Un abrazo a TeleSur

Un abrazo a TeleSur

Comenzaron a llegar a las 17 hs. Algunos intelectuales, otros pertenecientes a agrupaciones políticas y muchos otros autoconvocados se reunieron el martes 5 en las puertas de la sede del canal TeleSur, en la calle Esmeralda 909, bajo la consigna “Un abrazo a TeleSur”, para manifestar su apoyo al multimedio, como luz y voz comprometida desde Latinoamérica, que transmite para la región y el mundo; y en repudio a las políticas llevadas a cabo por el Gobierno.

“El apagón informativo se viene con todo y TeleSur molesta a este gobierno. Quieren que lo que está pasando acá, pase en toda la región latinoamericana”, dijo Zaida Chmaruk, ex productora general del canal, quien recibió el telegrama de despido a mediados de marzo pasado, inaugurando el micrófono abierto. Luego invitó a distintas personalidades para que dieran su visión sobre la situación actual del canal.

El domingo 27 de marzo, Hernán Lombardi, titular de Medios y Contenidos Públicos, había anunciado la decisión del Estado argentino de desvincularse de la participación en TeleSur, durante el programa La Cornisa transmitido por América TV. La justificación que el funcionario dio fue: “No teníamos ninguna injerencia en la programación y estamos en un riesgo económico serio. Además estamos con la cuestión de austeridad y pluralismo en los medios públicos”. Estas declaraciones fueron confirmadas luego para el diario La Nación, por el mismo Lombardi y Jorge Grecco, secretario de Comunicación Pública, en el artículoEl Estado Argentino se va de la cadena Telesur”. Al día siguiente, TeleSur en su sitio web publicó una respuesta al anuncio de la salida argentina de la cadena declarando: “Es una apuesta a la censura en nombre de la pluralidad que pregonan”.

El domingo 27 de marzo, Hernán Lombardi, titular de Medios y Contenidos Públicos, anunció la decisión del Estado argentino de desvincularse de la participación en TeleSur.

La ex productora general del canal, en diálogo con ANCCOM, analizó las justificaciones de “austeridad” y “pluralidad” que dio Lombardi para explicar esta retirada de Argentina del canal: “Hablan de gasto cuando les conviene. En primer lugar, lo que representa el aporte del país a TeleSur no es significativo, y no se lo puede considerar gasto porque el gran porcentaje son sueldos de los trabajadores. Además tenemos que tener en cuenta que el mayor gasto del gobierno del PRO fue la propaganda. Y el justificativo de pluralidad, es otra falacia. Es muy contradictorio hablar de pluralidad y cerrar un canal. No hay nada más plural que dejar que un canal opositor esté en el aire”.

Chmaruk, considera que la verdadera explicación es la decisión política de limitar las voces disidentes: “TeleSur tiene una línea editorial muy concreta y nació con el propósito de contrarrestar la hegemonía informativa que tienen los grandes grupos de medios en el continente, como Clarín en nuestro país y O Globo en Brasil, que están alineados a la política estadounidense. TeleSur molesta y por eso desde el gobierno quieren deshacerse de su transmisión”.

El analista político, filósofo, comunicador y colaborador en TeleSur, Fernando Buen Abad, acerca del retiro de la participación del país en el canal, dijo a ANCCOM: “Es una decisión de un gobierno que ha dado la espalda decididamente a un proyecto que tiene largos años gestándose en la historia de América Latina. Traicionar eso, incluso calumniando al medio, constituye un retroceso enorme en la libertad de expresión de los pueblos, y una agresión de los derechos de los argentinos a informarse”.

“El apagón informativo se viene con todo y TeleSur molesta a este gobierno. Quieren que lo que está pasando acá, pase en toda la región latinoamericana”, dijo Zaida Chmaruk, ex productora general del canal.

El 4 de marzo, la señal de Telesur fue retirada del paquete básico de Cablevisión, y el 1 de abril salió de Telecentro, que lo reemplazó por CNN en español. Al respecto Chmaruk declaró: “Al haber anulado artículos de La Ley de Medios, ahora ya no existe ningún respaldo para que el canal esté en la grilla de los teleoperadores. Actualmente cada cableoperador define los canales que contiene y por eso Cablevisión y Telecentro nos sacaron del paquete estándar. En paralelo, se anuncia que CNN va a abrir una corresponsalía en Argentina. Claramente significa un realineamiento en todas las políticas que se están haciendo, y que el gobierno actual está volviendo con las relaciones carnales con los Estados Unidos. Para eso necesita romper todos los lazos de integración que se habían creado en América Latina. Y TeleSur es parte de eso”.

Para la periodista, escritora e investigadora Stella Calloni, el retiro de esta señal de los paquetes básicos de los teleoperadores y de la Televisión Digital Abierta (TDA) “trae consecuencias muy grandes para el pueblo. Sacar a TeleSur es un acto más de censura que se está ejerciendo sobre nuestros pueblos, nuestros medios y nuestros periodistas. Es una persecución ideológica. Se está gobernando con decretos, decidiendo y pasando por encima de los acuerdos. Es una ofensa más y un camino a la recolonización Argentina, donde nos quieren quitar hasta nuestro derecho a ver y a expresarnos, nuestra libertad de expresión verdadera, la de los pueblos y no la de las empresas”. En esta misma línea de análisis el politólogo Atilio Borón denunció que el Gobierno de Mauricio Macri pretende implantar una «dictadura comunicacional» y consideró que «TeleSur es una voz crítica, es la voz de los débiles, da una información que incomoda a los grandes consorcios de información e intereses».

Con la decisión del gobierno, Argentina se convierte en el primer socio fundador en salir de TeleSur.

En relación al futuro del funcionamiento del medio, Abad expresó: “TeleSur va a seguir transmitiendo a todo el mundo. Se verá en Argentina a través de algunas cableras del sistema de alta definición, que por cierto es más caro, y podrá verse por Internet. Haremos lo imposible por abrir algunos frentes que puedan compartir la señal, para seguir mirando el canal, y haciendo presencia y testimonio, ya que TeleSur no es un canal de televisión de noticias más, sino que es una herramienta de conocimiento histórico para nuestros pueblos.” En este sentido, Chmaruk dijo: “TeleSur se está haciendo cargo de la corresponsalía en Argentina para que el canal siga funcionando, brindando insumos para que los trabajadores sigan produciendo contenido. El equipo profesional está haciendo un trabajo excepcional, trabajando el doble para que la señal se siga transmitiendo.”

Argentina se convierte en el primer socio fundador en salir de TeleSur. Esto se da en un contexto en el que desde diciembre, el oficialismo ordenó levantar la programación de Senado TV, hubo interrupciones en la emisión de programas opositores al gobierno, vaciamiento de empresas periodísticas, mientras Clarín completó la compra de Nextel y la empresa Turner está gestionando la compra de Telefe y el lanzamiento de la CNN Argentina para ser subida a la grilla de canales de TDA.Abrazo a TELESUR. Foto: Nicolas Parodi / ANCCOM

Actualizado el 06/04/2015

 

“No sirven cien nuevas radios sin nuevos contenidos”

“No sirven cien nuevas radios sin nuevos contenidos”

Siguiendo el sueño bolivariano de integración regional y emulando el ideal que tenía el diario Correo del Orinoco (creado en Venezuela en la época independentista para contrarrestar la influencia de la información imperialista) nace el 24 de julio del 2005 la Televisión del Sur (Telesur). Lleva el objetivo de mostrar una mirada latinoamericana invisibilizada por los medios de comunicación hegemónicos. Bajo el lema “Nuestro norte es el Sur”, el canal interestatal financiado por los gobiernos de Cuba, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua vino a dar respuesta al hecho de que todo un continente consumía una visión de su propia realidad producida por países extranjeros. “Tenemos que lograr vernos con nuestros propios ojos” recalca durante toda la nota el periodista uruguayo Aram Aharonian, fundador y primer director de Telesur, quien recibió a ANCCOM para hablar de estos diez años del canal y del rol de los medios de comunicación en América Latina.

¿A qué se debió la creación de Telesur y cuál era el objetivo fundacional de este proyecto comunicacional?

El proyecto era algo que estaba en la cabeza de muchos comunicadores y trabajadores de la cultura. Durante años habíamos tenido muchas experiencias de tratar de integrarnos comunicacionalmente, casi todas frustradas y muy limitadas y que generalmente terminaban cuando cambiaba el ministro de cada gobierno. Siempre había que empezar todo de nuevo. Esto viene junto a un renacer de una necesidad política de integración de nuestra región en una época donde el ALCA estaba en todo su esplendor. Anteriormente hubo una ocasión, en el 2001, de un encuentro de la Federación Latinoamericana de Periodistas en La Habana, donde nos juntamos 450 comunicadores de América Latina y el Caribe. Ese fue un espacio de discusión y de oír algunas cosas. Recuerdo una provocación de Fidel Castro en una madrugada donde estábamos todos casi dormidos, y que se le dio por decir que en ese lugar se estaba hablado mucho de comunicación pero nadie había dicho nada de proponer una CNN Latinoamericana. En ese momento nos despertamos y nos matamos de risa de lo que se le había ocurrido. Pero como uno conoce que él en esas cosas no da puntada sin hilo, estuvimos conversando qué era eso de la televisión latinoamericana y cómo realmente se podía ir por el camino de lo más difícil. Porque siempre se había tratado de hacer la integración por el lado de una agencia de noticias estatal o por radios, pero nunca por el lado de la televisión ya que era algo impensable, sobre todo porque en nuestro imaginario colectivo hacer televisión significaba tener una gran empresa. En ese momento veníamos de una época en la que todavía no salíamos de lo que había dejado el periodo neoliberal. En donde incluso el espacio público había sido privatizado o minimizado y donde las televisoras nacionales no existían o eran depósito de fierros viejos o directamente habían sido privatizadas. El panorama era para salir corriendo. En ese marco empezamos a trabajar con la idea de cómo hacer una televisión latinoamericana, que tenia que ver  no sólo con la puesta en marcha de una televisora, sino también saber a quien iba a ir dirigido el mensaje, cómo se conformaba una programación y qué idea conceptual es la que queríamos.

Era necesario tener un canal que difundiera la realidad de la región y que disputara el sentido de los medios hegemónicos.

Lo primero es tener en consideración que en América Latina siempre nos habíamos visto con ojos extranjeros. Nos mirábamos al espejo y no nos reconocíamos. Todavía hoy prendemos la televisión y nos dicen que somos altos, rubios y de ojos celestes. Si, somos altos, rubios y de ojos celestes pero también somos indios, negros, mestizos, mulatos, zambos y toda la diversidad cultural y étnica que hace doscientos años no sale en los medios hegemónicos de comunicación. Entonces había una necesidad de democratizar la palabra y la imagen, de vernos con nuestros propios ojos, de tener una agenda informativa y política propia que tenga que ver con nuestra idiosincrasia, nuestros intereses y nuestro futuro. Incluso con nuestros anhelos. Había una necesidad de tener nuevos formatos, de saber dónde quedaba América latina y quiénes éramos los latinoamericanos. El problema mayor es que el colonialismo político era también el colonialismo cultural que hasta el día de hoy seguimos teniendo. Nos cuesta mucho, a diez años de tener a Telesur en pantalla, liberarnos del colonialismo cultural. Seguimos copiando formatos, modelos, agendas o reaccionando ante la agenda del enemigo. No podemos imponer una agenda propia. Seguimos sin darle voz e imagen a los movimientos sociales y a las grandes mayorías. Seguimos intermediando la información. Democratizar es que el indio, que el campesino, que el negro, que todos los que forman ese crisol étnico y cultural que es América Latina tengan la posibilidad de expresar, dar sus opiniones y participar en el debate de las ideas.

Muchas veces se considera lo alternativo como algo marginal. ¿Telesur derribó ese mito?

Es que nos metieron en la cabeza que lo alternativo significaba marginal. Nunca pensamos qué es lo que significaba alternativo y ese es uno de los grandes triunfos de Telesur. Alternativo significa ser alternativo a un mensaje hegemónico, que significa tener formas diferentes, modelos diferentes y agendas diferentes. Durante diez años la información de América Latina en televisión la llevaba CNN en español. Nosotros nos enterábamos de lo que pasaba en nuestros países por CNN, que además lo repetían los canales líderes de cada país. Jamás había aparecido un negro, salvo que los criminalizaran. Desde el momento que salió Telesur se le presentó un serio problema a CNN en español. Por ejemplo, cuando asume Evo Morales, CNN que lo calificaba de animal, analfabeto y demás, tuvo que transmitir por primera vez en su vida no sólo la asunción sino también la ceremonia indígena de Evo que se realiza el día anterior a la toma del mando oficial. La alternatividad hacia que si no lo daba CNN igual lo iba a dar Telesur. Lo mismo ocurrió años después con el golpe en Honduras, al que querían invisibilizar pero no lo pudieron hacer porque Telesur lo estaba emitiendo. Incluso CNN tuvo que tomar las imágenes de Telesur y después le puso el libreto que quiso. Al tener una alternatividad estas democratizando y estás dando un debate. Se terminó la impunidad y la invisibilización. Es así que en CNN empezó a aparecer el indio, el negro y el campesino. Por eso es necesario, para poder hacer una nueva comunicación, romper una cantidad de paradigmas liberales que están metidos en nuestra academia y en nuestras cabezas. El otro verso que hay que romper definitivamente es el de la objetividad. Todo medio de comunicación tiene una línea editorial. Sea estatal, público o comercial, el medio tiene una línea editorial. La elección de sus temas, sus enfoques y sus fuentes va a tener que ver con esa línea editorial. Lo que es inmoral es que te trasvistas o te disfraces de objetivo para imponer tus intereses. No existe la objetividad, la imparcialidad ni la neutralidad en un medio de comunicación.

¿Tuvo algún tipo de presión para que no se lanzara el canal? ¿Cuál fue la repercusión internacional de Telesur?

Nosotros hicimos un excelente trabajo de promoción de Telesur antes de que saliera. Se promovió en todo el continente y en Estados Unidos también, para las comunidades hispanas. La sorpresa fue que antes de salir ya hubo una decisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos decretando que Telesur era un canal antiestadounidense y que debía estar prohibido en su territorio. Presiones hubo por todos lados y por otro lado estaba la repercusión de compañeros diciéndonos que estábamos todos locos. Por suerte estamos locos. Porque es entender un poco lo que decía Eduardo Galeano sobre qué es la utopía: algo que está allá lejos y que nos sirve para que sigamos caminando. Telesur es esto, demostramos que se podía.

Hace poco publicó un libro, La internacional del Terror Mediático, en el que habla de dictadura de los medios. ¿Cuál es hoy en día el rol de las empresas de comunicación hegemónicas en la región?

Hoy el enemigo no necesita fuerzas armadas para imponer un modelo político, económico y social; sino que le basta con el control de los medios de comunicación social. Hoy la guerra es simbólica, cultural. Antes te bombardeaban una plaza, un barrio, te llevaban preso o te aniquilaban. Hoy no necesitan hacer eso, te están bombardeando permanentemente las 24 horas del día en el dormitorio de tu casa con información, con publicidad y con series de televisión que dicen exactamente lo mismo y que te van creando un imaginario colectivo. Entramos en una guerra simbólica. Nosotros tenemos los mismos ideales de democratización que teníamos hace cuarenta años. Lo que pasa es que si en aquel entonces luchábamos con metralletas, hoy esas armas no sirven. Estamos en un campo de batalla diferente, con la necesidad de aprender las nuevas armas que hoy son las cámaras, los micrófonos, Internet y  las redes sociales. La lucha sigue siendo la misma, es la lucha por la democracia. Y mientras no podamos democratizar la comunicación no podemos democratizar nuestras sociedades y nuestros estados.

¿Qué balance hace de esta década?

Telesur es uno de los hechos más revolucionarios que se dio en América Latina  en este milenio. Telesur es una revolución. Demostramos que sí se puede hacer algo desde nuestros Estados. Que sí se puede hablar en plural y que podemos dejar de hablar en singular. Hay cosas que capaz no se lograron, porque quizás quisimos abarcar demasiado. Lo cierto es que nosotros parimos una televisora de cero: tuvimos que conseguir equipamiento, hubo que hacer capacitación de periodistas y de camarógrafos. Además estábamos entrando recién a la era digital y los precios se fueron hacia abajo, lo que nos permitió que fuera posible el proyecto. Todo eso sumado a que tuvimos que salir a vender el producto. Lo importante hoy es recordar que es posible.

En un camino parecido al de Telesur, durante estos años se sancionaron en varios países de Latinoamérica distintas normas legislativas antimonopólicas en materia de comunicación. ¿Qué piensa de estas leyes?

Las leyes son marcos legales que te permiten hacer lo que antes te negaban. Y les impide a otros hacer las cosas que hacían. Pero la ley por sí sola no hace nada. Si nosotros no generamos contenidos estamos condenados a pasar El Chavo del Ocho por el resto de nuestras vidas. Entonces, tan importante como tener nuevas radios y emisoras es tener contenidos nuevos. Se ha creído que democratizar significa tener más frecuencias para todo el mundo. Pero de nada sirve tener cien nuevas radios, mil nuevos canales de televisión si no tenemos contenidos nuevos y si, además, nos vamos a dedicar a seguir la agenda informativa y política de los grupos hegemónicos. Solamente nos ocupamos de decir “Clarin miente” pero no nos ocupamos de nuestra gente. Somos reactivos y no proactivos. Hay que aprender a ser proactivos: en tener nuestra propia agenda y en insistir con nuestros temas, nuestra gente, nuestra idiosincrasia y nuestra memoria. Y nuestra memoria es no sólo hablar de los desaparecidos durante la dictadura, sino que es saber que hubo desaparecidos porque lucharon por una causa y que esa causa sigue viva todavía y que la lucha sigue. Un país necesita recuperar su memoria, saber de dónde viene y cuáles son nuestras raíces para saber hacia dónde vamos. Un pueblo que no sabe de dónde viene no sabe hacia dónde puede ir. Si no, el destino siempre lo van a imponer desde afuera. El tema de la democratización de los medios de comunicación social va mucho más allá de los medios. Va a la esencia de la democracia. Un medio de comunicación es un medio de participación social, de participación popular, de participación protagónica de ese pueblo que tiene que cogobernar con los que elige. No puede ser que la democracia se limite a votar cada cuatro años. Por suerte en América Latina estamos inventando nuevas formas de democracia. Cada país a su estilo, pero en todos tiene que ver la inclusión social y la participación popular.