzado, convencida de que las cosas pueden mejorar.

 

¿Cómo se relaciona con tus trabajos anteriores?

Siento que el primer disco fue una declaración de intenciones y una forma de marcar hacia dónde quería ir. El segundo llegó con más madurez, con canciones, sonoridades y producciones mucho más trabajadas. Hubo un salto grande entre uno y otro, y solo pasaron tres años entre ambos. En el tercero también hubo un crecimiento, sobre todo a nivel interpretativo y de producción. No tanto en la composición, porque no eran canciones mías, pero sí en la manera en que la música se mostraba y en el lugar que ocupé como intérprete. Este cuarto disco reúne un poco de todo eso. Retoma elementos del primero, como la guitarra criolla, el acordeón y la armónica, que había dejado un poco de lado. También recupera del segundo esa impronta más pop, con los vientos, como la trompeta, que se volvieron una especie de sello del proyecto. Y del tercero toma la soltura interpretativa que gané en ese momento. Por eso me gusta pensar que Fe es el resultado de un recorrido. No podría haber hecho este disco sin haber pasado por los tres anteriores. Lo siento como una maduración natural, tanto en las letras como en las melodías y en todo el proceso creativo. Era necesario transitar ese camino para poder llegar a este álbum.

¿Por qué elegiste llamarlo Fe?

Es un concepto que venía pensando desde hace tiempo. Estaba escribiendo varias canciones que giraban en torno a esa idea de la fe, de creer, de ver un camino posible incluso cuando los demás no lo ven. Me acuerdo que cuando compuse Lo canté, una de las canciones que terminó siendo una especie de emblema del disco, y que además lo abre, incluí la palabra “fe”. En ese momento sentí que tenía sentido que fuera la primera, porque marcaba el tono de lo que iba a tratar el álbum. Ya venía trabajando la idea en mi mente, pero cuando pude plasmarla en una canción sentí que cerraba todo. Haber encapsulado el concepto en un tema me dejó muy conforme, porque se convirtió en una especie de punto de partida para todo el disco.

 

Tras tanto tiempo sin publicar material propio, ¿cómo fue volver a componer?

Me pasa algo, y es que trabajo mucho por etapas y por discos. Cuando estoy en pleno proceso -grabando, produciendo, cerrando detalles-, casi no compongo. Solo puedo comenzar a crear nuevas canciones una vez que un disco está terminado.  Soy bastante estructurada en ese sentido. De hecho, muchas de las canciones de Fe empezaron a tomar forma después del disco anterior, especialmente entre 2021 y comienzos de 2022, en plena pandemia. Ese contexto atravesó mucho la creación, ya que es un disco muy introspectivo, pero también con una mirada hacia adelante, con la idea de que todo se iba a volver a abrir. Si bien estuve bastante tiempo sin publicar canciones propias, no me costó reencontrarme con la escritura. Incluso llegué a componer muchas más canciones de las que finalmente quedaron. Enseguida encontré el rumbo, entendí hacia dónde tenía que ir y cuáles piezas debían formar parte si o si de este disco.

 

¿Qué historia hay detrás de “Gracias, muchacha”?

Esta canción es muy especial porque, si bien se la escribí a la guitarra, surgió a partir de una entrevista que vi en un pequeño documental sobre una guitarrista uruguaya llamada Olga Pierri. En ese video, ella ya era muy mayor. En un momento, mientras tocaba, le preguntan: ¿Te das cuenta, Olga? Tantos años con la guitarra, desde los seis años…” Y ella, con una ternura enorme y toda la fragilidad del mundo, mira su instrumento y le dice: “Gracias, muchacha”. Yo estaba acostada, buscando ver algo tranquilo para dormir, y me pasó todo lo contrario. Me levanté de la cama, me fui al estudio y escribí la canción. A partir de esa historia se me acercó mucha gente que había estudiado con ella. Todos coincidían en que era una mujer muy exigente pero increíble, y me conmovió que esa conexión se generara a partir de una canción. Creo que el amor por la guitarra es algo muy universal porque es un instrumento cercano, portátil, versátil, capaz de adaptarse a muchísimos géneros. Con esta canción quise rendirle homenaje no solo a la guitarra, sino también a todas las personas a las que acompaña.

Todo lo que uno consume se filtra en lo que crea. La permeabilidad que tengas con el arte es directamente proporcional al resultado de tu obra. Si te encerrás y no escuchás música, no ves cine, no leés ni vas al teatro, es muy difícil que tu universo se nutra de otros.

Florencia Núñez

¿Cómo lograste combinar canciones pop con otras más melódicas?

Esa mezcla refleja mucho quién soy porque escucho de todo: desde música criolla, grupos vocales, pop, rock, hasta indie español y boleros. Por eso no es casual que el disco combine distintos estilos y sonidos. Para mí la música es una red, algo que se expande y conecta distintos sonidos. No me gusta limitarme ni dejar nada afuera solo porque no encaje con lo que se supone que debería hacer. Siento que la creación tiene que tener algo de riesgo, de prueba y error. Por ejemplo, la segunda canción de este disco, Un amor así, tiene un aire de vallenato, algo que jamás habría hecho en mi álbum debut, pero responde a una evolución natural y a mi pasión por artistas como Juan Luis Guerra o Carlos Vives. Hay algo de esa energía latina, del movimiento, de la alegría, que también quise transmitir. Creo que todo eso puede convivir perfectamente, no todo es blanco o negro. Hay una gama enorme de grises y colores, y en esa diversidad encuentro mucha riqueza.

 

Algunos pasajes de tu disco tienen un estilo narrativo y poético. ¿Hay influencia literaria en tus letras?

Todo lo que uno consume se filtra en lo que crea. La permeabilidad que tengas con el arte es directamente proporcional al resultado de tu obra. Si te encerrás y no escuchás música, no ves cine, no leés ni vas al teatro, es muy difícil que tu universo se nutra de otros. El arte tiene que ser un sistema abierto. Vengo de una formación que también tiene mucho de eso, ya que soy Licenciada en Comunicación, y en la facultad me formé mucho en literatura y escritura. Esa mirada me marcó, porque cuando estudias guion te enseñan a escribir con imágenes. No se trata de decir “se sintió triste”, sino de mostrarlo a través de gestos y de acciones. Por eso a mí me gusta que una letra pueda generar imágenes y que quien escucha pueda ver algo mientras oye la música. Me pasa seguido que la gente me dice “cierro los ojos y veo una escena de mi vida, de mi infancia”. Eso me encanta, porque tiene que ver con cómo yo misma disfruto de escuchar música. Así que sí, sin duda hay una influencia literaria y poética en mis letras. Estar en contacto con distintas disciplinas artísticas es un privilegio y una parte esencial de ser artista.

 

¿Hay algún ritual que te ayude a entrar en ese estado de creación?

Muchas veces, cuando escribo, no soy plenamente consciente de lo que estoy creando. Hasta que termino la canción y la releo, no me doy cuenta de todo lo que hay ahí. El momento de escribir es como un trance total. Las canciones que realmente funcionan llegan casi de manera mágica; es un proceso bastante espiritual. Es como si fuera un conducto, y la canción simplemente fluye a través mío. Después me doy cuenta del significado de lo que escribí, o alguien más me lo señala y me sorprende, porque no lo había pensado conscientemente. Este proceso tiene mucho de inconsciente, y me gusta que así sea. Yo suelo ser una persona que quiere tener todo bajo control, pero justamente la música es una disciplina donde no hay certezas. Por eso, cuando llega la inspiración, no hay manera de predecirla. Eso es parte de su magia y de su dimensión espiritual. No sabría decir ni el día ni la hora en que aparece, simplemente sucede.

¿Cómo nació la colaboración con Jorge Drexler?

A Jorge lo conozco desde hace muchos años, primero como artista y después personalmente, porque él veranea en La Paloma, en Rocha, de donde soy yo. Desde que empecé a hacer música me hice amiga de su familia, especialmente de sus hermanos -Daniel, Diego, Paula- y fueron ellos quienes me lo presentaron. En uno de esos veranos, en el festival La Serena, que se hacía en el cine de La Paloma y duraba tres días, él y Kevin Johansen invitaban a distintos músicos a participar. Yo estuve en una de las noches, compartimos escenario y cantamos juntos. Cuando le mostré algunas canciones del disco, le mandé Las vueltas y me dijo que era un temazo, así que le propuse grabarla juntos y aceptó enseguida. Le conté que estaba inspirada en la canción Lucía de Joan Manuel Serrat, como un pequeño homenaje, y me dijo: “Tenemos que mandársela al Nano”. Mucha gente me dice que Las vueltas suena muy a él, que parece escrita entre los dos, pero la canción ya estaba terminada antes de que grabara. Su voz se sumó con total naturalidad y quedó perfecta. Jorge es una persona muy generosa. Justo ahora está grabando un disco nuevo y, en lugar de hacerlo afuera, eligió Uruguay, en un estudio con músicos locales, colegas y amigos de toda la vida. Podría grabar con cualquiera, pero elige a las personas que comparten su mismo espíritu y legado. Creo que el principal activo que tenemos los músicos somos los propios músicos. Esta industria es enorme, pero lo más valioso sigue siendo conectar con quienes comparten tu camino y tus valores.

 

¿Qué representa haber recibido ocho nominaciones a los Premios Graffiti?

Siempre me conmueve que lo que hago movilice a tanta gente, tanto en la industria como en la crítica. Sobre todo porque no es un trabajo mainstream, ya que en Uruguay se hace todo de forma muy artesanal. También creo que tiene que ver con la coyuntura: hoy se presta más atención a los discos hechos por mujeres, algo que hace veinte años era diferente. Si bien ya gané el premio a Compositora del Año en 2018, siendo la primera mujer en lograrlo, volver a estar nominada me entusiasma mucho. Además, estar en categorías como Álbum del Año o Tema del Año con un disco tan personal tiene un valor especial. Ojalá alguno de esos premios llegue a casa, pero más allá de eso, estoy feliz con este álbum porque está llegando a la gente, que es lo más importante.

 

¿Cómo es tu vínculo con el público argentino?

Es una relación que todavía estamos consolidando, pero que quiero afianzar y hacer crecer. Ahora estoy trabajando con una productora argentina, así que siento que tengo una base de operaciones acá y muchas ganas de seguir desarrollando el proyecto. Tengo la certeza de que este es el camino, y esa sensación me impulsa a seguir apostando por este vínculo.

 

Diego Honoris Causa

Diego Honoris Causa

Impulsado por la revista «Meta, Sentidos en Juego, y la Cátedra Maradoniana “Diegologías”, se inauguró en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el Primer Congreso Internacional sobre Diego Armando Maradona, un encuentro popular y académico que reune voces, recuerdos y debates para pensarlo más allá de la pasión futbolística: como símbolo cultural, político y social.

A días de lo que hubiera sido su cumpleaños número 65, la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA se vistió para celebrar al ídolo eterno, y así darle lugar al Primer Congreso Internacional sobre Diego Armando Maradona. Entre tambores, bombos y banderas, la sede de Santiago del Estero, en el barrio de Constitución, se transformó en una fiesta popular para recordar, a un símbolo de las masas. Investigadores académicos, estudiantes, hinchas, periodistas y visitantes extranjeros – de Chile, Paraguay,Italia, Estados Unidos, entre otras naciones- se reunieron en un mismo lugar con una consigna común: seguir aprendiendo de la mano del 10. El Congreso invita a reflexionar a partir de su figura y usarla como punto de partida para hablar de distintos temas.

Así comenzó el Congreso Internacional sobre Diego Armando Maradona, un encuentro popular y académico que reune voces, recuerdos y debates para pensarlo más allá de la pasión futbolística: como símbolo cultural, político y social. Se extenderá hoy durante toda la jornada y cerrará este sábado, con una extensa y abarcativa programación que incluye conferencias magistrales, mesas debate, trabajos de investigación, la primera feria del libro maradoniano, una exposición con trabajos de sesenta artistas y hasta un “santuario maradoniano”. Entre los expositores se encuentran figuras como Juan Sasturain, Alejandro Apo, Atilio Borón, Ariel Scher, Pablo Llonto, Migue Brindisi, Fernando Signorini, Mónica Santino, Daniel Arcucci, Pedro Troglio, Goyo Carranza, Gabriela Saidón, Cora Gamarnik, Mati Madera, entre otros y otras.

¿La salida a la cancha o la entrada a la universidad?

El jueves 6 de noviembre se realizó el acto de apertura. Aunque el evento comenzó cerca de las 18 horas, desde mucho antes ya se respiraba en los pasillos del Edificio Federico Schuster que la jornada no sería una más. 

Impulsado por la revista Meta, Sentidos en Juego, y la Cátedra Maradoniana “Diegologías”, el Congreso busca recuperar a Maradona desde la memoria colectiva, en clave de comunidad. “Lo hicimos gente trabajadora que ama a Diego, no hay grandes marcas detrás”, señaló Mario Giannotti, conductor de la apertura, al presentar el espíritu del evento.

Las autoridades de la facultad –representadas por el vicedecano Diego de Charras- y de la revista agradecieron la enorme convocatoria, cuando una de las grandes sorpresas de la tarde hizo estallar al auditorio: La madre de Plaza de Mayo Taty Almeida llegó para acompañar y dejar su mensaje. Con su voz firme, hizo énfasis en la memoria, en “no olvidar nunca a Maradona”, pero también en mantener vivo el recuerdo de las luchas sociales del país. Entre aplausos de pie, ovaciones y cánticos, su intervención marcó el tono emocional que atravesaría toda la jornada.

El Congreso incluye múltiples actividades y charlas en diferentes direcciones, pero uno de los espacios más emotivos fue el dedicado a la fotografía. Hablar de Maradona es hablar de una de las personas más retratadas de la historia. En ese marco, el homenaje no podía tener otro nombre que el de Pablo Grillo, el fotoperiodista herido de gravedad –aún está en recuperación- por la Prefectura durante la represión estatal a una marcha de jubilados. Su padre, Fabián Grillo, subió al escenario para agradecer el reconocimiento y conmovió a todos al contar que, antes del acto, le envió a su hijo una foto del homenaje. Pablo, al verla, no pudo expresarlo en palabras, y una lágrima por su mejilla sintetizó toda su emoción.

Con un auditorio repleto y aún con la emoción en el aire, dio comienzo la Mesa de Apertura del Congreso, integrada por figuras del periodismo, el deporte y la cultura, que buscaron desentrañar qué hace de Diego un fenómeno que trasciende generaciones y los límites de la cancha de fútbol. Conformada por los periodistas Ariel Scher y Daniel Arcucci, el guionista Pedro Saborido, la exfutbolista y militante social Mónica Santino y el preparador físico de Maradona, Fernando “el Profe” Signorini, la mesa propuso un recorrido por distintos enfoques y miradas sobre El 10, para abrir nuevas líneas de pensamiento en torno a su figura.

Entre las múltiples direcciones que se abrieron para hablar de Diego, una en particular atravesó la charla: cómo sigue estando presente, incluso a cinco años de su fallecimiento. Scher y Saborido coincidieron en que no se puede imaginar ninguna narrativa de la Argentina sin Maradona, y que su figura se construyó, y se sigue construyendo, a través de la palabra, la memoria y la oralidad popular.

Esa presencia sigue viva también entre quienes nunca lo vieron jugar. “Maradona es el ausente más presente”, dijeron en la mesa. Jóvenes que hoy transitan los pasillos de la Facultad de Sociales sienten la misma devoción que quienes gritaron sus goles en México 86. “Yo no lo vi jugar en vivo, pero Maradona trascendió generaciones y colores. Ver a un tipo que se desvivió por nuestro país y puso nuestra bandera en lo más alto me marcó”, contó Santiago, un estudiante que presenció la inauguración.

Como él, muchos jóvenes participaron de la apertura con orgullo por el hecho de que el Congreso se realice en una institución pública, y en particular en su casa de estudios. “Que la universidad pública sea la sede del Congreso me parece una gran decisión. Creo que Diego estaría muy conforme. No tengo dudas de que en este momento estaría expresándose en contra del desfinanciamiento a la UBA y a otras universidades. Su compromiso social lo hizo más grande”, señaló Manuel alumno de Comunicación Social.

Otra de las expositoras fue Mónica Santino, quien abrió una reflexión tan simple como potente: ¿por qué las mujeres aman a Diego? Desde su mirada, hablar de Maradona es hablar de un punto de partida que permite abordar múltiples temas: el potrero, la solidaridad, el amor por el juego y la identidad popular. “Recuperar la generosidad como categoría política”, sostuvo y subrayó; “Diego la tenía. En su mirada se podía ver lo argentino, lo barrial”.

Tal como señalaron los organizadores, el objetivo del Congreso no era simplemente recordar al ídolo, sino pensar desde él. “Que no sea un ir a la cancha a alentar a Diego. Que no sea solo un recordatorio ni un anecdotario. Que sea un lugar que deje una huella, que podamos hacer ciencia de Maradona”, explicó Leo Albajari, integrante de la Cátedra Diegologías y parte del equipo organizador.

La música también tuvo su espacio en la jornada, como un hilo inevitable en cualquier relato maradoniano. Artistas que alguna vez compartieron momentos con Diego sumaron melodías y letras que ampliaron el homenaje, recordando que Maradona también vive en las canciones y en la cultura popular.

Como invita el Congreso, se puede pensar al ídolo en un sinfín de direcciones, pero cada uno puede tener una definición propia y personal. “Para mí es el abrazo cuando estás mal, es un símbolo, es alguien que lo sigo teniendo presente y que lo valoro aún más hoy, que antes, porque su figura se agranda aún más con la realidad que estamos viviendo”, resaltó Leo Albajari, parte del equipo de la organización.

“Hoy no hay nadie que levante la voz por el Garrahan o por los jubilados. En cambio, los jugadores hacen publicidad para casas de apuestas”, dijo Signorini

La tarde fue llegando a su fin con dos voces que marcaron los momentos más emotivos: Arcucci y “el Profe” Signorini. Ambos, amigos y compañeros cercanos de Maradona, aportaron desde su propia experiencia una mirada íntima y humana. Arcucci no pudo evitar emocionarse al recordar una anécdota de su amigo, mientras que Signorini apeló a la conciencia colectiva: “Hoy no hay nadie que levante la voz por el Garrahan o por los jubilados. En cambio, los jugadores hacen publicidad para casas de apuestas”, dijo, en una crítica al presente del fútbol y la ausencia de compromiso social. Mientras tanto, muchas remeras que vestían los presentes mostraban una frase maradoniana que por estos días se volvío bandera: “Hay que se muy cagón para no defender a los jubilados”.

Así cerró la primera jornada del Congreso Internacional sobre Diego Armando Maradona, entre aplausos, y reflexiones mientras el auditorio gritaba “Maradooo, Maradooo”. Un espacio que eligió pensar al ídolo desde la memoria, la cultura y la educación pública. Porque si algo dejó claro esta apertura, es que Maradona no se agota en el pasado, sino que sigue siendo una pregunta abierta, una conversación viva, una búsqueda colectiva. Como bien mencionaron desde la mesa de exponente: “Sigamos contando a Diego, ya que contándolo, nos contamos a nosotros mismos.”

 

Recuerdos de mi infancia (en dictadura)

Recuerdos de mi infancia (en dictadura)

Este domingo se estrena «LS83», un documental de Herman Szwarcbart que ofrece, a partiar de los recuerdos del escritor Martín Kohan y de los archivos del viejo Canal 9, una mirada niña de lo siniestro.

“Fuimos al Museo del Cine buscando material de archivo familiar y en esta búsqueda sin éxito nos muestran una bodega llena de latas con las etiquetas: Videla, Massera, Galtieri, Viola. Cuando Alejandro Romay vende Cnal 9, los nuevos dueños se trasladan a otro edificio y este material, que no se podían llevar porque era propiedad estatal por la expropiación en el 73, queda abandonado’”, señaló en la función de prensa Herman Szwarcbart, director del documental LS 83, que se entrena este domingo 9 de noviembre, a las 18, en el Museo MALBA.

Szwarcbart, a través de la voz en off de las memorias de la niñez del escritor Martín Kohan, encuentra nuevas formas de develar las opacidades de la última dictadura cívico militar, los años más funestos de la historia Argentina. Con el ojo entrometido, desfachatado y vivaz que las niñeces poseen, encarnado por las memorias de la infancia de Kohan, el autor de Me acuerdo, y ensamblado cuidadosamente con un vasto archivo periodístico de los setenta, Szwarcbart expone de una forma singular cómo la dictadura militar atravesó el entramado social desde lo cotidiano a todas las esferas de la sociedad.

“Había una intención de trabajar sobre la vida cotidiana en esos años y a pesar de que el material es del noticiero y no es específico de archivos familiares, sí se ven reflejados y se puede notar aspectos de la vida cotidiana de aquella época”, describe el director. “Cuando apareció el libro de Martín Kohan, un escritor que trabajó mucho ese periodo de la historia argentina en sus novelas, nos limitamos solamente a hacer una enumeración de recuerdos, de manera azarosa, que nos pareció que generaban una tensión con el material de los noticieros. Esos recuerdos reflejaban también parte de la vida cotidiana por eso también el uso de ese material”, explica Szwarcbart.

La voz de un Martín Kohan adulto que se burla con sus recuerdos de niño de una sociedad adultocentrista que no le permite ni siquiera elegir el cacao para la chocolatada y escenas inéditas que revelan hasta la faceta más lamebotas y farandulera del dictador Jorge Rafael Videla, son muestra contundente de que el ridículo es una forma menos amarga pero igual de potente para recuperar la verdad sobre la dictadura.

 “Lo interesante, era mostrar que era el material bruto grabado y una de las formas de hacer explícito eso fue dejar estas partes que normalmente se hubiesen cortado. En las gestualidades de Videla, hay momentos en los que él tartamudea que probablemente no hayan salido al aire”, narra Szwarcbart en diálogo con ANCCOM. El director explica que la operación se realizó a la inversa de una cobertura periodística habitual, aprovechando las escenas que usualmente se recortan. Su estrategia fue reemplazar prolijidad por la naturalidad: “Esas imágenes brindan posibilidades adicionales de lectura”.

En la función de prensa de LS83 en el microcine de la facultad de Filosofíay Letras (UBA), en pocas ocasiones, el sonido de las carcajadas se detuvo, el silencio de una sala sin aliento cada vez que aparecía el dictador Jorge Rafael Videla en la pantalla se cortaba antes del escalofrío frente a la risa del público. El humor como antídoto a lo reprimido lograba liberar la tensión de la sala.

“Ciertas imágenes eran parte de mi infancia. Las calles, los actores, los colectivos, toda una vida cotidiana que me generaba nostalgia, pero a la vez, detrás de esa nostalgia estaba Videla”, reflexiona Swarcbart en el auditorio, como un curador de la historia argentina y con un trabajo en equipo de recuperación y restauración de 120 latas de 12.000.

 LS83 es una cápsula del tiempo de 83 minutos de historia viva y un soporte de la memoria colectiva.

Todo tiene que ver con todo

Todo tiene que ver con todo

En su último libro, «Neoliberalismo, neofascismo y crisis climática», José Seoane analiza cómo se imbrican las categorías que dominan la actualidad geopolítica. El mundo que muere y el que está naciendo.

Jose Seoane es doctor en Ciencias Sociales, licenciado en Sociología y profesor en la Facultad de Ciencias Sociales (FSOC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Hace años se dedica al estudio de las transformaciones neoliberales y los ciclos de conflictividad social en la región. Durante el último tiempo se centró en el abordaje de la cuestión ambiental. En su último libro Neoliberalismo, neofascismo y crisis climática analiza la situación actual y la relación necesaria entre esos tres fenómenos.

En el libro hablas de “neoliberalismo catastrófico”, ¿qué distingue a esta etapa en relación al neoliberalismo de los años noventa?

La diferencia con los años noventa es clara: en dicha década el proceso de globalización neoliberal registraba un flujo de capitales del norte hacia el sur en el marco del proceso de privatizaciones y desregulación. En la etapa actual ese flujo de capitales no tiene la misma potencia en términos del crecimiento económico y modernización productiva. La idea de lo catastrófico resulta de un diálogo con esa etapa de la historia mundial del siglo XX, el periodo de entreguerras. Dialogando con ese período, la dimensión catastrófica actual refiere a una dinámica de crisis multidimensional, lo que algunos llaman “policrisis”. El término designa esta época sombría y de crisis del neoliberalismo, incapaz de tener siquiera un relato esperanzador respecto del futuro sobre el que solo parece proponer un mundo distópico como conclusión de este ciclo de transformaciones.

Desde el título, el libro conecta nociones como neocolonialismo, neofascismo y crisis climática. ¿Considerás que son fenómenos inseparables?

Sí, están entrelazados. Son las diferentes dimensiones que integran esta crisis civilizatoria, o como propone el libro una “crisis del capitalismo moderno colonial”. Son dimensiones que se relacionan y retroalimentan. Por ejemplo, la crisis climática supone un proceso de colapsos climáticos locales progresivos, que es lo que estamos percibiendo y sufriendo en estos momentos con una amenaza sobre la continuidad de la vida en muchas regiones del planeta en un futuro próximo. Y esa dinámica de catástrofe y de crisis es en cierta medida la que construye las condiciones de la emergencia de estos neofascismos, de promoción de la violencia como un nuevo ordenador de las relaciones sociales, de la aparición del racismo y de la xenofobia. Por otra parte, estas extremas derechas portan una narrativa respecto de la crisis climática que se llama habitualmente negacionismo climático, que niega las causas sociales del cambio climático y en ese sentido exaspera la propia dinámica de la crisis porque priva de toda capacidad de respuesta e intervención social y estatal sobre la misma.

El 10% de la población de más altos ingresos a nivel mundial es responsable de aproximadamente el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que el 50% de la población más pobre es responsable de solo el 10%.

José Seoane

¿La crisis climática atraviesa a todos por igual?

No, las poblaciones de menores ingresos, y sobre todo las mujeres, los niños y los ancianos son los sectores que sufren más la crisis climática. Por eso, se trata de una doble injusticia: los responsables de la crisis son fundamentalmente los sectores de más altos ingresos, un modo de producción sostenido en el uso de los combustibles fósiles y gobernado por una serie de corporaciones a nivel internacional. Recordemos que el 10% de la población de más altos ingresos a nivel mundial es responsable de aproximadamente el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que el 50% de la población más pobre es responsable de solo el 10%. Ahí aparece con claridad que la desigualdad social también impacta en la crisis climática, que existe una responsabilidad muy diferenciada. Y esta injusticia se expresa nuevamente también en relación con sus efectos y consecuencias, porque la crisis golpea sobre todo a los sectores de bajos ingresos y a los países más pobres o menos industrializados que tienen menos recursos para afrontar estas catástrofes.

Existe un desafío de acá en más que tiene que ver con la necesidad de revertir el desencantamiento de los países subdesarrollados y convencer a los países desarrollados de que tienen más responsabilidad sobre la situación actual. ¿Creés que en el contexto actual se podría llegar a un acuerdo en ese sentido?

Los primeros acuerdos internacionales sobre el cambio climático se remontan a la década de los años noventa. Ya la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que fue adoptada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, lo dejó expuesto con mucha claridad: las responsabilidades son comunes, pero diferenciadas; y de facto el protocolo de Kyoto (fue el primer acuerdo internacional sobre cambio climático) supone una serie  de compromisos y obligaciones de los países industrializados en términos de reducir sus emisiones y de garantizar una transición ecosocial. Un principio validado en el campo de las Naciones Unidas. Pero, bajo las olas neoliberales siguientes ese principio ha ido diluyéndose y los compromisos asumidos por los países industrializados no se cumplieron, incluso en términos del financiamiento de la transición ecosocial en el Sur Global.

 

Mirando a América Latina, ¿qué aprendizajes dejan los ciclos de lucha que analizás en el libro, desde el zapatismo hasta las protestas más recientes en Haití o incluso en Argentina?

Me interesó desarrollar dos grandes ciclos de lucha, el que va desde el año 1994 hasta el 2006 (período en el cual se gestan las condiciones sociales para la llegada de los gobiernos progresistas populares o transformadores en América Latina). Y un ciclo más reciente, que empieza en 2018 con las revueltas masivas en Haití y se proyecta luego regionalmente. Esos dos grandes períodos, aportan no solo la memoria sobre la posibilidad de resistir y de transformar, sino que también nos brindan elementos programáticos y horizontes estratégicos que son centrales para orientar una política de transformación en América Latina. Entre estos horizontes, en relación a la cuestión ambiental y la crisis climática, no se puede dejar de mencionar la contribución de los movimientos indígenas. Hoy mismo se despliega un paro nacional territorial prolongado impulsado por las organizaciones indígenas y territoriales en Ecuador. Estos movimientos han propuesto una perspectiva alternativa a la del capitalismo moderno colonial respecto de la relación sociedad-naturaleza, por ejemplo con la idea del buen vivir. Esta referencia plantea una relación con el ambiente y la naturaleza diferente, que no considera a la naturaleza como un objeto, sino que postula una relación basada en la reciprocidad, la interdependencia, la ecodependencia, la coproducción.

¿Qué esperás que el libro aporte a la conversación, no solo académica, sino también del público en general?

El libro propone pensar esta dinámica de las crisis para poder considerar y postular alternativas e intervenir socialmente. Sobre ello, podemos reescribir esa idea que plantea Gramsci de que hay un mundo viejo que está muriendo y un nuevo mundo que está naciendo. Efectivamente ese mundo nuevo está en proceso, está gestándose actualmente, nos encontramos ya en el contexto de una transición, lo que está en discusión es cuál va a ser la dirección de dicha transición, si sigue su rumbo catastrófico de colapsos o se encamina hacia la emergencia de alternativas. Allí apunta el libro, poder brindar algunas herramientas para considerar esa intervención, examinar los aportes del pensamiento social de los que disponemos y de las experiencias populares para intervenir desde el campo social sobre el rumbo que adopte esta transición, hacia dónde queremos ir.

El libro se consigue en librerías o a través de la Editorial El colectivo https://editorialelcolectivo.com/producto/neoliberalismoneofascismoycrisisclimatica/

Una obra sobre la incomprensión

Una obra sobre la incomprensión

“Lejos de todo lo que hace mal” cuenta la experiencia de muchos adolescentes y jóvenes que tienen que esconder su sexualidad. ANCCOM fue al estreno y dialogó con el director y con el autor de la obra, quien además integra el elenco. “Hay que seguir contando estas historias”, dicen.

Un matrimonio de clase media en los años noventa se prepara para un viaje a Nueva York. Sin embargo, pequeños silencios y mentiras comienzan a resquebrajar la aparente armonía familiar. Juan Cruz, un adolescente que ya no quiere jugar al rugby y enfrenta definiciones que no sabe cómo comunicar, y Lucía, la menor, con una relación secreta, son los protagonistas de esta trama donde la necesidad de decir la verdad y de vivir con autenticidad se vuelve urgente.

Lejos de todo lo que hace mal, estrenada en El Método Kairos la noche anterior a la última Marcha del Orgullo LGBTQ+ –aunque Santiago Girard y Maximiliano Galeano, autor y director respectivamente, aseguran que fue casualidad–, ofrece una experiencia teatral intensa, íntima y humana y cuenta la historia de muchos adolescentes que tuvieron que esconder su sexualidad de sus padres por miedo al rechazo.

La obra surge de la historia personal del Girard quien, en diálogo con ANCCOM, relata: “Es algo bastante autorreferencial, tiene mucho que ver con parte de mi vida, con salir del clóset, con ese proceso, y nació desde ese lugar. Fue un trabajo muy personal e introspectivo”.

Girard, además se animó a actuar y a interpretar a la figura del padre frente a su propia familia, presente la noche del estreno. “Fue difícil al principio, porque hay que ponerse en el papel de alguien con quien conviviste toda la vida. Me tocó en muchos lugares personales. Tuve preguntas de mis viejos, del tipo: ‘¿Vos lo sentiste así?’. Se generaron charlas que estuvieron buenas, porque en algún punto también fue sanador”, reflexiona.

Desde el living de la casa de una familia típica, la obra aborda temas profundos como la hermandad y la desigualdad entre la maternidad y la paternidad. “Hay una escena donde los hermanos son más amigos y otra donde son más enemigos. Me parecía muy importante que se vea que esa es la hermandad, explica Galeano, el director. Y Girard agrega: “Yo quería que se viera. Una madre que lleva adelante la casa y el padre que está ahí con su diario”.

Galeano destaca la red de apoyo que se construye en el teatro independiente cuando hay algo que contar. “Nos conocimos en un taller y un día Santi me mandó un texto y me pareció maravilloso. Le hice unos comentarios y le ofrecí darle una mano si quería llevarlo a cabo. Y de golpe, la próxima vez que nos vimos, me ofreció dirigir la obra. Fue completamente inesperado”.

“Fue todo a pulmón”, afirma Girard. “La escenografía la resolvimos nosotros, con ayuda de familiares y amigos –señala Galeano–. Fue un enorme trabajo porque queríamos respetar la década lo más posible. Apareció un teléfono y capaz que no era ese teléfono”.

Galeano vive su vida a través del teatro. Es profesor en una escuela, tiene su propio proyecto donde forma actores, a veces se sube a los escenarios con algunos papeles y ahora también dirige. Además, concibe el teatro como un espacio “dentro de la realidad donde se arma otra historia. Que todos estemos en una comunión creyendo eso, a mí me parece como una locura pactada entre todos. Eso es algo que no va a reemplazar la IA, porque es vivo. Con el público la obra se termina de hacer”.

Para Girard, profesor de matemática, Lejos de todo lo que hace mal “fue un reencuentro con el teatro, y en eso tuvo mucho que ver Maxi, porque yo había dejado hacía bastante tiempo. Arranqué a estudiar teatro en mi adolescencia porque sentí que el teatro era un lugar donde, y esto nunca se lo conté a nadie, se podía llegar a conocer gente, porque el ambiente es de la comunidad. Y me enamoré del teatro, pero nunca me animé a ir a fondo y vivir de eso”.

El nombre de la obra surge de una frase del guion que hace referencia al momento en el que uno debe irse a otro lugar para no tener que ocultar su homosexualidad. “A mí lo que me atrajo de la obra es el no sentirnos comprendidos por las personas que queremos”, expresa Galeano.

Girard comparte su propio proceso: “Fue muy solo, muy personal, porque no me animaba, porque tenía vergüenza, porque me daba miedo. El miedo al rechazo es bastante fuerte. Hasta que en un momento dije: ‘O sigo fingiendo una vida que no es la mía o me enfrento a lo que venga’”.

A diferencia de los años noventa, cuando había mucho más ocultamiento, “ahora las cosas son diferentes, aunque, en algún punto, estamos volviendo a algo que no me gusta. Por eso estas historias son importantes y que hay que seguir contándolas”, opina Girard.

Y concluye: “Si bien en su momento uno puede pensar ‘si pudiera elegir, elegiría otra cosa’, hoy no. Me gusta la vida que tengo, cómo la llevo adelante. En aquel momento, sí, claro, porque era más fácil vivir la vida que esperaban mis viejos, mis hermanos, mis amigos. Pero hoy no lo cambiaría por nada. La realidad es que, como termina la obra, yo también tuve un final feliz. Nunca me rechazaron, siempre estuve acompañado. Hoy vivo mi sexualidad con total libertad”.

Lejos de todo lo que hace mal se puede ver todos los viernes de noviembre y el 5 de diciembrea las 22.30 en el Método Kairós, El Salvador 4530 (CABA).Entradas en Alternativa Teatral.

«Los periodistas somos más necesarios que nunca»

«Los periodistas somos más necesarios que nunca»

El Instituto Alfredo Palacios reunió a Ángela Lerena, Jairo Straccia y Poli Sabatés para hablar de periodismo, algoritmos y fake news. Los tres coincidieron en la necesidad de formación, ética y trabajo colectivo para salvar el oficio.

Bajo el título “Comunicar en tiempos de algoritmos y fake news”, el Instituto Alfredo L. Palacios reunió a tres voces destacadas del oficio: Ángela Lerena, Jairo Straccia y Poli Sabatés el miércoles 29 de octubre en la Universidad Popular Sociedad Luz, barrio de Barracas (Avenida Suárez 1301), en un encuentro que invitó a pensar el periodismo en tiempos de algoritmos y desinformación. Los periodistas debatieron sobre el impacto de las nuevas tecnologías, la precarización del trabajo y la pérdida de credibilidad del oficio, pero también sobre las posibilidades de reconstruir una comunicación más ética, colectiva y democrática.

Poli Sabatés fue quien abrió el panel con una afirmación que marcó el tono del debate: “Comunicar es una forma de poder, pero también una forma de resistencia”. Desde su militancia en el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), la periodista destacó que los algoritmos y las fake news no son simples errores del sistema, sino estrategias planificadas para “segmentar, confundir y dominar”. Frente a ese escenario, reivindicó la militancia sindical y el trabajo colectivo como formas de respuesta. “No podría ser periodista si no militara en prensa —dijo—. Soy mejor periodista porque milito. La comunicación es un derecho colectivo, y por eso hay que democratizar las herramientas comunicacionales”.

Por su parte, Jairo Straccia planteó la necesidad de entender la magnitud de la influencia de los algoritmos en la vida cotidiana. “No somos conscientes de la cantidad de veces que somos decididos por algoritmos”, advirtió. Para el periodista, la opacidad con la que operan las plataformas tecnológicas deja a las audiencias y a los comunicadores en una posición de vulnerabilidad frente a empresas que concentran el poder informativo a escala global. En ese contexto, reivindicó el escepticismo y la verificación como principios básicos del oficio: “La desconfianza, la duda y el chequeo son lo único que te va a proteger. Prefiero llegar tarde a una noticia y estar seguro antes que reproducir una fake news”.

Straccia también advirtió sobre la transformación del trabajo periodístico en un escenario de pluriempleo y pérdida de redacciones, donde la lógica de la inmediatez y la fragmentación reemplaza a los espacios de aprendizaje colectivo. “Hoy hay menos gente que hace el laburo de llamar al involucrado en una noticia. La precarización y la individualización del trabajo van de la mano con la pérdida de rigor”, señaló.

El cierre del encuentro estuvo a cargo de Ángela Lerena, quien retomó muchos de los ejes planteados por sus colegas, pero desde una mirada atravesada por la experiencia y la autocrítica. Con más de treinta años en el oficio, Lerena cuestionó la tendencia actual del periodismo hacia el espectáculo y la búsqueda del escándalo. “Hoy pesa más el show que la información. Termina primando el llamado de atención por el escándalo, y eso me preocupa”, por lo que afirmó: “Los periodistas somos más necesarios que nunca”.

Para Lerena, en un contexto de desprofesionalización y desinformación masiva, la formación es más urgente que nunca. “Somos quienes, con nuestro nombre y prestigio, debemos garantizar información chequeada y confiable”, sostuvo. También propuso repensar el rol de las mujeres en los medios, todavía relegadas a espacios secundarios o vinculados a la estética. “Tenemos que ocupar lugares donde se discuta política, economía o deporte; no solo ser reproductoras de un saber ajeno, sino poseedoras del propio”, agregó.

Entre análisis, coincidencias y risas compartidas con el público, casi como una forma de mitigar la preocupación que traen las temáticas puestas sobre la mesa, el panel coincidió en un diagnóstico: el periodismo atraviesa una crisis estructural, pero su esencia —esta es, la búsqueda de la verdad y el compromiso con lo público— sigue intacta.

Frente al avance de la automatización, la precarización y la desinformación, los tres panelistas apostaron por el mismo camino: la organización colectiva, la ética y la formación permanente.