En el Primer Encuentro Latinoamericano de Proyectos Editoriales no Convencionales se compartieron historias, búsquedas y peripecias de revistas como “Orsai” o “Popova”. Hernán Casciari fue uno de los grandes protagonistas.
La dimensión económica de la publicación y la problemática de la distribución fueron los temas recurrentes.

Durante el viernes 5 y sábado 6 de abril se llevó a cabo el Primer Encuentro Latinoamericano de Proyectos Editoriales no Convencionales, donde el ámbito académico se abrió por un rato para dar lugar a la experiencia práctica. El evento fue organizado por el Colectivo Anomia, una revista digital y también un espacio que nuclea personas relacionadas con los procesos editoriales. Las jornadas se realizaron en el auditorio de Lectura Mundi en la Universidad de San Martín (UNSAM) y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, según los datos del colectivo organizador, hubo 80 anotados formalmente para el primer día y 130 para el segundo, además del público espontáneo que se sumó a las charlas en curso y a los puestos de venta de quienes exponían.

En las diez mesas del encuentro se trataron temáticas como la circulación no convencional de los documentos, las licencias y derechos de autor, los espacios editoriales para la inclusión, iniciativas con niños y jóvenes autores, entre muchas otras. Expusieron representantes de diferentes propuestas cuyos puntos en común eran algunas veces difusos, como explicó a ANCCOM Natalia Andrea Mera, del Colectivo Anomia y especialista en literatura infantil y juvenil: “Estos proyectos son inclasificables, la definición está dada por la naturaleza de su origen: el deseo. Son personas que están haciendo algo que les gusta y se comprometen con ello”. Igualmente, fue evidente que los proyectos compartían la intención de trabajar contenidos o soportes que se encuentran excluidos de la industria editorial masiva. Pablo Amadeo, participante de Pixel Editora y director de arte en la serie de fanzines Popova de esta editorial, dijo: “Cuando hicimos Popova fue porque empezamos a ver algo esencial que es la vacancia, pensamos un proyecto editorial allí donde no había”. Este argumento se repitió en muchas otras ponencias como la de la revista Efecto Kuleshov donde Javier Rodríguez, director, planteó: “Queríamos hacer una revista cultural de la que no encontramos mucho, apuntábamos a un público parecido al nuestro y tampoco queríamos ir detrás de la agenda sino que era una revista homenaje a todo lo que nos gustaba o lo que nos estaba gustando”.

El objetivo del encuentro fue visibilizar la variedad de proyectos que existen al margen de las grandes cadenas.

Uno de los exponentes estrella del encuentro fue Hernán Casciari, fundador y director de la revista Orsai, quien participó de la mesa sobre producción editorial vinculada con la gestión cultural, en la que también estuvieron Rocambole y Efecto Kuleshov. “Decidí contarles de qué manera, en el año 2010, le pedí a un grupo de gente que leía mis cuentos gratis en internet un millón de dólares”, dijo Casciari al comenzar su presentación y leyó las publicaciones que había realizado en su blog y que fueron el puntapié inicial de Orsai. El modelo de revista cultural que plantea el escritor y periodista es novedoso, además de por la calidad de su contenido y las 210 páginas que conforman su edición impresa, porque permitió a los realizadoras independizarse de los circuitos de producción masiva a través del emprendimiento personal y del apoyo económico del público lector. En entrevista con ANCCOM Casciari compartió: “Orsai es principalmente un hobbie, es algo que hacemos entre cuatro amigos. Después invitamos escritores e ilustradores a componer la revista”. Su originalidad también radica en que el grupo puede llevarla a cabo eligiendo autónomamente los temas, más allá de aquello que parezca dictar el mercado. Sobre la forma de elegir y pensar el material, Casciari sostuvo: “Lo que hacemos es juntarnos, charlar y cuando se nos ocurren ideas para pedirles a autores, se las pedimos; jamás pensamos en el público sino en nuestras propias inquietudes. Es algo que hacemos con mucho placer”.

La dimensión económica de la publicación y distribución editorial marginal fue una problemática que se evidenció en muchas de las ponencias. Lograr la circulación de materiales a precios accesibles a todo el mundo y la falta de medios para la financiación en muchos casos puso un freno a la sustentabilidad de los proyectos, como es el caso de la Kuleshov que en este momento no se está produciendo. Según Elizabeth Graviotto, también conocida como la Ladrona de Libros, quien dirige una librería en su propia casa, “hay una crisis económica muy grande y hay menos posibilidades de alquilar locales, por eso hay más showrooms. Los diarios lo titulan como la nueva moda pero es que todo está cada vez más caro”. Sin embargo, estos proyectos intentan hacerle frente a las complicaciones a través de distintas estrategias, muchas veces transformándose para continuar. Los representantes del Grupo Rorscharch de lectura y estudio de historietas sostuvieron que lo más importante para ellos es no traicionar lo que quieren publicar para ganar dinero y agregaron: “No sé si somos un proyecto, a veces es una cosa, a veces es otra: somos según lo que nos convenga”.

Según el Colectivo Anomia el objetivo del encuentro fue nuclear y visibilizar la variedad de proyectos editoriales que existen en la actualidad al margen de las grandes cadenas y también dar el espacio para la discusión de temáticas relacionadas. En otras palabras lo que se buscó fue “ver qué sucedía con toda esa diversidad encontrándose ahí”, como dijo Natalia Mera. Aunque pequeño, este primer encuentro le permitió al público conocer más a fondo las historias y problemáticas que afrontan los grupos que buscan salirse de la norma en un mundo donde la concentración de la producción editorial es cada vez mayor.