En Barracas, un grupo de pre-adolescentes, hijas e hijo de militantes, se reúne en asambleas para tratar los temas que le preocupan. Antes de la cuarentena, ANCCOM estuvo en las reuniones y escuchó sus dudas, experiencias y realidades. Una gran mirada desde los ojos pequeños.

 

«Las Pioneras» es un grupo, integrado por chicas y un chico de entre 9 y 15 años, que viven en la villa 21-24 de Barracas. Se reúnen sábado por medio, en asambleas, desde hace dos años. En esos encuentros comparten inquietudes, hablan sobre feminismo, la ESI, el aborto, la maternidad infantil, las transformaciones de sus cuerpos, lo que hacen en la escuela y cómo se sienten por ser hijas e hijos de militantes. Salen a dar batalla para darle una dimensión política a sus infancias poniendo en palabras todo lo que los rodea.

Muchas de ellas son hijas de militantes de la Organización La Corriente Villera Independiente que surgió enl 2009, con vecinos y vecinas del barrio. En ese momento tuvieron la urgencia de organizarse y de autogestionarse ante la ausencia de políticas públicas del Gobierno de la Ciudad, para garantizar condiciones mínimas de dignidad en su vida cotidiana. La Corriente está conformada por distintas orientaciones políticas y por personas independientes.

No solo se gestionaron espacios comunitarios, como el de las ‘cuidadoras’, que son las encargadas de atender a los niños y niñas del barrio para que sus familiares puedan salir a trabajar, sino también se organizaron promotoras de salud, para encargarse dela prevención del dengue. Además, se armaron comedores, mesas de urbanización para evitar la embestida urbanística del Gobierno de la Ciudad y un servicio médico villero para que las ambulancias puedan entrar en los barrios. La Organización funciona como una red que se extiende al resto de los barrios villeros de la Ciudad.

Los integrantes de Las Pioneras son hijas e hijos de militantes de La Corriente Villera Independiente.

Los niños y niñas transitan diferentes recorridos y crecen entre luchas, comedores, asambleas, encuentros y plenarios. Van en los vientres de sus mamás y los más pequeños prendidos de la teta, a upa o en carros. Se largan a caminar, entre las muchedumbres que tratan de organizarse para poder comer, para armar cuadrillas para destapar y arreglar cloacas, para trabajar sobre violencia de género e institucional. En ese proceso se planean acampes para visibilizar sus problemáticas, gestionar un semáforo en la esquina de una escuela o incluso el arreglo de veredas y calles en las que abundan los accidentes en el barrio.

En edad escolar chicos y chicas tienen que buscar un espacio en sus casas, para poder hacer la tarea, porque el comedor está abarrotado de personas comiendo. Estos niños y niñas transitan sus infancias, absorbiendo como esponjas un bagaje del mundo adulto, que los interpela, los condiciona y al ir creciendo, comienzan a tratar de ponerle voz a todo eso. Así surgió: «Las Pioneras».

ANCCOM fue a la Villa 21-24, en Barracas, su lugar de encuentro. Era sábado al mediodía, el sol se presentaba abrasador, levantaba la térmica y competía con el calor de las brasas de la parrilla de una vereda, para ver quien cocinaba antes los pollos. El Cuni controlaba la cocción, impoluto.

En un galpón gigante hay mujeres que van y vienen, una pila de maples de huevos sobre la barra y un cordel repleto de remeras blancas que colgaban recién impresas. Por el doblés solo se leía :21-24.

Las Pioneras hicieron su aparición pública en el Niñetazo de 2018, realizado frente al Congreso.

Y las pibas se fueron juntando

Belén, Lola y Leo son referentes y coordinadores de la asamblea «Las Pioneras» y del centro de alfabetización, entre otras cosas, del Movimiento Popular La Dignidad (MPLD).

Belén le contó a ANCCOM cómo surgió todo esto. Ella conoció a las pibas allá por el 2018, en el funeral de Gilda, una vecina muy comprometida con las cuestiones del barrio, que peleaba por los derechos de los trabajadores y contra la violencia de género. Gilda tenía cinco hijos y murió electrocutada durante una tormenta, mientras se encontraba en una obra del del Gobierno de la Ciudad, que se había considerado finalizada.

Belén continuó su relato, con un hecho sucedido el 29 de septiembre del 2018, frente al Congreso, cuando se realizó el Niñetazo, para visibilizar los peligros que aquejaban a las infancias, producto de la crisis desatada a fines de ese año.

«Las Pioneras» participaron activamente en aquel evento generando consignas claras. Hablaron al público y sabían qué decían. Este hecho formó parte de un antes y un después en la continuidad del grupo. Habían encontrado un espacio de encuentro, de charlas, de contención, para viabilizar todo eso que portaban, que les atravesaba. Luego comenzaron a reunirse los sábados.

Participaron en la Jornada de Norma Pla, que se dio en el marco de la lucha contra el gobierno de Cambiemos, cuando éste quiso echar mano a las jubilaciones de amas de casa. Luego dieron un taller sobre infancias y educación sexual integral (ESI), para niñas y niños, durante el “Encuentro Plurinacional de Mujeres” en La Plata. Y en el último Pañuelazo del 19 F, «Las Pioneras», que estuvieron representadas por seis chicas de entre 10 y 14 años, invitaron a jugar a unos 60 concurrentes y con un manejo escénico sorprendente por la simpatía y la frescura, les sacaron del confort y les llenaron el alma de preguntas.

En el Pañuelazo del 19 F, Las Pioneras invitaron a jugar a 60 personas.

Viky tiene 13 años y contó que conoció a las chicas en el comedor, le encanta ir los sábados, porque aprende mucho sobre los derechos de los niños y los de las mujeres. Ella tenía 6 años, cuando su mamá, Cristina, fue a la Organización, por primera vez, a buscar leche y ya se quedó para formar parte del movimiento de mujeres villeras. Cristina, ahora, está a cargo de un comedor para 40 familias y además integra el espacio de ‘cuidadoras’. Es catequista y puede transitar su vida perfectamente entre la religión y el feminismo. Madre e hija comparten los viajes a los Encuentros de Mujeres hace dos años.

Zamira, tiene 12 años. Su mamá, Natalia, llegó a la Organización cuando Zami tenía 8 meses, fue en busca de comida, ya que su marido estaba desempleado y ella se había quebrado un brazo y no podía continuar con su trabajo. Natalia, hoy, es la referente de la Organización del barrio.

Vos antes acompañabas a tu mamá y papá a las marchas y asambleas, pero ahora tenés tu propio espacio, ¿qué te parece eso?

Realmente, cambió mucho mi forma de pensar porque en mi escuela no daban nada. Ni ESI, todo lo que aprendí fue sola y en este espacio. Me enseñaron muchas cosas acá.

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CC

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