Farmacoop es una empresa recuperada y autogestionada por sus trabajadores, única en su especialidad en el mundo. Produce un test serológico para detectar anticuerpos del covid 19 confeccionado casi íntegramente con insumos nacionales. El desarrollo fue realizado en forma conjunta con científicos del CONICET y la Universidad de La Plata. Además, fabrica alcohol en gel y distribuye barbijos a precios populares. Un laboratorio médico que también experimenta otros modelos económicos de producción.

“Básicamente funciona como un test de embarazo, pero con una gota de sangre en vez de orina”, resume con orgullo la farmacéutica Florencia Tiseyra el mecanismo detrás del flamante producto de la empresa: FarmaCov, el primer dispositivo para la detección de anticuerpos de Covid-19 de producción enteramente nacional. La profesional es –junto a un centenar de bioquímicos e ingenieros químico- una de las integrantes de Farmacoop, el primer laboratorio recuperado y autogestionado por sus trabajadores del mundo.

Tiseyra ingresó a la cooperativa a fines de 2019 cuando, tras años de lucha, los trabajadores de la fundida Roux Ocefa consiguieron que el Poder Judicial les permitiera mantener la continuidad laboral y constituirse como cooperativa. “A partir de 2016 empieza el conflicto: los despidos, las suspensiones, todo el proceso que conocemos de las empresas cuando quiebran. Pero no terminaba de dar la quiebra. En el concurso lo iban comprando grupos financieros que lo que hacen es adquirir los laboratorios para vender las patentes sin hacerse cargo de los costos, fundamentalmente de las indemnizaciones, que es lo que más plata lleva. Y como parte de la estrategia de lucha, los trabajadores montaron una carpa en la puerta del laboratorio para evitar que lo desmantelaran”, cuenta. Finalmente, la orden judicial que reconoció a los trabajadores estableció también que muchos de los equipos sustraídos por los dueños anteriores fuesen devueltos, puesto que la continuidad de la empresa implicaba la conservación de los medios de producción.

Ocupar, resistir y producir

El relato contrasta con la realidad actual: donde antes había instalaciones vacías, hoy hay una planta que produce; donde había ex empleados atrincherados reclamando por sus derechos, hay trabajadores que transitan de un lado a otro, atraviesan el vestuario para llegar a la línea de producción y vuelven a los pocos minutos, siempre con una tarea por realizar y alguna prisa. La habitación en la que se exhibe el nuevo producto conecta con otras tres, y estas a su vez con otras más, lo que deviene en un laberinto de paredes blancas solo interrumpidas por equipos de medición y pilas de cajas repletas de pipetas y tubos de ensayo.

Farmacoop es el engranaje final de una compleja maquinaria diseñada para dar una respuesta local a la pandemia de Covid-19. El FarmaCov Test fue desarrollado por científicos del CONICET en el Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI) de la Universidad Nacional de La Plata. Por su parte, la vinculación con el sector privado refuerza el carácter nacional, ya que las empresas Bamboo Biotech SAS y Alimentos Proteicos SRL, ambas argentinas, contribuyeron a financiar el proyecto. El resultado es un test rápido de detección de anticuerpos que se inserta en una estrategia de sustitución de importaciones, con un 96% de insumos producidos en el país, lo que permite reducir su costo a unos 5 dólares por unidad.

El 96% de los insumos del test son nacionales, lo cual baja su costo y genera ahorro por sustitución de importaciones.

Como explica la trabajadora de la cooperativa, la recuperación de la planta y el ingreso al proyecto fueron procesos casi simultáneos: “Nos vinculamos con CONICET a través de los inversores que estaban buscando también un laboratorio en donde escalar la producción. Empezamos a trabajar en mayo, ellos en el desarrollo, nosotros con el montaje de toda esta planta. Pero en abril todavía estábamos terminando la puesta en marcha de la planta de alcohol en gel, que está en la parte de atrás del edificio. Todo lo que ves acá atrás era algo que estaba totalmente venido abajo, era una línea llenadora de ampollas en un momento y después de los años de la quiebra se había venido abajo”.

Tiseyra señala el cuarto contiguo, visible a través de los vidrios que lucen el nombre de la empresa pintado. Se pueden observar tres balanzas de un lado, otros tres instrumentos de medición del otro; algunos frascos Erlenmeyer recién lavados y un par de planillas con los resultados de alguna prueba reciente.

El desafío, por lo tanto, era doble. Pero allí donde los contratiempos se multiplicaban, fue fundamental la experiencia del plantel que sobrevivió al laboratorio Roux: “Se hizo todo el montaje en aéreas especiales. Por ejemplo, hay un cuarto que tiene una humedad por debajo del 35%, porque las tiras del test son sensibles a la humedad. Y todo el manipuleo de la tira cuando está expuesta tiene que respetar esas condiciones. Eso se logra con un deshumidificador rotatorio desecante que va en la parte del techo. Era una máquina que salía sumamente cara, que tenía que venir de Europa. Y un compañero recordó que ese equipo estaba en otra planta. La mayoría no lo sabíamos porque no estaba declarado en la ANMAT. Lo habían puesto para bajar la humedad en el área donde se hacían las sales de rehidratación oral, un producto bastante conocido del ex laboratorio”, explica Tiseyra. Un conocimiento especifico que representó alrededor de 100 mil dólares de ahorro para la cooperativa, e ilustra el potencial de la sinergia entre trabajadores experimentados y la fábrica.

La recuperación de una máquina abandonada generó un ahorro de cien mil dólares.

Habilitados

A mediados de enero, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó la producción y comercialización del test. Sin embargo, el camino de las habilitaciones también fue largo. Tiseyra recuerda: “Cuando yo entré, el proyecto tenía que ver con recuperar el laboratorio farmacéutico, ya que la producción de medicamentos había sido la principal actividad de Roux Ocefa. En 2018, cambió la normativa de ANMAT, que se hizo mucho más exigente. Y se hacía más difícil alcanzar los estándares de calidad nuevos con una planta que ya venía deteriorada para la normativa anterior. ANMAT hizo un acompañamiento, se hicieron tres inspecciones y todas rebotaron. Nos preparamos durante todo el verano para la cuarta inspección que iba a ser en marzo, y poco antes de eso comenzó la pandemia”.

Lo que impulsó la habilitación de las instalaciones, continúa Tiseyra, fue la apertura del sector de cosméticos e higiene personal de la fábrica. “Nos contactaron del gobierno de la provincia de Buenos Aires, para sugerirnos si podíamos hacer alcohol en gel. Nosotros hicimos una fórmula que reemplazó el carbopol por otro componente, con propiedades similares. En ese momento el carbopol era noticia porque no se conseguía por ningún lado, era carísimo, los chinos no solamente habían gastado todo lo que producían sino que dejaron de producirlo por la cuarentena. Después empezamos a hacer también alcohol a 70 volúmenes, para desinfectar. Ese fue el primer producto que lanzó la empresa y con el que pudimos habilitar la planta. También el control logístico de barbijos, cuya confección es realizada por distintas Pymes y comenzó a mover la empresa”, cuenta la farmacéutica.

La producción de la cooperativa enlaza con una marcada ética respecto al lugar que ocupan estas empresas en la sociedad. En su página web, al final del listado de productos puede leerse una leyenda en negrita: “Consideramos inmoral la especulación en tiempos de emergencia”. Tanto el alcohol en gel como los barbijos son vendidos “a precios populares” y se asegura una producción diaria para dar respuesta a la demanda constante.

Además de su trabajo específico, la cooperativa realiza actividades sociales con los sectores vulnerados en su barrio.

El FarmaCov Test tiene un uso fundamental para la política sanitaria de empresas y organismos que intentan asegurar el retorno a la presencialidad. Desde Farmacoop señalan que la demanda se satisface a través de convenios con laboratorios de análisis clínicos que ofrecen el servicio: “La restricción que tiene es que son de uso exclusivo profesional. Una persona no puede ir a la farmacia a hacerse el test, sino que se venden mediante laboratorios de análisis clínicos o mediante unidades sanitarias”. Entre los clientes se destacan algunas dependencias públicas, como la Cámara de Diputados de la Nación y el Banco Provincia, y actualmente la empresa participa de una licitación de la Ciudad de Buenos Aires para la provisión de análisis destinados a docentes en el marco de la vuelta a las clases presenciales.

De esta manera, los tests comercializados por Farmacoop constituyen una primera y rápida evaluación de los potenciales casos, lo que representa un complemento a los hisopados: “Los anticuerpos IGG se generan una semana después de que tuviste el primer contacto con el virus. Con lo cual es posible que se solapen dos o tres días que podes dar positivo al PCR y a este test. Luego ya la probabilidad baja y solo das positivo a los tests de anticuerpos”, señala Tiseyra. Por esta razón, explica, es necesario realizar un hisopado ante un resultado positivo del test serológico, para confirmar si se está cursando la enfermedad en ese momento. Además, es un método útil para verificar la presencia de anticuerpos en pacientes asintomáticos, que pudieron haber transitado la enfermedad sin manifestaciones clínicas.

La fábrica

La planta de Farmacoop está situada en el límite de Villa Lugano, al sur de la ciudad. Al frente se observan las primeras casas de la Villa 15; detrás, el Barrio Piedrabuena; y a unas cuadras comienza Ciudad Oculta. La cooperativa forma parte del barrio, no solo geográficamente, sino también en la vinculación con las organizaciones locales que resisten en una de las zonas más carenciadas de la Capital: “Nosotros tenemos un acercamiento con el barrio, pero no a partir de la producción puntualmente, sino con el trabajo comunitario. El 25 de Mayo hicimos un locrazo, una olla popular para unas 700 personas. Para el Día del Niño, también hicimos chocolatada y repartimos alfajores. Hay una muy buena relación con varios comedores de la zona en términos de apoyo social”, señala Tiseyra.

Termina el recorrido. Una parada previa por el vestuario para retirarse el equipo sanitario que exigen las medidas de higiene de la planta y nuevamente el alcohol en las manos. Es la hora del almuerzo y parte del plantel ya está reunido para poner en pausa otro día de producción. Aun quedan obstáculos por superar y la pandemia amenaza con continuar exigiendo al sector, pero la historia del primer laboratorio recuperado del mundo demuestra que la organización colectiva es un remedio eficiente.