Por Micaela Sampietro
Fotografía: Milagros Gonzalez

Un club de «empoderamiento computacional» lucha contra la cultura del «úselo y tírelo». Sus miembros recuperan viejo hardware y lo ponen en circulación. La mirada política sobre la tecnología.

Este sábado tuvo lugar un encuentro cyberciruja en la sede de RLab, un espacio de aprendizaje y debate sobre tecnología entendida como un fenómeno social, histórico, político y económico. Entre placas, cables, teclados y destornilladores, ANCCOM habló con dos miembros del club. 

Uctumi, además de hacer cybercirujeo, hace música electrónica con computadoras obsoletas y chiptune. Soldán es profesor de educación primaria, editor de la Revista REPLAY, “karateka de la patria” y cyberciruja.

El Cybercirujas Club tuvo sus inicios en las movidas culturales de videojuegos independientes. “Se nos ocurrió reparar computadoras viejas e instalarles algunos juegos viejos, demostrar que se pueden seguir usando y ampliar un poco los eventos”, cuenta Soldán. 

La pandemia puso sobre la mesa la problemática sobre la conectividad. Nicolás Wolovick, desde Córdoba, y Soldán, en Buenos Aires, aportaron su tiempo y conocimientos a disposición para ayudar a aquellos que necesitaran una computadora o tuvieran alguna en desuso que, con un mantenimiento, pudiera ser recuperada. 

De a poco se fue sumando gente interesada en ayudar, consolidando, así, el club.  Dentro de Cybercirujas hay personas de ámbitos variados que tienen en común, por un lado, la manera alternativa de relacionarse con la electrónica y, por otro, una mirada política sobre el uso de la tecnología, entendiéndola en sentido amplio.

Los encuentros

Hay diferentes dinámicas de encuentros cybercirujas. Los eventos más masivos y festivos tienen la función de difundir la actividad del club. Generalmente, se nuclean distintas agrupaciones en estas fechas y, por lo tanto, se llega a más cantidad de personas. Asimismo, se arman actividades para recibir y dar equipos; y hay reuniones organizadas propiamente para reparar. 

“Tratamos de armar pequeñas células donde cada uno pueda colaborar de la manera que sea. Que el que quiera participar, lo haga desde donde pueda. Te podés acercar a ayudar a reparar equipos. ¿No sabes? Lo que buscamos es intentar desarticular un poco los nichos cerrados, socializar la información y los debates que se generan en estos círculos y no salen de ahí. Lo interesante es cuando se mezclan todas esas individualidades y se va formando un caldero cyberciruja donde, entre todos, vamos armando la gran olla popular”, asegura Soldán. 

“Úselo y tírelo”

Gran parte de la militancia de cybercirujas tiene que ver con una preocupación por el impacto ambiental de la industria tecnológica, que es muy contaminante. “La lógica del mercado es producir, consumir y tirar. Creemos que no es necesario producir tanta cantidad de dispositivos que se van a desechar al poco tiempo para comprar un modelo más nuevo” explica Uctumi y agrega: “A medida que avanza el hardware, los desarrolladores de software le van agregando capas que lo hacen más complejo innecesariamente, lo hacen más pesado y, por ende, deja de correr en las máquinas más viejas. Es una retroalimentación: necesitás hardware nuevo para que corran las nuevas actualizaciones de software para seguir haciendo lo mismo”. 

Empresas como Apple imponen ciertas tendencias que luego son adoptadas por todo el mercado. Por ejemplo, placas que vienen ya cerradas, a las cuales no se les puede agregar ni sacar nada. Esto es más evidente con los teléfonos celulares que,  además de ser más difíciles de reparar, están pensados tanto desde el software como el hardware para ser descartados en dos años. 

Otro ejemplo es el de los autos eléctricos. Al tener más componentes informáticos, hay partes que no pueden ser reparadas, o únicamente lo podrá hacer el fabricante. Por más que se alimenten con energía verde ¿qué propósito tiene si todos los años tienes que fabricar los mismos dispositivos?

«Mistisismo tecnológico»

“Algo muy propio de nuestra forma de ser latinoamericana es que acá no ves gente que tire, por ejemplo, un monitor plano en buenas condiciones” reflexiona Soldán. “La gente los usa hasta que se rompen. Lo que sí se tiran son los monitores viejos de tubo. El consumo masivo de bienes electrónicos está pensado para el mercado primermundista, donde se tiran muchas cosas en perfecto estado porque ya no se usan. En Latinoamérica existe una lógica de reparación bastante fuerte. Lo atamos con alambre, como se dice popularmente, pero los bienes informáticos tienen un aura de misticismo que no tienen otros objetos. Si se rompen, se tiran”.

En relación a esto, Uctumi continúa diciendo: “Y se hace por desconocimiento, a veces se descartan aparatos que, si se le agrega más memoria, si se reemplaza el disco rígido o el procesador, o mismo si se cambia el sistema operativo, pueden seguir funcionando bien. Estamos en contra de la idea de que la tecnología no se puede reparar, que los usuarios no puedan desarmar y mantener sus propios equipos”. 

Con respecto a lo anterior, añade: “El conocimiento práctico, alternativo, es fundamental en lo que hacemos nosotros. A veces el conocimiento académico no es útil, muchas veces hay que salir de los manuales. Hay que tener interés y ganas de aprender, más que nada. Una actitud distinta: investigar, preguntar, acercarse a algún lugar y perder el miedo”. “No todo tiene que ser desarmar una computadora, podés probar usando otras aplicaciones o sistema operativo. No hace falta ser un hacker loco», concluye Soldán.

Software libre

Desde cybercirujas, se le da mucha importancia a la promoción del uso de software libre. Además del convencimiento ideológico, esta militancia tiene un anclaje práctico. Este tipo de software tiene un modelo de desarrollo distinto al de los sistemas comerciales. Cuentan con lo que se llama código abierto: cualquier usuario tiene acceso a ver cómo está hecho. 

Esto, por un lado, permite a los usuarios desarrollar solamente lo que se necesite, es mucho más optimizado. Se le saca todo lo accesorio que hace al sistema tan pesado. Esta flexibilidad adaptable los vuelve ideales para utilizar en los equipos “viejos”. 

Por otra parte, es una alternativa a los softwares privativos de código cerrado que, al no tener el código fuente disponible para cualquier usuario, no hay forma de analizar qué hace o deja de hacer el programa. En relación a esto, surgen muchos problemas de privacidad y seguridad. 

Compromiso político

Ambos integrantes de Cybercirujas insisten en empoderarse y hacer un uso político de la tecnología, no naturalizarla. “Tiene que haber un cuestionamiento de lo que usamos. Se dice ‘no entiendo nada de tecnología’ con mucha liviandad, como si fuera algo meritorio, cuando gran parte de nuestra vida pasa por ahí. Queremos concientizar sobre el uso de la tecnología porque creemos que hay un gran costado político que se ignora”, cuestiona Soldán. “Nada es neutral. Cada decisión que una empresa toma, impacta en nuestras vidas. Existen otras formas de comunicarnos, de relacionarnos, que no tienen porqué estar mediados por las tres empresas que dominan el mercado y se aprovechan del desconocimiento”.

“Se dice ‘este es el futuro, esto es el progreso, hay que adoptar todas las tecnologías ya’. Si no aceptás eso, estás afuera. Bueno, no es tan así. Hay que parar un poco, analizar qué nos sirve, las implicancias que tienen antes de adoptarlas, parcial o totalmente” concluye Uctumi.

¿Dónde donar?

Aquellos interesados en donar hardware que no utilizan pueden comunicarse con Cybercirujas a través del correo electrónicol cybercirujas@nodocongreso.cloudAhora mismo necesitan monitores planos y placas de wifi para PC.

Además, cuentan con un instagram Cybercirujas Club (@cybercirujas.club) • Instagram photos and videos y un foro con información y espacios de consulta. 

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