Las bandas tributo constituyen un verdadero fenómeno en el circuito musical argentino. Artistas que imitan, tanto en las inflexiones de su voz como en la vestimenta, a sus ídolos y salen de gira para recrear climas y atmósferas con un público pasional. Los casos de Kiss, Los Piojos, Sandro, Radiohead y Paul Mc Cartney, entre otros.
Franco Silvi, Los Sandritos.

El amor por la música de grupos o solistas consagrados, muchas veces, lleva a algunos músicos a crear bandas tributo cuyos shows, verdaderamente, transportan al público a décadas pasadas o momentos imborrables. Así, el respeto y profesionalismo de estos intérpretes ofrece una buena manera de mitigar el duelo por ya no poder ver en vivo a esos conjuntos o artistas. Y, también, proponen la posibilidad de regalar o regalarse la experiencia de presenciar repertorios amados de una forma accesible.

En Argentina, hay variadísimos proyectos como estos que además de tocar las canciones originales de las bandas e intérpretes brindan elaboradas caracterizaciones de sus referentes. Lo mismo da si es para un gran evento cultural o una pequeña reunión social o empresarial. En general, se trata de historias de veneración y pasión.

Ariel Estruch (55) es un médico clínico, y músico autodidacta, que vive en el barrio porteño de Monte Castro. Apasionado desde chico por la música de los Beatles y, en especial, por la figura de Paul McCartney, a principio de los años 2000 formó parte, como bajista, de un tributo a los Beatles llamado The Silvers. Su recorrido con esta banda lo llevó a haber sido nominado como mejor imitador de Paul McCartney para los premios Cavern Bs.As y haber ganado la Beatle Week de Latinoamérica en 2006, de donde resultó su participación como representante por Latinoamérica para interpretar el rol de McCartney en Liverpool y Londres entre 2007- 2009.

Franco Silvi, Los Sandritos.

Estruch recuerda: “En una época fuimos la banda que estaba en el Cavern Club de Buenos Aires. Es decir, estábamos bien adentro de la movida Beatle. Recorríamos los casinos de todo el país, viajamos a Inglaterra y Brasil. Cuando la banda se disolvió, luego de siete años, decidí seguir mi carrera como McCartney argentino. Hago el repertorio de Paul solista. Algo en lo que me siento muy cómodo”.

INTERPAUL es la banda de Estruch que, según comenta, “recrea los shows de McCartney desde el punto de vista estético y musical. Tratamos de respetar todos los arreglos vocales y musicales. La diferencia entre hacer covers y hacer tributo tiene que ver con la posibilidad de generar en el público el sentimiento de estar viendo, realmente, al músico que uno está personificando. Estamos vestidos igual, tratamos de manejar los mismos arreglos, el mismo sonido, los mismos instrumentos”.

El repertorio de INTERPAUL, que va siguiendo al siempre vigente McCartney, los obliga a estar todo el tiempo activos ensayando temas, como cuenta Estruch: “Lo último que estamos haciendo es lo que hace Paul hoy. Incluso hacemos temas de los últimos discos. Como McCartney todo el tiempo está trabajando, uno siempre estrena temas. Y eso está buenísimo, porque nos motiva mucho y nos sirve a nosotros como músicos para seguir aprendiendo y mostrarle a la gente que Paul no para nunca”.

Franco Silvi (34), artesano y joyero rosarino, hace 14 años homenajea a Sandro, uno de los máximos ídolos populares argentinos, y cuenta cómo surgió la idea: “Tocaba con un amigo en un bar. Hacíamos un repertorio de temas de rock y blues nacional e internacional y un día metimos un tema del Gitano y a la gente le gustó. Después de unos siete meses terminamos haciendo todos temas de Sandro y dos o tres temas de otros artistas. Más tarde sumamos un piano y una guitarra y ahí ya me empecé a lookear. Y como la cosa fue creciendo decidimos armar a Los Sandritos, un sexteto con sonido vintage para tratar de recrear la atmósfera de esos años. Logramos un sonido muy parecido al de la época, centrado en su repertorio desde los 60 a los 90. Nuestra particularidad es que hacemos gran parte del repertorio de Sandro y Los de Fuego”.

Franco trata de lograr la “química” del artista pero a la vez no quiere dejar de ser él mismo: “No canto como Sandro porque él es único pero disfruto mucho de lo que hacemos. Somos unos enfermos de la música. En mi caso, soy Franco cantando canciones de Sandro. Y eso la gente lo nota porque siempre me comentan algo de mi naturalidad en el escenario. Por más que unas semanas antes de un show trato de perder peso para estar flaco como él cuando era joven, lo que hago me sale natural”. Tal vez esa naturalidad, también, resida en el sorprendente parecido físico de Franco con el Gitano. Lo cierto es que lo que se ve en el escenario es un arduo trabajo de mucha calidad.

Los Sandritos.

Babilonia, banda tributo a Los Piojos, también de Rosario, arrancó en 2009, año en el que se separó el grupo. Patricio Wood, su cantante, explica: “Hacemos un digno tributo. Lo que destacan es el parecido de mi voz con la de Andrés Ciro. Eso es fundamental. Siempre fui de imitar diferentes personalidades, creo que la cosa viene por ahí ya que imposto un poco la voz. En mi banda de temas propios canto con mí voz natural”.

En el caso del grupo porteño Kiss Alive, la banda fue conformada por Andy Buonfrate con otros tres músicos, en 2012. Cuando el baterista se fue, “Tute” se sumó a la banda encargándose de la parte más creativa del grupo. A lo largo de los años hubo varios cambios en el grupo pero la particularidad de ser un grupo “sin caras” por el maquillaje hace que si algún integrante de la banda es reemplazado no se note a simple vista.  “El fan sigue viendo a los cuatro clones de Kiss”, concluye “Tute”, que no da su nombre real “para mantener la mística”.

Por supuesto, en un show de Kiss Alive el vestuario es una parte esencial. No solo tienen vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales que les hacen las botas de plataforma a medida o compran en el exterior prendas de la marca de Kiss sino que, también, en la mayoría del vestuario, ponen manos a la obra ellos mismos con la ayuda de la manager: “Hemos aprendido a hacer muchas cosas que nunca imaginamos. De hecho, en el último show importante que dimos fue con los trajes, coloridos y estrafalarios, del disco Dynasty [1979]. Así que trabajamos como cinco o seis meses cortando tela, pegando tachas, haciendo las borlas de los pelos del tigre. Una locura. Nos juntábamos todos los domingos a laburar en eso. La verdad que nos divertimos mucho. Y después, lo disfrutamos porque al ver las fotos y las caras de la gente, todo ese esfuerzo vale la pena”, cuenta Tute y agrega: “El tributo a Kiss es toda una inversión porque no es cualquier banda que toca con cualquier ropa o cualquier instrumento. Esa sumatoria de detalles, también, es linda. Nosotros tenemos los distintos bajos de Gene, las violas de Paul y Ace, y cuando lo vemos todo junto, nos sale el fan. ¡Es un flash!”.

Amnesiac, tributo porteño a Radiohead, no apuesta a la caracterización estética del grupo liderado por Thom Yorke. Su cantante, el docente Diego Porcaro, cuenta: “Nosotros no copiamos a la banda, estamos totalmente en contra del concepto de imitar la estética de la banda original. Si bien utilizamos muchos efectos, que son los mismos de Radiohead, en ningún show ninguno de nuestros músicos se vistió como los integrantes de Radiohead o intentó copiar formas de moverse, de cantar, de bailar porque a nosotros nos interesa hacer nuestra propia versión de lo que hacen ellos pero siguiendo a rajatabla la música”.

Porcaro cuenta emocionado como Jonny Greenwood, uno de los guitarristas de Radiohead, posteó en su Facebook oficial un video de Amnesiac. Ese momento en el que grupo tributo obtiene una devolución del ídolo homenajeado es único. Lo mismo le pasó a Patricio Wood con Andrés Ciro o Daniel “Piti” Fernández. En el caso de Kiss Alive, el encuentro fue directo: “Andy y yo tuvimos nuestras experiencias de meet and greet. Le acercamos fotos de la banda a Gene y le gustaron. Ellos entendieron que los tributos mantienen al fandom vivo”, cuenta Tute. 

Tanto esfuerzo y entrega, sin embargo, no puede ser un medio de vida en ninguno de los casos. Tute, que es diseñador audiovisual lo explica mejor: “No se puede vivir de esto por varios factores. Primero porque vivimos en Sudamérica y no hay muchos recursos disponibles para que una banda pueda girar continuamente. [En nuestro caso] Además, Kiss sigue activa como banda, entonces, los tributos no son atractivos como lo sería uno de Queen o Beatles, por ejemplo. Y el tercer motivo es que a pesar de ser una banda muy popular, Kiss no es extremadamente masiva. Lo que hacemos es reinvertir todo lo que ganamos en cada show”. Lo mismo sucede en los otros cuatro casos cuyos integrantes tienen otras ocupaciones y profesiones.

Claro está, entonces, que para los protagonistas de estas historias lo que se juega aquí es otra cosa. Todo vale la pena por los latidos de sus propios corazones y los del público cuándo suenan los primeros acordes de esa canción que los hace vibrar. Porque, en definitiva, estos músicos no solo replican fielmente el sonido creado por grandes artistas que todos conocemos sino que producen toda una atmosfera que no hace más que evidenciar hasta dónde puede llegar el amor por nuestros ídolos.