La feminista abolicionista Sonia Sánchez protagoniza Impuros, el documental de Florencia Mujica y Daniel Najenson sobre las inmigrantes judías víctimas de trata a fines del siglo XIX. “Terminaban muriendo pobres y putas, mientras los hombres se enriquecían”, dice, y sentencia: “Como hoy”.

Sonia Sánchez fotografiada de perfil.Corre el año 1880 e incontables inmigrantes llegan a Argentina, de variopintos países, culturas y religiones. Esa historia ya la conocemos, pero que entre esos miles de inmigrantes llegaban mujeres que se habían casado con empresarios de la colectividad judía y que las trajeran al país engañadas para convertirse en víctimas de trata de personas, fue y sigue siendo encubierto. “De eso no se habla”, “no hay que dramatizar ni estigmatizar de más”, se atreven a decir investigadores en el documental Impuros. Dirigido por Florencia Mujica y Daniel Najenson, muestra en carne viva los rostros de los traficantes, sus nombres y una historia de encubrimiento e impunidad que se sostiene, de otra forma, en la actualidad.

El documental demuestra la  violencia, el silencio y la vergüenza, de aquellas víctimas de las cuales sus maridos se convertían en proxenetas y ellas no tenían salida alguna. Toda esperanza de un progreso personal en Argentina se hacía añicos, y comenzaban a ser violadas sistemáticamente por 30 hombres por día. Sonia Sánchez, feminista abolicionista, relata y recorre la historia del documental haciendo un anclaje directo con sus vivencias, ya que fue víctima de trata. Pero también lo ancla con la actualidad, que lejos de combatir la trata de personas como dice hacerlo el Estado, cada vez se oculta más y crece proporcionalmente sobre todo en niñas que no llegan a los catorce años.

Sánchez es feminista abolicionista y considera que esa elección es el único camino posible para combatir la trata de personas desde la  raíz. Esta visión de la problemática, habiéndola vivido en el pasado desde adentro, hizo que los directores del documental la tengan en cuenta para participar a modo de relato y nexo con la actualidad.

¿Cómo fue tu acercamiento al documental?

Conocí a los directores. Primero a Daniel Najelson, y  después él se juntó con Florencia Mujica para hacer Impuros y ahí tuvimos una charla. Por mi historia, ellos buscaban una mujer que hubiera pasado por la prostitución y la trata, que tuviera una mirada abolicionista y dijeron enseguida mi nombre. Me gustó enseguida la mirada que se proponía porque es un documental que si quien lo ve no sabe cómo nació el tráfico de personas para explotación sexual en Argentina, Impuros se lo muestra, es el ABC de la trata de personas y del abolicionismo. Te enseña que debemos ser abolicionista si estás contra toda esta violencia, sin decir ni siquiera la palabra abolicionismo. Te lo va mostrando desde el primer segundo, y cómo se ancla con este momento social, que no muestra ninguna evolución, ya que hay una gran embestida reglamentarista en Argentina, para imponer la prostitución como trabajo. Impuros te muestra que hacia fines del siglo XIX y principios del XX, traficaban a las mujeres y Argentina era reglamentarista, y que ellas sufrían siendo víctimas de la trata de personas. Eran traficadas, pero primero debían casarse allá, y las traficaban casadas. En cambio hoy las trafican diciendo que van a tener un trabajo con un salario digno y mueren pobres y putas. En ese momento también, terminaban muriendo pobres y putas mientras los hombres se enriquecían.

En varios momentos vos caminás, tocando paredes y parcelas en el cementerio de La Tablada, donde están enterrados los traficantes, y también tumbas sin nombres y rotas, donde se cree que están las mujeres víctimas, y esto sin saber quiénes son cada una y dónde está el resto. ¿Qué significó para vos ese recorrido?

En el documental se muestra el cementerio de los impuros y las impuras. Fue tremendamente fuerte entrar a ese cementerio de La Tablada: adentro está el otro pequeño cementerio, aislado, donde estaban las víctimas, considerándolas a ellas como impuras, porque está todo roto y lleno de pasto, en forma denigrante. Ahí está tremendamente el olvido, y duele. Yo digo que la marca de la puta si no la trabajás, como persona que ha pasado por la prostitución y la trata, se conforma por el dolor, el silencio y la vergüenza. La vergüenza ahí se convierte en silencio y en olvido. Es tremendamente fuerte y eso muestra el destino de una puta: el olvido, como algo que trasciende sus vidas y sus muertes.

Sonia Sánchez en el cementerio de La Tablada.
“En el documental se muestra el cementerio de los impuros y las impuras”, cuenta Sonia Sánchez.

¿Como una huella indeleble que trasciende la vida y la muerte de la persona?

Absolutamente, y por eso yo digo que Impuros tiene que ser mostrado en todas las escuelas, para que nuestros adolescentes, en especial los varones, puedan comprender lo que es la prostitución y la trata. Porque Impuros es una herramienta pura para comprender esta violencia que atraviesa la sociedad. Argentina desde el derecho es abolicionista, aunque desde la práctica no. Hay que pasar el documental en las escuelas para que tengan las herramientas para prevenir. Si nuestros adolescentes miran esta película comprenden cómo nace la trata de personas, qué es la prostitución, para tener las herramientas necesarias y ellos siendo varones, no convertirse en prostituyentes, cuestionar a quienes lo hacen y que puedan charlar entre ellos. Y también a las chicas adolescentes que no las conviertan en las putas del futuro y puedan pedir socorro. Para mí es fundamental Impuros ahí, pero también en los barrios, para que las madres puedan también hablar a sus hijas e hijos.

¿Cuando te propusieron la idea lo visualizaste como una herramienta de transformación?

Sin dudas. Lo miré de esa manera y por eso lo acepté. Como una herramienta más para la comprensión. Además me gustó porque cuando se habla de trata y prostitución en Argentina, en todas las películas siempre muestran a la pobre mujer prostituta que llora. Si eso ya lo sabemos: Sabemos que son las mujeres empobrecidas de nuestro norte, adolescentes ya con dos o tres crías encima. Algunas que no saben leer ni escribir, cagadas de hambre. Tenemos siempre visualizada a la puta, pero ¿por qué no ponemos en cuestión a los varones? Los varones prostituyentes son cuidados, porque esa es la parte fundamental en la trata de personas con fines de explotación sexual. En la prostitución son los varones los más cuidados, sus rostros no aparecen, pero siempre aparece la puta, que es el rostro de cualquier mujer. La puta tiene nombre y apellido, pero el varón prostituyente no, aunque sean la base de este sometimiento y esta desigualdad. Pero ellos viven en nuestras casas, y son nuestros padres, nuestros pastores evangélicos, nuestros jueces, nuestros políticos, los rabinos, son todos los varones. Estas películas que siguen encubriéndolos me hartaron, ya ni las veo.

El documental muestra a los varones, los nombres y las caras de los traficantes varones y lo está poniendo en cuestión. Entonces cómo no iba a ser parte de esto, si yo lucho para que los varones se hagan cargo de esto. De hecho, yo desde el año 2000 no reparto ni un profiláctico a ninguna puta, porque si yo lo reparto sigo sosteniendo la prostitución. Lo que hago es ir y decirle : “Hermana, si vos no querés ser puta estas son tus herramientas. Andá y golpeale la puerta a tu intendente, anda y pateale la puerta a tu gobernador y exigile trabajo, educación, salud, vivienda”. Pero yo  jamás le voy a dar un profiláctico porque así también estoy sosteniendo que el varón vaya de putas. Entonces Impuros lo que hace es mostrar a los varones, la base de esta violencia que es la prostitución, que fomenta la trata. Porque la trata existe porque existe la prostitución, son los varones. Impuros tiene y muestra los nombres de los primeros traficantes, que fueron judíos miembros de la Zwi Migdal, y cómo fueron encubiertos por el Poder Judicial, el aparato estatal y la Policía. Empecemos a poner los nombres de todos los traficantes. Si Argentina ha rescatado a once mil, debiera haber once mil juicios, ¿cuántos hay?: cuatro o cinco, y uno solo que terminó. Debemos dar los nombres de los traficantes también.

Fotografía del registro de prostitutas.
“La puta tiene nombre y apellido, pero el varón prostituyente no, aunque sean la base de este sometimiento y esta desigualdad”, expone Sonia Sánchez. 

¿Cuáles fueron los momentos del documental que más te removieron tanto sensitivamente como intelectualmente?

Uno fue cuando fuimos a Santa Fe, al prostíbulo más antiguo  y más caro: Madame Safó. Fue impresionante para mí cuando entré, porque realmente no lo había visto, me filman cuando cruzo la puerta, yo solo lo había visto desde afuera. Me dijeron que mantuvieron todo intacto. Hay una calesita que no nos dejaron filmar, donde todas las putas de ahí se exhibían mientras la calesita daba vueltas. En el pasillo que yo recorro había una mesa gigante donde los varones comían, tomaban, y cuando querían cogerse a la mujer prostituida iban a la calesita mientras daba vueltas y elegían a cuál querían violarse. Era de “primer nivel” el Madame Safó. Te das cuenta por cómo está diseñado y con todo dorado. Cuando llegué fue un golpe muy fuerte en lo emocional. Entrar ahí y caminar, fue como recorrer el prostíbulo donde yo fui prostituida a mis 17 años. Hay una parte que no está en el documental que es cuando hacemos una pequeña grabación en una de las habitaciones, que claro, fue fuerte porque ahí las putas dormían, comían y eran violadas. Fue como remover mi historia, por eso Impuros fue para mí dos procesos: volver al pasado para juzgar el presente, y a la vez sanar. Por lo menos para mí como Sonia Sánchez, por más que ya vengo haciendo estas terapias públicas, para mí fue muy terapéutico.  Fue sanador también porque me sentí hermanada con esas mujeres al leer sus cartas de hace cien años. Impuros muestra que el pasado lejano está presente hoy, aunque tengamos otras herramientas seguimos en la misma. Yo me sentí hermanada con esas mujeres, sentí su dolor en esas cartas, porque me sentí en sus cuerpos. Por eso cuando yo doy mis charlas soy descarnada, que vos como no puta puedas sentir ese dolor que las personas que hemos pasado por la prostitución lo hemos pasado. Quiero construir una empatía, que esa sororidad no quede en una palabra, sino que sea concreto, y hacer que lo que yo pasé no les pase a tus hijas y tus nietas porque vienen por ellas. Entonces me resultó sanador porque sentí su dolor . Si queremos vivir en una sociedad libre de violencia debemos ser feministas y abolicionistas porque no hay otro camino. Entonces es imposible no estar agradecida.

Impuros deja interrogantes y heridas abiertas, sin otro cicatrizante que el hecho de difundirlos y hacerlos públicos, para que deje de suceder. ¿Dónde están esos cuerpos?. Algunos están enterrados en el cementerio de La Tablada, y los otros ¿dónde están?, ¿qué pasó con sus familias?¿Sus hijas? Sobre esto Sonia agrega una experiencia personal que se ancla en forma directa con las atrocidades que explaya Impuros: “Acá estamos a cinco cuadras de la Plaza de Flores, que yo la he bautizado como el cementerio de putas –dice-. Ahí se murieron muchísimas mujeres que yo he conocido. ¿Dónde están sus cuerpos? En el caso de Marta Junco, hacía tres días que no aparecía en la plaza, vamos al hotel y al hospital  y no estaba, después a la morgue, pero ahí nos dicen que lo tiene que retirar un familiar. Vine a mi casa y busqué a familiares y no había ni uno, parecía que ella hubiera nacido de un repollo. Cuando vuelvo a la morgue le digo que no conseguimos a ningún familiar pero que necesitábamos darle sepultura, y el enfermero me dijo que no. Ahí hago la pregunta más estúpida que hubiera podido hacer: ¿qué van a hacer con su cuerpo? Él me responde que nada. Que lo van a donar a la Facultad de Medicina para que los y las estudiantes hagan sus prácticas. La cara de espanto que habré puesto yo que el tipo me dijo: ‘Tranquila señora, hay dos cuerpos más para ser donados’. Ese es el destino de una puta: seguir produciendo. El cuerpo de una puta produce dinero estando vivo y muerto”.

¿Ponerle rostro a ellas es un homenaje? ¿Es darles un lugar que ni siquiera conocieron?

Impuros es para mí memoria activa, es ponerte ahí: pensá, mirá, volvamos otra vez. Tenemos que tener memoria para poder construir una sociedad sin violencia. Es diferente a todas las películas sobre trata que hay. Por eso digo que es memoria activa y eso me gusta. Pone en cuestión el rol de los varones, te deja clarito cómo nació el tráfico de personas. Por eso digo que es necesario que se dé en todos los espacios: en las escuelas, en las plazas, en los barrios.

Ya en su quinta semana de proyección, Impuros se puede ver en el Malba los jueves 13,20 y 27 de diciembre a las 20:30; y también en cine Gaumont todos los días a las 13:45.

Sonia Sánchez de perfil.

Sonia Sánchez sentada a la mesa sobre un banco en una habitación mayormente blanca.
“Impuros es para mí memoria activa, es ponerte ahí: pensá, mirá, volvamos otra vez” explica Sánchez.
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