Más de 6.000 personas viven en las calles porteñas y otras 20.000 corren el riesgo de hacerlo en tiempos próximos. Centenares de ellas realizaron una olla popular en Pavón y Entre Ríos, reclamaron por sus derechos frente al Ministerio de Desarrollo Humano y Habitat de la Ciudad y luego entregaron un petitorio en Diputados.

Hombres marchando en la calle cubiertos con mantas

La fila empieza en la avenida Entre Ríos, justo en la puerta de un de las subsecretarías del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, y concluye sobre la calle Pavón. Media cuadra no es suficiente: son tantos que hay que doblar en la esquina. Más de 100 personas esperan ser atendidas, con o sin turno. Esperan salir de ese edificio con la certeza de saberse bajo techo. Pero los trámites son largos, a veces las respuestas no llegan, siempre falta algún papel. Mientras tanto, hay que vivir en la calle, dormir en la calle y comer en la calle. Todo, en la calle.

A las 10 de la mañana ya se sabe que a las 12 del mediodía habrá una olla popular. Luis no está en la cola, se resigna a soportar la espera y los tiempos de los trámites burocráticos. “Traiga mañana el DNI, pasado traiga aquello y el viernes traiga lo otro. No tengo ni documento ni tiempo. Yo me levanto a las 4 de la mañana y junto cartones hasta las 10 de la noche. Me pagan un peso el kilo y si me da el cuerpo cargo 200 kilos. Ahora estoy acá porque en un rato vienen las chicas con algo de comida. Ellas no te hacen esperar nada, cuando voy al parador me reciben y cuando estoy muerto de hambre me dan el plato caliente”.

Las “chicas” llegaron a la esquina de Pavón antes de las 12 y las ollas vinieron un rato después. Proyecto 7, No Tan Distintas, Asamblea Popular Plaza Dorrego y el Movimiento Barrios de Pie fueron algunas de las agrupaciones que acompañaron, con banderas, cancioneros y mate en mano, la movilización que se llevó a cabo este jueves. A las 10 se reunieron en Entre Ríos y Caseros y avanzaron con dos consignas claras: “La calle no es un lugar para vivir” y “A vos también te puede pasar”.

Hombres sosteniendo carteles con la leyenda "La calle no es un lugar para vivir"

Cerca de las 13, Florencia Montes Paz, coordinadora del centro de integración Frida y una de las principales organizadoras de la marcha, cuelga una frazada sobre sus hombros y baila entusiasmada al ritmo de los bombos y los cánticos que suenan cada vez más fuerte: ¡Azo, Azo, se viene el frazadazo! Al lado de Florencia, la remera de Daniela Camozzi, otra de las integrantes de Frida y de No Tan Distintas, arroja cifras concretas: 6.142 personas están en situación de calle y 20.000 corren el riesgo de estarlo. Un rato después, Joaquín, un muchacho de pelo largo y ojos de un celeste clarísimo que hace dos años que está a la intemperie quiere saber la hora. Tiene un reloj gastado en la muñeca izquierda, pero “hace rato que no funciona”. “¿Ves?”, dice Daniela mientras se prepara para servir el almuerzo: “En la calle el tiempo no lo marca el reloj, lo marca el clima, el verano y el invierno. La calle mata y por eso estamos acá”. Ya están listas las bandejas y por fin se destapa la olla: “Ahora sí, a comer bien que hasta el Congreso tenemos unas cuantas cuadras”.

No es una, son cinco ollas grandes y hay variedad: fideos, arroz, pollo y pan. Luis retira su bandeja y grita ¡buen provecho! Mucha gente se acerca en busca de un plato de comida y las chicas rascan las fuentes de aluminio para que alcance para todos. Una mujer pide tres bandejas y se sienta en el cordón de la vereda con dos nenes de 6 y 8 años. Los chicos terminan y ella le sirve otra porción a cada uno con el arroz que tiene en su plato. “Si ellos comen, yo estoy tranquila”. Cuando terminan de comer, nenes y nenas corren y juegan con las frazadas que están en el piso, haciendo honor al lema de la jornada: un frazadazo por los que no tienen techo. Por los que duermen, como Luis, en el hall de una sucursal del Banco Credicoop, en Constitución.

Manos de una mujer dando un plato de comida a un hombre mayor

No me ves, si no querés

A eso de las 13.30, con la panza llena, las agrupaciones se encolumnaron nuevamente y avanzaron primero hacia el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat y luego hacia el Congreso para presentar el proyecto de Ley que establece la obligatoriedad de protección a personas en situación de calle y prevé la creación de un organismo de asistencia Nacional, con una línea de llamado gratuita y centros de integración.

La iniciativa se presentó por primera vez el año pasado pero la Cámara de Diputados todavía no tomó posición al respecto. La Ley 3706, que está vigente y exige al Estado garantizar los derechos a las personas en situación de calle, no se cumple en absoluto y recientemente se quitaron los subsidios habitacionales. De aquí se desprende el motivo de la manifestación y la movilización hacia la legislatura.

Sin embargo, a pesar de la urgencia y la legitimidad del reclamo, ningún funcionario se sintió interpelado. La oficina del Ministerio estaba aparentemente cerrada y bien custodiada por una veintena de policías armados con escudos protectores que terminan dejando al descubierto la excusa de la protección para ejercer la discriminación y la indiferencia. Porque en realidad, no había nada de que protegerse:  del otro lado sólo había frazadas y carros de supermercado llenos de cartón.

Ya frente a las rejas del Congreso, las frazadas volvieron a hacer de abrigo y varias personas se recostaron encima mirando hacia el edificio parlamentario. Florencia, una de las redactoras del proyecto, se acercó a la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de Diputados con un petitorio que reclama el tratamiento en comisión de la propuesta. Una recepcionista recibió la nota y hasta ahí llegó el compromiso. La jornada terminó a las 4 de la tarde. Algunos volvieron a su casa y otros a recorrer la calle en busca de un rinconcito donde tirar la frazada que aún lleva pegado el cartel: “No nos ves, si no querés”.

Mirá la fotogalería de ANCCOM:

 

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