Por Florencia Vaveluk

Fotografías: Camila Miconi

Valery Salguero es la creadora del grupo de Facebook “Albañilería cosa de mujeres”, que cuenta con casi dieciocho mil miembros y busca derribar los estigmas de la construcción en un sector masculinizado. Su plan es construir muros de solidaridad entre mujeres albañilas y generar oportunidades de empleo.

Es jueves por la tarde y se desata un temporal. En las calles de la localidad de William Morris, la gente se apura para llegar a casa y resguardarse del hostil clima. A pocas cuadras de la estación de tren, el Centro de Formación Profesional Malvinas Argentinas funciona como amparo, no sólo de la adversidad climática. En este centro se lleva a cabo el taller de electricidad doméstica destinado a un grupo especial de once mujeres. Así es cómo, impulsadas más por sus ganas de aprender que por el fuerte viento, comienzan a aparecer las chicas de “Albañilería cosa de mujeres», un grupo de Facebook de casi dieciocho mil personas que se convirtió en una comunidad de saberes y experiencias. Su creadora, Valery Salguero, llega a tiempo para la clase luego de una extensa jornada laboral en la que trabaja como parte de una cuadrilla de mujeres para una empresa constructora. Son las seis de la tarde y el día aún no termina para ella, ni para el resto de las chicas: hay que poner manos a la obra con los cables.

El CFP Malvinas Argentinas brinda talleres gratuitos de capacitación profesional. Al ingresar al aula donde se dicta el taller de electricidad, lo primero que se lee en la pizarra es “conexión de tomacorriente” y varios dibujos sobre cableados. Norberto, quien es el encargado de impartir el curso semanalmente, dialoga con ANCCOM mientras saca cables, pinzas, enfuches y varios tipos de herramientas para que las chicas puedan practicar los distintos tipos de instalaciones. El electricista cuenta que el curso es anual y, al finalizar, se certifican a través del Ministerio de Educación los conocimientos aprendidos sobre electricidad doméstica. El tema de hoy es la toma doble primero, y luego, la realización de una conexión para fotocontrol.

La creadora del grupo de Facebook cuenta cómo aprendió el oficio de albañilería a través de su madre, quien le fue enseñando desde pequeña. Actualmente, Valery tiene tres hijos y vive con su pareja en Hurlingham, en una casa que de a poco va poniendo a punto con sus conocimientos previos, y también con los adquiridos en el último tiempo. A raíz del enorme crecimiento del grupo de Facebook, creado hace tan solo seis meses, fueron llegando propuestas de talleres y capacitaciones. En este caso, fue ella quien reclutó al grupo de las mujeres para el taller: “Las chicas están acá porque hice una convocatoria por el grupo y se anotaron trescientas personas. Las fui llamando por orden. Imaginate que tengo casi dieciocho mil personas y no todas se concentran en Hurlingham, ni en Buenos Aires, ni en Argentina, esto ya pasó los límites porque ni siquiera son solo los países de alrededor, sino que hay gente que está en Estados Unidos, en Venezuela…”

El ambiente dentro del aula es de aprendizaje y risas. Una de las chicas, Giuliana, contó cómo fue armar una instalación en medio de la desconfianza de su marido: “Yo hice la conexión con la toma doble en la pieza de los chicos, porque estaban los cables pero no tenían luz. Entonces pasé los cables, hice la instalación y quedó bien. Mi marido me miraba y me decía, ‘¿Esto es así? ¿Estás segura?’ Y yo le decía andate y dejame sola, y se llevó a mis hijos. Tardé una hora y media pero lo hice bien”. Valery también realizó una instalación en su casa a pesar de la sospecha de su pareja: “Chequee que todo estuviera bien, y él fue con miedo a prender la luz… y prendió. Le dije: ‘¿Viste? no me tenías fe y mirá’”. El resto de las chicas señaló que todavía no lo intentaron, pero no les llevará tiempo hasta que pongan en práctica lo aprendido.

La mayoría de las chicas que asiste al curso tiene una familia que mantener. Algunas de ellas trabajan sólo en el hogar, otras también lo haacen afuera. Algunas van a la universidad. Lamentablemente, las situaciones de violencia de género se entremezclan en las experiencias del grupo. Las historias de vida son distintas, pero hay algo que las une: el deseo de aprender y capacitarse. Y la satisfacción es grande cuando “sucede la magia”, como señala Valery al momento en que los arreglos quedan como fueron planeados. “Siempre estuve metida en estas cosas por una cuestión de necesidad, no me quedaba otra que hacerlo. Pero después de que le empezás a agarrar el gusto, y ves que vas mejorando cada vez, eso te da una satisfacción muy fuerte”.

Unidas y envalentonadas

El último 25 de mayo, Valery estaba en su casa y recurrió a Facebook para ver si había algún grupo que tuviera que ver con las mujeres y la construcción. Su idea principal era consultar con otras chicas sobre el tema. Buscó por toda la red social en sus diversos grupos y solo encontró espacios donde la mayor parte de los miembros eran hombres. Convencida de querer intercambiar con otras mujeres, no se quedó con lo que arrojaron los resultados y empezó a realizar posteos en los habituales grupos de compra-venta, preguntando quién se quería sumar a un grupo sobre albañilería para mujeres. Muchas y muchos se sumaron y así nació el grupo, que comenzó un repentino y rápido crecimiento. Sin embargo, no faltaron las descalificaciones: “Se llama ‘Albañilería cosa de mujeres’ porque un tipo me mandó a lavar los platos, y me dijo ‘la albañilería no es cosa para mujeres, es cosa de hombres’ entonces de ahí saqué el nombre, a modo de burla o de chicanear al que dijo eso”.

«Se llama Albañilería, cosa de mujeres porque un tipo me mandó a lavar los platos y me dijo que estas eran cosas de hombres». 

“Como soy mujer y soy inquieta, me nació la necesidad de hacer este espacio que nos concentre a todas para hacer consultas y preguntas”, cuenta Valery. En dos días, más de 700 personas estaban unidas. Seis meses después, la cifra llega a casi 18 mil. Si bien el grupo estaba destinado a mujeres, muchos hombres también se unieron y se conformó una amplia comunidad donde se solidarizan los conocimientos. Valery ejemplifica con el caso de un hombre que tenía una duda con respecto a la casa: “Todas las chicas del grupo le contestaron con cancha, y yo me sentía tan orgullosa porque todas le dieron su punto de vista y sus consejos y él estaba muy agradecido”.

 

“En el grupo hay mucha gente haciendo cosas de albañilería cuando nunca hicieron nada antes. Eso te da poder, satisfacción. Me encanta leer en el grupo cuando dicen ‘gracias a ustedes me animé e hice tal cosa’ y te ponen la foto, todas la felicitan, todas le dan aliento para que siga haciendo cosas. Y siempre hay una en el medio que dice: ‘Yo también tengo que hacer pero no me animo’; y van todas con esa a apoyarla. Eso es lo lindo, el ánimo que te da, las ganas de hacer cosas”.

En la comunidad también se comparten difusiones, convocatorias y ofrecimientos laborales. Cuando empezó a llegar más gente y el grupo creció más, muchas personas empezaron a preguntarle a Valery si daba cursos sobre albañilería. El problema es que, además de necesitar presencialidad, se necesita un espacio y recursos con los que ella no cuenta. “Ahí es donde estoy trabada, tuve un montón de reuniones y hablé con un montón de gente pero todavía no conseguí”. Valery aspira a conseguir fondos para poder organizar cursos y capacitar gente, con el fin de conformar una cuadrilla solidaria. ¿A quién estaría destinada? Principalmente, para quien necesite ayuda o esté en una situación de vulnerabilidad: violencia de género, chicas que están solas con sus hijos o mujeres mayores que no cuentan con asistencia. Si logra conseguir ayuda del Estado, la idea es ir a hacerle la obra a la persona que lo necesite. Para eso, se necesita formación y recursos. “Estamos tratando de mostrar lo que estamos haciendo para que se vea y poder recibir del municipio materiales para una causa solidaria, siempre va a ser para eso”, dice Valery. Los cursos de formación le permiten sumar herramientas para su trabajo y conseguir un mejor puesto, mientras que a las chicas les permite insertarse en el mercado laboral. También les brinda autonomía al no depender de un tercero, generalmente hombre, para realizar los arreglos e instalaciones en sus hogares. Muchas de estas oportunidades se vieron posibilitadas gracias a “Albañilería cosa de mujeres” y a los lazos de solidaridad tejidos en el grupo. Si bien el número de mujeres sigue siendo bajo en el rubro de la construcción -se calculan alrededor de dos mil puestos en el sector- la visibilización promete generar mayor paridad de género. Para Valery y todo el grupo ya está decidido: la albañilería como cosa de mujeres llegó para quedarse.

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