Sebastián Bortnik presentó "Guía para la crianza en un mundo digital", un libro que reflexiona sobre cómo educar a los nativos digitales. ¿Qué tiene que ver la educación tecnológica con la ESI?

La editorial Siglo XXI presentó Guía para la crianza en un mundo digital, el primer libro de Sebastián Bortnik “El trabajo fue pensado en 2019 y mayormente redactado en el segundo semestre de ese año y yo lo entregué a la editorial el 20 de febrero 2020. En ese momento, había un virus en China nada más, unos días después parecía que ese virus estaba invadiendo Italia y dos meses después sería una pandemia. La idea era que salga mucho antes pero la editorial también tuvo que reacomodar sus planes». La presentación se hizo de manera online –como no podía ser de otra manera- y contó con un panel preparado para la ocasión. Entre lxs invitadxs se encontraban el periodista Sebastián Davidovsky, la pedagoga Magdalena Fleitas y la doctora en Educación Melina Furman, quien además prologa el libro y coordina la colección Educación, de la que esta publicación es parte.

“El día que Meli [Furman] presentó su libro Guía para criar hijos curiosos y dijo que iba a ser el inicio de una colección de la editorial Siglo XXI, yo pensaba que si iba a haber una colección de educación, quizás era una buena oportunidad para que haya un libro de educación y tecnología y fue ahí, a fines del 2018, que le propuse hacer un libro sobre crianza digital que forme parte de la colección”.

El autor transitó sus estudios académicos de ingeniería en sistemas en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) donde adquirió todos los conocimientos técnicos y a partir de allí comenzó su experiencia de divulgador científico dando charlas para Argentina Cibersegura, ONG que fundó junto a otros colegas y presidió durante varios años: “El libro es el resultado de más 11 años dando charlas sobre estos temas, aunque al comienzo era un experto en seguridad informática explicando cómo hacer para que no te roben la contraseña.” Y agrega: “No me parece casualidad que este libro lo escriba alguien como yo, que tengo 36 años, y no me considero un nativo digital porque no nací con una pantalla. Tuve mi primer celular a los 19 años e internet a los 14, con lo cual en cierta forma soy un migrante digital pero como me dediqué a la tecnología y soy un adulto joven soy muy ducho, vivo con ella y me súper adapto, entonces esta situación de estar en el intermedio me hizo tener mucha empatía con los adultos analógicos que se encuentran desamparados en esta avalancha digital, pero también mucha empatía con los nativos digitales porque no estoy tan lejos”.

El ensayo cuenta con ocho capítulos en los que abundan las definiciones técnicas, advertencias sobre los riesgos que aparecen con la digitalización y recomendaciones sobre cómo actuar con bebés, niño, niñas y adolescentes y su relación con las tecnologías. Alerta spoiler: no hay una sola fórmula efectiva en todo el libro, sino que es una invitación a reflexionar sobre la crianza de las niñeces y adolescencias en un mundo donde lo digital y lo analógico conviven para determinar las subjetividades. Se trata del acompañamiento, el cuidado y el ejemplo por parte de los adultos responsables. Bortink plantea que “la tecnología no es buena ni mala, es una herramienta”. Y su recomendación es conocer cómo funciona para disminuir los riesgos que conlleva su uso.

Desde antes del nacimiento y hasta los dos años es la primera de las etapas en la que la principal recomendación es el diálogo entre padres y familiares, además de limitar el uso de las pantallas hasta el fin de la etapa. La siguiente se desarrolla desde los 3 a los 5 años y lo primordial aquí es acompañar a niños y niñas cuando utilicen dispositivos técnicos. La tercera etapa va de los 6 a los 8 años y se caracteriza por ser la primera experiencia sin supervisión. De los 9 a los 12 es la etapa de transición y quizás la que más cuidados merece. Por último, ubica la etapa de la autonomía, que acompaña a la adolescencia. Si bien estas etapas son estimativas y el autor advierte que siempre depende del contexto social, familiar, etc., hay un hilo conductor común a todas ellas y es el acompañamiento constante de padres, docentes y adultos responsables: “Estamos en un momento en que somos adultos analógicos criando hijos digitales. Ese me parece el resumen del libro y me gusta verlo como un desafío y una transición. A nosotros nos toca ser la generación de la transición”. Además agrega: “Yo siempre digo que no somos conscientes de lo que estamos viviendo, no tengo dudas de que es una revolución histórica y nos toca ser no los espectadores sino los protagonistas y las víctimas en el sentido del esfuerzo de adaptación al nuevo tiempo totalmente digitalizado. Entender que es un desafío le quita la presión a muchos adultos que se sienten en falta y un poco lo que yo busco con el libro es evitar el corrimiento de los adultos, es entender que esta situación, tan abrumadora para estos adultos analógicos, muchas veces genera el corrimiento: ‘No, mi hijo sabe lo que hace’, ‘Yo no entiendo nada de tecnología o a mí no me interesa’. Bueno lo que busco entender es que no es así, que nos tenemos que acercar. Es desafiante, es difícil, nos toca hacer la transición, nos toca ser protagonistas de este cambio pero lo tenemos que hacer por nuestros hijos.”

Según los relatos del autor existen muchas preguntas sobre el tema que los inmigrantes digitales se plantean a la hora de analizar la crianza de sus hijos y que están mal formuladas. ¿A qué edad pueden empezar a ver dibujos animados los bebés? ¿Cuántas horas por día puede usar el celular mi hijo? ¿Está bien que comparta en mis redes sociales las fotos de mis sobrinas? ¿Cuándo es tiempo de dejar a los niños solos frente a la pantalla? ¿A qué edad le puedo regalar su primer Smartphone? ¿Ya es hora que tenga acceso a sus propias redes sociales? ¿Pueden usar el celular en la escuela? De lo que aquí se trata no es de esquemas binarios sino, una vez más, de generar confianza y educar con atención y el ejemplo desde la primera etapa. “Por ejemplo con el tiempo en pantalla, yo no le digo a cada familia cuánto tiempo tiene que estar su hijo frente a la pantalla, le doy algunas ideas para que después cada mamá, cada papá, lo piense, lo charle y tome decisiones. Entonces, me gusta la idea del libro como punto de partida y no como algo cerrado.”

Sobre el libro y la pandemia Bortink se lamenta por la demora que causó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) para que finalmente esté en la calle. “Siempre digo: ´qué lástima que el libro no estuvo ahí desde febrero o marzo´. Me hubiera encantado acompañar a la gente todo ese año”, y agrega: “El libro fue pensado más allá de la pandemia y me parece que es importante remarcar que la pandemia profundizó el tema pero no lo creó. El desafío de la crianza digital ya era importante antes”. Justamente en ese punto se detiene el autor para analizar lo que dejará la pandemia y cuáles son las urgencias. Opina que falta mucho en materia de educación digital y que ese aporte debe darse desde el Estado: “Para pensar en una sociedad que tenga como prioridad a la crianza digital o, como digo yo, que la crianza digital esté en todas las casas y en todas las zonas del país, esa utopía, ese escenario ideal es imposible sin el aporte del Estado”.

Entonces, si la pandemia aceleró una problemática existente y Guía para la crianza en un mundo digital es una herramienta necesaria para los tiempos que corren, como reconoce el autor, puede ser un punto de partida para que el Estado, las instituciones educativas, la sociedad civil y las asociaciones educativas y agrupaciones populares se sienten a discutir una Ley de Educación Digital Integral. Así lo sugirió Davidovsky en el lanzamiento del libro y el propio Bortnik lo reconoció cuando se le preguntó al respecto: “Sin lugar a dudas podría haber sido el título del libro. Me parece que casi sin darme cuenta lo que propone el texto es eso. Y te digo más, yo hace años, antes de pensar en escribir un libro, mucho antes de que estuviera el proyecto concreto, vengo pensando y compartiendo en mis charlas toda la transformación que se hizo de cómo se reconvirtió la educación sexual de una charla en la adolescencia a un proceso integral desde la infancia. Mil veces hice la analogía de que había que hacer lo mismo con las tecnologías. Con lo cual sin lugar a dudas me parece que el libro es una invitación a que pensemos que la educación digital es un proceso continuo durante toda la infancia y no una conversación o un temita que resolver.”

Compartir

Atribución – No Comercial – Compartir Igual (by-nc-sa): No se permite un uso comercial de la obra original ni de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original. Esta licencia no es una licencia libre.
CC

Artículo anteriorLa Runfla sigue en la calle
Artículo siguiente“Somos muchos más de 30 mil, hay casos que ni siquiera se conocen”.