Según un informe encargado por el Gobierno nacional, la producción de cáñamo y sus derivados podría generar un mercado interno de 450 millones de dólares, además permitir el ingreso de divisas desde el exterior. Se esperan inversiones por 350 millones de pesos para los próximos dos años.

Argentina legalizó el autocultivo controlado de cannabis medicinal en noviembre de 2020 permitiendo la venta de aceites, cremas y otros derivados en farmacias autorizadas. La ley incluye la autorización del cultivo personal y en red para los usuarios, investigadores y pacientes que se registren en el Programa Nacional de Cannabis. El pasado 1° de marzo, durante su mensaje ante la Asamblea Legislativa, el presidente Alberto Fernández fue más allá y anunció que impulsará un proyecto de ley para desarrollar la industria local vinculada al uso del cannabis terapéutico y con fines de industrialización.

A fin del año pasado, las diputadas del Frente de Todos, Mara Brawer y Carolina Gaillard, presentaron un proyecto de ley para desarrollar la industria del cáñamo en productos alimenticios, textiles y cosméticos. La novedad se encuentra en la regulación de esta variedad de planta que contiene bajos contenidos de THC del cual se pueden fabricar diversos derivados como fibras, papel, materiales para la construcción, bebidas e infusiones y hasta biocombustible. “De la misma manera que la sociedad entendió que el uso del cannabis medicinal no es el mismo que el recreativo, ahora todos tenemos que entender que el cáñamo es una oportunidad para el desarrollo sustentable, estamos hablando de industria. Si saldamos ese debate, solo será ganancia, generamos trabajo e industrias novedosas que se sumarán a la economía”, sostiene Brawer.

El proyecto pretende habilitar todas las acciones: sembrar, cultivar, cosechar, guardar, acopiar, almacenar, transportar, realizar extracciones, industrializar, comercializar, importar y exportar semillas con todas las partes de la planta de cáñamo, cáñamo industrial y hortícola, así como de sus extractos y producidos. En referencia a esto, la diputada agrega: “Toda la planta tiene distintas utilidades, desde los granos que se usan para disminuir el colesterol y sacar harinas que sirven como suplementos dietarios para personas mayores, a la cáscara de la semilla que es un abrasivo industrial y pasta ecológica de dientes, hasta el tallo y la raíz. Del tallo se puede hacer fibra textil, fibra larga para industrias y fibra de vidrio con el aserrín; también se pueden hacer proyectos de ladrillos para la construcción de vivienda y telas”.

Otro de los argumentos para apoyar esta regulación es su bajo impacto ambiental. La producción de cáñamo puede servir de sustituto de materiales contaminantes como plásticos y fibra de vidrio, y beneficia a la tierra ya que no requiere de agroquímicos para erradicar malezas o plagas.

Tomando esta iniciativa como referencia, el Ejecutivo decidió unificar este proyecto con el medicinal para la producción local en diversas áreas. Además, en febrero de 2021 se acordó entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la compañía Pampa Hemp equipos de investigación para la producción local. El foco está puesto en el desarrollo productivo de técnicas de cultivo de cannabis con diferentes variedades genéticas, así como el diseño de protocolos de producción apoyados en acciones, medidas y procedimientos técnicos que permiten identificar y registrar cada producto desde su origen hasta el final de la cadena de comercialización. Esto se complementará con inteligencia artificial aplicada, automatización, sensorización y monitoreo de cultivos. En una segunda etapa, el objetivo será el desarrollo de genéticas propias para fines medicinales y otros usos junto con la creación de un banco de semillas que permita contar con germoplasma adaptado a las condiciones geográficas y climáticas del país.

En este marco, entre 2021 y 2022 se invertirán 350 millones de pesos para potenciar la investigación y el desarrollo de la elaboración local trabajando en conjunto con la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA) y la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME).

Pero, ¿cómo se estima el resultado de estas investigaciones en términos productivos y de ganancias? ¿Qué elementos se tienen en cuenta para investigar y aplicar políticas públicas respecto a este tema? El Ministerio de Desarrollo Productivo encargó un informe al economista Andrés López, director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) y profesor titular de Desarrollo Económico en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, para conocer el potencial del mercado del cannabis en el país. En diálogo con ANCCOM, López explica que para avanzar con el informe se conversó con los sectores interesados en participar de la cadena de cannabis para atender sus especificidades y sus respectivos objetivos.

El estudio tiene la intención de encontrar las oportunidades de Argentina en el rubro de cannabis medicinal e industrial, identificando los obstáculos y los eslabones principales del sector. “En lo económico, a comparación de lo médico, hay poco estudiado y por ello recurrimos a experiencias y estudios de otros países como Estados Unidos y Canadá”, detalla el economista. En el informe se estimó que la Argentina podría generar un mercado interno de 450 millones de dólares agrupando en un primer grupo a medicamentos, aceites y nutracéuticos para enfermedades crónicas; y en el segundo, cáñamo que se podría utilizar para el sector textil y fabricación de alimentos o productos veterinarios con CBD.

Si bien está permitido el autocultivo a nivel artesanal, el especialista insiste en la necesidad de un marco regulatorio que acompañe e impulse las inversiones a nivel comercial. Respecto a esto afirma que faltan muchas regulaciones: “Por un lado, un proyecto de ley medicinal que amplíe la participación de más sectores y más utilizaciones, y por el otro, una ley que habilite la plantación de cannabis con bajo contenido psicoactivo para regular el procesamiento y manipulación posterior al cultivo, como también la comercialización y el traslado”.

Además de la posibilidad de cultivar en distintas modalidades y diversos lugares del país, se busca reemplazar el cultivo de tabaco para los agricultores pequeños. López explica que “debería desaparecer el consumo del tabaco para darle oportunidad a los derivados del cannabis atendiendo los servicios que la planta requiere”. En la industria y en todo el mundo se sabe que el consumo de marihuana sigue siendo cada vez más alto, por lo cual resulta fundamental regular y controlar no solo para tener noción de lo que se consume sino para evitar el mercado negro y la manipulación, concluye.

El presidente de la Cámara Argentina del Cannabis y director de Pampa Hemp, Pablo Fazio, prevé una inversión de 600 mil dólares para poner en marcha dos invernaderos de 270 metros cuadrados cada uno, y pidió autorización al Ministerio de Salud para importar semillas. Más allá de la investigación y el acceso al cannabis con fines terapéuticos, la finalidad estará centrada en regular e impulsar la cadena productiva de un sector con gran potencial estratégico: «La Argentina tiene que aprovechar su condición de país agroexportador, su sector académico y de investigación fuerte y su industria farmacéutica», señaló Fazio al diario La Nación.

En una situación de crisis económica, el Gobierno nacional busca ampliar la matriz productiva, generando empleo y la entrada de divisas. Pero para ello antes deberá impulsar las leyes y marcos regulatorios para que estos desarrollos puedan llevarse a cabo en todo el país.