Producto de la pandemia, se perdieron 15.000 puestos de trabajo en la industria cinematográfica y 18 rodajes quedaron suspendidos. Las entradas que las salas dejaron de vender se miden en millones. El fracaso de los autocines y las perspectivas para el 2021.

Con el pasar de los meses y la evolución del COVID-19 en las distintas partes del país, de a poco la vida comercial empezó a revivir, con los protocolos de seguridad sanitaria correspondientes. Sin embargo, el sector del entretenimiento (shows musicales, teatro, entre otros) se vio especialmente golpeado, encontrando todavía hoy obstáculos para volver plenamente al ruedo. Y eso incluye al cine.

Ya para mayo, Telám anunciaba que se habían perdido cinco millones de entradas de salas de cine y para septiembre, los datos del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) expresaban que 18 películas habían quedado suspendidas y los puestos de trabajo perdidos alrededor de 15.000. 

“La situación actual es verdaderamente crítica. A partir de la pandemia Covid-19 toda la cadena productiva del cine se vio interrumpida. Desde los rodajes hasta la exhibición, los procesos fueron frenados indeterminadamente. Este parate fue experimentado de una u otra forma en todo el mundo, dando lugar a un verdadero momento bisagra en lo que concierne al futuro de la exhibición y de la producción. En el caso puntual de la República Argentina, la industria venía arrastrando años de ajuste así que la situación de las empresas productoras ya estaba comprometida al comenzar 2020” declaró a ANCCOM Santiago Gallelli, vicepresidente de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC).

“Sobrevivir estos 10 meses de inactividad sosteniendo los puestos de trabajo y el desarrollo de proyectos ha resultado un desafío sin precedentes. Estamos actualmente en un momento de máxima emergencia, donde un 80% de las empresas que integran la CAIC refieren estar en su peor momento histórico y más de la mitad cree que en ausencia de un paquete de medidas específicas de rápido impacto se verán obligadas a abandonar la actividad en el próximo año. Todo eso está en riesgo de desaparecer”, determinó.

El Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina estima que se perdieron 15.000 puestos de trabajo por la pandemia.

Para los cines,  2020 fue igual de complicado. Con las puertas cerradas, la incapacidad de pagar los sueldos y mantener la infraestructura de los edificios se volvían fantasmas cada vez más reales. Si bien en julio se hablaba de volver a abrir las salas con protocolo de por medio, eso jamás sucedió a causa de los picos de contagio que se dieron por esos meses. Algunas franquicias recurrieron al recurso de los autocines, que permitían cuatro personas que fueran convivientes por auto, como una manera de generar ingresos. No obstante, no trajo los resultados esperados. “Estuvimos trabajando con el autocine más o menos un mes pero no fue suficiente para subvencionar parte del gasto. Por el contrario, fue deficitario. Por lo que decidimos descontinuarlo. La experiencia fue linda porque pudimos reencontrarnos con el público y poner la cabeza en otra cosa. Soñar y crear de nuevo. Pero la realidad nos volvió a golpear y nos mostró que no nos iba a permitir un ingreso que ayude a sostener el resto de los costos que estábamos enfrentando” contó Gabriel Feldman, CEO de los complejos Multiplex.

En Las Flores, provincia de Buenos Aires, por ejemplo, si tenemos en cuenta que durante el verano el cine se mantiene cerrado ya que no es redituable económicamente. “La realidad tanto a nivel local como nacional y mundial es muy desesperante. En Las Flores,  cerramos en temporada baja que son los meses de enero y febrero. Si los contás ya llevamos cerrados un año. Si bien nosotros particularmente nos la pudimos arreglar gracias a otras actividades comerciales que tenemos, es frustrante ver las salas cerradas tanto tiempo. Y ahora hay que esperar a que el gobierno mande una nueva disposición”,expresó Emiliano Dupovey, que se encarga del Cine San Martín, el único establecimiento de este tipo en la ciudad, junto a su familia.  

La ayuda estatal alivió un poco el costo fijo de los salarios para las empresas cinematográficas y los complejos pero la falta de un plan de contingencia específico para el sector hizo que el apoyo gubernamental se sintiera como intentar tapar el sol con la mano. Sin embargo, la historia fue distinta para TANU Distribución. “Durante los meses de pandemia, no recibimos ayuda estatal pero porque tampoco nos postulamos a algún subsidio. Todo nuestro crecimiento se lo debemos al apoyo de nuestras familias, a nuestros otros trabajos y a quienes nos confían sus películas. Todos los días trabajamos para internacionalizar las producciones que nos llegan, nos gusta que cada película que está en nuestro catálogo encuentre su audiencia”, explicaron Rocío Rocha y Tatiana Lechner Quiroga, cabezas de la distribuidora y casa productora independiente que se especializa en películas de horror y fantasía. Y agregaron “La pandemia fue también un cambio de paradigma que nos sacudió pero lo tomamos desde el lado del cambio, todo el tiempo estamos cambiando e innovando en nuevas formas de distribuir y producir”.

La vuelta de la industria del cine es incierta aún pero las percepciones al respecto varían según el sector. “Existen protocolos aprobados que virtualmente permiten retomar los rodajes, pero lamentablemente su aplicación es muy costosa y están fuera del alcance de la enorme mayoría de las producciones locales. Asimismo, se suma la incertidumbre en cuanto a la cantidad y el alcance de los mecanismos de financiación que estarán disponibles para el cine nacional en 2021. Es crucial discutir qué cine será posible, para lo cual el sector debe ponerse a la altura de los aspectos macroeconómicos y restablecer un sistema de créditos y subsidios en parámetros sustentables. Y al mismo tiempo, derribar barreras y generar estímulos para atraer servicios de producción que dinamicen la industria y la devuelvan a sus niveles históricos de actividad”, expresa Gallelli.

Solo en los dos primeros meses de aislamiento se dejaron de vender cinco millones de entradas de cine.

Por el lado de las salas, Feldman cuenta: “Creemos que posiblemente en el mes de enero podamos estar arrancando. Nos estuvimos reuniendo con las autoridades, tanto de CABA como nacionales, para que pronto podamos ofrecer entretenimiento, que siempre fue, históricamente, la principal salida de los argentinos. Sabemos que van a empezar a aparecer, a nivel mundial, algunas películas importantes que la gente está esperando. Esa es nuestra expectativa. Con el cambio de año y los nuevos aires renovar la esperanza y la fe en que podamos salir adelante de esta situación tan compleja”.

A pesar del año innegablemente difícil, Rocha y Lechner Quiroga miran el vaso medio lleno. “No tenemos seguridades al respecto. De lo que sí estamos seguras es de que a pesar del contexto podemos resaltar que se abrieron puertas de comunicación y lazos a través de internet que en otro contexto por ahí no hubiesen existido. Lo mismo para las películas, vimos que llegaron a más puntos del país y ni hablar de otras partes del mundo”.  

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