La Red de Docentes, Familias y Organizaciones del Bajo Flores se conformó para prevenir y proteger a adolescentes víctimas de grooming cibernético. Cómo captan a las adolescentes y de qué manera interviene el Estado.

¿Dónde están “las pibas”?

Faltan las pibas en las escuelas. Faltan las pibas en los hogares. Desde el año 2015 los docentes comenzaban a advertir que las pibas no estaban en el aula. Las familias, sin lugar al cual recurrir, se fueron acercando a los maestros y profesores para decirles que tampoco estaban en sus casas. Cerca de treinta casos (contando solamente los conocidos por la Red de Docentes, Familias y Organizaciones del Bajo Flores, que contabilizan solo a las adolescentes en edad escolar que concurren a las escuelas) tuvieron lugar en este barrio en dos años y preocupa la falta de intervención estatal. El próximo sábado 16 de diciembre organiza el festival FestiRed para continuar su campaña de visibilización y en reclamo por políticas públicas para esta problemática.

En los casos que se fueron presentando en las escuelas cercanas al Bajo Flores, las modalidades de cooptación de estudiantes fueron diversas. En algunos de ellos, se formularon -a través de Facebook- amenazas y extorsiones para que envíen videos y fotos manteniendo relaciones sexuales. En otros casos, la cooptación implicó convencerlas de que abandonen su hogar con la promesa de una mejor posibilidad económica. Tanto en uno como en otro caso el medio en el cual se iniciaba y sostenía este contacto eran las redes sociales. La práctica, rápidamente, derivaba en lo que se conoce como grooming, el acoso y abuso sexual cibernético hacia niñas y adolescentes.

Los padres de una de las chicas en el Bajo Flores
“Son lugares de perversión donde los pedófilos y degenerados cosechan a sus víctimas”, aseguró Sergio acompañado de Neyva, sobre los lugares donde buscaron a su hija Layla.

Frente a estas desapariciones y extorsiones, las mamás, algunos papás, docentes de las escuelas públicas de la zona y organizaciones sociales que intervienen en el barrio comenzaron a reunirse para crear una red de contención. Augusto Del Cueto, maestro de escuela primaria e integrante de la Red, comentó: “Se me acercó una mamá de una alumna. Me dijo que a su hija la estaban persiguiendo por Facebook, que la amenazaban exigiéndole que mande fotos y videos. Cuando se negaba, la amenazaban de manera cada vez más violenta, hasta enviarle fotos de la puerta de su casa diciéndole que sabían los horarios de trabajo de la mamá y que si no le enviaba un video teniendo relaciones con alguien le iban a matar a la madre”. Cuando Augusto escuchó a la mujer, recordó que otra docente había comentado una situación similar y se puso en contacto con ella. Una vez que los testimonios de las familias comenzaron a circular, no tardaron en advertir que los casos no solo eran muchos, sino también similares.

Tras una primera reunión convocada por los docentes se le fue dando forma a la Red. Recurrieron al Ministerio de justicia, donde le brindaron asesoramiento sobre cómo y dónde denunciar este tipo de casos, se reunieron con abogados que los asesoraron sobre cómo proceder frente a situaciones de abuso y de trata, entre otros. Sin embargo, mientras este proceso se iba consolidando, desapareció de su hogar otra adolescente, que estuvo más de diez días desaparecida y cuando se contactaron con la familia descubrieron que los mensajes que recibía provenían de un perfil falso de Facebook, cuya lista de amigos tenía a las otras chicas que sufrían amenazas. Este fue uno de los primeros datos concretos que le permitió a la Red concluir que todas eran víctimas de un mismo entramado de personas.

Un mural sobre grooming cibernético donde hay dos figuras: un hombre y una nena en sus computadoras. El mural tiene escrita la frase "ni en la compu".
Frente a las desapariciones y extorsiones sufridas, las mamás, algunos papás, docentes de las escuelas públicas de la zona y organizaciones sociales que intervienen en el barrio comenzaron a reunirse para crear una red de contención.

¿Cómo proceden?

El modus operandi de las redes que buscan chicas para explotarlas laboral y sexualmente es similar en todos los casos. Haciéndose pasar por personas de su misma edad, con identidades falsas en las cuentas de Facebook y con “amigos” que eran en su mayoría adolescentes menores de edad. Estas personas las incitan a marcharse de su hogar bajo la promesa de una vida mejor. Sin embargo, no es cualquier adolescente a la que apuntan. “Ahora nos damos cuenta también a quiénes buscan, no a una nena que está bien empoderada y acompañada de la familia, sino que buscan nenas que estén mal, que estén emocionalmente débiles, con baja autoestima y que no se aceptan como son. Si vos no te sentís bien y aparece alguien que te dice ´sos hermosa´; ´podés tener una vida mejor´, esa es la manera que usan para cooptarlas”, declaró Janet Ramos Martínez, madre de una de las adolescentes que fue amenazada por Facebook. Del mismo modo, Sergio Nayeli Sainz, padre de otra joven, agregó: “En todos los lugares donde estuvimos buscando a mi hija, encontramos un delito. Son lugares de perversión donde los pedófilos y degenerados cosechan a sus víctimas. Imaginate lo que son capaces de hacerle a una niña que está indefensa a merced de ellos, qué les han hecho, qué les han dicho”.

Una mujer en el barrio del Bajo Flores sonríe.
“Si vos no te sentís bien y aparece alguien que te dice ´sos hermosa´; ´podés tener una vida mejor´, esa es la manera que usan para cooptarlas”, dice Janet Martínez Ramos, madre de una de las chicas amenzadas por Facebook.

¿Por qué estas pibas?

El contexto socio-cultural y económico del que vienen estas familias es de gran vulnerabilidad. Muchas de las mamás son madres solteras que han sido víctimas de violencia de género. Todas ellas, trabajan gran cantidad de horas para sostener sus hogares y poder criar a sus hijos e hijas. En su mayoría pertenecen a la comunidad boliviana que llegó a la Argentina en busca de trabajo y oportunidades. La Villa, ha sido y sigue siendo su lugar de residencia y su vida está atravesada por múltiples factores que las obligan a vivir entre la denuncia de estos casos y el temor frente a las amenazas. “No hay a quien recurrir, el único recurso es organizándonos entre las familias, junto a las organizaciones que siempre están disponibles en la lucha, y hacerlo salir en todos los medios, decir lo que sucede, para poder evitarlo al menos un poco. Respecto a lo del Facebook, por un momento paró, pero el último mensaje que recibimos las mamás fue ‘por ahora paró, pero sepan que después viene con más fuerza’.  Uno tiene miedo, pero sabemos que tenemos que seguir, siempre con cuidado, no vamos a dejar. Estamos ahora para otras personas, estamos empoderados”, enfatizó Ramos Martínez. Del mismo modo, Neyva Fernández -madre de otra joven- especificó que la tarea de la Red y de las mamás es “concientizar, poner el alerta para que estemos atentas, hay que saber mirar y escuchar”.

Un chico en bicicleta en el barrio del Bajo Flores, de fondo se ven pintados varios murales.
Las redes de trata se aprovechan de la situación de vulnerabilidad social que atraviesa las familias del Bajo Flores.

Una cuestión de Estado

De los cerca de treinta casos que se han denunciado en el Bajo Flores, ninguno ha avanzado judicialmente. La Fiscalía de Pompeya es quien ha recibido todos estos casos y desde hace un año no se han comunicado con las familias para informar avances en las causas. Esto no significa que no se sepan nombres, calles y lugares. Por el contrario, ha habido testigos que han declarado que personas adultas se encontraban contactándose con niñas para “halagarlas”, mientras otros, se contactaban con otras para amenazarlas. Sin embargo, estos testimonios no forman parte de los expedientes judiciales y la constante es la falta de prueba. Del mismo modo, cuando las familias se acercaban a las comisarías para denunciar las desapariciones y amenazas, los oficiales a cargo no querían tomarles la denuncia enfatizando que “las chicas son así, inventan”, “espera cinco días” o “si es por Facebook, no hay delito”, entre otras afirmaciones. El velo de sospecha sobre las niñas y adolescentes continúa operando y culpabilizándolas mientras el Estado mira para otro lado.

A partir del testimonio de las jóvenes, la Red pudo identificar que “muchos de los contactos de Facebook que las buscan se originan en un boliche llamado El Bacilón que abre los días de semana, en competencia directa con la escuela porque abre de 14 a 19. Actualmente funciona en Liniers, antes funcionaba en Bajo Flores. El local se promociona vía Facebook, en grupos que no son cerrados, donde difunde la venta de alcohol que, aclaran, para las chicas es gratis. Las estudiantes tienen contacto con este boliche, generalmente van a bailar ahí. Luego del caso de Nadia logramos que se allane el lugar, que ya tuvo denuncias y clausuras. Una vez que se lo allanó, se encontró que había habitaciones numeradas que no estaban a la vista, sino en la parte de atrás. A la vez, cuando se lo fue a allanar ya habían sido avisados”, explicó Augusto Del Cueto y agregó: “Las familias no esperan nada del Estado porque ¿qué van a esperar si es el mismo Estado el que los obliga a vivir en una habitación sin ventanas y a pagar un alquiler por eso? Es el mismo Estado que cuando caminan por la calle se los lleva en cana o que les allana las casas para robarles los ahorros”.

Un hombre y una mujer parados en una esquina donde hay pintado un mural, en el barrio de Bajo Flores.
“Las familias no esperan nada del Estado. Es el mismo Estado que cuando caminan por la calle se los lleva en cana”, señala Augusto Del Cuero junto a Josefina Avale, ambos integrantes de la Red.

¿Cómo seguimos?

Josefina Avale, integrante de la Red y militante del Frente Juvenil Hagamos lo Imposible, compartió cuáles son las tareas que actualmente asume la organización: “Trabajamos en tres áreas. Por un lado, en materia preventiva, dando talleres en las escuelas, en algunos locales del barrio, porque entendemos que es algo que sí o sí tiene que estar. Si una chica está siendo víctima de estas redes, es importante que conozca a la Red para saber que tiene un espacio al cual recurrir. Por otra parte, tenemos la acción concreta, que es un protocolo de cómo intervenir cuando desaparece alguien. Lo primero que hacemos es contactar a la familia, saber a qué escuela va y ver con qué docente de esa escuela podemos comunicarnos. Por último, una vez que la chica aparece y vuelve a casa intentamos continuar acompañándolas, porque aprendimos que la contención y lo afectivo es lo que las hace volver”.

En relación al trabajo de acompañamiento que las docentes hacen junto a las chicas, hace un año crearon un espacio exclusivamente para ellas. En la Cazona de Flores, Morón 2453, se reúnen todos los sábados para compartir, charlar y pensar qué quieren hacer. Melisa Correa y Silvina Herrera son docentes que construyen ese espacio cotidianamente. El motivo que impulsó la creación de este lugar de encuentro tuvo que ver con advertir que “el Gobierno de la Ciudad viene clausurando cada vez más los espacios públicos, gratuitos, donde los pibes pueden jugar, encontrarse. Cada vez se reduce más lo estatal y el espacio que les queda es la calle que está dominada por los grupos mafiosos”, agregó Del Cueto. Frente a esta problemática y a la necesidad de que las adolescentes cuenten con un lugar propio en el cual pensarse y compartir es que fueron generando espacios para que ellas participen y dinamicen sus propias actividades. “Lo que queríamos es que este espacio se construya con sus ojos, para que nosotros podamos entrar a ese mundo, ir hacia ellas. Que ellas nos lleven a su mundo”, comentó Silvina Herrera, docente de nivel inicial y terciario, integrante de la Red. Sobre el mismo punto, Melisa Correa docente del Distrito Octavo de la Ciudad agregó: “Construir un relato desde la mirada de las pibas implica abrirse a repensarlas”. Ambas fueron contundentes al afirmar que el trabajo en la Cazona produjo una transformación en sus apreciaciones hacia las chicas y sobre sus adolescencias: tienen como objetivo que sean ellas quienes pongan en primera voz sus experiencias y relato.

Dos mujeres en el frente de una casa.
A partir del trabajo realizado en la Cazona, Melisa Correa y Silvina Herrera coinciden en que se produjo una transformación en sus apreciaciones hacia las chicas y sus adolescencias

Inducidas, cooptadas por personas que les proponen soluciones mágicas a sus problemas, las historias de estas adolescentes demuestran cómo el deseo de escapar de una realidad adversa cobra vital importancia en sus vidas. A la vez que da cuenta del entramado complejo que opera sobre ellas. Tienen entre 13 y 15 años. Desean crecer en libertad, tener autonomía, pensar en un futuro. No quieren estar encerradas y desean encontrarse a ellas mismas en un mundo que les dé sentido. Como han afirmado las docentes, se trata de que ellas se pregunten qué quieren y que a partir de la reflexión sobre los deseos, empoderarlas y que aparezca un horizonte de lo posible.

 

Fuerzas de gendarmería nacional con armas en sus manos, ingresando en barrio de Bajo Flores

Actualizado 13/13/2017

Print Friendly, PDF & Email
Compartilo