El fenómeno de apuestas ilegales comienza a hacer presión dentro de las categorías inferiores del tenis profesional en Argentina. Las dificultades económicas para afrontar los altos gastos de la competencia son tierra fértil para organizaciones que buscan arreglar partidos.
Una denuncia en un torneo de Pinamar puso en alerta al tenis argentino.

En las categorías inferiores del tenis profesional en Argentina, algo huele mal. Una serie de denuncias referidas a apuestas ilegales dentro de los torneos de Futures (circuito ITF) y Challengers (circuito ATP) han logrado penetrar en el escenario nacional. El torneo de Pinamar disputado entre marzo y abril puso en agenda el tema, y en el país parece una práctica corriente.

Pero para entender qué sucede, es necesario conocer el panorama internacional. Según un estudio realizado en 2017 por la Asociación Europea de Seguridad en el Deporte, el tenis es la disciplina con más actividades sospechosas en términos de apuestas. ¿A qué se debe esto? En la jerga popular, podría decirse: “La necesidad tiene cara de hereje”. El juego ilegal en el tenis consiste en una planificada organización basada en individuos que deambulan por todo el mundo tratando de cooptar a jugadores y convencerlos de arreglar los resultados. Se aprovechan de los premios en esta serie de torneos son muy bajos y los gastos. 

“Hay un problema gravísimo para los jóvenes que comienzan a desarrollarse profesionalmente, los que están por fuera del Top 200, que es el tema económico, sobre todo por la moneda argentina. Y a nivel femenino es alarmante”, declara Sebastián Torok, periodista especializado en tenis, quien desarrolla su trabajo en La Nación y en ESPN Tenis.

En los torneos menores, los premios no alcanzan para solventar los viajes, inscripciones y estadías de jugadores.

Por poner cifras, un torneo de ITF reparte 15.000 dólares entre los participantes. Y los Challengers, torneos inferiores del circuito ATP, por su parte reparten 20.000 dólares. Cifras con las que deben afrontarse los viajes a los próximos torneos del jugador y el entrenador, la inscripción, raquetas, hotel, entre otros gastos. Además, estos números superan la suma repartida en un torneo femenino, sobre todo porque se disputan menos que los masculinos, según el calendario de ITF y ATP. “Creo que se debe a que las chicas no tienen un espejo. Ni siquiera Sabatini, una Dulko o una Paola Suarez. El hockey le ha sacado a lo largo de los años muchas chicas al tenis y ahora hasta el fútbol lo está haciendo. Es una situación crítica”, continua Torok.

Estos premios no solo se reparte entre los participantes de los torneos, con mayores proporcioness para el ganador, sino que a la misma vez ese dinero le sirve a los jugadores para pagar los gastos futuros: en el tenis se necesita ganar dinero para seguir compitiendo, de lo contrario, es imposible. 

“Pocos realmente pueden vivir de esto. Para ganar sumas extraordinarias, tenés que, por lo menos, llegar a una segunda o tercera ronda de un Grand Slam, cuando el número 20 de un torneo Major de Golf, gana por ejemplo, 100.000 dólares”, compara Torok

Por esta situación, muchos jugadores se pueden ver seducidos por la posibilidad de ganar más dinero por medio de apuestas, provengan de donde provengan. Los especialistas en la materia, colocan el último future disputado en Pinamar, como el punto de inflexión argentino en este asunto. Donde uno de sus organizadores, Juan Riquelme, se vio obligado a confrontar con personas que pululaban por el Tennis Ranch de Pinamar en  búsqueda de jóvenes talentos, entre ellos su hijo, para convencerlos de realizar este tipo de acuerdos.

Arreglar un partido de tenis es más sencillo que en un deporte colectivo: solo hay que convencer a un jugador.

El torneo disputado en la ciudad balnearia, cuenta Torok, forma parte de un negocio de Juan Riquelme, padre de Agustín, jugador argentino de Futures. La idea de Juan era realizar 21 torneos para jóvenes profesionales junto con la AAT, a lo largo del 2019, pero de los cuales sólo se han disputado tres. El resto se canceló, salvo dos que se jugarán en Saavedra Tenis Club y otros dos más.

Si de apostadores se trata, existen dos grandes estilos. Está el clásico, que es aquel que trabaja con el teléfono de manera presencial para, con el delay que existe entre el vivo y la transmisión por internet, sacar una ventaja por sobre el apostador virtual. Otros, los más peligrosos, son jugadores. Se caracterizan por no tener ranking, solo el IPIN, es decir el carnet de la ITF que los habilita a ingresar a vestuarios y conversar con el resto de los jugadores y convencerlos. “La gran mayoría proviene de Europa del Este”, cuenta Torok. “También hay entrenadores que están metidos. Y esto no es nuevo. Acá el gran problema es el jugador que se deja perder. Y lo complicado es salir de eso, porque son pocos los que lo hacen una sola vez”, concluye. 

La Asociación Argentina de Tenis (AAT) tiene un problema en puerta. El fenómeno de apuestas es una realidad en las categorías inferiores del tenis argentino y la máxima autoridad en el circuito nacional necesita tomar posición y cartas en el asunto. “Sin dudas lo que tiene que hacer la Asociación es armar protocolos, charlas educativas. Agustín Calleri y Martín Zabaleta prometieron que lo iban a hacer y sin embargo no lo hicieron”, detalla el periodista. 

Desde la perspectiva oficial, la AAT, por medio de Martin Vasallo Argüello -Director Ejecutivo-, en diálogo con ANCCOM comentó: “Por supuesto que es un tema que trabajamos en conjunto con la ITF, para que los jugadores no se sientan incomodados ni presionados o sometidos a situaciones de algún apostador. En segundo lugar, tratamos de proteger el juego. No perder la confianza en él. Tratamos de combatir los posibles sistemas de apuestas ilegales de esta manera.”

Oriundo de Temperley, Vasallo Argüello desarrolló su carrera ATP entre los años 2002 y 2010. “El tenis genera una espectacularidad y una masividad, al igual que otros deportes -describe-. Eso hace que mucha gente esté interesada y se propaguen las apuestas. A la vez permite un nivel de promoción y seguimiento que lo coloca dentro de los deportes más importantes del mundo. Con un solo actor, además, hay una posibilidad de arreglar un partido. Eso por ahí no pasa con un deporte colectivo.”

Un caso a observar puede ser el de la FFT (Federación Francesa de Tenis), que ha tomado pleno conocimiento del fenómeno y ha habilitado desde abril un link de consulta constante y anónima para los jugadores y le ha plantado batalla al acoso cibernético sobre los competidores con un número de asistencia gratuito. Además, uno de los torneos más importantes del mundo del tenis, Roland Garros, cuenta desde el 26 de mayo, con un sistema de alta vigilancia para frenar con este flagelo. 

En este sentido, la AAT no es responsable de que los jóvenes arreglen partidos. Pero cuando los casos se acrecentan, es necesaria una intervención directa, una reacción con respecto al cuidado de los chicos.