En Télam de los trabajadores, periodistas y reporteros de la agencia estatal siguieron el encuentro entre Argentina y Francia desde una pantalla gigante. El abrazo por la agencia continúa.

Una bandera blanca cae desde lo más alto del edificio y desemboca justo arriba de una pantalla gigante dispuesta a transmitir un partido de fútbol. La bandera anuncia “basta de despidos”, el edificio es el de Télam y el partido que está a punto de jugarse enfrentará a Argentina y Francia en los octavos de final de la copa del mundo.

A las 11 en punto, el relator confirmó eufórico que iba a empezar el Himno Argentino. Las imágenes mostraban una a una las caras de los 11 jugadores de la selección y sus rostros se complementaban bien con las fotos de los 357 despedidos de la Agencia Estatal de noticias, ubicadas justo a la izquierda de la pantalla. En el estadio ruso, los hinchas argentinos entonaron la famosa “o” que acompaña la melodía de la canción patria. Pero las cerca de 400 personas reunidas en la avenida Belgrano al 347, se miraron entre ellos y dudaron. Finalmente, la incertidumbre terminó cuando un hombre corpulento puso la vocal en el cielo y todos se acoplaron a ese sonido alentador que se mantendría intacto hasta el final del partido. Un segundo después de cantar el Himno, se abrió paso, primero sigiloso y luego con la potencia que desborda a cualquier tribuna popular, un necesitado: Hernán Lombardi la yuta que te parió. “¿Así que ganó el periodismo?”, dijo uno de los despedidos de Télam en referencia al comentario que hizo el titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi, y terminó la frase con un aplaudido “a pelearla compañeros” que resonó al compás de una virtuosa jugada de Messi a los cinco minutos del primer tiempo.

Más tarde, cuando el relator anunció, a su pesar, que se venía el penal para Francia, los dirigentes de Sipreba, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires, repartieron carteles con la consigna “no a los despidos en Télam” y todos los presentes los levantaron con las dos manos, rogando que Griezmann, el 7 de Francia, no cometiera el arrebato de hacer el gol y denunciando, al mismo tiempo, el otro arrebato, el que ya se había cometido y cuya responsabilidad no estaba en manos de un jugador de fútbol.

A los 41 minutos de la primera parte, gol de Argentina: puños en alto, gritos, silbidos, aplausos y abrazos que duraron un poco más de lo esperado. Incluso un fotógrafo despedido, que desde el inicio del partido parecía decidido a darle la espalda a la pantalla y a no gritar los goles, no pudo evitar abrazar a su compañera, la periodista que días atrás invitó a una mujer a mirarla a los ojos. El martes pasado, durante el corte de calle que impulsó el sindicato, acompañado de un paro por tiempo indeterminado, una pasajera abrió la ventanilla del colectivo y se quejó de la manifestación que no le permitía llegar a su casa. Inmediatamente, la periodista que hacía horas había recibido el telegrama, se acercó a la mujer: “despidieron a 357 personas, mirame. ¿No ves que somos iguales?”

Durante el segundo tiempo el aliento a la selección nacional permaneció ahí. Finalizado el partido, cuando la pesadumbre por la derrota pretendió avanzar, resurgieron los abrazos y la mayoría se quedó conversando en la puerta del edificio. Mientras apagaban la pantalla, un muchacho le comentó a otro que al cronista Héctor Laurada lo llamaron por teléfono para decirle que la cobertura en Rusia se levantaba, porque en Buenos Aires había quilombo. “Lo primero que dijo Héctor fue que en definitiva, el resultado no importaba, lo que sí importaba, era que frente a la victoria o la derrota, existiera en Argentina una agencia de noticias libre, y lista para contarlo.”

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