Por Micaela Kordovan
Fotografía: Sabrina Nicotra

Las presiones de los sectores inmobiliario, minero y agroexportador pudieron más que las organizaciones ambientalistas y lograron que el proyecto terminara en un cajón.

Deltas, esteros, bañados, lagunas, costas marinas…todos los humedales están desapareciendo. Ya se perdió el 87% de estos ecosistemas en los últimos 300 años, según la Convención Ramsar. ¿Qué pasa en Argentina? No hay datos sobre el nivel de retroceso, pero se sabe que representan 21% del territorio y no hay un marco legal que los proteja. Mientras tanto: el Congreso cajonea otra vez un proyecto de ley nacional para promocionar su conservación, uso sostenible y restauración.

            Los humedales son áreas terrestres que se sostienen, permanentemente o por determinado período, bajo el agua. Pero ¿por qué tanta insistencia en protegerlos? En pocas palabras: son imprescindibles. Además de ser parte integral de los sistemas naturales que hacen posible la vida y en donde vive o se reproduce 40% de la biodiversidad, son la principal fuente de agua dulce, absorben más dióxido de carbono que los bosques y atemperan las condiciones climáticas extremas, siendo fundamentales para detener la crisis climática. No solo eso, son un escudo que protege de incendios, inundaciones y tormentas. Los humedales sirven como primera línea de defensa reduciendo el impacto de las olas. También amortiguan los impactos de las lluvias, siendo fundamentales para el control de las inundaciones y para preservar la calidad de vida de la población vecina. Y ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, colaborando con la protección contra los incendios. Y como si todo esto fuera poco, son sitios con importantes valores culturales y turísticos.

¿Están todas las personas de acuerdo en que hay que cuidar estos espacios? Pareciera se que no, porque “desaparecen tres veces más rápido que los bosques”, confirma Ana Di Pangrasio de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), una de las cuatro organizaciones argentinas que integran el programa Humedales sin Fronteras. Estos ambientes están en peligro por el fuego, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de agrotóxicos, la actividad minera, la sobreexplotación de bienes naturales, el desarrollo industrial e inmobiliario, las especies invasoras y el desecho de residuos mal tratados. Por eso, es crucial la sanción de una ley, para que las actividades humanas no sigan avanzando sin planificación ni control sobre los humedales.

            Los intentos de lograr una Ley de Humedales no fueron pocos. En 2012 Fundación Humedales presentó el primer proyecto. Al año siguiente obtuvo media sanción en Senadores pero perdió estado parlamentario en 2015. Durante tres años se presentaron ocho proyectos, uno de ellos en 2016 consiguió media sanción. A pesar de que en 2017 se incendiaron casi dos millones de hectáreas, la ley se cayó en 2018. Luego, “por la severa crisis de incendios de 2020 que afectó sobre todo la zona del delta del Paraná, se presentaron 15 proyectos de ley”, afirma Di Pangrasio. Vale recordar que, según los datos del Sistema Nacional del Manejo del Fuego (SNMF), ese año se incendiaron más de un millón de hectáreas en 21 provincias, miles eran humedales. En noviembre se logró consolidar un proyecto unificado en la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados.

A pesar de que las dos principales coaliciones partidarias se pronunciaron a favor de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para el Uso Racional y Sostenible de los Humedales, de las más de 380 organizaciones que exigían el tratamiento, del enorme consenso social y del derecho a acceder a un ambiente sano, los diputados de las otras comisiones no avanzaron.

“El proyecto durmió un año en la Comisión de Agricultura hasta el recambio de la cámara y tampoco fue incluido en sesiones extraordinarias por el presidente Alberto Fernández. El Ejecutivo nunca tuvo voluntad de tratar el tema”, afirma César Massi, naturista de la Red Nacional de Humedales (ReNaHu) que dedicó gran parte de su vida al Bosque de los Constituyentes y a la Reserva Natural de Villa Gobernador Gálvez, ambos ubicados en Rosario. Massi concluye: “Hicieron lo más fácil, no tratarla”. El proyecto ni siquiera obtuvo media sanción.

Según FARN, los responsables son “los lobbies extractivistas que la ven como un obstáculo para sus actividades y encuentran interlocutores en el Congreso, principalmente legisladores de provincias donde tienen fuerte presencia. Si no se oponen, presentan proyectos con un enfoque productivo”. Según Massi los sectores más poderosos son el inmobiliario, las mineras y la agroindustria. Explica: “Las mineras trabajan cerca de la alta montaña; el sector inmobiliario opera muy fuerte en Entre Ríos y en el delta inferior para hacer barrios privados y el sector agrícola-ganadero impacta con las arroceras y la ganadería en los bajos submeridionales, en casi todo el Paraná, en la Cuenca del Salado. También están los intereses inmobiliarios en los humedales costeros, la extracción de arena para Vaca Muerta, las turberas en el sur, entre otras”.

Según Alejandro Meitin de Casa Río, otra de las organizaciones pertenecientes a Humedales Sin Fronteras, el Estado “no tiene reparo en destruir estos ecosistemas y manejarse arbitrariamente sobre ellos en detrimento de la calidad de vida del conjunto”. Afirma que “existen otros tipos de intereses como los de los intendentes que ven limitada su capacidad de toma de decisión sobre este tipo de ecosistemas”.

Por parte del Ejecutivo, el mismo día de la conmemoración de la Convención de Ramsar y a pocos días de haber excluido la ley en extraordinarias, el Ministerio de Ambiente anunció un nuevo proyecto. Según las organizaciones ambientalistas, llevaron la ley a foja cero y omitieron el trabajo colectivo, interinstitucional y multisectorial ya realizado en el Congreso.

Se siguen perdiendo superficies de humedales que no se pueden recuperar y dilatar el tratamiento de esta ley es muy grave. Afirma Di Pangrasio: “No hay producción ni vida posible con ecosistemas destruidos, y eso desde ya incluye a los humedales”.

 

 

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