Por Jorge Rodríguez
Fotografía: Pamela Pezo Malpica

La obsesión del Gobierno porque no se obstruya el tránsito hizo que se recortaran este año casi una decena de corsos. Mientras que bares y restaurantes pueden utilizar la vía pública para hacer negocios, la fiesta popular más antigua suma barreras y dificultades.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aplicó una reducción de casi diez corsos en el circuito oficial porteño. Mientras que en 2023 fueron 24 los puntos donde las murgas brindaban sus presentaciones, este año son solo 15. Inclusive en los canales de comunicación del GCBA solo se habían anunciado 8, pero dicho número se logró elevar luego de algunas negociaciones.

Febrero es el mes del carnaval en toda Argentina y la Ciudad de Buenos Aires no es la excepción. Durante los meses previos, suelen escucharse ensayar a las mugas en plazas y parques de los distintos barrios. Además, en ese periodo arreglan y producen los trajes y estandartes que utilizan en cada presentación.

La teoría del carnaval elaborada por el crítico literario Mijail Bajtin sostiene que en esa celebración el mundo se da vuelta y los estratos sociales bajos pueden ejercer cierta autoridad sobre las clases altas o autoridades. En los carnavales se inventa un lenguaje vulgar, obsceno y lúdico; la risa y el humor invaden las calles, la ciudad se convierte en un gran teatro.

Este tipo de características también pueden registrarse en el carnaval porteño, y a esto habría que sumarle las influencias de la diáspora africana, algunas costumbres europeas y cierta idiosincrasia autóctona que se amalgaman en el sonido de los bombos, redoblantes y silbatos.

ANCCOM intentó comunicarse con el Ministerio de Cultura de la Ciudad, pero desde ese organismo no brindaron respuesta.

ANCCOM intentó comunicarse con el Ministerio de Cultura de la Ciudad, pero desde ese organismo no brindaron respuesta. Algunos de sus empleados deslizaron tener miedo a perder sus puestos de trabajo, especialmente en este contexto. Desde las redes sociales oficiales se comunicó lo siguiente: “Los carnavales son una fiesta tradicional querida por muchos porteños y creemos que se pueden hacer de manera organizada y respetuosa con todos los vecinos de la Ciudad. Por eso vamos a reducir la cantidad que se realizaba y a mover muchos de los puntos de encuentro a lugares que no provoquen cortes de calles ni inconvenientes para los que no quieren participar de estas celebraciones.”

El comunicado remarcaba: “Es fundamental mantener la buena convivencia entre todos los porteños y como en los últimos años el exceso de calles cortadas que alteraron el orden en el espacio público generó problemas para muchos vecinos, los estamos reorganizando para este año. Esto no significa limitar la diversión, por el contrario, buscamos crear un ambiente para que las personas que quieran festejar puedan hacerlo reduciendo el nivel de molestias a los demás.”

Anabel Cichero tiene 26 años, es politóloga y forma parte del Centro de Murga La Gloriosa de Boedo. Ella explica cómo inciden estos recortes en las murgas en general: “Esto nos afecta porque nos reduce la cantidad de noches que sale cada murga. Hay ocho noches en febrero más los dos feriados de carnaval, si el Gobierno de la Ciudad baja menos guita para la financiación de cada uno de los corsos, las murgas que participan o que organizan estos corsos se quedan sin poder realizarlos a menos de que tengan los recursos. Se reducen los espacios donde tocar, hay más de cien murgas y no podemos salir todas juntas porque la noche se hace interminable”.

Anabel también explica que mediante un jurado las murgas adquieren distintas categorías (A, B, C y pre carnaval): las de la primera categoría adquieren más corsos donde tocar y las demás poco a poco van quedando relegadas.

 Por último, Anabel profundiza acerca de la organización y sus contradicciones: “La perspectiva a veces se hereda de generación en generación, y con dictadura, neoliberalismo y  crisis mediante esa incomodidad que generan las murgas va mutando. Antes quizás el argumento era que la ciudad se llena de negros bailando y copando las calles, hoy quizás el argumento es que el ruido les molesta a los vecinos, las calles se llenan de mugre y cortan el tránsito. Pero ojo al piojo, porque por ejemplo desde San Juan hasta Independencia, durante el año pasado y el anterior el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta cortaba toda esa calle para hacer una pasarela de restaurantes y bares, sábado y domingo durante todo el día, todos los fines de semana. Entonces es un poco cómico cómo la gente que apoya esta medida de Macri no se quejaba de esas pasarelas”.

Fabián Guerra, de 42, años pertenece a la  agrupación murguera Legendarios de la Esquina de Villa Pueyrredón, que tiene 10 años de vida y clasificó en 2020 a lo que sería el circuito  después de cuatro intentos en los que quedaron en precarnaval. “Es una medida que mata a muchas murgas, yo más o menos sabía cómo venía el tema porque tengo a mi mamá viviendo en Vicente López. Allá Macri mató a muchas murgas y armó un corsódromo donde tenerlas más controladas”, dice. “Ellos plantean que somos un corte de calle, y esto no es un corte, es una fiesta popular de la gente, hay muchos que no tienen para irse de vacaciones y es uno de los entretenimientos que le quedan para el verano”, remarca.

Cabe destacar que algunas murgas se manejan por fuera del circuito y los cronogramas oficiales: son las denominadas independientes. Cachengue y Sudor es una murga que realiza su corso en la Plaza 24 de Septiembre, ubicada en el límite entre los barrios de Villa Crespo, Caballito y La Paternal.

Desde su denominada “Comisión de Agite y Propaganda de Cachengue y Sudor” , brindaron para ANCCOM el siguiente testimonio: ” Siempre hubo trabas de parte de la Comisión de Carnaval a las murgas independientes para organizar corsos, hubo momentos donde se pudo destrabar, pero un par de años antes de la pandemia esas trabas se agudizaron a tal punto de negarnos el permiso porque habían sacado una resolución donde decía que la comisión ya no daba más permisos de corte para corsos y murgas que estén por fuera del circuito (año 2019).”

Los corsos que perduran

Los quince corsos que finalmente funcionan son los siguientes: Boedo 1 (Avdenida Boedo y  Avenida Independencia), Colegiales (Polideportivo Colegiales), Flores/Caballito (Seguí entre Neuquén y Gaona), Lugano 1 ( Avenida Fernández de la Cruz entre Lisandro Torres y Cañada de Gómez), Lugano 3 (Plaza Unidad Nacional), Mataderos ( Avenida Alberdi entre Escalada y Araujo), Palermo 2( Plaza Unidad Latinoamericana), Parque Saavedra ( Avenida García del Rio entre Freire y Zapiola), Pompeya (Avenida La Plata entre Federico De la Cruz y Caseros), San Cristóbal (Plaza Martin Fierro), San Telmo ( Anfiteatro Parque Lezama), Villa Crespo (Scalabrini Ortiz entre Avenida Corrientes y Velazco), Villa Devoto ( Plaza Richieri), Villa Pueyrredón ( Avenida Mosconi entre Bolivia y Terrada) y Villa Urquiza ( Avenida Triunvirato entre Monroe y Olazábal).