A días de disputar su primer mundial en San Pablo, Brasil, ANCCOM dialogó con Juan Manuel Velardez, director técnico de la Selección argentina de fútbol para deportistas con síndrome de Down. Sus inicios, las dificultades, el crecimiento de sus jugadores y cómo se preparan para el futuro.

“Soy profe de Educación Física. Todo comenzó el 1º de octubre de 2017 cuando fuimos a hacer un curso en La Plata: estaba el coordinador de las selecciones nacionales de FADDIM (Federación Argentina de Deportes para Personas con Discapacidad Mental), organización a la que pertenecemos. Nos comentó que querían armar la selección para chicos con síndrome de Down y nos pusimos a trabajar en el proyecto. Lo presentamos a la Federación, les gustó y empezamos. Y hoy estamos a unos días del Mundial. Todo esto era impensado cuando comenzamos. La idea, en un principio, era que los chicos tengan una oportunidad más, aportar a su desarrollo, que dejen de jugar a la pelota y empiecen a jugar al fútbol. Tienen un potencial increíble, lo que han crecido como personas y jugadores en este poco tiempo es fabuloso y gratificante.”

Así se define y habla de este proyecto Juan Manuel El Chiqui Velardez, el director técnico de la Selección argentina de fútbol para deportistas con síndrome de Down, que viajó esta semana a San Pablo, Brasil, a competir en el Mundial.  

¿Cómo es el trabajo con los chicos?

Nosotros tratamos de juntarnos una vez al mes. La idea era hacer un proyecto lo más federal posible. Vienen chicos de distintas provincias. No te olvides que esto es completamente ad honorem, entonces vamos generando los recursos como podemos para tratar de ser inclusivos e ir sumando jugadores.

¿Cuánto tiempo les tomó armar el equipo?

Hemos observado alrededor de 300 jugadores. La mayoría de las concentraciones las hemos hecho en el CeNaDe (Centro Nacional de Desarrollo Deportivo), en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Los Polvorines, en Olavarría, en Córdoba. En cada lugar tratamos de hacer un “selectivo” y que se arrimen chicos de la zona para que nosotros los podamos ver. Ahí vimos, a nuestro criterio, quiénes serían los 12 mejores para poder participar en el Mundial. En un principio, nosotros apostamos al desarrollo. Ahora ya hay una selección, que puede seguir entrenando y desarrollándose. Esto no termina el 5 de junio con la finalización del Mundial. Si se da como uno piensa y sueña, queremos seguir trabajando para poder repetir y, si no, redoblar el esfuerzo para seguir siendo protagonistas.

¿Cómo es el entrenamiento que realizan?

Yo soy la cabeza, pero tenemos un equipo de profesionales increíbles. Cada uno cumple una función. Los profesores de cada una de las instituciones son los que realmente hacen el laburo. Mi ayudante habla con ellos por teléfono, para que cada uno de los chicos mejore lo que le pedimos. Ellos hacen el laburo diario.

En el CeNaDe o en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Los Polvorines es donde más hacemos concentraciones. Hasta la fecha llevamos 11. No solo pasa por el deporte sino también por la convivencia. Un partido dura 40 minutos y después son 23 horas de convivencia, de estar con un montón de cosas a las que se tienen que adaptar para poder desarrollarse y crecer.  Tenemos una psicóloga y hacemos un trabajo interdisciplinario. Se lo merecen. Lo armamos así y estamos muy contentos con el trabajo realizado. Trabajamos con la nutricionista también, desde hace un año. Hay un compromiso de cada uno que se sumó a este colectivo, porque lo hizo de muy manera profesional. El domingo, cuando nos juntemos y estemos todos vestidos con la ropa oficial, vamos a empezar a vibrar un mundial. Esos dos días van a ser terribles.

¿Cómo se manejan con los traslados?

Ahora está muy difícil. Tenemos el apoyo de los padres, que es fundamental. Muchos chicos de la provincia tienen el apoyo local y les generan pasajes de discapacidad para poder viajar. De Rosario los trae un papa, se los lleva otro. Es un grupete que se armó, entre profesores, padres, cuerpo técnico, para que el proyecto pueda salir adelante. Estamos a días de que esto se concrete. Ahora nos toca disfrutar. Vamos a divertirnos, va a salir todo mejor, sin presiones. Tenemos muy buenos jugadores.  

¿Considerás que se han convertido en una cara visible que ayuda a difundir la problemática de la inclusión?

Convengamos que la discapacidad intelectual es un problema global, no solo de Argentina. Brasil ha subido a su Facebook una publicación agradeciendo a una droguería que les ha donado todos los materiales médicos ante la ausencia del Estado Nacional. Cuando se habla de inclusión, si fuera un país inclusivo, no estaríamos pidiendo recursos para ir a jugar un mundial o un torneo nacional sino que tendríamos que tener los mismos derechos que la selección mayor, Las Leonas, los rugbiers, los chicos de vóley.  En realidad son personas con discapacidad. Pero todos somos personas y vamos a representar al país. De a poco, este paradigma va cambiando, se va tomando un poco de conciencia. Fuimos a golpear las puertas de la AFA y respondieron con los pasajes y con toda la indumentaria. Así que vamos de a poquito. Yo creo que en este poco tiempo hemos hecho ruido, se ha difundido mucho de lo que hacemos. Hemos hecho una campaña de financiamiento colectivo en las redes sociales. Con el aporte de la gente y de alguna empresa hemos llegado juntar el dinero para llegar al Mundial. Fue un trabajo arduo poner la cara en todos lados, de remar un poco en dulce de leche. El objetivo se cumplió, los chicos van a poder participar. Cuando estemos allá, se toque el silbato y ruede la pelota del primer partido, ya está. Con eso me puedo dar por satisfecho, la tarea está cumplida. Ya ganamos.

 

Cuando El Chiqui Velardez habla, se lo percibe orgulloso: “Tenemos un equipo que, si no salimos campeones, igual les vamos a hacer pegar un susto bárbaro a más de uno. Para nosotros era impensado, como para cualquier futbolero, poder jugar un mundial.» La competencia lo motiva, pero siente que el protagonismo lo tienen los chicos, dentro y fuera de la cancha: “Existe la Selección, esté yo o no. Y vamos a seguir apostando a que cada vez más chicos se sumen a trabajar y que más instituciones acepten a las personas con discapacidad.”

¿El objetivo era  llegar al Mundial?

Nunca tuvimos conciencia. Quizás se hablaba de una Copa América y prepararnos para eso, pero nunca fue el objetivo de ‘llegar acá’ a cualquier costo. Hemos hecho un trabajo. Quisimos que no sea algo solamente recreativo. La idea es apostar al desarrollo.

¿Cómo se maneja el tema de la ansiedad?

La ansiedad es personal. Si vas a jugar, querés ganar. A los chicos les transmito tranquilidad y los nervios me los como yo. Pero quiero que sean felices, que la pasen bien, que se rían, que estén contentos. Todo lo demás es una anécdota. Si ellos están tranquilos, se divierten y todo lo demás viene solo. Nos toca una parada difícil. Debutamos con el dueño de casa, Brasil, el 30 de mayo. Pero no le tenemos miedo (risas). En la zona, además, tenemos a Portugal (sub-campeón del mundo) y Perú. En la otra zona están Italia (campeón mundial), México y Chile.  Si se dan los cruces, la final puede ser Argentina-Brasil tranquilamente. La modalidad de este fútbol es jugar por todos los puestos. Todos jugamos cinco partidos. Si clasificamos primeros o segundos tenemos chances de jugar semifinal y final. Si no, iremos por el tercer o cuarto puesto.

Habla de la tabla, de los grupos, de las posibilidades, pero lo más importante, Velardez lo tiene muy claro: “Cuando me preguntan ‘¿qué querés de tu equipo?’ Yo respondo: ‘Quiero que mi equipo sea feliz.’ Nosotros no perdemos nunca. Ganamos o aprendemos. Es una cuestión de aprendizaje.”