El Teatro Mandril está en riesgo de ser desalojado y desaparecer. Los cooperativistas que lo montaron hace doce años organizan una campaña para recaudar fondos que les permitan comprar el espacio y desarrollar un proyecto de cara a la comunidad.

 

Para comprar el espacio, el Teatro Mandril necesita reunir 500.000 dólares.

En un galpón del barrio porteño de San Cristóbal funciona desde hace 12 años el Teatro Mandril. En abril del 2020 la cooperativa que se encarga de la gestión debería renovar el contrato de alquiler, pero el propietario les comunicó su decisión de vender la propiedad. Frente a esta situación fue tomando forma el proyecto Soberanía Cultural Misión Mandril que consiste en una red de financiamiento colectivo para comprar el teatro.

Para alcanzar la suma necesaria en el plazo requerido los miembros de la cooperativa fortalecieron el espacio de asamblea y debate y pasaron de ser ocho personas a veinte. “Son ciclos orgánicos necesarios, sobre todo en este tipo de sitios autogestivos e independientes, en donde el lugar es siempre de quien lo habita”, destaca Jazmín Diarte, integrante de la cooperativa que sostiene al Mandril.

El primer objetivo de esta campaña es reunir los 500 mil dólares necesarios para preservar el lugar. El aporte mínimo es de $250 y se puede realizar a partir de la plataforma virtual soberaniacultural.com, una urna que se encuentra en el galpón o mediante transferencia bancaria. Se llegue o no al total de la suma pretendida, todo lo recaudado lo destinarán a continuar generando impacto artístico y sociocultural en otros proyectos.

Si se logra juntar lo necesario para adquirir la propiedad, el 95% de lo recaudado será usado para la compra y el 5% restante para financiar proyectos artísticos culturales. En caso de que no llegaran a adquirirlo lo que harían es invertir las proporciones del porcentaje, el 5% para que el Mandril pueda mudarse a un nuevo espacio y el 95% para financiar los proyectos. “La idea es que todos los aportes que vinieron de la comunidad, vuelvan a la comunidad”, reflexiona la integrante de la cooperativa. De esta manera el grupo decide no apropiarse enteramente de la herramienta, sino utilizarla para conformar una mesa de trabajo más diversa y alimentar una estructura que requiere sí o sí de la presencia de personas.

Si no se reúne el total de dinero necesario para adquirir el teatro, la cooperativa destinará lo recaudado a realizar acciones artísticas para la comunidad.

La iniciativa de Soberanía Cultural, que nació como un apéndice del Mandril para comprar el inmueble, fue adoptando esta otra forma: como herramienta, la comenzaron a pensar en un futuro para desarrollarse autónomamente. Si bien hoy se gestiona desde el teatro, en el próximo año quedaría conformada como un instrumento del sector cultural independiente para quien lo necesite. “La idea es plantear un nuevo paradigma con respecto a los bienes culturales y cómo se los puede sostener en el tiempo independientemente de las crisis sistemáticas que tiene el país”, explica Diarte.

“En momentos como éste, caracterizados por el vaciamiento cultural de los últimos años, yo creo que el cierre no es una posibilidad. Acá los logros y los fracasos se comparten colectivamente, todes con todes”, confirma Diarte y agrega: “Trabajamos en forma horizontal, y creemos que la herramienta propone otra forma de hacer las cosas, reivindicar la autonomía y la independencia como formas comprobadas que funcionan”.