Recién llegado de los Juegos Paraolímpicos, Guillermo Traba, entrenador del seleccionado de judo para ciego desde hace 18 años, reflexiona sobre el paso de su equipo por Tokio, el deporte como herramienta de inclusión y las dificultades a las que los enfrentó la pandemia.

Guillermo Traba es el entrenador de la selección argentina de judo paralímpico hace 18 años. Desde que asumió, el judo ha dicho presente en las cinco ediciones de los Juegos Paraolímpicos que se disputaron, hasta alcanzar Tokio 2020. En diálogo con ANCCOM, contó cómo se desarrolló la última edición de los Juegos en este contexto tan particular, que limitaciones se presentaron a la hora de entrenar, cómo las atravesaron y que lugar le da al deporte como herramienta de inclusión. 

¿Cómo fue el desarrollo de la competición? 

El desarrollo de los Juegos fue muy bueno, estuvo muy bien organizado. Hubo muchísimos cuidados respecto al covid-19, se mantuvo siempre la misma burbuja. No te podías cruzar con nadie externo a la competición, ya sea en la villa, en los entrenamientos que hacíamos en Japón o en los previos, solamente tenías contacto con gente de ahí. En el ámbito organizativo de los juegos en sí también estuvo muy bien, todo muy ordenado. 

¿Y a nivel competitivo? 

A nivel competitivo, a nuestra selección no le fue nada bien. Viajamos con tres luchadores: Eduardo Gauto en la categoría hasta 66 kg, Fabián Ramírez hasta 73 kg, y Laura González hasta 57 kg. Desgraciadamente, ninguno pudo llegar a medalla: Gauto y Ramírez quedaron afuera en la primera lucha, sin posibilidad de competir en segunda instancia, con mucha mala suerte porque a los dos les tocó contra Japón que es potencia. Laura obtuvo un diploma olímpico gracias a su séptimo puesto. Aspirábamos a un poco más, pero es parte del juego; a veces tenés buenos logros y otras veces no. Sin embargo, el trasfondo del judo argentino no es negativo como parece si uno se deja llevar por estos resultados. Es que a los Juegos Paralímpicos clasifican nada más que los diez mejores del mundo en hombres, y las ocho mejores del mundo en mujeres. Un dato sorprendente si se tiene en cuenta que Argentina está lejos de ser uno de los países con más recursos en cuanto a entrenamiento y preparación. 

¿En qué contexto se encuentra el judo paralímpico? 

El deporte adaptado en general ha crecido muchísimo, pero hoy en día se hace todo un poco más difícil. Los países que tienen más recursos cuentan con otro nivel de acceso a tecnologías, a capacidades. Hay una diferencia que hace a la realidad social de nuestro país y nuestra zona. Cuando vas a las competiciones, ves a otros contingentes, y todos los recursos con los que viajan, y te das cuenta que estamos lejos. Nosotros vamos a las competencias sin equipo médico, y los demás tienen kinesiólogos, psicólogos. Por suerte, en los Juegos viaja la delegación entera, donde sí pueden ir los médicos y demás, pero al resto de los torneos vamos solos. 

¿Cuánto los limitó la pandemia? 

Estuvimos con muchos inconvenientes desde el año pasado. Justo veníamos de un torneo en Montreal en enero de 2020 donde nos había ido muy bien. Veníamos con mucha confianza y cuando nos agarró la pandemia fue un golpe durísimo. Estar desde marzo hasta noviembre del año pasado entrenando por Zoom nos quemó la cabeza. Un deporte como el judo necesita la presencialidad, necesitas del otro para entrenar. Fue bastante desalentador y costó mucho volver a comenzar. 

¿Cómo lo sobrepasaron? 

El deporte de combate fue uno de los últimos en empezar a entrenar, porque al ser lucha cuerpo a cuerpo se dificultaba mucho con barbijos. Recién volvimos a los entrenamientos en noviembre del año pasado y de ahí no paramos. En mayo estuvimos en competencias en Azerbaiyán y en Inglaterra, donde dos de nuestros competidores obtuvieron medalla, fueron buenos logros. Dentro de todo nos arreglamos muy bien, fuimos preparados y con mucha confianza. Pensamos que estábamos para más, pero lamentablemente no lo pudimos plasmar en los Juegos. No se dieron las circunstancias. 

 

Fabián Ramírez, uno de los judocas que compitió en Tokio 2020, tiene 44 años y es doble medallista olímpico: obtuvo la medalla de plata en Atlanta 1996, antes de la asunción de Guillermo como entrenador, y la medalla de bronce en Beijing 2008. La presencia de referentes es muy importante a la hora de la convocatoria en el deporte, sobre todo si alcanzan logros que generen reconocimiento a nivel nacional. Guillermo afirma que la importancia de una medalla, de alguien con quien identificarse, va mucho más allá del logro deportivo. 

¿Influye tener a Paula Pareto como referente en la disciplina? 

Sí, por supuesto. La figura de Paula es muy trascendente, pensá que es doble medallista olímpica. Igualmente, las medallas no son tanto para el atleta, sino que sirven para que mucha gente se involucre en el deporte y se dé a conocer. Si nos quedamos solamente con la medalla para colgarla, creo que volamos muy bajo. La idea es que la medalla tiene que servir para que haya muchas Paula Pareto, muchos Fabián Ramírez, ese es el verdadero logro de una medalla, valen para eso. Todo deportista famoso sirvió para que haya más en esa situación, y ni hablar de la importancia del deporte para los que están excluidos de este sistema. 

¿En qué lugar colocas al deporte como herramienta de inclusión? 

El deporte es la herramienta por excelencia para la inclusión. El judo, por hablarte de mi experiencia más cercana, es muy rico en ese aspecto, porque le permite a cualquier chico con problemas de discapacidad visual poder hacerlo en cualquier lado. Al ser un deporte que se trabaja de a dos, tu adversario o tu uke, como le decimos nosotros, puede ser un convencional, y a su vez es un guía. No necesitas de otra persona no vidente para entrenar. El judo contiene una gran riqueza inclusiva en ese aspecto. De los tres que compitieron en Tokio, por ejemplo, dos no tienen capacidad visual y uno tiene muy poca. Lamentablemente, en el judo paralímpico aún no se hizo una clasificación en ese aspecto, entonces te puede tocar contra alguien que tenga prácticamente la totalidad de la vista, que es lo que les pasó a dos de los chicos. Por suerte, la regla está por cambiar y esperemos ya para la próxima edición tener una separación que sea justa.

A pesar de que el judo no es una actividad muy practicada en nuestra región, ha logrado ocupar y mantener un lugar de privilegio en el mundo del deporte paralímpico. Hay atletas repartidos por todo el país que son parte de la selección y ya se preparan pensando en las próximas competencias.

¿Cómo continúa la actividad de la selección de judo después de Tokio? 

Ahora arranca un nuevo ciclo, paramos unas semanas y luego de nuevo a comenzar a entrenar para el nuevo objetivo que es París 2024. Trabajando, entrenando, buscando nuevos aportes, nuevos atletas para preparar. Hay mucho para hacer y estamos ilusionados y con muchas ganas.