Por Karina Baldonado
Fotografía: gentileza Matías Canony

“Yo quiero ser sicario. Una escuela sitiada por los narcos” es una novela basada en hechos reales y fruto de varios años de trabajo de su autor, Eduardo Marostica, como psicólogo y docente, en programas estatales en distintas zonas de la ciudad de Rosario.

Crudo y realista, Yo quiero ser sicario. Una escuela sitiada por los narcos, de Eduardo Marostica, cuenta cómo los pibes de las periferias de Rosario son reclutados por las bandas narco y a partir de allí se ven envueltos en una espiral de violencia y delito, y cómo la escuela y los docentes cumplen un papel de refugio y contención, ante el pedido de ayuda de esos jóvenes.

Epicentro del narcotráfico en el país, Rosario se ha convertido en escenario de lucha entre bandas rivales, y sus habitantes en rehenes del miedo y la inseguridad, ante la “vista gorda” delas autoridades. Tal es el contexto del libro de Marostica, casi un reflejo de la realidad que viven muchos jóvenes en la ciudad.

Desde la tapa, que muestra a un adolescente apuntando con un arma, la obra se propone como un llamado a la reflexión sobre la situación que se vive allí, donde es muy fácil entrar el narco, pero es mucho más difícil salir. De hecho, de acuerdo a lo que se desprende del libro, son unos pocos los que lo logran, mientras que otros son asesinados en el intento.

En diálogo con ANCCOM, Marostica afirma: “Esta novela es una visión de la realidad que sucede, pero que traslado ficcionalmente a la historia de mi libro y que no está alejada de nuestras vidas. La obra tiene cuatro personajes principales, dos jóvenes llamados Luna y Santiago, una directora y un trabajador de un colegio, todos personajes ficticios pero sus historias verídicas, como la de tantos pibes y pibas de los alrededores de Rosario”.

“Muchos adolescentes están vulnerables a caer en manos de los narcos –sostiene el autor–. Sus voluntades son doblegadas por estos delincuentes, consecuencia de la miseria y el hambre que viven en la periferia. Son tomados como esclavos y víctimas de la violencia, los varones puestos al trabajo de matar y las mujeres a cocinar la droga. Mi novela es una denuncia. Se habla de esto en las noticias policiales, pero no se conocen sus historias, el detrás de escena de estos hechos violentos perpetuados por el narcodelito, que hacen perder la inocencia tempranamente a estos jóvenes”.

“En el libro también abordo tema como el rol que ejercen los docentes, que se convierten en guardianes de estos adolescentes, que ven a la escuela como esa trinchera, el lugar más seguro para sus vidas, en donde encuentran en los profesores sus grandes contenedores, lejos del peligro que los acecha a cada momento”, agrega. La tapa, según Marostica, “fue una estrategia para captar la atención del lector: es más convocante que la imagen de una escuela con estudiantes, o un docente dando clase”.

“Con la literatura –explica– pretendo hacer que esta realidad no se vea como algo ajeno. Escribo historias de la periferia de Rosario porque es mi ciudad de origen,pero no quiere decir que esto no pase en otros lugaresni en otras partes del mundo. El proceso de escritura me llevó dos años, en los que recolecté mucha información, testimonios y una vez que tuve todos los elementos empezó la labor de redacción”.

Marostica tiene una larga trayectoria en el ámbito educativo, tanto a nivel secundario como universitario, además de ejercer como psicólogo. “En los grupos narco, a los varones, que son convocados para ser sicarios, se les pone un arma en sus manos, haciéndolos sentir que tienen el poder y el control de todo. Las mujeres, en cambio, son destinadas a tareas más domésticas, como cocinar y fraccionar la droga. Esta división de roles no solo refleja la desigualdad de género, sino que también perpetúa la estigmatización y la violencia en estas sociedades”.

“La sociedad –prosigue Marostica– tiende a estigmatizar a estos jóvenes como delincuentes o peligrosos, ‘cabeza’,‘cabecita negra’, sin entender las verdaderas razones que los llevan a involucrarse en el narcodelito”. Con su libro, el autor intenta comprender las raíces del problema y mostrar la importancia de la prevención y concientización, para que los jóvenes no queden a merced de las poderosas bandas narco.

La novela pone en valor la necesidadde abordar la problemáticade manera seria y responsable, buscando soluciones que involucren a todos, llevando a los jóvenes la esperanza de una sociedad más justa, y más aún a aquellos que no pueden salir y precarizan su vida diariamente.

“Educar significa alimentar, cuidar, es una forma de amar –expresa Marostica–, más hoy, en tiempos en que la escolarización está totalmente despojada de afectos y cuidados, y también en la cuna familiar, en donde en muchos lugares el abuso tiende a convivir silenciosamente en sus vidas”.

Yo quiero ser sicario. Una escuela sitiada por los narcos fue declarada de interés general por el Consejo Municipal de Rosario y por la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe. Recientemente, el autor, de visita en Buenos Aires, la presentó en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI). Se puede adquirir online y en librerías.