Ante la falta de trabajo y el salario que no alcanza a fin de mes, reaparecieron los nodos en distintos puntos del Gran Buenos Aires, sostenidos en su mayoría por mujeres.

En un contexto en donde la inflación acumulada en los últimos dos años es del 65 por ciento, empujada por devaluaciones y tarifazos, numerosos sectores de la población sufren cada vez más para poder adquirir bienes básicos. El impacto es contundente, especialmente en los barrios del Gran Buenos Aires. Este panorama lleva a que con el instinto de sobrevivencia y con la experiencia adquirida en la crisis de 2001, se vuelva a recurrir al trueque, como una forma de intercambio de productos anterior a la aparición de la moneda. Lo que parecía historia vuelve a ser una realidad cotidiana.

Dos mujeres revisan una bolsa de pan en el Mercado de trueque "Lulú".
Ante la agravante situación económica, reapareció una práctica que parecía olvidada: el trueque.

María Magdalena Isasi es una de las administradoras del “Trueque Canje Lulú” en Merlo. “Conocí el trueque hace más de cinco años –relata-, pero cambiábamos objeto por objeto, no era por mercadería; esto empezó recién a finales del 2015. Coordinamos casi todo por Facebook, al principio lo hacíamos en la plaza, frente a la estación de Padua. Algunas tenían un punto de encuentro, pero los inspectores municipales les quitaban las cosas, nos movilizamos y se consiguió el Ateneo de Padua para hacer el trueque, fue una lucha. No fue gratis”.

Isasi continúa narrando su experiencia: “Hoy somos como 35.000 personas, abonamos 15 pesos la entrada para costear los gastos, en un principio éramos todas mujeres, hace dos semanas recién se incluyeron a los hombres, haga calor o frío siempre vienen muchas personas. Cuando alguien no realiza ningún cambio hacemos una colecta de alimentos para ayudarlo”. Para poder ser miembro de este nodo se tienen que asociar enviando una solicitud por Facebook y aclara que no se utilizan bonos de trueque.

Una multitud en el Club Unión de Merlo. Una mujer en primer plano se lleva algunos productos en sus brazos.
Desde finales de 2015, en el mercado “Trueque Canje Lulú” se intercambian mercaderías.

Lorena Cardoso, que va al nodo que funciona en el Club Unión de Merlo, dice que antes el espacio funcionaba en otras entidades, pero tuvieron que mudarse “porque cada vez hay más gente”. “Me enteré por Facebook –cuenta-. Vi una publicación que me interesaba y comencé a ir a principios del año pasado, éramos pocos y ahora somos muchísimos. Para entrar se demora como una hora y media, mi marido trabaja pero nunca me alcanza. La mercadería me sirve mucho, todos los sábados voy religiosamente”. Y agrega que a veces se acerca gente que vive en Capital, en donde todavía no resurgieron los nodos con la misma intensidad.

En la Sociedad de Fomento de Rafael Castillo, Partido de La Matanza, funciona un espacio de trueque desde 2001, los martes y jueves a la tarde y el sábado a la mañana. “En este lugar el intercambio de los productos se realizan por mercadería o por créditos, la entrada cuesta trece pesos o 200 créditos, ahora lo que más se busca es la mercadería”, explica María Rosa, en lo que es uno de los pocos nodos que funciona con créditos –una especie de cuasimoneda- igual que hace 16 años.

La ropa acomodada en el piso del Club Unión de Merlo está lista para ser intercambiada.
Cada mercado de trueque tiene su propia lógica. El de la Sociedad de Fomento de Rafael Castillo funciona con créditos.

En esa zona también existe el “Trueque por Mercadería Rafael Castillo”, que se lleva adelante en la plaza de la estación de tren todos los días. Mediante el uso de Facebook se realiza el contacto y se coordina la entrega del producto. Algunas personas, como Rosana Gómez, ya son habitués de diferentes nodos. “Mi mamá me enseñó cómo es el trueque, vamos a Castillo. En Merlo voy al Martín Fierro, al Club Unión, cambio por mercadería o algún producto que pueda vender en la feria y de esa manera puedo tener algún ingreso”, explica.

Ya en el sur del Conurbano, Marcela Benítez, administradora del Trueque “Cambio por Mercadería Barrio Sarmiento”, dice: “Comenzamos cinco mujeres, hoy somos como 10000. No aceptamos hombres para no tener problemas”. Y agrega: “Mi marido perdió el trabajo el año pasado, él trabajaba en el Hospital Borda, te imaginás lo que pasé. También recolectamos alimentos para sortear a las compañeras que no lograron cambiar nada, de esa forma les ayudamos”. Acongojada y resignada, Marcela comenta y recuerda cómo vivió el 2001: “pensar que volvimos a esto; soy madre de dos hijos y tengo que poner el pecho”.

Dos mujeres venden ropa sobre mesas de madera en el club Unión de Merlo.
Los distintos mercados de trueque tienen una participación mayoritaria de mujeres.

Actualización 30/01/2018

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