Por primera vez, desde 2004, el Frente Amplio corre riesgo de perder la presidencia en el Uruguay. Luis Lacalle Pou, del conservador Partido Nacional, logró reunir el apoyo de todos los partidos de las oposición. El avance del militarismo en la región también tiene su expresión en el país vecino: el crecimiento de Cabildo Abierto, encabezado por el excomandante Guido Marini Ríos.
En la primera vuelta, Daniel Martínez obtuvo el 39,2% de los votos, y a Luis Lacalle Pou, el 28,6%.

Este 24 de noviembre se llevará a cabo el balotaje que enfrenta a los candidatos uruguayos Luis Lacalle Pou, por el Partido Nacional, y Daniel Martínez, por el Frente Amplio. Es la primera vez que esta coalición enfrenta una segunda vuelta tan reñida desde el 2004, cuando llegó al poder. Su ajustado triunfo en primera vuelta aumenta las conjeturas sobre una victoria por parte del Partido Nacional, de centro derecha. Los politólogos Conrado Ramos y Gerardo Caetano compartieron sus perspectivas con ANCCOM respecto del escenario electoral  del próximo domingo.

América Latina atraviesa un momento tumultuoso. Desde un Golpe de Estado en Bolivia, una posible reforma constitucional en medio de una ola de protestas en Chile y hasta un paro general en Colombia, por lo que el desarrollo sin irregularidades de unas elecciones presidenciales parece insólito. Pero estas elecciones tienen su propia particularidad: por primera vez en 15 años, el Frente Amplio podría perder la presidencia. Según la última encuesta realizada por la consultora Factum, Lacalle Pou, líder del Partido Nacional llegaría al 51% de los votos, mientras que Daniel Martínez alcanzaría al 43%. Quien gane este domingo asumirá en marzo de 2020 y gobernará durante los próximos cinco años.

Es la segunda vez que Lacalle Pou llega al balotaje: lo había hecho las últimas elecciones, en 2014, pero perdió ante Tabaré Vázquez. Por otro lado, Martínez nunca se había presentado para presidente; fue intendente de Montevideo, desde julio de 2015 hasta abril de 2019, cuando renunció para enfocarse en la campaña electoral.

Los resultados de la primera vuelta colocaron como ganador a Daniel Martínez, con un 39,2% de los votos, y a Luis Lacalle Pou en segundo lugar, con el 28,6%.  Para evitar un balotaje en Uruguay, es necesario conseguir el 50% +1 de la totalidad de los votos. A pesar del triunfo de la izquierda, el Partido Nacional tiene más chances de vencer ya que se alió con el resto de las fuerzas de la oposición, entre ellos con el  Partido Colorado liderado por Ernesto Talvi, el Cabildo Abierto encabezado por Guido Manini Ríos, y en menor medida, con el Partido Independiente (que sacó el 1% de los votos) y el Partido de la Gente (1,1%).

«La triada Tabaré Vazquez, Astori y Mujica fue muy fuerte, no es fácil para Martinez oficiar de sustituto”, opina Ramos.

Consultado sobre los factores que llevaron a este desenlace, Conrado Ramos, politólogo y político uruguayo, sostiene que “es evidente que los 15 años han producido un fuerte desgaste. El Frente Amplio está, además, procesando un recambio en sus liderazgos, y esto tiene también sus costos. La triada Tabaré Vazquez, Danilo Astori y Pepe Mujica fue muy fuerte, y no es fácil para los Martinez, Andrade y Bergara, oficiar de sustitutos”.

Sin embargo, no es posible asegurar un triunfo del Partido Nacional. Gerardo Caetano, historiador y politólogo uruguayo, afirma que “obviamente quien parte en ventaja es el candidato de la oposición, es el favorito entre otras cosas porque ha podido articular -con dificultades-, una coalición con los principales partidos de la oposición, incluido el Cabildo Abierto. Pero no es seguro que gane. La elección no está resuelta, porque hoy los electores se manifiestan bastante independientes respecto a sus candidatos”.

Lo que sí es posible afirmar es que la gran revelación de estas elecciones es el partido de derecha militarista, Cabildo Abierto. Éste es liderado por Guido Manini Ríos, un ex comandante del Jefe del Ejército durante el gobierno de José Mujica y, hasta marzo de este año, en el de Tabaré Vázquez. Fue destituido de su cargo por “efectuar graves cuestionamientos al Poder Judicial”. Caetano sostiene que “es un liderazgo carismático que convoca a una arcadia regresiva: el retorno de la autoridad frente al relajo, el retorno del orden natural frente a la agenda de izquierda, el retorno de la seguridad frente al malandraje, y todo hecho con astucia política, sin duda”. Podría decirse que Manini Ríos es el “Bolsonaro uruguayo”, pero con un tono más moderado.

Este balotaje se desarrolla en un contexto local de preocupación por la seguridad. El mismo día de la primera vuelta, el 27 de octubre, se llevó a cabo un plebiscito, “Vivir sin miedo”, que buscaba reformar la Constitución con artículos enfocados en la seguridad pública. Por más que no logró conseguir los votos suficientes para su implementación, no se ha llegado a una definición respecto a cómo enfrentar la creciente inseguridad.

En caso de que se concrete la victoria del Partido Nacional, las chances de que el gobierno electo se “reperfile” hacia la derecha, con la inclusión de Manini Ríos en algún cargo, son bastante altas. Conrado Ramos afirma que “es probable que encare alguna reforma estructural que el Frente Amplio no ha hecho por falta de consensos internos (y con sus bases sindicales de apoyo)”. Se esperan reformas en el sector educativo y a su vez, cambios en las medidas de seguridad, la principal preocupación de los uruguayos en la actualidad.

Un eventual triunfo del Frente Amplio puede venir acompañado de grandes desafíos. “Debe gobernar por primera vez sin mayorías parlamentarias, con poca chance de lograr apoyos puntuales, debido a la creciente polarización entre oficialismo y oposición, que se ha venido trasladando a la sociedad. El Frente Amplio tendría por primera vez un presidente débil, que no tiene el liderazgo del partido, frente a fracciones radicales que tienen las mayorías legislativas, y que evidentemente no se sienten representadas por Martínez”, sostiene Ramos.

Si gana Lacalle Pou se esperan reformas estructurales en materia de educación y seguridad.

¿Cómo interfiere esto con el futuro gobierno de Alberto Fernández? Según los analistas políticos, lo más probable es que gane quien gane, las relaciones bilaterales no se vean afectadas. Caetano sentencia que “en materia de política exterior, hay un eje compartido por todos, respecto a que con los gobiernos de la región hay que tener la mejor relación y que hay que salvar al Mercosur de la forma en que sea. Y eso lo va a hacer Daniel Martínez o Luis Lacalle Pou”. Una interferencia entre el gobierno uruguayo y el argentino no es conveniente para ningún país, especialmente en el contexto actual del continente, y teniendo que crear alianzas con dirigentes como Jair Bolsonaro. Por más que la relación entre Fernández y Lacalle Pou pueda ser más crispada por las diferencias ideológicas, ambos líderes son lo suficientemente pragmáticos como para no dejar que interfiera en las relaciones entre Argentina y Uruguay.

Sea cual sea el resultado del balotaje de este domingo, el futuro presidente de Uruguay se enfrenta con más de un desafío: construir alianzas en una región caldeada mientras responde a las demandas de la sociedad uruguaya que está a punto de ponerle punto final a quince años de un gobierno de centro izquierda. Tarde pero seguro, la derecha parece afianzarse en la República Oriental, mientras que el resto del continente está comenzando a darle la espalda.

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