A pocos días de que se dicte la sentencia definitiva sobre el juicio a Jair Bolsonaro, Lula denuncia la injerencia de Estados Unidos, que aumentó los aranceles a los productos brasileños y le denegó la visa al ministro de Justicia, Ricardo Lewansoski. También hubo sanciones para el juez De Moraes, quien encarceló al exmandatario de la derecha.

Tras la orden de prisión domiciliaria al expresidente brasileño Jair Bolsonaro, acusado de tramar un golpe de Estado contra el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, Estados Unidos ha asediado a Brasil tanto por la vía comercial, subiendo los aranceles a varios productos brasileños, como por la vía política, con sanciones al juez Alexandre de Moraes quien ordenó el encarcelamiento del exmandatario de la derecha.
El último episodio de esta crisis diplomática ocurrió este martes, cuando el presidente brasileño denunció lo que calificó como una “actitud inaceptable” por parte de Donald Trump tras la revocación de la visa estadounidense de su ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski. Esta medida se inscribe en una serie de intentos por parte del país norteamericano para influir en la política interna de Brasil y específicamente en el juicio activo contra Bolsonaro, en contra de todo lo que dicta la historia diplomática.
Para la abogada brasileña, Juliana Peixoto, investigadora en el Área de Relaciones Internacionales de la institución intergubernamental FLACSO/Argentina, el aumento de los aranceles a los productos brasileños es “un ataque a las reglas multilaterales, característica ya del gobierno de Trump”. Además, Peixoto se refirió a los comentarios del presidente norteamericano sobre el encarcelamiento de Jair Bolsonaro alegando que el exmandatario “no es culpable de nada” y es víctima de una “caza de brujas”. Para la investigadora estas expresiones constituyen un ataque a la soberanía brasileña y rompen el principio de no intervención en los asuntos internos de otros estados.
Conflicto de intereses
En cuanto a qué intereses responden estos constantes ataques de Trump hacía Brasil, el politólogo e investigador uruguayo, Camilo Burian destacó una “solidaridad ideológica” entre el presidente norteamericano y Bolsonaro. “Son dos grupos de derecha que, a pesar de que sus miradas son en algún sentido soberanistas, tienen lazos transnacionales de solidaridad”. En consonancia, Peixoto calificó al gobierno de Trump como orientado a “atacar de frente a gobiernos de América Latina que representen, real o simbólicamente, alguna amenaza a la hegemonía de los Estados Unidos en la región”.
Sumado a ello, Burian consideró que el conflicto de intereses entre Estados Unidos y Brasil es también producto de una disonancia entre la política exterior de Lula y la agenda de Trump, sobre todo la vinculación con China y el BRICS, que impactó directamente con intereses estadounidenses. Para el investigador, esto se puede ver, por ejemplo, en la instalación de la industria de los automóviles eléctricos, donde Brasil le dio la espalda a Tesla y le abrió las puertas a China. “Obviamente el Brasil de Bolsonaro resulta más funcional a los intereses de Trump en la región”, sentenció.
Tiro por la culata
Ante estas medidas de las últimas semanas, la justicia brasileña no se ha doblegado a los objetivos norteamericanos manteniendo la medida cautelar sobre Bolsonaro. Lula, por su parte, mantiene su postura de defender la soberanía brasileña abrazando un sentimiento nacionalista que excede su propio partido. Esto pudo ser visto especialmente este martes, en un encuentro donde el presidente brasileño y varios ministros usaron gorras con la frase “Brasil es para los brasileños» y envió un mensaje a Trump: “Estamos dispuestos a sentarnos en la misma mesa en igualdad de condiciones. No aceptamos ser tratados como subordinados. No lo permitiremos de nadie”.
“La postura de Brasil con respecto a la autodeterminación y otros principios estructurantes del orden internacional es en muchos aspectos similar a la postura histórica de Argentina –señaló Peixoto-. Representa un límite a la intervención de Estados Unidos en lo que considera su ‘patio trasero’. Es un llamado de atención al gobierno de Trump de que Sudamérica no es lo mismo que México o Centroamérica”.
Sumado a esto, Burian explicó: “Brasil tiene una tradición en política exterior muy larga, anterior al gobierno de Lula, que tiene que ver con la idea de autonomía”. El investigador también se refirió al compromiso actual del presidente brasileño por defender los intereses de su país. “Lo que está aflorando es una forma de entender la política exterior de manera autonomista”, remarcó.
Lo cierto es que Brasil no muestra intenciones de comprometer su soberanía ante la presión norteamericana. Así lo demuestran las medidas anunciadas por Lula hace algunas semanas bajo el plan de “Brasil soberano”, con el objetivo de contrarrestar el efecto de los aranceles estadounidenses poniendo a disposición miles de millones de reales en líneas de crédito que puedan ser utilizadas por las empresas brasileñas más afectadas.
De alguna manera, los intentos de Trump por desestabilizar al gobierno brasileño tuvieron el efecto contrario. Así lo muestra la última encuesta de la consultora Genial/Quaest que muestra que la aprobación hacía Lula subió del 43% al 46%, su mejor desempeño desde inicios de 2025. La misma encuesta revela un apoyo de la población al proceso judicial que enfrenta Bolsonaro: un 55% de encuestados cree que la orden de prisión domiciliaria fue justa.
La democracia en juego
El juicio a Bolsonaro se da en un contexto delicado del sistema político brasileño tras el intento de golpe de Estado en enero de 2023, que pretendía impedir la asunción del presidente Da Silva. “Parte de este juicio es la acusación, con pruebas muy firmes, de un proceso de horadar aspectos de la calidad democrática en Brasil, después del intento de golpe de Estado”, explicó Burian.
Por lo tanto, no es una locura pensar que medidas como la revocación de la visa del ministro de Justica de Brasil y las sanciones al juez a cargo de la causa, Alexandre De Moraes, muestran un intento de influencia sobre el Poder Judicial brasileño por parte del gobierno de Trump en favor de un viejo aliado. No es un dato menor que de Moraes no es ajeno a la presión norteamericana, siendo el mismo juez que el año pasado ordenó la suspensión de la red social X por no adecuarse a las normativas del país.
Por el momento, los intentos de Trump por influir en el proceso judicial no parecen tener efecto. La medida cautelar que mantiene a Jair Bolsonaro en prisión domiciliaria continúa vigente y se sumó el pedido de la Fiscalía de un refuerzo especial de seguridad alrededor del ex mandatario para prevenir cualquier intento de fuga en días previos a que el tribunal dicte sentencia, algo que ocurrirá a partir del 2 de septiembre.