La brecha digital se constituye hoy en una nueva barrera dentro de un mundo cada vez más desigual. Diferentes organizaciones latinoamericanas trabajan para reducirla y dotar a las comunidades vulneradas de una lógica propia para su uso y desarrollo.

¿Alguna vez te detuviste a pensar como sería el funcionamiento de la vida sin los avances tecnológicos que hay actualmente, sin redes que permitan conectar lo más lejano en el menor tiempo posible y sin equipos que permitan que esa conexión sea más directa y personalizada? Aunque a la generación de los “centennials” les cueste pensarlo, existen comunidades en el mundo que no cuentan siquiera con una comunicación ágil, rápida y directa para mantenerse informados.

Esta problemática es la que ha hecho que organizaciones sociales trabajen en proyectos de redes comunitarias a nivel tecnológico y de comunicación desde hace años, logrando cubrir esa necesidad en los sectores más vulnerables, alejados de las ciudades y que fueron abandonadas por los Estados a nivel latinoamericano. Por otra parte, estas experiencias también buscan cuestionarse cómo nos comunicamos y para qué usamos la Red.

“No pensamos la tecnología como que ‘todo el mundo esté conectado porque sí sino que sean las propias comunidades que tengan la iniciativa de comunicarse, que de hecho algunas ya la han tenido, y no han necesitado ayuda de organizaciones para saber cómo hacerlo”,  afirma Daniela Parra, referente de Redes por la Diversidad, la Equidad y la Sustentabilidad, una organización social mexicana que promueve el desarrollo de medios de comunicación propios de los pueblos indígenas de aquel país. “Son experiencias que a partir de una lógica comunitaria están cubriendo una necesidad que va más allá de la pura conectividad, sino que partir de la tecnología o con la tecnología se generan procesos a nivel comunitario muy interesantes”, explica.

Parra participó del encuentro “Hacia la apropiación comunitaria de la tecnología”, llevado a cabo a fines del año pasado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. La actividad fue organizada por la Red Interuniversitaria de Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular (RICCAP), la carrera de Ciencias de la Comunicación y el Observatorio de Derechos y Comunicación (DERCOM).

Allí quedó claro que las necesidades y las problemáticas de las redes comunitarias y telecomunicaciones son varias: por un lado está el abandono por parte de los Estados, en tanto que no existe un marco regulatorio y de políticas públicas que permitan que estas redes puedan operar y florecer bajos ciertas lógicas comunitarias dejando vacíos legales. Por el otro, no se destinan recursos por parte del Estado para suplir esta necesidad, ni proyectos de privados que contribuyan a cubrirla.

Frente a esta realidad, el investigador mexicano Adrián López Angulo, también integrante de Redes por la Diversidad, la Equidad y la Sustentabilidad,  afirma que “los privados se apoyan en decir que no es rentable llegar a esas poblaciones rurales porque la infraestructura es muy cara o que las mismas comunidades son muy pobres y no tienen como pagar esos servicios.” Sin embargo, esta falta de acompañamiento ha generado avances en cuanto a iniciativas comunitarias, ya que para López “ese espacio que han dejado el Estado y las empresas es lo que ha permitido que las propias comunidades imaginen y sueñen sus propios medios de comunicación, de cómo quieren que funcionen y como serán estos medios.”

Así, en México están en desarrollo redes inalámbricas comunitarias de Internet en comunidades indígenas de los estados de Chiapas, Oaxaca y Nayarit.

Dentro de las principales cuestiones en las que estas organizaciones trabajan tienen que ver con el acompañamiento a las comunidades, asesoría para implementación o mejora de estas lógicas de comunicación comunitaria e identificar problemáticas que tiene que ver con el desarrollo de software y hardware, en donde el reto está en cómo genera una propuesta tecnológica que atienda cada necesidad específica de cada comunidad.

“Hay muchísimas experiencias de telefonía celular en Cauca, Colombia, con la red INC, hay varias experiencias en Brasil, y en Argentina hay una con una organización que se llama AlterMundi, que viene promoviendo una tecnología nueva que se llama LibreRouter, que está apoyando a muchos procesos de redes comunitarias dentro del país”,  afirma López.

Atalaya Sur, en tanto, es una de las acciones que lleva adelante Proyecto Comunidad, una organización que trabaja por la inclusión plena en la vida social de los sectores más vulnerables de Argentina. Dentro de las iniciativas que impulsa  está la conectividad comunitaria, desarrollando propuestas como Red Villa 20, una red de wifi pública que se desplegó mediante un proceso colaborativo con la Universidad Tecnológica Nacional y que hoy en día tiene una cobertura a las principales calles del asentamiento en el que viven más de 30.000 habitantes.

Si bien se ha conseguido instalar la problemática en algunas agendas de diferentes países y se han logrado encuentros como la Conferencia Anual sobre la Gestión de Espectro en América Latina, que se celebró en Perú en su sexta versión, al debate sobre redes comunitarias aún le falta mayor presencia en las instancias internacionales

 

 

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