Por Camila Esne
Fotografía: @trabajadorarsat

Un cuarto de los trabajadores de ARSAT fueron despedidos y los que quedan advierten que la tecnológica estatal se encamina al colapso. El sindicato que los agrupa anunció un paro de 72 horas a partir del lunes: el personal tiene congelados los salarios desde agosto del 2024.

Sin paritarias desde agosto de 2024 y con salarios congelados, el personal de ARSAT se mantiene en pie de lucha. Mientras tanto, el proyecto del satélite SG1, clave para llevar internet a pueblos aislados del país, permanece paralizado por decisión política.

ARSAT nació en 2006 para que la Argentina no quedara muda ni dependiente en la era digital. Sus satélites, orgullo de la ingeniería nacional, no solo garantizan independencia tecnológica: también son un negocio rentable. Cada uno genera entre 40 y 50 millones de dólares al año, y tras recuperar la inversión inicial en apenas cinco años, ofrecen más de una década de ganancias limpias para el Estado.

Así lo explica Diego Freyberg, delegado de FOETRA, quien remarca que la cuestión va más allá de las cuentas: “Somos uno de los ocho países que tenemos la capacidad de diseñar, construir y operar nuestros propios satélites de telecomunicaciones”. Tener satélites propios, afirma, es ocupar posiciones orbitales que pertenecen a la Argentina, blindar la soberanía de nuestras telecomunicaciones y resguardar la transmisión de datos frente a intereses privados o extranjeros. “No da lo mismo que los satélites estén en manos del Estado que en manos de un privado”, sostiene, convencido de que allí se juega la capacidad del país de decidir sobre su futuro geopolítico.

En Benavídez, partido de Tigre, los controladores que siguen minuto a minuto la trayectoria de los satélites ARSAT-1 y ARSAT-2 sostienen el pulso de un país que alguna vez soñó con la soberanía tecnológica. Pero hoy ese pulso late débil: más de una cuarta parte de los trabajadores especializados abandonó la empresa en el último año, víctimas de salarios congelados y de una pérdida del 60% del poder adquisitivo desde diciembre de 2023.

“Recordemos que es personal muy especializado y que ha tenido años de formación y capacitación para poder realizar las tareas necesarias en estos proyectos de alto desarrollo tecnológico –asegura Freyberg–. Aproximadamente el 20% del personal, tanto de la Estación Terrena Benavídez como de los grupos operativos, dejaron la empresa producto de este ahogo salarial. En áreas donde había 10 compañeros y la mitad se han ido, quedan 5 trabajadores que tienen que hacer el doble de trabajo, cobrando la mitad del sueldo. Es una bomba de tiempo que acelera el proceso de vaciamiento de la empresa.”

La fuga de cerebros golpea en todos los frentes. No se trata solo de ingenieros satelitales o técnicos de fibra óptica. También se van administrativos, personal de recursos humanos, mantenimiento y logística. En cada oficina, en cada pasillo, la ausencia se siente como un eco y proyectos de años quedan a mitad de camino.

El ejemplo más concreto es el ARSAT-SG1, el satélite que debía garantizar internet satelital de banda ancha en pueblos aislados. Su construcción, comenta el delegado sindical, que había alcanzado el 50% en 2023, está paralizada desde enero de 2024, a pesar de que el Estado ya contaba con financiamiento asegurado por la Corporación Andina de Fomento y los pagos a proveedores quedaron frenados. Su parálisis no sólo implica la pérdida de tiempo y dinero invertido, sino también la postergación de un derecho básico: el de estar conectados.

El conflicto, como en tantos otros sectores, se profundiza. La Confederación de Sindicatos de las Telecomunicaciones (CONSITEL) anunció un paro por 72 horas desde el próximo lunes a las 0 horas. La medida, que afectará la operación de ARSAT a nivel nacional, busca destrabar un reclamo que ya no admite dilaciones. Los trabajadores advirtieron que, si bien garantizarán la seguridad básica de las comunicaciones, las consecuencias de la huelga se harán sentir “de manera absolutamente notoria, a lo largo y ancho de todo el país”.

Los trabajadores de ARSAT no piden otra cosa que recuperar la mesa paritaria y salarios que reflejan su formación y responsabilidad. Porque, destacan, detrás de cada antena, de cada fibra óptica y de cada satélite que orbita sobre nuestras cabezas, no hay máquinas: hay personas que eligieron quedarse en el país para sostener un proyecto colectivo. Y esas personas hoy sienten que ese futuro, como sus satélites, empieza a escaparse de sus manos.