Con la crisis, el poder adquisitivo decayó de manera brusca. ¿Cuáles son las estrategias de los habitantes del conurbano para llegar a fin de mes ante el aumento de precios y los tarifazos?

“Hay que preservar el dinero ahorrando lejos de los impulsos y de la inflación. Así bien en el día a día cualquier alcancía casera puede servir a fin de cada mes, conviene juntar todo y como mínimo hacer un plazo fijo en casa”, dice Ezequiel Fernández, vecino de Merlo. Su vecina, Mercedes Penell, completa: “La situación actual de la economía en la Argentina se siente en nuestros bolsillos”.

Otro bonaerense, Manuel Aguirre relata sus estrategias de forma más detallada: “Para llegar a fin de mes, en mi casa se achicaron varios gastos, hay algunos que son fijos y no se pueden eliminar, como la luz, gas, agua, impuestos, pero hay otros como el celular que por ahí buscamos bajar el precio de los abonos. En mi hogar somos cuatro y tratamos de comer todo lo que haya hasta terminarlo y no comprar comida por demás”. Y agrega: “Si sobra algo de un día para el otro se come, ya no se tira, otra cosa es que no se compra carne, y este año no comimos frutas no estacionarias porque estaban muy caras”.

Esteban Sánchez, licenciado en Economía Política formado en la Universidad de General Sarmiento e Investigador del departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Moreno, explica: “Estamos entrando en lo que se conoce como una situación de estanflación, es decir, un estancamiento económico e inflación, el peor de los escenarios, pues no hay ingresos que compensen lo que se pierde en el aumento de precios de la canasta de consumo de los hogares.”

Asimismo,  Mercedes cuenta las estrategias microeconómicas de su familia: “Nosotros buscamos achicar gastos por fuera de la casa y así lograr mantener los necesarios dentro del hogar. Por ejemplo, salimos con la plata justa para no gastar de más, ya no nos damos ese gusto de comprar algo porque tenemos ganas, ahora se repiensa en frío cien veces, y se trata de no usar las tarjetas de crédito porque te ayudan en el momento pero luego te endeudás y no sabes cómo salir de la deuda”. Cuenta, además, que hay otros rubros básicos que sufren la poda familiar: “La ropa ya no la compramos en el mismo lugar; dejamos de ser fiel a una marca y optamos por comprar en lugares más baratos. Así tratamos de tapar huecos, y logramos llegar a fin de mes, no eliminando mucho de nuestra cotidianeidad”.

Pero no todos pueden cubrir sus gastos, por más privaciones a las que se sometan. Luciano Gómez, empleado de Merlo, dice: “En mi caso la plata no me alcanza, llego a fin de mes con la ayuda de las tarjetas de crédito y esto hace que llega un momento en el que siempre estoy endeudado, ya no me compro indumentaria, y cuando voy al supermercado elijo lo justo y necesario: carne no se compra. Y, en casa, preferimos estar muy abrigados con tal de no prender el aire acondicionado, porque después te viene mucho para pagar”.

Carmen Godoy, vecina de Moreno, describe  lo que le sucede: “Consumo menos bienes, voy poco a los supermercados, shopping y peluquerías, porque parte de mi ingreso lo debo destinar al pago de boletas de luz y gas, que es lo que más me aumentó.  Este mes me vino para pagar el doble y el resto es para el colegio de mis hijos y obra social prepaga”. De la misma manera, Javier Varela, merlense, dice: “En mi caso no tenemos gas natural y el envasado presenta una diferencia notable respecto del de red, una garrafa te cuesta 450 pesos y compramos tres al mes. Así no hay sueldo que rinda, los medicamentos están por las nubes. La plata que teníamos ahorradas para las vacaciones de a poco se va gastando, así que este año no las tendremos”.

Sánchez advierte que “la situación económica es muy mala, y los prejuicios sociales son imposibles de disimular hasta para los acérrimos defensores del gobierno. Sin profundizar en la dinámica del modelo económico que propició la vuelta de un neoliberalismo radical, podemos ver la alteración de precios relativos determinantes para la producción, el empleo, la distribución del ingreso, suba de las tarifas de servicios,  combustibles, caída del salario real, y devaluación”. El investigador asegura que “esta combinación explica el gran retroceso que estamos viviendo, pues cae el poder adquisitivo, crece la inflación y se encarecen los costos de producción. El cuadro se completa cuando vemos todo dispuesto para favorecer la valorización financiera, libre movilidad de capitales, altas tasa de interés y un endeudamiento externo desorbitante”.

Del mismo modo, Pablo Tavilla, economista y docente de la UBA y de la Universidad Nacional de Moreno,  comenta: “Los salarios están cayendo mucho, basta con ir a las góndolas estos días y es impresionante ver cómo se han remarcado los precios, mientras tanto los sueldos están atrás.”  Ante ese panorama, afirma: “ Era indudable que este modelo iba generar contracción del producto y destrucción del empleo. Hay que volver a pensar en términos de estrategias de desarrollo que deben ser muy diferentes”. Mientras tanto,  la población se las ingenia como puede para pagar las cuentas.

 

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