Por Axel Schwarzfeld
Fotografía: Andrea Bravo

Cientos de fanáticos de animé y manga se reunieron frente al Planetario para recordar a grandes clásicos como Pokémon, Dragonball y Naruto.

No hacía frío ni calor. El clima soleado estaba en su puesto justo para la tarde que se venía. Se preparaba todo para que familias y amigos disfrutaran y conocieran a personas con gustos similares. Desde las 12 empezaron a armarse, poco a poco, más de 100 puestos de merchandising alrededor de los árboles de la plaza. Era una gran ronda de casi una cuadra en donde cada emprendedor ponía una manta en el suelo y colocaba sus productos a la venta de forma cuidadosa para que no se ensucien o se rompan. Remeras, mangas, vasos, pines, llaveros y almohadones con dibujos de diferentes series.

«Desde cuatro horas antes me preparo para venir porque vengo de lejos, vengo como stand y tengo que llegar temprano», remarca Daiana Sabrina Banegas Romañach, de 26 años, una de las feriantes que vino acompañada por su familia desde La Matanza para vender galletas y alfajores hechos en casa. El dinero obtenido es para ayudar a pagar gastos en su casa y, principalmente, para comprarse trajes y pelucas para su hobby: hacer cosplay.

Traspasando la pantalla

Los cosplayers son fans que se disfrazan de sus personajes favoritos. En este marco, el sábado se realizó un concurso en donde participaron 23 personas. Tanto adolescentes como adultos y niños pequeños se animaron a mostrarse para ganar y obtener como premio el merchandising que ofrecían algunos feriantes. Si bien algunos no respetaron la temática de series retro, nadie se quejó y todos disfrutaron del despliegue.

Dos presentadores le indicaron al público que forme una ronda por la que luego circulaban los cosplayers. Cada uno hacía una performance con gestos y movimientos del personaje que eligieron. Algunos gritaban a todo pulmón frases célebres de las series o representaban una escena conocida. A su vez, estas personas también hacían sus ejecuciones artísticas fuera del concurso. Si alguien les pedía una foto, automáticamente posaban imitando el personaje.

Nadia Díaz, de 29 años, una de las participantes del concurso, explicó las formas de realización de los disfraces: «Si vos querés hacer un personaje tal cual, necesitas dinero y paciencia. También podés hacerlo vos mismo o lo podés mandar a hacer». Además, indicó que si uno no tiene los fondos necesarios, no hace falta hacerlo exactamente igual ni utilizar lentes de contacto ni pelucas.

Uno de los disfraces que destacó a lo largo de la tarde fue el de un joven llamado Daniel Ruiz Diaz, quien concurre a este tipo de convenciones vestido por diversión de trapito: “Como a la gente le gustó, empecé a hacer este tipo de cosplay. Trapito en el mundo del anime viene de la palabra “trampa” porque pareces una mujer pero en realidad sos un hombre”, explicó enfundado en un vestido de sirvienta.

Por último, otro de los que se llevó varias miradas fue un cosplayer de 18 años que, junto a su novia y dos amigos tenían carteles hechos con hojas de cuadernillos universitarios en el que ofrecían abrazos gratis, bajo el argumento de que sienten que a veces hay gente que lo necesita.

Torneos retro

Durante las primeras dos horas del evento no hubo mucha gente, por lo que los torneos de cartas de Yu-Gi-Oh! y en el tutti-frutti versión anime tuvieron pocos participantes. En el primero, estuvieron cuatro jóvenes de entre 18 y 25 años, mientras que en el segundo seis niñas y un adolecente. No obstante, no importó la calidad sino la calidad. En ambos grupos estaban riéndose mientras jugaban, se conocían y hablaban con nostalgia sobre animes de antaño.

Pasadas las 15.30, el encuentro empezó a llenarse de personas al punto que tapaban todos y cada uno de los stands de los feriantes. Un grupo de 30 chicos y grandes se reunió para observar atentamente una pequeña caja de plástico rojo que estaba en el pasto. Allí se disputaba un torneo de Beyblade, en el que participaron 16 jóvenes con sus trompos metálicos para batirse en duelos en la «arena de batalla». En cada contienda, los presentes aplaudían o se sorprendían por los movimientos de esos juguetes. Incluso, después un hombre de 30 años trajo un parlante para que suene «In the end» de Linkin Park para darle un tinte más épico a lo que se presenciaba.

Finalmente, el ganador fue un chico de 16 años llamado Yael, quien se vino desde San Fernando con sus amigos, su novia y su viejo trompo para estar en esta competición. «Participé porque me gusta mucho Beyblade desde chiquito y es una oportunidad de revivir mi infancia y compartir momentos», señaló alegremente mientras recibía un diploma con su nombre completo.

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