A poco más de un mes del lanzamiento del programa “Precios Esenciales” se detectan faltantes en varios hipermercados y supermercados adheridos al programa. Según un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense en 30 localidades, el 40% de los productos acordados no está en las góndolas. Además, escasa variedad, poca visibilización y señalización son algunos de los otros inconvenientes que arrastra esta medida.
«Si vos mismo no te la estás creyendo, ¿cómo vas a convencer a alguien de que esto es válido y de que tiene algún efecto?», dice la economista Mariana Fernández Massi.

Una lista de 64 productos considerados “esenciales” para la mesa de los argentinos con precios congelados por seis meses. De esta manera se presentó el plan que propuso el actual gobierno para atemperar la inflación. La lista incluye lácteos, bebidas con y sin alcohol y productos de almacén como galletitas, fideos, azúcar, arroz, entre otros. Ya a los pocos días de su lanzamiento, surgieron muchas dudas acerca de la eficacia de su implementación y de cómo funciona esta medida en el contexto de una crisis de dimensiones. ANCCOM dialogó con diferentes economistas para que brinden su mirada, como también con algunos clientes que se acercan a los supermercados en búsqueda (a veces infructuosa) de esos artículos.

Al recorrer varios comercios adheridos a este plan, se observó que, por el momento, los precios de los productos (si es que se encuentran) coinciden con la lista publicada en el sitio del Ministerio de Producción y Trabajo. Alejandro Robba, economista y vicedecano de la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Moreno,  advierte que «un congelamiento de precios puede ser útil en el corto plazo, no puede pasar más de uno o dos meses.

 Una de las principales dificultades que presenta el programa “Precios Esenciales” es el faltante de stock. Por caso, durante la recorrida realizada en el supermercado Coto de Moreno, ANCCOM pudo rastrear, por ejemplo, la falta de productos descremados en las góndolas de los lácteos.  O la mermelada La Campagnola, entre otras marcas, fue otra de las mercaderías que no se encontraba en ningún supermercado de la zona, entre ellos Chango Más y Día, también de Moreno y Carrefour, de General Rodríguez.

Romina tiene 35 años y vive en la localidad de Francisco Álvarez. Cuenta que para ella “Precios Esenciales” no hay. “Yo prefiero ir a los chinos porque los precios son más baratos. En mi opinión, el impacto del plan no se ve ni tampoco sirve”. Por su parte Margarita, de 73 años y jubilada que cobra el haber mínimo, dice: «No pongo mayor atención a los ‘Precios Esenciales’, todo está muy caro y cada día peor».

«No pongo mayor atención a los ‘Precios Esenciales’, todo está muy caro y cada día peor», advierte Margarita, de 73 años.

La fiscalización del programa es una herramienta fundamental. Sin embargo,  no funciona correctamente. Mariana Fernández Massi, economista e investigadora en Sociología y Economía del trabajo, afirma: “Yo estoy muy a favor de los controles de precios, me parece que son un instrumento súper válido en una política económica. Pero para que tengan fuerza como tales, requiere que haya una política pública en serio detrás de esos planes y eso significa un esquema un poco más parecido a lo que era tradicionalmente Precios Cuidados”. En este punto también coincide el economista Robba, quien cree que “Precios Esenciales sería una política interesante aunque sea por una canasta muy pequeña de alimentos. El problema es que no están bien publicitados ni sabemos dónde están. Me parece que si uno habla de ‘Precios Cuidados’, algo similar pero con una cobertura mucho mayor, este no era un congelamiento sino que se analizaron los costos de esos precios y se los iba aumentando lentamente. Era un precio de  referencia”.

De acuerdo con un informe reciente elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, el 49% de los artículos no estaba en las góndolas de 30 ciudades de la provincia, mientras que de los registrados, había poco stock.

En cuanto a la señalización, el 67% de los productos no estaba indicado con el correspondiente cartel “Precios Esenciales”, como tampoco estaban a la vista de los clientes. Pablo Tavilla, economista y director del Departamento de Economía y Administración de la UNM,  sostiene que “esto tiene muchos visos de algo que este gobierno ha puesto mucho énfasis y que ha tenido mucho éxito que es trabajar los medios, la información pública, el debate público y habilidad para desviar la atención. Esto de ‘Precios Esenciales’ se parece mucho a eso”.

Esta medida fue lanzada en el momento donde se habían comunicado los datos de inflación. No obstante, la poca convicción del gobierno en este tipo de herramientas condiciona al plan. “Hay una cuestión muy básica con las políticas públicas: si vos mismo no te la estás creyendo, ¿cómo vas a convencer a alguien de que esto es válido y de que tiene algún efecto? El gobierno mismo cuando anunció esto, lo hizo diciendo que no cree en el control de precios, concluye Massi.

«Este fue otro anuncio para ganar tiempo», subraya el economista Alejandro Robba.

Otra objeción importante es que entre los productos de la canasta “Precios Esenciales” no existe una verdadera diversificación de marcas y bienes como sí había cuando se implementó “Precios Cuidados”. No hay pañales, artículos de limpieza o de higiene personal, como tampoco incluye pollo, verduras, frutas ni pescado fresco. Además, los supermercados chinos y los comercios de barrios no se encuentran adheridos al programa. Entre las empresas proveedoras de los productos seleccionados podemos citar a Ledesma, Arcor, Molinos Río de la Plata, Bunge Argentina, Bodegas Norton, Morixe y Bagley entre otras, las cuales evidencian que el mentado «acuerdo de caballeros»  fue, en verdad, un mero convenio con empresarios oligopólicos que no están dispuestos a sacrificar rentabilidad.

“Este fue un anuncio para ganar tiempo, pero en la realidad, el programa Precios Esenciales, no existeafirma Robba. La falta de control, el limitado stock de productos y su escasa visibilización son los grandes problemas de esta medida. Entonces, ¿estamos realmente frente a un “plan de alivio” o acaso se acerca más a una estrategia solamente comunicacional?