Las ferias gráficas se habían convertido en el espacio de intercambio, promoción y consumo de distintas publicaciones y manifestaciones artísticas. Con la cuarentena, debieron reinvertarse. Desde aquella que casi se paralizaron a las que descubrieron nuevos mundos. Media docena de experiencias cuentan como se reconvirtieron en tiempos de pandemia.

Las ferias de arte impreso, refugios analógicos de nuevas-viejas prácticas de lectura y encuentro, brindan posibilidades de difusión a ilustradores, artistas y autores de literatura experimental. Hoy, a más de tres meses de haberse decretado el aislamiento social, preventivo y obligatorio debido a la pandemia del coronavirus, los organizadores de ferias y realizadores se las ingenian para mantener viva la comunicación sensorial que indefectiblemente se ve afectada por la reclusión y la primacía del medio digital.

“Una de las ideas que promovemos desde Tranza es la gráfica como salida laboral, más allá del placer y la potencia estética, poética de las producciones” sostiene Mariel Uncal Scotti, quien junto a otras compañeras en 2017 creó Tranza, un festival que reúne a gráficos locales y de todo el país en la ciudad de La Plata: “Creemos que la resistencia posible en un sistema tan desigual y opresor viene por el lado de la construcción colectiva, el apoyo y el intercambio horizontal, desde la autogestión. Lo rico está en el encuentro de heterogeneidades”, dice. En relación a la feria de este año Mariel agregó: “El contexto nos tiene en stand-by respecto a la realización del festival. No pretendemos por ahora replicar la feria gráfica en las redes, pero sí compartir y promocionar espacios y proyectos que viven de la producción gráfica, para que la gente los consuma y apoye económicamente”.

La autogestión es una dimensión fundamental en el circuito gráfico. Casi como una reacción a la creciente digitalización del mundo, las ferias crecieron exponencialmente en la región durante los últimos años. Muchas veces por necesidades económicas debido a la crisis que atraviesa el sector, otras debido a las excluyentes reglas del juego que rigen el mercado editorial. Pero a decir verdad, la razón de ser de los eventos es, en primer lugar, el deseo genuino de encontrarse.

A principios de 2018, Luis Juárez estaba terminando de imprimir el primer número de Revista Balam, una publicación de fotografía contemporánea. Frente al desafío de distribuirla se encontró con que los espacios como librerías o tiendas de museos ofrecían un movimiento que se ajustaba bien a proyectos editoriales grandes pero no llegaba a generar el intercambio necesario para una publicación independiente. Faltaba el contacto entre el editor y el público, la construcción de una comunidad: “Lo que comenzó como una intención de hacer circular la revista, terminó siendo un encuentro para muchos proyectos independientes y autogestivos que tenían la misma necesidad de poner en movimiento sus trabajos. Así nació feria Migra”, comentó. “Hoy estamos haciendo múltiples talleres online que tienen que ver con formas alternativas de pedagogía para seguir produciendo contenido de una forma más consciente”. Se refiere al rol de Escuela Migra, un espacio de aprendizaje no formativo imprescindible en tiempos de aislamiento. “Asumimos un rol de comunidad y plataforma. Nos gusta pensar que enlazamos mundos y fomentamos el intercambio afectivo a través del trabajo en equipo”.

Las ferias reúnen a editores de publicaciones independientes, realizan talleres de impresión tipográfica, serigrafía y armado de fanzines. La popularización de antiguas técnicas de impresión analógica permite materializar el trabajo editorial como algo singular. Sol Gil y Antonio Werli fundaron Ínsula Editora en 2016. Diseñan, imprimen y publican libros de tiradas únicas: “Apostamos a lo analógico. Hay toda un aura de rescate del pasado en nuestro proyecto que nace de hacer tiradas muy limitadas, no distribuir en librerías y generar un vínculo más directo con el lector. Las ferias están muy vinculadas a nuestro origen” contó Sol. La digitalización de los vínculos durante la cuarentena tocó una fibra fundamental de Ínsula: “A nivel de ventas el ingreso fundamental son las ferias así que mientras tanto, las pocas ventas que se dan, son por las redes, que no es mucho. No somos tan activos buscando el vínculo por medios digitales, ahora estamos trabajando en proyectos de libros futuros”

Se plantea entonces un dilema, sobre todo en tiempos de encierro: ¿Qué es lo que tiene la experiencia del encuentro que se pierde o reinventa en el ámbito digital? Mariel plantea que “lo que no puede reproducirse en lo virtual es el encuentro real con personas inesperadas, el intercambio no-efímero de las producciones gráficas y de la palabra en sí. Internet es infinito pero los algoritmos nos llevan una y otra vez a lo conocido. En un espacio real, el azar es un componente enriquecedor” y agrega “¿Cómo reproducís el aroma de la tinta serigráfica, la textura de un papel reciclado?”.

Proyecto Piraña nació en 2016 con el fin de generar redes e incentivar el trabajo colaborativo de manera independiente, publica fanzines, libros e imprime posters. Además, cuentan con un kiosco digital y durante la cuarentena lanzaron Piraña TV, una plataforma donde comparten contenido audiovisual, gifs y animaciones. Respecto al dilema de lo físico frente a lo digital, Belén argumenta: “Me parece que está buenísimo incorporar diferentes formatos que hasta el momento fueron sólo impresos o sólo tangibles al mundo digital, pero como una herramienta. Y como algo que extienda los horizontes y permita que también se democratice el universo artístico, que cada vez más personas puedan participar y animarse a hacer cosas”

Desde el punto de vista de la potencialidad que brinda el medio digital, Magui Testoni de feria Paraguay sostiene: “La digitalidad no tiene geografía y posibilita el encuentro simultáneo de personas de diferentes países, permite estar también donde no se está. Por eso pensamos que, a partir de ahora, lo digital va a tomar una perspectiva paralela y cotidiana a los eventos físicos de las ferias de arte impreso”. Paraguay abrió la convocatoria para realizar un Mural Digital de Obras Premonitorias: “La cuarentena nos puso a pensar en el aislamiento, la digitalización de las relaciones, la supervivencia y quisimos exponer los mensajes premonitores que cargan algunas obras creadas antes de la pandemia”.

Por otro lado, Migra realiza una edición de la feria en su sitio web. Abren la tienda, leen poetas y sostienen una programación online vía Instagram: “En la edición online nos dimos cuenta que contamos con los medios para unir a figuras clave de la comunidad. Organizamos un conversatorio que llamamos “El paradigma de las ferias” e invitamos a organizadores de Feria Paraguay (Argentina), Feria Tijuana (Brasil), Festival Carboncito (Perú), Impresionante (Chile), Microutopías (Uruguay) y Feria Rrréplica (México) a reflexionar sobre los siguientes pasos frente al nuevo paradigma”.

Si algo queda claro es que las nuevas narrativas suman, pero no reemplazan. Será cuestión de ver cómo, en este contexto de aislamiento, se reorganiza el mapa de eventos y  al mismo tiempo, surgen reinterpretaciones creativas del genuino deseo de encontrarse.