Por Lucrecia Roncoroni
Fotografía: Daniela Hernández, Guadalupe Presa Falcón, Oriana Estrada

Luego de la ratificación del veto presidencial al aumento de sus haberes, los jubilados volvieron a marchar a Plaza de Mayo eludiendo el desproporcionado operativo policial.

A las 4 de la tarde del 27 de agosto, la marcha de los jubilados avanza pacíficamente hasta Sáenz Peña; acompañada de organizaciones sociales, trabajadores y la sociedad civil. En Lima, un cuerpo de efectivos policiales, motorizados y a pie espera con un operative desproporcionado, como se volvió costumbre. Los agentes irrumpen agresivamente para desplazar a los manifestantes, arman un cordón policial que divide la calle. La columna resiste la tensión y continúa su marcha hacia Plaza de Mayo.

Mireya es la abuela de Julio Favio Lazarte, “Julito”, un niño de Quilmes que en mayo recibió el impacto de cinco perdigones en el rostro, provenientes de la policía bonaerense. Está parada al lado de la radio abierta que las organizaciones de jubilados montaron frente al cabildo al concentrar en Plaza de Mayo. Lleva un cartel de justicia con fotos de su nieto lastimado. El niño se asomó por la ventana de su casa a observar cómo la policía le pegaba a su papá, y recibió uno de los dos disparos que efectuaron. “Estamos pidiendo justicia porque Julito gracias a Dios no perdió el ojo, pero estuvo cerca”, recuerda. Mireya. Hasta ahora solo uno de los ocho efectivos que participaron fue removido.

“Estoy acá porque veo lo que le hacen a los jubilados, la policía agrede sin motivos porque ellos están peleando por sus derechos”, cuenta  la abuela de Julio que todavía no es jubilada pero cada miércoles acompaña la movilización. “Me siento identificada –agrega- porque los jubilados son golpeados y maltratados (por la policía) cuando tendrían que cuidarlos, tienen derecho a tener una jubilación digna”.

Junto a ella está Mirta Muñoz la abuela de Luciana Antonella Muñoz, desaparecida del oeste de la capital de Neuquén el 13 de Julio del 2024. “La justicia de Neuquén la busca ahí nada más y dice que está muerta, nosotros no le creemos; y aunque fuera así, que aparezca”.

Llegó a Buenos Airesl el día anterior, intentando que la causa se federalice. Está exhausta, por la mañana participó de una reunión de iglesias, fue recibida por un diputado en el Congreso, y llevó su reclamo a la Casa del Neuquén; la representación de la provincia en la Capital de Buenos Aires. Por la tarde marchó con los jubilados y habló con militantes de derechos humanos y mujeres que luchan por la trata. Ella también es jubilada, una asamblea de Neuquén que busca el esclarecimiento del caso compró los pasajes con apoyo del pueblo neuquino para ayudarla junto con Mujeres por la libertad, una organización que la está acompañando.

Los miércoles de jubilados se convirtieron en un baluarte de las luchas populares y funcionan como un espacio de visibilización y a la vez de encuentro. “No hay que estar divididos” es una de las frases que más se escucha por el micrófono, las consignas giran en torno a un llamamiento a aunar los reclamos y generar un plan de lucha común. Es lo que viene sucediendo cada miércoles. Con una constancia que desafía el vértigo de la crueldad estatal, que arremetió sin discriminar contra los más vulnerables, cada miércoles los viejos invitan a tejer alianzas y recuperan poco a poco el tejido social. Estudiantes, trabajadores despedidos, la comunidad del Hospital Garrahan y personas con discapacidad se manifiestan junto a ellos.

Con el sonido de las cacerolas de fondo, Juan Manuel expresa su repudio: “Es criminal lo que se está haciendo, le sacó a más de cien mil personas la pensión por discapacidad y encima chorean con los medicamentos de los discapacitados”, subraya aludiendo a la difusión reciente de los audios de Diego Spagnulo, extitular de ANDIS, quien fue removido luego de que se expusiera una red de coimas dentro del organismo que alcanzaría a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y su máximo operador politico, Lule Menem.

“Milei la coima de tu hermana” reza el cartel de una jubilada que cuenta que está ahí porque no le alcanza y sigue trabajando. Señala la remera que tiene puesta con la cara de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner: “Estoy acá también por ella, por su libertad, porque gracias a la jubilación de amas de casa pude viajar en avión por primera vez y conocer Punta Cana. Eso nunca va a volver a pasar”.

No solo las tristezas y la crueldad convocan a los miércoles de jubilados, también lo es la memoria. “30.000 compañeros jubilados desaparecidos, presents -finaliza el acto por micrófono-. Si ellos estuvieran acá esto quizás no estaría pasando”. La rebeldía hoy es vieja, tiene canas, arrugas y hasta renguea, pero camina cada semana con la misma firmeza. “Hasta el próximo miércoles compañeros”, concluyen.