En el 41 aniversario de Madres de Plaza de Mayo, la “Visita de las Cinco” del Museo Sitio Memoria ESMA recordó, en clave feminista, a las desaparecidas del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz.
Patricia Sosa y Uki Goñi.

“Aquí se produjo un crimen contra la humanidad”, advierte el folleto informativo del Museo Sitio Memoria ESMA y recuerda que en ese centro clandestino de detención y exterminio  estuvieron detenidos-desaparecidos cerca de cinco mil hombres y mujeres durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. El pasado 21 de abril el Sitio realizó su clásica Visita de las cinco, que se lleva a cabo el último sábado de cada mes, a las 17 horas, en el marco  del 41 aniversario de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo. El encuentro reunió a referentes de organismos de derechos humanos y a ocho mujeres de la cultura que leyeron fragmentos del libro de Uki Goñi, El infiltrado. Astiz, las Madres y el Herald, recientemente reeditado en clave feminista. Alejandro Kaufman fue el cronista invitado de la actividad denominada “8 mujeres a 41 años del nacimiento de las Madres”.

Amenaza con volver a llover. A media tarde el día pesa y está nublado, pero el sol se impone desde el poco lugar que ofrecen las nubes. Rodeando al edificio principal, un hombre canoso, robusto y con morral canta Como la cigarra. Vuelve a silbar.

Cinco y cuarto en punto. Alejandra Naftal, sobreviviente de la última dictadura  y hoy directora del Museo Sitio Memoria ESMA, presenta a las Madres de Plaza de Mayo  Sara Rus, Carmen Lareu, Hilda Micucci y Clara Weinstein. También están presentes las hijas de las Madres desaparecidas de la ESMA Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor: Ana María y Mabel Careaga  y Cecilia de Vincenti. Acompañan otros familiares, compañeros y compañeras del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz, el espacio donde las Madres se reunían, antes de que el genocida Alfredo Astiz las infiltrara e hiciera desaparecer. Son 350 personas las que asisten a la actividad. Se acomodan mochilas con pañuelos verdes, grupos con remeras militantes de Almirante Brown; adultos y jóvenes. Una pareja de ancianas tomadas de las manos espera expectante. Comienza la visita guiada por los sobrevivientes de la ESMA Alfredo Mantecol Ayala, Norma Adriana Suzal y Alejandro Clara.  

Alejandro Kaufman.

Alejandro Kaufman, docente, ensayista y estudioso de la memoria es el cronista invitado. Es una experiencia intensa. Kaufman arranca con una reflexión sobre los que estos 41 años de Madres de Plaza de Mayo y el proceso de Memoria, Verdad y Justicia nos traen: “Desde las primeras madres hasta hijos e hijas desafiliados de sus padres genocidas. Es un fenómeno que no ocurrió en ninguna otra parte del mundo y da testimonio de algo que sucedió entre nosotros: ir de lo más horroroso a lo más extraordinario de nuestras luchas.”

Luego llega la emoción. Cristina Banegas, Señorita Bimbo, Ana Celentano, Coni Marino, Celsa Mel Gowland, Julieta Ortega, Malena Sánchez y Patricia Sosa pusieron el cuerpo y dieron voz a las historias de ocho mujeres detenidas desaparecidas en la ESMA: las Madres Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco; Leonie Douquet y Alice Domon, dos monjas francesas secuestradas entre el 8 y 10 de diciembre de 1977; y Raquel Bulit, Ángela Auad, quien se unió a las Madres buscando a su marido y la más joven del grupo, Patricia Oviedo, desaparecida con 24 años.  

Las actrices Cristina Banegas, Julieta Ortega, Virginia “Bimbo” Godoy, Malena Sánchez, Celsa Mel Gowland, Ana Celentano, Coni Marino y Patricia Sosa.

Uki Goñi, quien en 1977 con 23 años trabajaba en el Buenos Aires Herald, rememora cómo fue recibir a las primeras Madres en esa redacción, uno de los pocos sitios capaz de escuchar denuncias sobre las desapariciones. “Al poco tiempo eran veinte madres, todos los días. Desarrollé un vínculo personal en particular con estas ocho mujeres, que terminaron secuestradas como resultado de la infiltración de Astiz”.  

En el contexto del debate por la despenalización y legalización del aborto, Goñi reflexiona: “A través del lente Ni una Menos y del avance del feminismo me pregunto ¿Esto fue una especie de femicidio de Alfredo Astiz, que se infiltra entre las madres valientes?” Y avanza aún más sobre la complejidad de la época: “Hay que pensar a  estas mujeres, porque cuando venían al Herald a veces traían a sus maridos y ellos le decían: ´No hables, callate la boca, pensá en nuestros otros hijos, puedo perder mi trabajo´. Se peleaban en frente de mí y las madres siempre decían: ´A  mí no me importa que me maten. Yo quiero saber dónde está mi hijo o mi hija´. Algunas pagaron con su vida eso”. El infiltrado se reescribió 20 años después de su edición y  en diálogo con ANCCOM, Uki Goñi sostiene: “No fue adrede pero creo que es un buen momento para que reaparezca el libro, porque hoy el negacionismo está haciendo huella en la sociedad nuevamente. El objetivo es hacernos creer que es lo mismo el crimen cometido por el Estado que el crimen cometido por civiles, y no lo es. Hay que estar en guardia”.

Una de las habitaciones de la Ex Esma, que funcionaba como sala de partos.

Mientras, las personas observan y  escuchan en silencio, Bimbo, vestida de negro, arranca con su relato: “María Esther Ballestino de Careaga nació el 20 de enero de 1918. Llegó a Buenos Aires como exiliada política de Paraguay, oradora socialista y fundadora del primer movimiento feminista en su país durante los años 40. Esther llegó al Herald por primera vez en julio de 1977 para informar el secuestro de su hija embarazada de 16 años de edad: Ana María”.  Bimbo describe: “Es interesante mirar este asesinato como lo que fue, como femicidio. Porque hubo un particular ensañamiento en la última dictadura hacia personas trans, gays, lesbianas y judíos. Un odio particular que también dentro de todo el horror muestra lo peligrosas que son las mujeres para el poder. Tan peligrosas que las mataron. Tan peligrosas que las seguimos honrando y aprendiendo todo de ellas”. Señorita Bimbo concluye la historia de la familia Careaga: “Se supo después que la hija de Careaga había sido llevada al Club Atlético, sótano de un edificio de la Policía sobre la Avenida Paseo Colón de la Ciudad de Buenos Aires. Ana María fue dejada en libertad en octubre. La joven viajó de inmediato a Suecia donde fue aceptada como refugiada política pero su madre se negó a dejar el país”.

El clima es distendido y emotivo, la gente observa los espacios y, de tanto en tanto, irrumpen las artistas con el recuerdo de una de las ocho desaparecidas de la Santa Cruz. Llega el turno de la cantante Celsa Mel Gowland, quien de manera envolvente cuenta la historia de Raquel Bulit, nacida, como un presagio, el 24 de marzo de 1944: “Tenía 33 años. Es hija de Vicente Bulit y Dolores Lascano pero la denuncia por su desaparición ante la CONADEP fue presentada por su ex suegra, Anabela Cabrera de Horane. Luego de los secuestros, la señora de Horane intentó entrevistarse con los padres y parientes de Bulit, pero se negaron a recibirla. La familia estaba enojada con ella y también por haber estado en desacuerdo con su ideología. No había quien presentara el habeas corpus, quien reclamara por esa chica”.

Las Madres de Plaza de Mayo estuvieron presentes.

Patricia Sosa confiesa las sensaciones encontradas al participar de esta actividad: “Es muy emocionante para mí estar acá, en este lugar donde uno pisa tanto dolor. Cuando supe que me tocaba leer un párrafo sobre Patricia Oviedo y ver que se llamaba Patricia, me puso la piel de gallina. Me dije, ´por algo me toca ¿no?´. Caminar por estos lugares te hace pedir perdón todo el tiempo, por todo lo que no hemos hecho, sobre todo mi generación. Yo soy de la generación de los desaparecidos. Y una gran parte de la gente no tenía la menor idea, y cuando nos dimos cuenta era tarde. Era muy tarde”.

La pareja de ancianas llega a La Casa del Almirante, otra de las paradas del circuito, donde Patricia Sosa casi termina su relato. Se sientan. Esperan. Patricia finaliza. El cuarto se funde en un aplauso. Atentas, intercambian palabras por lo bajo con la artista, quien regresa al texto: “Patricia Oviedo tenía 24 años cuando fue llevada por el Ángel Rubio de la muerte. Decía que sentía cariño por un muchacho rubio con un hermano desaparecido que se había acercado a buscar consuelo entre las Madres”.

Un  pañuelo verde rodea el cuello de la actriz Malena Sánchez. “Hoy -sostiene- es una responsabilidad muy grande ser mujer. Tenemos más fuerza que nunca. Creo  que sale de nuestros ovarios. Ahora hay que ir por la legalización del aborto que parece inalcanzable. Hay que terminar con el patriarcado, hay que dejar de lado ese estigma de la mujer competitiva. Sé que falta mucho, espero vivir para verlo.”  Se le resbalan algunas lágrimas pero sigue: “Desde muy chica participo de las luchas y salgo a la calle. Voy a la Plaza los 24 de marzo. Si bien no existía cuando todo esto sucedió, siempre que puedo trato de aportar algo porque me parece que sin memoria no hay futuro”. A Malena le tocó contar la historia de Alice Domon: “Aunque hubiese preferido ir a la India aceptó en buen grado ser enviada a Buenos Aires,  donde llegó el 5 de febrero de 1967. […] Diez años después, Alice escribía cartas a su familia en Francia relatando su labor junto a las madres de los desaparecidos”. Y luego encarna su voz: “Trabajo a la mañana y a la tarde me dedico a una organización: el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Hay gente que conocía de antes, muy preocupados por lo que ocurre alrededor nuestro. La angustia de las madres que buscan a sus hijos secuestrados y el calvario en las oficinas de gobierno y las comisarías, la negación de todo un sector de la iglesia es el sufrimiento que viven hoy tantas familias, sin contar la tortura de tanta gente en las prisiones de otras partes. Dios no puede quedarse mudo. Seguramente dará una respuesta”.

Una gran cantidad de personas se acercaron a La Visita de las cinco, que fue en el marco  del 41 aniversario de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo.

Una vez terminada la visita guiada, los asistentes son guiados a El Dorado, el salón donde en épocas de terror se reunía la cúpula de la muerte. La sala estalla en aplausos. Las Madres, junto a familiares y compañeros del grupo de la Santa Cruz se sientan frente a las ocho actrices y cantantes que encarnaron las historias de sus compañeras de lucha. Entre ambas generaciones de mujeres, en el suelo, sentada, está la juventud con lágrimas, cámaras y pañuelos verdes expectante de ver las proyecciones en todo el salón, que darán cierre un nuevo acto de memoria.

Alejandra Naftal conduce el cierre e invita a decir unas palabras a la exjueza María del Carmen Roqueta, oculta entre el público. “Es la jueza que pudo comprobar que (en la ex ESMA) existió un plan sistemático de robo de niños y condenar a todos los perpetradores”, la presenta Naftal. Los aplausos aún no culminan. Roqueta emocionada, expresa: “Solamente cumplí con administrar de la mejor manera nuestra justicia, y luchar por ella. Muchas gracias”.

Cristina Banegas irrumpe: “¡30 mil detenidos desaparecidos!”, “¡Presentes!”. Para finalizar, Uki Goñi cierra con una advertencia que lo inquieta: “El avance del relativismo que es cara políticamente correcta del negacionismo. Nos quieren hacer creer que no pasó, sembrar la duda al decir que los desaparecidos no son tantos, que la Argentina estaba en peligro. Quieren licuar la realidad para que sea maleable y confundirnos. Entonces, pensando el Nunca Más, yo digo, sí va haber más. Siempre vuelven y lo único que nosotros podemos hacer es estar lo más preparados posible para la próxima vez”, sentencia el autor de El Infiltrado.

 

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