«Ensenada ‘55» cuenta el relato no oficial de lo que pasó durante el derrocamiento a Perón. La historia de los que combatieron para defender al gobierno a través de un relato familiar que, a la vez, es colectivo.

Se estrenó Ensenada ’55: un film donde Hugo Crexell reconstruye un episodio olvidado de la historia argentina a partir de un recuerdo de infancia: la voz de su padre contando, como anécdota de sobremesa, que había piloteado un avión durante los combates de septiembre de 1955. Ese relato fragmentado, que a él le parecía más una película que un hecho histórico, se transformó décadas después en el disparador de una investigación tanto personal como colectiva.
“Es una película que nace de un recuerdo de la infancia muy fragmentado. Mi papá me contaba cuando yo tenía 10 u 11 años, en la mesa familiar, cómo se había subido a un avión y había bombardeado canales de Río Santiago, donde estaba la Escuela Naval, para defender al gobierno de Perón. Para mí era más una película que algo histórico. Ahora entiendo que mi viejo quería plantar esa semilla para que yo lo supiera”, cuenta Crexell a ANCCOM en una entrevista poco tiempo después de la proyección de la película en la sala Jorge Luis Borges de la emblemática Biblioteca Nacional. “Nunca me había propuesto hacer algo audiovisual, ni de escritura, ni siquiera una investigación. Pero surgió, y al contarle mi historia a la productora de la película, Paula Tagliabue, oriunda de Ensenada, recibí el impulso de indagar sobre el tema. Ella sabía del hecho por su lado, como mucha gente de Ensenada, La Plata o Berisso, a diferencia de lo que sucede acá en Capital. Yo soy de Buenos Aires y, si no fuera por mi familia y estos relatos de mi padre, no me habría enterado demasiado al respecto. Lo que mi viejo me contaba me parecía como imposible, porque es información que no está en los libros”.
El film no solo aborda una historia familiar sino también un capítulo deliberadamente silenciado por el relato oficial: los enfrentamientos en Ensenada, La Plata y otras ciudades argentinas durante el golpe que derrocó a Juan Domingo Perón. Para Crexell, uno de los mayores desafíos fue romper con la idea de que la caída del presidente había sido un desenlace incruento.
“Lo que para la historiografía oficial había sido la caída de Perón, en realidad fue una gran cantidad de combates que no ocurrieron únicamente en Ensenada o en el Río de la Plata; también hubo bombardeos y combates en Mar del Plata, en Bahía Blanca, en el sur, en Rosario, en Córdoba… no fue un golpe incruento, ni Perón cayó por su propio peso, mitos que la historia oficial se ocupó de divulgar. Hubo realmente una gran resistencia, que podría haber torcido el rumbo de la historia si el vicealmirante Isaac Rojas no hubiera mandado a bombardear la destilería de La Plata. Los que ganan se arrogan el derecho de narrar estas historias. El poderoso elige qué contar y qué quitar”, asegura Crexell.
La película se construye a partir de testimonios, archivos y huellas materiales que todavía subsisten en Ensenada. El director eligió no hacer un documental enciclopedista, sino un relato cinematográfico que interpele al espectador. La mezcla de recursos —animación, proyecciones, música con tensión de thriller— busca ampliar el alcance de la obra más allá del público especializado.
“Yo no quería una película con una carga de archivo tremenda. No había muchos archivos fílmicos; simplemente lo que aparece al principio, que nos costó muchísimo encontrar, donde se muestra Plaza de Mayo llena de antiperonistas festejando el golpe, y los lugares donde sucedió el bombardeo, otra prueba más donde se ven claramente destrozos, sobre todo en la Escuela Naval. También fuimos al archivo de Ensenada, donde están las fotos donde aparece la casa bombardeada de uno de los protagonistas de la película, Rodolfo Ortiz. Fue una especie de tejido de archivos, un rejunte de retazos”.
En ese recorrido, Crexell tuvo acceso al archivo Rojas, un tesoro documental que confirmó la veracidad de las historias que había escuchado de niño.
“Por ser hijo de un capitán de navío, pude acceder al Archivo Rojas, que está en el Centro de Estudios Históricos Navales. Nos abrió una puerta enorme. La mayoría de las cosas que se ven son de ahí o del legajo de mi papá. Todo lo que en la película se ve rotulado como “secreto” era así, nada de eso está retocado. Y así se mantuvo durante muchas décadas, hasta que, por el 2013, Agustín Rossi -en ese momento ministro de Defensa-, mediante una política de desclasificación de archivos, liberó parte del documento, que podía encontrarse en Internet. Se permitió el escaneo de montones de documentación donde se contaba todo lo que sucedió del 16 al 20 de septiembre más o menos, es decir, el tiempo que duraron los combates. Más tarde, en 2017, cuando asumió Macri, la familia de Rojas hizo una apelación judicial para que se cierre ese archivo a consulta pública. Como nosotros comenzamos nuestra investigación en 2017, tuvimos que hacer un pedido de acceso a la información pública, gracias a las sugerencias de la Mariana Nazar, del Archivo General de la Nación. Esa fue la batalla más importante que tuvimos que dar. Usé el documento con mucho cuidado, seleccionando los recursos que me parecían un poco más audiovisuales, vistosos para una película, como las proyecciones de fotos que se ven en la pared de mi casa, partes del legajo o partes del juicio que le hizo el Tribunal de Honor a mi papá”.
Así, Crexell y su equipo comenzaron formalmente a investigar. Primero, trabajaron todo el material que resultaba de su propia historia familiar, a partir de lo que recordaban su mamá y uno de sus hermanos, reubicando ese recuerdo fraccionado y antiguo para resignificarlo, uniendo las piezas de un rompecabezas muy complejo y difuso donde primaba el desafío de descubrir qué había de falso y qué de verdadero.
“Cuando buscamos bibliografía sobre septiembre de 1955, el golpe de Estado, aparecían nombrados algunos combates en Río Santiago, pero nada de un bombardeo ni de la historia de resistencia civil que se alojaba detrás. Era un tejido mucho más complicado de contar de lo que se pensaba. Había muchas contradicciones, sobre todo respecto al sentido de lealtad. De hecho, alguien me recordaba después de una función que Rojas había sido nombrado jefe de la Escuela Naval por el propio Perón”.
El núcleo íntimo de Ensenada ’55 es, sin embargo, la figura del padre. Crexell debió desdoblarse entre el rol de hijo y el de cineasta para mirar a Hugo Alberto Crexell como un personaje histórico atravesado por contradicciones. La película también expone las ambivalencias políticas de aquel aviador: su lealtad a Perón en 1955, su posterior desencanto y la imposibilidad de volver a volar tras ser juzgado.
“Fue duro, me tuve que desdoblar. El hijo tuvo que quedar siendo hijo y el investigador-director tuvo que distanciarse un poco de esas imágenes. En 2017 era algo que me conmovía, que removía muchos aspectos de mi historia, de mi familia, pero, a medida que avanzábamos, empecé a ver a Hugo Alberto como Hugo Alberto: no era mi papá, era un personaje con toda la contradicción del mundo que no me iba a poder dar las respuestas que yo necesitaba, y que entonces yo tenía que reducir como director más que como hijo ciertas cuestiones que no me cerraban, y que siguen sin cerrar, ambivalencias que se proyectan una y otra vez tanto en el film como en el espectador. La investigación está llevada así, generando este ir y venir y el cambio casi constante de opinión”.
Ensenada ‘55 contó con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), que, en palabras del director, “si bien es muy necesario y lo agradecemos mucho, no alcanza nunca a cubrir la totalidad del proceso de una película”.

El largometraje vio la luz en un momento muy turbulento de la política argentina. Sobre esto, Crexell afirma: “Presentar una película que va a contracorriente del relato oficial es un acto político. Estuvimos investigando durante ocho años, filmando en el territorio, generando un vínculo con el lugar, con su historia, con los testimoniantes. Es una verdad irrefutable, nadie está ahí contando algo que no le pasó. Todo lo que se ve en los testimonios es verdad. Con el archivo Rojas, me confronté con el dato duro: ataque número tanto, hora tal, se tiraron tantas bombas, cayeron en tales lugares… todo lo que se ve en el documental es lo que encontré. Incluso hay una escena donde se muestra, en el Museo del Astillero, un chapón que pertenecía a la Fragata Libertad que recibió un bombazo ese día, se ve la marca. A mí me toca correrme y que la película hable por sí misma de todo esto que sucedió, que fue silenciado y ninguneado por obvias razones”.
El estreno en Ensenada, en el marco del Festival Internacional de Cine de esa ciudad, tuvo un fuerte impacto comunitario: vecinos y familiares de víctimas del bombardeo se reconocieron en la pantalla y agradecieron que la historia finalmente fuera contada.
“Lo más lindo que pasó hasta ahora fue que se estrenó a sala llena como parte del Festival Internacional de Cine de Ensenada, el FICE, como película de apertura, a 10 o 15 cuadras de donde había sucedido el bombardeo, fue muy emotivo. Mucha gente me agradeció por contar esa historia, porque para ellos era muy importante y nadie se había encargado, hasta ese momento, de transmitir. Hay gente que participó en la película y hoy ya no está, otro motivo por el cual era muy fuerte de ver el documento, el legado de ese testimonio que quedó ahí para siempre”.
Ensenada ’55 se inscribe así en un doble registro: el de la memoria íntima que se expande hacia lo colectivo, y el de la disputa con una historia oficial que eligió callar.
Para el director, el documental significó también un cierre personal y profesional: “Siento que cerré un capítulo de mi historia personal y al mismo tiempo pude develar un entramado de historias y de testimonios que estaban oscurecidos, contribuyendo un poco a la conversación sobre qué sucedió en septiembre de 1955 en Ensenada. Pienso en el cine como herramienta transformadora. Mi oficio de docente definitivamente influyó en la manera de construir la película. Hay un cierto prejuicio sobre el vínculo entre la juventud y el cine argentino, particularmente entre la juventud y el documental, cuando en mis clases me encuentro todo el tiempo con un interés increíble por la historia. Hay que desprenderse de ciertos prejuicios y conectar, porque la historia puede ser interesante para un joven, y es muy necesario que ocurra esa comunicación”.
Ensenada ’55 se inscribe así en un doble registro: el de la memoria íntima que se expande hacia lo colectivo, y el de la disputa con una historia oficial que eligió callar. Una invitación a mirar el pasado con otros ojos y a preguntarse qué resonancias conserva en el presente.
La película se proyectará el próximo jueves 28 de agosto, a las 18, en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales UBA (Santiago del Estero 1029, CABA), en el marco de la “Semana de la Memoria”, y el 16 de septiembre, para el aniversario de la resistencia de Ensenada, se estrenará en el cine Gaumont.