Por Mariela Rivas
Fotografía: Andrea Bravo

El Mapa de Ruido de la Ciudad de Buenos Aires muestra que las Avenidas 9 de Julio, General Paz y Del Libertador son las zonas con mayor polución sonora.

Se habla de contaminación y las primeras imágenes que aparecen en la mente son las de ríos repletos de residuos, animales ahogados por el consumo de basura y chimeneas industriales que liberan enormes emisiones de gases tóxicos. Sin embargo, hay un tipo de polución invisible, pero que de todas formas impacta fuertemente en nuestra vida y que en la Ciudad de Buenos Aires se concentra especialmente en las inmediaciones de avenidas como la 9 de Julio, Libertador y General Paz, y en las autopistas Illia y 25 de Mayo.

La contaminación sonora es una problemática que está en alza desde las últimas décadas, puntualmente en las grandes urbes, perjudicando la salud y la calidad de vida de las personas. El ruido provocado por el tránsito, las industrias y los hábitos vinculados a las nuevas tecnologías son los principales factores que agravan la cuestión.

Carlos Boccio, Jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano de Buenos Aires, afirma: “Una persona que pasa muchas horas en un contexto de ruido persistente, tiene altas probabilidades de ver afectada la calidad de su audición y la discriminación y comprensión de la palabra”. Y agrega: “Hay muchos puntos del organismo que se ven resentidos por la exposición prolongada al ruido. La alta contaminación sonora suele provocar el síndrome de estrés que impacta en la salud cardiovascular y hormonal de las personas. También perturba el descanso y genera ansiedad”.

Así lo confirma Elena, quien prefiere no dar su apellido, y trabaja en una tienda ubicada a metros de una de las esquinas más ruidosas de la Ciudad de Buenos Aires, en Corrientes y 9 de julio: “Me siento abombada todo el día, me duele la cabeza y me cambia el humor. Todo el tiempo tengo que levantar la voz cuando hablo con clientes porque no escucho lo que me dicen, no entiendo lo que me piden”. Para los trabajadores de los comercios que dan a calles y avenidas muy transitadas, lo más intenso es el ruido del tránsito: los bocinazos, las aceleraciones y los choques. Elena se ríe y comenta: “Cuando yo manejo, no uso la bocina; ¡ya no la quiero escuchar más!”.

La Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad, a raíz de esta cuestión, aplicó, en los Viaductos Carranza y Libertador, paneles con material fonoabsorbente en las paredes interiores de los túneles. Las avenidas Alberdi, Vélez Sarfield y Triunvirato, a su vez, se repavimentaron en con asfalto fonoabsorbente. Otras medidas tienen que ver con la restricción vehicular en la zona céntrica y zona Tribunales y la implementación de metrobuses sobre avenidas principales, quitando el transporte público de las calles aledañas. Sin embargo, el ruido contiúz.

En relación a la actividad en fábricas, Boccio remarca: “La protección auditiva debe ser una ley inclaudicable, no puede haber empleados u operarios que no estén lo suficientemente protegidos con elementos de cuidado sonoro que sean profesionales. Los trabajadores que están expuestos constantemente a altos niveles de contaminación sonora-100 decibeles, por poner un número- deberían ser sometidos a controles periódicos y conocer los riesgos de estar comprometidos prolongadamente a ruidos de alta intensidad”.

Nicolás Massaro, que trabaja en una planta industrial, destaca: “Por lo menos durante un tercio de mi jornada laboral realizo recorridos por la planta, allí estoy totalmente expuesto a vibraciones y altos niveles de ruido. Luego de un rato se siente un malestar en el cuerpo en general y específicamente en la cabeza. Cuando utilizo los elementos de protección, la experiencia es mucho más placentera y no se siente tanto el efecto”. Agrega un dato preocupante: “Conozco gente que ha trabajado en planta por muchos años y que al no utilizar los elementos correspondientes de cuidado, ha perdido capacidad auditiva y escuchan un zumbido en momentos de silencio”.

La industria de la música es otro personaje principal en esta historia. El uso de los dispositivos con auriculares –la mayoría de ellos de inserción- concentran intensidad sonora por muchas horas y hacen que los chicos estén expuestos a altos niveles de sonido. Esto perjudica a las nuevas generaciones. Al respecto, el especialista en otorrinolaringología sostiene: “Desafortunadamente, se encuentran cada vez más problemas en jóvenes. A pesar de que existan tratamientos cada vez mejores, si no actuamos sobre la prevención no va a haber audífonos, ni implantes, ni mecanismos de detección que puedan liberarnos de esta epidemia que es el problema auditivo por aumento del ruido”.

Por su parte, Nicolás Regidor, técnico de sonido en producciones en vivo, confirma: “Desde un principio fui consciente de que estar expuesto a altos niveles de volumen puede afectar mi salud. Cuando hacemos giras, realizamos cuatro shows de una hora y media por semana, allí estoy expuesto a niveles muy altos de sonido. Por eso, utilizo unos tapones de goma que  descienden 6 decibeles el nivel del volumen”. Además señala: “De todas formas, los mismos estadios o productoras ponen restricciones para que no se superen los 100 decibeles; el volumen que siempre se maneja es entre 90 y 100”.

Algunas pautas básicas que Boccio recomienda para proteger la salud auditiva es limitar el uso de auriculares de inserción de alta intensidad y evitar lugares donde la contaminación sonora es alta; en caso de tener que hacerlo, procurar estar expuesto el menor tiempo posible.

Las personas curiosas que quieran conocer los niveles de ruido a los que se exponen en su día a día, pueden descargar en su celular la aplicación “Sonómetro”. Tan sólo con abrirla y permitir el uso del micrófono del teléfono, podrán captar los decibeles de sonido del ambiente en el que se encuentran. Puede resultar una herramienta útil a la hora de buscar espacios de descanso.

Además existe un Mapa de Ruido de la Ciudad de Buenos Aires desarrollado por la Agencia de Protección Ambiental que facilita el conocimiento y estudio de la dimensión del ruido en la ciudad. Esta información se puede encontrar en la página del mapa interactivo de Buenos Aires en su pestaña Medio Ambiente.

Allí se puede observar que,  en el período diurno, el ruido en todas las avenidas alcanza los 75-80 decibeles. La 9 de julio, Libertador y  General Paz, sumadas a las autopistas 25 de mayo y Arturo Illia, son algunas de las que más se destacan por sus altos niveles de contaminación sonora.

En el período nocturno, el sonido de la ciudad en general desciende; en la mayoría de las zonas que en el día manifiestan ruidos de alta intensidad, en la noche el volumen ronda los 70-75 decibeles, marcando cinco puntos menos.

Donde se encuentran grandes espacios verdes, como en la parte norte de la Ciudad (Costanera Norte, los Bosques de Palermo y Parque Thays), en la Reserva Ecológica Costanera Sur y la zona Sur (Reserva Ecológica Lago Lugano y Parque de la Ciudad), y en las zonas que no son atravesadas por grandes avenidas, el nivel de sonido -tanto en el día como en la noche- es mucho menor;  como máximo aquel alcanza los 65 decibeles.

La contaminación sonora es un problema que, más allá de que los ojos no lo vean, el corazón -o el organismo sienten. El 3 de marzo fue el Día Internacional de la Audición, fecha que llama la atención sobre la importancia de la identificación temprana y la intervención para la pérdida auditiva. Las campañas que realizan la Organización Mundial de la Salud y las  entidades que se ocupan de la temática se dirigen a la concientización de la sociedad civil, a la protección laboral y a la prevención o pesquisa temprana de dificultades auditivas en todas las personas. Queda claro la importancia del asunto; Elena lo dijo en pocas palabras: “El ruido es constante, me explota la cabeza”.

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