Marianela Navarro es militante del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), agrupación que realiza trabajo territorial con miles de familias de desocupados de los barrios más humildes, en catorce provincias. El rol de la mujer en los movimientos sociales.

Dueña de una voz firme y poderosa y nacida hace 37 años en Florencio Varela, uno de los distritos del tercer cordón del Conurbano bonaerense más castigados por la crisis, Marianela Navarro es una mujer que no tiene respiro. Maestra de primaria en Bosques y en Ingeniero Alan, y militante de la primera línea del Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), Navarro describe el trabajo territorial en la Provincia y advierte que la organización que integra “no da abasto” con las demandas de los sectores más vulnerados.

Su recorrido personal ya la puso en relación con la situación del país desde pequeña. Proviene de una familia trabajadora, con un padre herrero en la planta de vidrios Cattorini de Quilmes oeste, y una madre que se desempeñaba también en empleos fabriles como la producción de mosaicos y textiles. Se recibió de maestra en diciembre de 2001, cuando colapsaba el gobierno de Fernando de la Rúa. Consciente de que nunca le sobró nada, lo único que quedaba era el sacrificio y la perseverancia de todos los días para salir adelante. Pero esa fuerza debía estar organizada.

La militancia es algo que corre por su sangre. Su papá, un hombre de izquierda, era delegado de fábrica en la última dictadura y fue detenido en 1976, cuando activaba en San Francisco Solano, una de las zonas más humildes de Quilmes. Navarro milita en el movimiento de desocupados desde los 14 años y participó en lo que fue el surgimiento de estos sectores sociales que comenzó a ganar protagonismo en la Argentina del neoliberalismo menemista.

¿Qué recuerdos de tu infancia se conectan con la decisión de militar?

Recuerdo que había que caminar mucha cuadras en el barrio para conseguir azúcar negra, que era más barata. También que con todos mis hermanos trabajábamos en la herrería. A los 12 años con mi hermana hacíamos puntas de rejas con el torno. Otra imagen que tengo es la de mi mamá que cuando terminó la secundaria, escribía en los remitos de la herrería porque no había plata para comprar hojas. Esas situaciones te van marcando y hacen que desarrolles cierta conciencia de clase.

¿Y cómo fueron los primeros pasos en la militancia social?

Empecé haciendo tareas de apoyo escolar en el barrio La Esperanza (ubicado en Florencio Varela) y conocí de primera mano las necesidades tan apremiantes que son acumuladas de décadas. Me acuerdo que el primer corte en el que participé fue difícil porque solamente éramos 100 personas. Se había hecho en Lujan y Ruta 2. Al mes, en un nuevo corte, ya pasamos a ser 1.000 personas. Los vecinos y vecinas iban a comer a los cortes. Era una época donde la gente estaba muy castigada.

 ¿Qué papel tuvieron entonces las mujeres, las madres de familia?

Ellas dieron el primer paso para enfrentar la crisis, como en la actualidad, pero era más difícil entonces. El no tener trabajo hacía que los hombres entrasen en depresión, hubo muchos casos de alcoholismo, de reclusión. Las mujeres, que son las que en general se hacen cargo de sus hijos, son las que sin ningún tipo de vergüenza mantuvieron los cortes.

¿Ves que esto se confirma cuando analizas cómo funciona el FOL hoy en día?

Hay mucha participación de las mujeres en los ámbitos de dirección, lo que significa un cambio en la cultura política de la organización y de la propia familia. En general las mujeres tienen que atravesar muchas trabas para poder tener participación política y en los espacios más importantes, para que dejen de estar solamente en las tareas administrativas y organizativas.

Organización y mandatos

El FOL es una organización social pero también tiene un conjunto de definiciones políticas. Este Frente, que ya tiene más de una década de trabajo en los barrios, desarrolla tareas sindicales porque representa al sector excluido del mercado laboral, y lo hace desde una posición anticapitalista y antipatriarcal. Cuenta con criterios internos de mandatos en asamblea, de revocabilidad de sus delegados y delegadas, la rotación en las funciones y el control colectivo de toda la organización.

¿La agudización de la crisis económica y de los niveles de marginalidad han tenido efecto en la composición del FOL?

La organización ha crecido de manera exponencial en todo el país y la crisis y la actual política económica hace que día a día nos veamos desbordados por la gente que se acerca a la organización en busca de trabajo.

¿A qué definiciones arribó la organización cuando comenzó el gobierno de la alianza Cambiemos?

Con la asunción del macrismo debimos asumir nuevas tácticas para defender los derechos de nuestros compañeros y compañeras. Hemos definido articular con CTEP, Barrios de Pie y la CCC (además de coordinar históricamente con el Frente Popular Darío Santillán). En términos políticos defendemos distintas perspectivas de lo que hay que hacer en la Argentina pero en el terreno sindical, en el plano defensivo, trabajamos por la unidad de todo el sector para enfrentar las políticas del gobierno. Es nuestra responsabilidad trabajar por un programa mínimo común que recupere y logre la correlación de fuerzas necesarias para enfrentar el ajuste. Esta confluencia lleva más de un año y medio con saldos positivos donde, al mismo tiempo que trabajamos por la más amplia unidad de acción, mantenemos nuestra propia mirada política y nuestro proyecto de largo plazo. Este gobierno viene a concretar un paquete de reformas estructurales junto con los organismos internacionales de crédito y sus consecuencias las van a pagar las próximas cuatro generaciones de trabajadores.   

 Estos espacios de coordinación general suelen tener representación de los hombres, como las caras más visibles de las organizaciones, ¿cómo fue hacerte un lugar allí?

En lo personal ha sido difícil sobrevivir en un ámbito sumamente masculinizado como el de la toma de decisiones. A las mujeres les implica siempre mayor sacrificio que a los hombres, no sólo en el terreno personal sino en general, porque una está más a prueba y tiene que hacer un esfuerzo mayor para ganarse un lugar en que la palabra sea respetada. Que el movimiento feminista haya tomado una gran envergadura de masas en nuestro país en el último período ha sido clave para ganar cada vez más espacios.

Navarro siente que para poder generar esa visibilización como mujer ha tenido que combinar cierta “postura masculinizada” además de utilizar sus herramientas y formas de desenvolverse más genuinas. De todas formas descree de los liderazgos personales porque estos tienen que expresar un proyecto colectivo.

¿Cómo acompañan y potencian los procesos de empoderamiento que atraviesan sus compañeras y el avance del feminismo en nuestro país?

En el FOL participamos de la Campaña contra las Violencias hacia las Mujeres, promovemos la participación política en los Encuentros Nacionales de Mujeres, se conformó el espacio “Tortas de Barrio” para las compañeras que militan en disidencias y en cada regional funcionan equipos de compañeras que hacen trabajo político sobre el problema de los numerosos casos de violencia en los barrios. Desde la organización se acompaña el proceso de denuncia y se hace contención para generar confianza y que puedan salir de esa situación. Esto va de la mano de luchar por la autonomía política y económica. Es bastante amplio el trabajo que se hace, hay comisiones de géneros en todo el país. El proyecto más importante que tenemos es el de la construcción de la Casa de Mujer en Florencio Varela que esperamos terminar el año que viene y que se ponga en funcionamiento. Estamos terminando el segundo piso y tiene el objetivo de funcionar con profesionales, abogados, psicólogos para generar una contención más concreta cuando el estado mira para otro lado.

¿Qué lectura hacés del trabajo que encararon con el debate por la legalización del aborto?

Veo que hemos avanzado en esto y de hecho son las compañeras de los barrios las que recurren a nosotras y a la organización para resolver situaciones de embarazo no deseado y acompañamos esta lucha que es muy  importante. Lo consideramos un problema de salud pública, una responsabilidad del Estado el hecho de que las mujeres no tengan que morir en la clandestinidad. También defendemos el criterio de que tanto el Estado como las organizaciones sociales y los sindicatos deben ser de carácter laico y que la Iglesia no debe inmiscuirse en un problema que es de orden público.

¿Cómo ves el futuro? ¿Hay lugar para soñar en que se pueden cambiar las cosas?

Somos optimistas y tenemos una confianza total en la fuerza de la clase trabajadora. Las circunstancias económicas, sociales y políticas que va a atravesar el país se muestran de manera desoladora pero hoy así están dadas las cosas lo que obliga a que los y las trabajadores mejoren sus tácticas y sus formas organizativas para dar una respuesta tanto sindical como política. Solo así podremos tener una mejor proyección para que no sean las opciones patronales de siempre las que se muestren como la alternativa política en la Argentina.

 

 

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