Acorazado Potemkin mezcla la estética del rock con el compromiso político y social. El rol de lo emocional en la militancia, el lugar de las reivindicaciones sociales en las letras y la gratuidad en la circulación de la música dentro de una industria discográfica acostumbrada a facturar.
De izquierda a derecha: Juan Pablo Fernandez, Luciano Esain y Federico Ghazarossian.

Realizaron giras por todo el país y han tocado en numerosos festivales solidarios: por Mariano Ferreyra en Plaza de Mayo, por Santiago Maldonado en Parque Centenario, en la inauguración de la estación Kosteki y Santillán, por los despedidos del Grupo 23 en el Centro Cultural Kirchner y por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Juan Pablo Fernández en voz y guitarra, Luciano Esain en batería y Federico Ghazarossian en bajo forman Acorazado Potemkin, una de las bandas más interesantes de la escena rockera actual. Como anticipo del show que darán este sábado en Club Cultura, de La Plata, dialogaron con ANCCOM sobre el pasado, presente y futuro del grupo.

Tienen ya tres discos editados: Mugre (2011), Remolino (2014) y Labios del Río (2017). ¿Cómo es el proceso de creación y composición de la letra y de las melodías?

Luciano Esain: Las canciones de Juan salen a partir de un riff de guitarra o un esbozo de melodía, las de Fede de una letra o de una armonía y tratamos de hacerla circular entre los tres.

Federico Ghazarossian: Lo que uno trae cambia radicalmente. El proceso, cuando participamos los tres, es recomponer. Aparece lo que puede aportar el otro, un punto de vista diferente o capaz que camina el tema para otro lado completamente diferente.

LE: Se trata de proponer frente a lo que el otro te tiró, es como un “quiero retruco”.

¿Qué les gusta plasmar en las letras?

Juan Pablo Fernández: Está bueno sentir que realmente estás tratando de entender el momento que te toca vivir, ya sea porque estás en un momento de transición de tu vida personal o porque no podés evitar mirar lo que pasa en el costado de tu vida social. Siempre hay un choque entre lo público y lo privado, como hay un choque entre lo que pasa en la sala de ensayo y lo que pasa cuando querés salir a tocar. En lo verbal como mensaje lo más honesto que podemos hacer es escribir de lo que sentís que te está pasando.

FG: Estamos atravesados por la vida diaria y por la vida personal. Después es trabajar sobre los simbolismos y la belleza, o lo fea que te pueda resultar tal o cual palabra.

LE: Cantar no es solamente decir lo que estás diciendo sino interpretarlo, ponerle un peso emocional que también tiene, en mi caso tocando la batería, un correlato directo con lo que estoy haciendo con las manos y con el cuerpo. Se dice no solamente con las palabras sino con lo que estás proponiendo rítmica o armónicamente.

¿Se definen como un power trío?

LE: Siempre decíamos que el power trío está basado en un virtuosismo más explícito que nosotros no poseemos (risas), somos instrumentistas más intuitivos que el clásico power trío, que tiende a mostrar todo lo que pueden tocar. Nosotros tendemos a acotarnos y a que los arreglos y que las cosas sean simples, entonces trío está bien, de power no sé.

¿Tienen algún estilo que tomen como influencia?

JPF: El rock. Por generación el postpunk o el punk, el indie pero no como movimiento sino como escuchas comunes que nos sirven para pensar lo que hacemos.

LE: Cuando empezás a tocar decís: “Vamos a hacer una banda como tal”, pero después de treinta años de tocar cambiás de música escuchada, en el momento de armar las canciones elegís qué de eso estás poniendo y qué no querés poner.

¿Le pondrían una definición a su sonido?

FG: En la época del MySpace decíamos que éramos “mugre”.

Todos: “Rock punk mugre”.

LE: “Mugre” es lo que no podés escribir, lo que tiene que ver más con la interpretación que con la cosa escrita o establecida.

“Mundo lego”es uno de los temas destacados de Labios de río, el último disco de ustedes. Para esa canción trabajaron con los escritos de una poeta, ¿cierto?

JPF: La autora es Josefina Safiotti, armamos una canción sobre tres poemas de ella. Su libro son dos a la vez: uno que es una mudanza y otro que es una causa judicial por violencia de género, que obviamente se cruzan. Tomamos los poemas de la mudanza, del estar sin casa, de construir ese lego como está en la imagen cuando vos ves la caja y decís “así quiero vivir, así quiero ser”, y después te faltan las piezas, se pierden, se desacomodan. Hay algo de eso en el libro y está escrito con mucha verdad, entonces fue natural entrar a ese mundo y apropiárnoslo. A veces por admiración tomás algo que capaz es triste o es duro pero está escrito con verdad, pueden ser mundos totalmente distintos al tuyo pero cuando están escritos con verdad, con honestidad, con deseo lo podés apropiar o podés jugar a que estás en ese mundo también.

“Rock punk mugre”, se autodefine la banda.

¿Cómo ven la relación del arte con la política?

JPF: Algunas letras son explícitamente políticas como “El pan del facho”, a veces en un país como el nuestro lo público se te mezcla con lo privado. No renunciamos al hecho estético, no es que trabajamos sobre consignas políticas pero no le esquivamos el bulto a esas cosas.

¿Cómo es tocar en festivales solidarios?

JPF: Nosotros conectamos con la parte más emocional y eso acompaña, nuestro trabajo no es el del militante. Siempre reivindicamos al militante que pone el cuerpo. Nosotros conectamos con el costado más emocional que tiene, que es lo que le da sentido a la lucha, conectamos con esa emoción, con los recuerdos, y eso conecta con la gente que lo va a ver y con el espíritu del militante y no sólo con la gestión política. Sentimos que es útil lo que hacemos. Sabemos que muchas veces el festival se apaga y ellos después tienen que seguir negociando, pero en ese momento que estamos los músicos con los trabajadores y están emocionados y están empoderados, es compartir el sentido de por qué se hace lo que se hace.

Sus discos son de libre circulación y descarga, ¿qué desafíos les plantea en términos económicos y de difusión del material?

FG: En su momento era como un agujero negro, lo tomamos de Radiohead que empezó a hacerlo en esa época, y lo más lindo es que ni bien editabas el material lo podía tener una persona que vive en Tilcara o en Ushuaia. Económicamente llegamos a la conclusión de que no nos influía, porque el material que editábamos lo liquidábamos. Nos abrió más puertas por esa rapidez de llegar a cualquier lado con un click. Mugre sale en agosto de 2011 y se regala, el disco sale fabricado recién en marzo de 2012, y ya tenía para esa fecha 13.000 bajadas.

JPF: ¿Sabés lo que es distribuir 13.000 discos? Todo el aparato de la industria cultural tiende a estandarizar, necesita explicar ciertas cosas, encajonar y ubicar ciertos artistas y tendencias. Fue un cambio de paradigma y terminó siendo una política de la banda: el disco sale en el mismo momento en formato físico, en Spotify y gratis para descargar.

¿Cómo fue la experiencia de tocar en México?

FG: Este año nos invitaron a tocar a la Feria Internacional de Música (FIMPRO) en Guadalajara. El FIMPRO es de las industrias musicales de toda Latinoamérica, y el sello se presentó y quedó seleccionado. Argentinos éramos Sofía Viola, Lacandona Social Sound y nosotros, y todos éramos todos muy diferentes. Tocamos en la noche argentina y antes pudimos hacer un show en Guadalajara, en Capilla de los Muertos, también con el grupo argentino Lacandona.

Su último disco lo editaron en 2017, ¿están trabajando en algo nuevo?

JPF: No, en absoluto. Hay un par de ideas dando vueltas pero todavía está fresco el material, todavía está lindo.

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