El día que los extraterrestres, el hombre imán y los antivacunas invadieron el Congreso

El día que los extraterrestres, el hombre imán y los antivacunas invadieron el Congreso

Organizado por la diputada del Pro Marilú Quiroz, se realizó un encuentro de militantes antivacuna en la Cámara Baja. Una reunión hilarante si no hubiera sido en un momento en el que reaparecen enfermedades que habían sido erradicadas por la inmunización colectiva.

“¡Las vacunas son un veneno extraterrestre!”, gritaba un hombre de entre 30 y 40 años con remera azul. El megáfono pasaba entre las manos de un grupo de personas que aguardaba para entrar al Anexo del Congreso. Se grababan unos a otros y transmitían por internet. Algunos con banderas argentinas colgadas del cuello, otros con carteles improvisados en el momento. “No hay otra esperanza: con soga será”, gritó para terminar el que hablaba de extraterrestres y le pasó el megáfono a una señora que mezcló las vacunas con el evangelio y Jesucristo.

En el auditorio del subsuelo, con capacidad para 200 personas, se realizaba la charla ¿Qué tienen realmente las vacunas del covid-19?: perspectivas legales, políticas, genéticas e infectológicas, que contó con tres paneles de expositores. Apenas se hacía un espacio, alguien entraba desde afuera.

La organizadora Marilú Quiroz, diputada nacional por la provincia de Chaco que responde al Pro, se encargó en los días previos de difundir el evento, aunque algunos legisladores de su bancada le salieron al cruce en las redes. Ella abrió y cerró la charla personalmente; algunos presentes le gritaban “¡Heroína!”.

El punto alto de la tarde fue cuando la doctora Lorena Diblasi llamó a José Daniel Fabián, un hombre que se encontraba entre la gente. Cuando subió al escenario lo instó a que se sacara la remera y se pusiera sobre el pecho un imán para probar la magnetización que padece, hipotéticamente, desde que recibió dos dosis de la vacuna AstraZeneca. Además, contó que tenía problemas cardiológicos y desde el auditorio le preguntaron si no era por hipertensión.

Desde las 14 hasta las 20 pasaron por el micrófono abogados y médicos pediatras e infectólogos, entre otros profesionales. Muchos repetían que las vacunas son crímenes de lesa humanidad y lo asociaron a la “mente afiebrada abortista”. Para sostener sus afirmaciones mostraban investigaciones que realizaban ellos mismos con sus pacientes. Una médica de la clínica Bazterrica, Lucía Langer, aseguró que medía las cantidades de metales en sangre de sus pacientes antes de indicarles la vacunación: “Con el calendario de vacunación están haciendo desastre en los niños”. Por eso, ella extiende certificados para presentar en las escuelas y que los eximan de la obligación. “Todo esto que está sucediendo es un experimento social y genético. Entonces ustedes eligen estar del lado del conejillo de indias o del lado espiritual para sanar la humanidad”, aseguró antes de ser ovacionada por el público.

Observando el evento se encontraban tres personas de Mendoza con una banda de tela celeste cruzada sobre el pecho; eran parte de la autodenominada “Corte internacional de Justicia Real de las Personas” quienes dieron su adhesión al evento. Sumaron también un documento que se leyó ante el auditorio.

El argumento más repetido es que las vacunas tienen componentes metálicos que hacen mal a la salud. No importa que las investigaciones con control de pares, como explican investigadores del CONICET, hace tiempo hayan explicado que si bien algunas vacunas utilizan algunos metales, lo hacen en cantidades insignificantes y, por lo tanto, inocuas.

¿Cómo se explica tanta testarudez en tiempos en los que vuelven los contagios de enfermedades antes controladas como el sarampión o la tos convulsa?

 

 

 

 Una epidemia informativa

La pandemia del covid-19 no sólo se llevó seres queridos, sino que dejó un saldo incalculado e impensado en ese momento: el crecimiento del movimiento antivacunas junto con la ruptura de legitimidad del paradigma científico que era incuestionable. El combo es exacerbado por el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y las redes sociodigitales, dónde todos pueden decir cualquier cosa sin un sustento científico.

En paralelo, en el segundo piso del Anexo se realizaba la contrajornada, provacunas, impulsada por el presidente de la Comisión de Salud de la Cámara Baja, Pablo Yedlin. En ella expusieron Nicolás Kreplak, sanitarista y Ministro de Salud de la Provincia quien contó que solo cerca del 50% de los menores de 5 años tienen la vacunación completa. También hablaron otros diputados como  Daniel Gollán, exministro de Salud de la Nación, y diputadas que rechazaron que el presidente de la cámara habilitara el evento antivacunas.

Allí se recordó también que el gobierno actual le sacó todo el financiamiento al Programa Nacional de Enfermedades Inmunoprevenibles que visitaba a las escuelas para completar el calendario de vacunación de los niños. Además criticaron los horarios restringidos de los vacunatorios que desalientan incluso a aquellos que quieren proteger a sus hijos y pidieron un Estado más presente y activo.

Entre los expositores también estuvo la doctora Angela Gentile, presidenta de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), Jefa de Infectología del Hospital Ricardo Gutiérrez quien explicó el análisis de seguridad que se hace sobre las vacunas.

Por su parte, la diputada María Cecilia Ibañez aseguró que no hay en carpeta ninguna iniciativa antivacunas de su partido, la Libertad Avanza. ¿Es suficiente? Avalar este tipo de eventos, abrir espacios para las dudas, desfinanciar tiene prácticamente el mismo peso que una ley.

 

 

Colón y Payasandú resisten contra la refinería HIF

Colón y Payasandú resisten contra la refinería HIF

Continúa la preocupación de los vecinos a ambos lados del río Uruguay por la construcción de una planta de hidrógeno verde. Denuncian que afectará el turismo, la biodiversidad y salud de ambas poblaciones.

Continúa la lucha a ambos lados del río Uruguay contra la empresa HIF global que planea desarrollar un megaproyecto para instalar una planta de hidrógeno verde en Paysandú, frente a las costas entrerrianas.

Estas semanas son cruciales para el desarrollo de los planes que tiene la empresa en el país vecino ya que ayer se reunieron en Argentina Pablo Quirno, Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, con Mario Lubetkin, su homólogo uruguayo. Este es el segundo encuentro entre ambos funcionarios en lo que va del mes y según trascendió Lubetkin espera la visita de Quirno en las próximas semanas para seguir tratando temas bilaterales.

En julio, HIF realizó algunos cambios en su proyecto que implicó la reducción de un 35% de la superficie total de la planta, una disminución en un 70% de la intervención que realizaron sobre el monte nativo y una ampliación de 260 hectáreas del área de reserva de la biodiversidad, pese a estos cambios en noviembre la empresa debió ser multada por el Ministerio de Ambiente debido a la tala ilegal del monte nativo.

Estas modificaciones no lograron apaciguar a las distintas organizaciones y vecinos tanto de Paysandú (Uruguay) como de Colón (Argentina) que ven que sus reclamos caen en oídos sordos. Carlos Serrati, integrante de la organización Somos Ambiente, explicó: “Lo que la empresa hizo fue realizar modificaciones menores dentro de la planta, pero dejó las instalaciones en el mismo lugar, encima para ganar un poco de espacio aumentaron las alturas, la llama la establecieron a 7,50 metros aproximadamente, y el producto de la incineración de estos combustibles viene todo para este lado, para nosotros no cambio absolutamente nada”.

Los miembros de Paysandú soberano concuerdan, ya que su reclamo implica la reubicación en su totalidad de la planta por fuera de su localidad. Leonardo Belassi, integrante de esta organización, comenta: “Por eso estamos juntando las firmas para una iniciativa popular, quisiéramos que no se instale en ningún lugar del Uruguay”. El colectivo ya tiene recolectadas 13.000 firmas, y le faltarían 2000 para poder convocar un plebiscito de iniciativa popular para decidir sobre el tema en cuestión.

La empresa aseguró en diversos medios que se concretaron con los vecinos de Paysandú y Colón jornadas de diálogo. Sin embargo, Serrati desmiente esta instancia, “se dijo que tenían conversaciones con organizaciones de la zona de Colón, yo estaba presente en el lugar, no fue así, no las hubo”.

El entrerriano explica que el movimiento en contra de la instalación de la planta lejos está de querer invalidar las decisiones que implican los proyecto de desarrollo de Uruguay, sin embargo resalta: “Lo que decimos es que no se puede hacer en ese lugar, porque afecta directamente a un sistema económico de una población transfronteriza, es incluso una pérdida de soberanía de nuestro lado, porque los condicionamientos de la empresa modifican sustancialmente nuestro estado de vida”.

En las últimas movilizaciones de protesta se contó con el apoyo del intendente de Colón José Luis Walser, quien se sumó al reclamo y a las últimas manifestaciones exigiendo el cambio de locación de la plata, asimismo pidió la intervención de las autoridades nacionales correspondientes para mediar en el conflicto.

Serrati resalta, además, la imprevisibilidad de las empresas que manejan químicos tóxicos, “la prueba de esto es el accidente de Ezeiza hace unos pocos días, puede ser un producto del azar, o un accidente, pero el riesgo de accidentes está siempre presente”, agrega. “Necesitamos una base epidemiológica para saber cuál es el estado general de la salud de la población para poder contrastarlo o compararlo el día de mañana si llegan a aparecer algún tipo de patologías diferentes, como ya ha sucedido en Gualeguaychú”, dice y enumera además otras consecuencias derivada de la posible instalación de la plata tales como pérdida del valor patrimonial de la cuidad, emigración por falta de empleo y  baja de la recaudación tributaria.

El sábado 6 de diciembre habrá una marcha en Paysandú contra la instalación de la planta frente a las oficinas de HIF Global, más tarde habrá también un festival donde se presentarán distintos artistas y se realizarán actividades de visibilización del conflicto.

La pelota no se vende

La pelota no se vende

Los vecinos de La Boca resisten y permanecen en El Playón, un predio que desde hace 35 años funciona como un espacio de contención y recreación autogestionado. Ahora apareció un dueño y los quiere desalojar.

Desde la semana pasada, vecinos de La Boca permanecen en El Playón, ubicado en Del Valle Iberlucea y Gregorio Aráoz de Lamadrid, para evitar que tapien el predio luego de ser comprado por un nuevo propietario.El espacio comunitario que se encuentra en la entrada de Caminito, pasaje turístico de referencia para los visitantes extranjeros, fue recuperado por los propios vecinos que limpiaron el terreno y armaron una canchita, después de un largo tiempo sin que nadie reparara el lugar destruido por un incendio que en los años noventa arrasó con un conventillo.

“Es un espacio que está hace 30 años y nosotros lo sentimos propio, es como nuestra casa, entonces es muy difícil tener que entregar algo tuyo. Porque si había un dueño antes, durante 35 años nunca se acercó, nunca puso un clavo en el lugar y toda la comunidad se ocupó de las luminarias, el piso, la cancha, etc. De todo, siempre se ocupó la comunidad, la murga, y en este caso el club también, es re injusto que venga alguien y te diga, soy el dueño, chau, ándate”, dice Brenda Siffredi, de la Comisión Directiva del club FC Playón.

En un contexto en el que la lógica del mercado desplaza a la solidaridad barrial, la profundización del proceso de gentrificación por parte del Gobierno de Jorge Macri provoca que aparezcan “nuevos dueños” que compran espacios en el vecindario. “Hace un poco más de un mes, unainmobiliaria (Antúnez Vega) se acercó personalmente diciendo que había un posible comprador de este lugar y que si nosotros teníamos 650 mil dólares para adquirirlo teníamos la prioridad. Obviamente eso no sucedió, así que supuestamente compraron el lugar”, cuenta Brenda.

Por eso, los vecinos que sostienen el espacio con el respaldo de agrupaciones comunitarias, políticas y diferentes actores sociales decidieron permanecer y juntar firmas de los vecinos y turistas para evitar el cierre del lugar. “Nosotros pacíficamente pedimos llegar a una mesa de trabajo donde nos podamos sentar con los nuevos dueños, si es que existen, porque uno no sabe, y trabajar a ver cómo podemos resolver la situación”, dice Brenda.

El sitio fue reconocido espacio cultural por la Comisión del Carnaval, quienes trabajan con el Gobierno local, mediante el Proyecto Huellas del Carnaval. “Tenemos una placa con un código QR donde saltan los datos de que es un espacio cultural”, dice Karina Bustos, referente de la murga Los Príncipes de La Boca. También se movilizaron hasta la comuna donde presentaron una nota solicitando definir una fecha para comenzar una mesa de trabajo. Sin embargo, hasta el momento no tuvieron ninguna respuesta de las autoridades.

Desde hace casi dos décadas, en la canchita de futbol ensaya la murga Los Príncipes de La Boca. “Nacimos en el año 2006, hace 20 años que estamos acá en El Playón. Yo tengo 42 años, así que prácticamente me críe acá y el plan de lucha es que no cierren el lugar de ensayo”, manifiesta Karina.

Además, el espacio también cumple una función social quedando abierto durante el día para que los chicos se queden jugando a la pelota y no estén en la calle, a su vez también pueden participar del F. C. Playón que funciona desde hace tres años.

“Es un lugar de contención muy grande. Por ejemplo, es el único club del barrio que no cobra cuota, hay muchos chicos que no tienen para pagar, y menos como está la situación hoy en día. Es un club que es a pulmón, entre todos los vecinos, los padres, los movimientos, agrupaciones que nos dan una mano, hay gente que nos da una pelota, que nos da unas cosas, y nosotros donamos casi todo el tiempo que tenemos, y los chicos la verdad que lo necesitan. Cuando empezamos este proyecto había muchos chicos que estaban todo el tiempo en la calle, yendo por malos pasos, y gracias a Dios yo hoy te puedo decir que revertimos esa situación, con muchos de los chicos, y tienen esa contención, entonces es como que, si sacamos esto, ¿qué les queda a los chicos?”, reflexiona Brenda.

El día que un tornado arrasó a Dolores

El día que un tornado arrasó a Dolores

Este martes se cumplen 40 años de un fenómeno meteorológico nunca visto en la zona. Las ráfagas de 300 kilómetros por hora arrasaron con todo y un viento de solidaridad reconstruyó lo destruido. El recuerdo de los vecinos.

En aquella tarde del 25 de noviembre de 1985, la ciudad de Dolores dormía la siesta bajo un peso húmedo e inusual. No había un alma en la calle: hacía mucho calor, pero no era un calor cualquiera; el ambiente era denso, muy particular. “No se respiraba”, recuerda Andrés Kaiser, vecino dolorense, que aún asocia ese aire espeso con las antiguas inundaciones que hacían de la ciudad “una palangana”. Desde las ventanas, los vecinos observaban un cielo inmóvil, sin viento, que comenzaba a oscurecerse de manera extraña.

Marcela Bazterrica, comunicadora y periodista, en ese entonces tenía 5 años y recuerda que el silencio era absoluto, como si todo el pueblo contuviera la respiración. En ese instante de calma tensa, los ojos se alzaron hacia el horizonte: lo que se veía venir no era una tormenta más de noviembre. El cielo se tiñó como una noche prematura y, con la oscuridad, llegó un rugido que nadie había escuchado antes.

No era un sonido familiar. Era un ruido ensordecedor que, en un instante, pasó de rumor a estruendo. “Parecía que los autos se manejaban solos”, recuerda Sebastián Alonso, nuestro taxista y guía en la ciudad, que a sus cinco años miraba desde el ventanal cómo el viento arrastraba los vehículos por la calle. En minutos, el corazón de Dolores fue sacudido por una fuerza desconocida. Los testigos, atónitos, veían cómo el aire se llenaba de objetos que parecían inofensivos. “Pensé que eran sachets de leche, hasta que entendí que eran chapas”, dice Marcela. El tornado, uno de los más fuertes que azotaron Argentina, cruzó la ciudad en diagonal con vientos de más de 300 km/h, arrasó 40 manzanas, se cobró la vida del vecino Alpidio Vizcaíno en la maderera Diepa y dejó a Dolores sin luz, servicios ni comunicación. La siesta de aquel lunes había cambiado para siempre a la ciudad.

Cuando cesó el viento, que apenas duró siete minutos, la ciudad quedó sumida en un silencio que muchos recuerdan como más violento que el propio vendaval. “En una vereda no quedó nada, y en la de enfrente no se movió ni una hoja”, cuenta Andrés, todavía asombrado por lo azaroso del fenómeno. Ya no era solo miedo, era la certeza de la ruina. El fenómeno dejó tras de sí una destrucción total: casas derrumbadas, autos destruidos, árboles arrancados de raíz y espacios públicos severamente dañados, tales como el Cementerio, la calle Olavarría, el Hogar del Anciano, la Plaza Moreno, y el Frigorífico Casassa.

El tornado dejó sin nada a quienes golpeó. Andrés, que aquella tarde estaba en su casa, recordaría el panorama de los días siguientes con absoluta lucidez: “Hubo gente que ni ropa le quedó. El tornado se llevó todo por donde pasó.” A este despojo total de pertenencias y los daños físicos se sumó la oscuridad absoluta. Con el tendido eléctrico devastado en numerosos sectores, la noche no trajo descanso, sino aislamiento y penumbra. Los vecinos salieron con linternas a buscar familiares y a remover escombros con las manos. La municipalidad, desbordada, organizó cuadrillas improvisadas para asistir a los heridos y despejar las calles principales. En los barrios más afectados, las familias dormían al aire libre, junto a lo poco que habían podido rescatar.

La mayoría de las personas no podían comunicarse entre sí, ni dentro ni fuera del pueblo. Las líneas telefónicas estaban cortadas, y las radios locales, silenciadas. Miriam Manias, que entonces trabajaba como maestra jardinera en Mar del Plata, recuerda la desesperación. Sus padres vivían justo enfrente de la maderera: “No sabía si estaban vivos o muertos.” En ese contexto, los radioaficionados se convirtieron en el único enlace con el exterior. Entre ellos, Jorge Erbetta, presidente del Círculo de Radioaficionados de Dolores, logró contactar con estaciones de la región y transmitir los primeros reportes. Durante más de un día, las únicas noticias de Dolores viajaron por esas frecuencias, mientras el pueblo intentaba volver a organizarse.

El amanecer del 26 trajo la dimensión completa del desastre. Dolores apareció cubierta de polvo, chapas y escombros. Los vecinos salieron a buscar a sus familiares y a reconocer lo que quedaba de sus hogares, mientras bomberos, defensa civil y personal municipal trabajaban sin descanso. La supervivencia se volvió una tarea colectiva: rescatar, asistir, limpiar, volver a empezar. El desafío que ahora enfrentaba la ciudad no era sólo meteorológico, sino también humano, institucional y de memoria.

Miriam Manias con un ejemplar de la revista Gente del 28 de noviembre de 1985.

 

El fenómeno meteorológico

La ciencia, con el paso de los años, logró poner en palabras aquello que para los vecinos de Dolores había sido pura confusión y espanto. El meteorólogo José Javier Merlos explica: “Aquel tornado fue el resultado de una combinación poco frecuente de factores. Ese noviembre se mezclaron masas de aire muy cálidas y húmedas con un fuerte contraste de temperatura en las capas altas de la atmósfera. Esa diferencia genera ascensos y descensos bruscos de aire y, cuando el aire descendente toca el suelo, se forma el embudo”.

Los vecinos de Dolores relacionan las fuertes inundaciones previas con la formación del tornado. Sin embargo, Merlos descarta que hayan provocado el fenómeno, aunque reconoce que influyeron en el escenario: “El suelo estaba saturado de agua, pero eso no genera un tornado; si acaso, puede atenuar el calor. Lo que pasó fue que la atmósfera tenía tanta energía que nada la detuvo”. Aquella energía se tradujo en ráfagas de más de 300 kilómetros por hora que atravesaron la ciudad en diagonal, siguiendo un patrón típico de estos fenómenos. “Los tornados no avanzan en línea recta -explica-, sino que hacen un recorrido en zigzag dentro de una franja, por eso hay calles devastadas y otras intactas”.

La intensidad del viento permitió clasificarlo entre los tornados más destructivos, con ráfagas de entre 250 y 320 kilómetros por hora, capaces de arrancar árboles, volar techos y retorcer estructuras metálicas. “Fue un evento extremo para la provincia de Buenos Aires, pero no aislado -advierte Merlos-, la llanura pampeana tiene las condiciones para que estos episodios se repitan. Lo que cambió es que hoy contamos con más tecnología y registros: antes, si un tornado no pasaba por una ciudad, simplemente nadie lo veía”. Sin embargo, esa mayor difusión no supuso un avance en los registros meteorológicos: la pérdida de las estaciones ferroviarias en los años noventa redujo la red de observación y la precisión en el seguimiento de estos fenómenos.

Un pueblo solidario

Tras la catástrofe, el Estado provincial dispuso una serie de decretos de emergencia para asistir a los sectores más afectados. Las medidas incluyeron prórrogas impositivas, créditos y beneficios fiscales para productores rurales, con el objetivo de recomponer la actividad económica. Sin embargo, la reconstrucción urbana y habitacional recayó principalmente sobre la municipalidad y los propios vecinos.

De la tarea inmediata de levantar la ciudad fue protagonista su gente, que encontró en la unión la forma de empezar de nuevo. Antes de que llegaran las ayudas oficiales, los propios vecinos se organizaron para asistir a quienes lo habían perdido todo. “Los que todavía tenían casa daban abrigo, los clubes y las iglesias recibían donaciones, y los bomberos trabajaban día y noche”, recuerda Marcela. Desde distintos puntos de la provincia llegaron camiones con alimentos, ropa y materiales; medios nacionales impulsaron colectas, y las instituciones locales se transformaron en centros de acopio y refugio.

En medio del desastre, el pueblo se sostuvo en su propia red. “Fue el pueblo el que estuvo ahí”, dice Andrés, que ayudó a su abuelo a reconstruir el techo con chapas donadas. Ese impulso comunitario -hecho de gestos simples, manos prestadas y una solidaridad inmediata- permitió que Dolores comenzara a levantarse incluso antes de que se hicieran efectivos los decretos y las ayudas oficiales. Fue, en definitiva, la respuesta de una sociedad pequeña pero unida, que encontró en la cooperación su forma más profunda de resistencia.

Cuarenta años después el recuerdo del tornado sigue vivo. Verónica Meo Laos, investigadora radicada en Dolores, propone un proyecto de memoria. Su idea es reunir los testimonios en un registro colectivo de historia pública. “De un tiempo a esta parte, Dolores es una fiesta. Hay un interés por apropiarse del espacio público, de celebrar. ¿Y por qué no? De recordar también”. Y agrega que la recuperación de la ciudad “tiene mucho que ver con cómo se gestiona la catástrofe”.

En Dolores esa gestión tuvo que ver con la solidaridad de sus habitantes. Hasta hoy, los vecinos se siguen reconociendo en esa actitud. Como afirma Marcela: “Ante cualquier cosa que ocurra estamos todos dispuestos para ayudar. Eso es una marca de los dolorenses”.

En esta historia no importa solo lo que ocurrió aquel día, sino cómo el pueblo se reorganizó para salir adelante. Contar lo que pasó fue también reconocer eso que todavía sostiene a Dolores: la solidaridad que convirtió la tragedia en una forma de unión.

 

 

 

 

 

 

Equipo de producción: Candela Mantuano, Cintia Ramírez, Marlene Bachmann y Valentina Muñiz.

El juez Kreplak detalló sus avances en la investigación por el fentanilo adulterado

El juez Kreplak detalló sus avances en la investigación por el fentanilo adulterado

En la Comisión Invetigadora del Congreso señaló que hubo 118 advertencias ignoradas, que el Estado no tenía trazabilidad de las ampollas y que el ANMAT no controló la producción de los laboratorios. Quitó responsabilidad a los hospitales.

El 19 de noviembre, el juez Ernesto Kreplak se sentó frente a los diputados en la Comisión Investigadora del fentanilo adulterado. Su exposición no pareció la de un juez sino la de alguien que había caminado descalzo sobre los restos de un sistema roto: la tragedia empezó antes de que alguien supiera que había empezado.

Explicó, sin ambages: el ANMAT no sabía dónde estaban las ampollas; el Estado no tiene trazabilidad real; el juzgado tuvo que reconstruir todo “a mano”; hubo 118 alertas previas ignoradas desde 2018 por parte de la ANMAT al laboratorio; la planta Ramallo falsificó controles; que dos lotes —31202 y 31244— estaban contaminados y que 40.473 unidades llegaron a pacientes.

Los diputados escuchaban sin respirar. Christian Castillo lo sintetizó así: “El juez expuso sobre la investigación judicial que llevó a cabo, todas las fases de la misma y dónde está ahora, que es analizando las responsabilidades de los funcionarios del ANMAT, Ministerio de Salud y otros, después de haber determinado el incumplimiento de las buenas prácticas de fabricación por parte de las autoridades de Laboratorio HLB Pharma y Laboratorios Ramallo; por eso están imputados, procesados en este momento.”

Y el juez agregó algo que cayó como un balde de agua helada: “No hay reproche penal para los hospitales. El sistema no les exigía controlar nada”.

Las familias, sentadas en mesas al fondo de la sala, escuchaban atentos y después en diálogo con ANCCOM confesaron que: “Es trascendental que el juez haya decidido exponer cómo está el caso… Desde el primer momento nos transmitió tranquilidad”.

Afuera, el año se está terminando. Dentro del Congreso, los diputados saben que el tiempo también se termina. En dos semanas cambian las bancas. Cambian las comisiones. Cambian los presidentes de bloque. La tragedia del fentanilo corre el riesgo de quedar atrapada en ese cambio de guardia, en ese revoleo administrativo donde muchas causas pierden identidad política.

La diputada Margarita Stolbizer advirtió a ANCCOM algo que quedó suspendido en el aire: la existencia de alertas previas ignoradas. “El juez explícitó la cantidad de alertas que generan responsabilidad en quienes debieron controlar y no lo hicieron”, dijo. Y agregó otra frase que revelaba la magnitud del vacío estatal: “No hay motivo de reproche penal en los hospitales, porque confían en que el control de calidad ya fue hecho por ANMAT”.

El diputado Pablo Juliano, harto de excusas, exclamó en reuniones anteriores: “Hay que traerlos de los pelos. No pueden no venir”. Se refería al ministro de Salud, Mario Lugones que no fue. Ni la primera vez. Ni la segunda. Ni bajo apercibimiento legal.

Los familiares fueron más frontales a este medio: “Lo mejor que podría hacer es presentar la renuncia”.

El 7 de noviembre de 2025, el Colectivo Nacional de Víctimas del Fentanilo Adulterado publicó un comunicado. No tenía el tono quebrado del dolor inmediato. Tenía la voz fría de quienes ya entendieron que el sistema que debía protegerlos había fallado. Escribieron: “La tragedia es el símbolo más doloroso de la crisis sanitaria argentina”.

A esa altura, lo consignan con exactitud quirúrgica, ya contaban 124 muertos, además de decenas de sobrevivientes con secuelas: hígados devastados, pulmones quemados, fiebres que aún hoy recuerdan en la piel. Denunciaban “colapso del sistema de control farmacéutico, negligencia estatal prolongada, políticas de desregulación que agravan la vulnerabilidad”.

La trama es simple y monstruosa a la vez: para estas familias, los papeles oficiales no son burocracia, sino la puerta por la que entró el veneno. “Fue productiva su explicación. Para nosotros es importante. Así como se mostró hoy el juez, se muestra cuando uno pide audiencia”, expresaban las familias a la salida de la comisión.

Mientras tanto, diputadas como Vilma Ripoll marcaban la distancia entre el Poder Judicial y el Ejecutivo a ANCCOM: “La presencia del juez fue saludable, coherente. Lamentablemente los funcionarios no actuaron así… Hay que presionar para que vengan y den respuesta por semejante barbaridad: tantos muertos por falta de control”.

Si el comunicado nacional suena a diagnóstico, el de Rosario es un alarido. Presentado el 21 de noviembre, no habla de buenas prácticas ni de normativas: habla de abandono. “Nadie nos asistió”, escriben, “Nadie aplicó la Ley de Víctimas. Nadie explicó qué había pasado. Nadie nos acompañó.”

El próximo miércoles 26 de noviembre, a las 11, se presentarán en la Cámara de Diputados de Santa Fe para visibilizar su reclamo y exigir respuestas concretas. No están haciendo teoría: están contando lo que vivieron en los pasillos de los hospitales, cuando pedían una historia clínica y encontraban carpetas mutiladas; cuando preguntaban por qué su madre, su esposo o su hijo había muerto y nadie respondía. Lo llaman “una masacre evitable.”

La abogada Adriana Franchese, que acompaña a varias familias víctimas, lo explicó así: “Fue sumamente positivo que escucharan en primera persona cómo se dio esta enorme investigación… Y es sumamente necesario mejorar las legislaciones para que no vuelva a suceder”.

Las familias se van del Congreso una vez más con carpetas gastadas: fotos, informes, certificados, historias clínicas incompletas. El juez dijo que en julio o agosto del año que viene podría elevar el caso a juicio. Los diputados, que intentarán cerrar el informe antes del 9 de diciembre, admiten que el tiempo es escaso. Las familias dijeron que no piensan bajar los brazos.

La tragedia del fentanilo adulterado sigue respirando entre ellos. No está en las noticias. No está en las conferencias de prensa. Pero está en cada carpeta. En cada testimonio. En cada muerte inexplicable. Y en la pregunta que todavía nadie pudo responder sin bajar la mirada:

¿Cómo se mata con un medicamento sin que el país lo note?